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CUANDO LOS TESTÍCULOS Y EL PENE PIERDEN SU GÉNESIS

04 Jul

Cuando debemos reclamar una y otra vez ante la Administración o las empresas, en especial las grandes corporaciones que el sistema ha permitido que dominen nuestra vida cotidiana (telefónicas, compañías de seguros, empresas de suministro de bienes esenciales, etc.), solemos perder los estribos y clamamos y evocamos a nuestra maldita sombra o a las familias de más de uno, incluso a sus muertos. ¿ A quién no le ha ocurrido?. Ese triste desespero que deriva en frustración y rabia cuando uno llama a su compañía de teléfono, agua, electricidad o de seguros para una reclamación y va pasando de voz en voz, todas ellas automáticas, para que, finalmente, la llamada se interrumpa o, en el mejor de los casos, por fin surja una voz humana que le comunique el tortuoso camino de trámites que deberá realizar para conseguir sus fines.

Sin embargo, la línea entre la frustración y la ira es tan fina que muchos pierden los estribos de tal manera que si Cervantes levantara la cabeza, volvería de inmediato a su tumba a petición propia. Comprendo esa frustración ( yo mismo la he sufrido en más de una ocasión) pero no convirtamos el lenguaje en un arma arrojadiza mediante una retahíla de epitetos nada selectos. He aquí un ejemplo de un indignado, por gentileza del blog de Roser Canals .

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