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“El paso del cortejo fúnebre…”

09 Jul

Relato con música (clica sobre la imagen)

Avenida Catorce de Abril, cinco y media de la tarde

Vientos que soplaban en varias direcciones traían consigo la amenaza de tormentas de diferente intensidad al paso del cortejo fúnebre que portaba el cadáver de (…). En la puerta de la residencia, convertida en casa mortuoria, el agente Nelo pudo oír los murmullos de oraciones por el muerto. Todos estaban allí. Políticos, significados industriales, comerciantes, representantes obreros. También se encontraba en el meollo del cortejo fúnebre el inevitable Querol. Al llegar junto a la casa del difunto se hizo a un lado, se apoyó contra una pared y, con su letra diminuta y clara, se puso a escribir en su cuaderno de notas un esbozo de su crónica:

«La bulliciosa y elegante avenida del Catorce de Abril se ha convertido en el gran bulevar del silencio y del dolor para rendir tributo al director de la fábrica de blondas y visillos La Escocesa, muerto por las balas de desconocidos pistoleros el
jueves, cuando se dirigía a su despacho de trabajo. Una multitud de barceloneses se ha congregado en la gran avenida, ocupando el paseo central y las vías laterales, frente a la casa del caballero, escocés de nacimiento y
barcelonés de adopción.

»En el portal de la casa se han colocado diversos pliegos que rápidamente se han llenado de firmas. Firmas de pesar. Firmas de dolor. Firmas de condena. Un grupo de obreros y de obreras de La Escocesa han acudido en delegación a
depositar un ramo de flores rojas anudado con un crespón de gasa. Luego de estampar su firma en un pliego, bisbisearon, casi con vergüenza, casi pidiendo disculpas por hablar, aunque fuese en voz baja: ¿quién ejecutó y por qué a quien les daba de comer? Diríase que aquellos trabajadores y trabajadoras sintieron como propias las heridas  que
acabaron con la vida de quien les dirigía. ¿Qué será de nosotros?, se decían con temblorosa voz. Peor aún, respondía otro: ¿Qué será del mundo? Había preocupación en sus rostros y también cierta sensación de desplome.»

«El féretro —continuó anotando Querol— fue tomado en hombros por empleados de la fábrica La Escocesa, a los que seguía un nutrido grupo de trabajadoras de la firma. Por fin, tras ellas, arrancó una multitud silenciosa y emocionada, camino del cementerio del Sudoeste. Los más devotos elevaban plegarias al cielo, aunque hubo sensación de que no había cielo ni
Dios al que encomendarse. Muchos avanzaron con la mirada perdida en lo incierto, en la nada, como si, de repente, no supieran enfocar su horizonte, como si sus almas hubieran de renunciar a sus cuerpos, como si no se atreviesen
a asomarse al futuro y prefiriesen vivir y regatear con el pasado. Algunas obreras de La Escocesa no paraban de llorar, hasta que un grupo de mujeres, rosario en mano, les instó a rezar cuantos avemarías fuesen capaces de pronunciar para ahogar la pena. El problema es que muchas de aquellas infelices trabajadoras no sabían rezar y siguieron llorando. Sus sollozos empezaron como una cantinela y acabaron siendo una letanía. Se comportaban como si el mundo se
fuera a acabar al día siguiente.

»El cortejo, en el que se pudieron ver muchos miembros de la colonia inglesa en Barcelona, siguió por la avenida Catorce de Abril hasta la plaza de Alcalá Zamora, donde se despidió el duelo. Aun así, gran número de personas quiso
acompañar al cadáver hasta el cementerio, donde se repitieron las sentidas manifestaciones de pésame.

»Luego, la ciudad quedó en extraña quietud de convalecencia. La luctuosa ceremonia —acabó escribiendo Querol en su crónica— constituyó una gran manifestación de duelo en muda condenación de los hechos. El triste momento se podía resumir en una sola palabra: protesta. Callada protesta por el execrable crimen.  Barcelona, siempre una víctima propiciatoria en estas luchas fratricidas, reaccionó de forma cívica y dolorida. Pero ¿será bastante? Barcelona necesita que la vida de todos sus ciudadanos sea un hecho garantizado plenamente. Y que esa plena garantía la dé, o mejor la demuestre con actos, quien debe hacerlo.»

Hoy hace 75 años

De “El Espía de Madrid, Barcelona 1936) 

 

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