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Con Mucho Gusto (al calor de una taza de café)

27 Jul

(Relato con música. Clica sobre la imagen).

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Dijo Honoré de Balzac, una de las mentes y plumas más influyentes del movimiento del realismo, que la barra de un café era el “parlamento del pueblo”. Ciertamente, los cafés han sido desde sus inicios el refugio ideal donde estimular el espíritu y elevar la conversación a la categoría de arte. Y ha sido en estos pequeños universos donde la mano del hombre ha engendrado buena parte de lo mejor de la literatura y la música universales, al calor de una buena taza de café, o incluso de las más bravías bebidas espirituosas, del humo del tabaco que le daba al local un halo aún más misterioso y de los acordes de un pianista o un violinista que, posiblemente, pensaban más en su estómago que en su música. Como dijo Unamuno, era el café el lugar donde se encontraba gente porque se había citado y otros que no se citaban porque ya se encontraban. 

Lugares de leyenda por excelencia, los cafés han alumbrado las más increíbles transacciones humanas que han dado pie a las más asombrosas historias llevadas al papel, para nuestra fortuna. En un café puedes – o podías- encontrar a un hombre que decía necesitar contenedores. Pero su anuncio, quizá proclamado a gritos al entrar en el local, no significaba que necesitara contenedores. A lo sumo, los contenedores los necesitaba un amigo de un amigo de un amigo suyo.

Explica Julio Camba en su Rana viajera: “yo tengo en Bilbao un amigo que se compró a sí mismo trescientas toneladas de brea. No se trata de un bilbaíno, sino de un madrileño. A poco de llegar al café del bulevar, este chico dijo que necesitaba brea. En Maxim’s hubiese pedido whisky;  pero en el café del bulevar se le desarrollaron apetitos de más importancia. Quería brea, muchas toneladas de brea, y, cuanto antes, mejor. Pasaron días, y  los deseos de mi amigo fueron satisfechos. Mi amigo tuvo brea en gran abundancia; pero como, en realidad, él no necesitaba la brea para nada, al verse lleno de ella se puso a ofrecerla.

—¿Quién quiere brea? —dijo, entrando en el café del bulevar—. Yo puedo venderla en excelentes condiciones.

—¿Vende usted brea? —le preguntó un señor—. Pues yo le compro a usted trescientas toneladas.

Sentados a una mesa de mármol desgastado por el tiempo, en la que quizás hubiera algún mensaje del tipo “yo me enamoré aquí y aún no sé porqué y de quién”, los dos hombres convinieron el precio y sellaron el pacto en una servilleta de papel. Pero el comprador no compraba por su cuenta, sino por cuenta de un señor a quien, quince días antes, le había oído decir que quería brea. Y este señor resultó ser precisamente mi amigo, el cual siendo  vendedor de sí propio no pudo robarse gran cosa y sólo perdió la comisión.

A su lado, posiblemente, había quien brindaba por el Papa Clemente VIII por declarar, allá por mil quinientos y pico, la inocencia del café. ¡Qué sabio este Clemente!, gritaría cuando el santo probó aquella,hasta entonces,poción del demonio, la bautizó y declacó al café “bebida ciertamente cristiana”. Y se le uniría otro que daría las gracias públicas a quien trajo el café a Europa, aunque ni sabría cómo se llamaba ni a qué se dedicaba (según los entendidos en la materia, aunque no es asunto aún pacífico, fue el comerciante veneciano Pietro Della Valles). Quizás alguno también cogería un disgusto de muy padre y señor mío al saber que, según la historia, fueron los Borbones quienes introdujeron el café en España.

Para nuestro desafortunado infortunio, son pocos los cafés que, hoy en día, desempeñan tan noble labor de difusión de nuevas ideas, de recuperación de viejos pensamientos y de catalalizador de tertulias, unas más afortunadas que otras. Pero, donde hubo fuego aún hay brasas.

Ligera guía de los cafés con mayor solera de la Europa más cercana.

Café de la Ópera de Barcelona, desde 1929

Cafe Opera Barcelona

Este  local inicia su actividad restauradora a finales del siglo XVIII como  Tasca-hostal punto de salida de los carruajes hacia pueblos de la  comarca y otras ciudades como Zaragoza ,Madrid ,etc.

Con  la llegada del ferrocarril ,la difusión del tranvia y la inaguración en  1837 de lo que hoy conocemos como “Gran Teatro del Liceo”,modifica su  actividad .Y así , a mediados del siglo XIX , se convierte en una  afamada Chocolatería. De corte y estilo vienés. Con las típicas paredes  de madera repujada adornadas con cristales y pinturas de corte clásico.  Actualmente se conservan los espejos (colección única) y algunos  vestigios de la decoración ,bajo los ornamentos actuales.

Algunos años más tarde ,surge un  nuevo cambio de orientación. Ahora como Café-Restaurante conocido con  el sobrenombre de “La Mallorquina” .Uno de los locales más elegantes de  la ciudad. Punto de encuentro de la aristocracia y alta burguesía  barcelonesa.

A finales del  año 1928 ,los antepasados de la actual propiedad adquieren el  establecimiento y siguiendo la tendencia de la época se reforma en  estilo “Modernista” aunque con ciertos matices neoclásicos. Inaugurado  a principios de 1929.Y ya,como “Cafè de l´Òpera” no ha cesado su  actividad desde entonces ni siquiera durante la Guerra Civil ( en vida  de su propietario ). Hoy ,el local recientemente restaurado por el  arquitecto Antoni Moragas, forma parte del patrimonio histórico de la  ciudad.

Sin embargo, la auténtica historia del “Cafè de l´Òpera” no la hace su emblemática  antiguedad ,sino los clientes que como usted y durante generaciones,  han escrito una página de la vida social y política barcelonesa.Desde  el Rey Alfonso XIII a los anarquistas desde políticos a sindicalistas,  desde intelectuales a ”bohemios”, pintores, escritores, personajes de  la farándula pasando por músicos, cantantes, etc. En una palabra,  personas de diferentes paises y culturas. Tres libros de firmas y  cientos de anecdotas son notarios de la vida del Café.

Café Gijón de Madrid, 123 años de historia

El Café nace cuando el asturiano originario de Gijón Gumersindo Gómez adquiere el local ubicado en el paseo de Recoletos, número 21. El 15 de mayo de 1888 se inaugura y abre de forma modesta entre las calles de Prim y Almirante. Gumersindo había ganado dinero trabajando en la ciudad de La Habana, posteriormente regresó a Madrid y el dinero lo invirtió en un modesto local en propiedad, no muy amplio para lo que era el estilo de la época. Con ello abriría lo que será el café de tertulia del siglo XX. Han existido diversos personajes en la vida del Café. Muchos de ellos son entrañables cuando al pasar de los años se les recuerda.

  • Según se entra a la derecha hay un puesto de venta de tabaco que desde 1976 hasta 2005 regentó el «cerillero» Alfonso González Pintor (1933-2006). En 2004 se colocó una placa en su honor a la entrada del local: “Aquí vendió tabaco y vio pasar la vida Alfonso, cerillero y anarquista“.
  • Otra de las personas es Timotea Conde, denominada por muchos como madame Pimentón denominada como la musa del Gijón.[17] Se trata de una cantante frustrada que acaba cantando por los cafés cantantes del Madrid de la época.[1]
  • Ignacio María de San Pedro apodado “Don Cristobalía” se dedicó a vender versos delirantes y a subirse a las mesas del Gijón, así como del Pombo a reclamar el cambio del nombre de America, por el de Cristobalía (origen de su apodo).
  • Manolo Pilares y el gallego Ramón Cid Tesouro, ambos amigos y conocidos tertulianos que durante el transcurso de la guerra civil se encontraron un buen día en frentes opuestos. Mantuvieron posteriormente su amistad en la Transición.

Café Boulevard de Bilbao, desde 1871

Inaugurado en 1871 por la familia Pérez Yarza, este histórico café, situado junto al Teatro Arriaga, es el más antiguo de Bilbao. Tras diversas reformas, su estructura actual consta de dos plantas y tiene más de 500 metros cuadrados útiles en su totalidad. Su decoración “art deco” data de 1929 y es de enorme riqueza ornamental, a base de pan de oro, estucos, mármoles, vidrieras plomadas, alabastros y bronces de factura original, así como dos pequeños frescos de Manuel Losada. Famoso por sus tertulias, sigue siendo sede de numerosas actividades socio-culturales, como “las tertulias poéticas de los martes”. Abierto todos los días del año, además de las infusiones típicas, tiene servicio de desayunos, platos combinados y pintxos.

Café-restaurant Le Procope, París

El Procope, llamado así por que su fundador, en 1686, fue el italiano Francesco Procopio (quien, por cierto, alcanzó cierta fama por ser de los primeros en servir helados a su elegante clientela), se convirtió en emblema de la creación literaria y del pensamiento ilustrado  gracias a las frecuentes visitas de Voltaire, Diderot, Montesquieu y otros que,  con sus ideas, adelantaron la Revolución Francesa.

Café Florian, Venecia, desde 1720

Se le considera uno de los cafés más viejos de Europa. Data de 1720 y su fundador, Floriano Francesconi, eligió esta ubicación basándose en el aire comercial que tenía la plaza de San Marcos, donde llegaban todos las naves y siempre existía ese  ambiente. Sigue conservando el aire místico y la ostentosidad en su decoración que tanta fama le dio. Por esta café pasaron escritores como lord Byron, Marcel Proust o Charles Dickens.

Café Greco, Roma, 1760

Es el más antiguo y una de las joyas de Roma. Fundado por un emigrante griego en 1760 es famoso por sus salones, pensados para un particular aislamiento de sus huéspedes. Sus mesas de mármol , las sillas de cuero, los numerosos espejos, sus paredes pintadas, proporcionan a este lugar una atmósfera que parece retenida a lo largo de los siglos. Por aquí pasaron músicos como Listz, Bizet o Wagner y se desarrollaron tertulias literarias protagonizadas por Göethe.

L’Alban Chambon- Café Metropole, Bruselas.

Ubicado en el corazón de la capital belga, el café del hotel, para muchos uno de los más elegante de Europa, ha visto pasar a personajes como John F. Kennedy, Arthur Rubinstein o Albert Einstein.

A Brasileria, Lisboa, desde 1905

Situado en el antiguo y romántico barrio del Chiado, le arrulla el embrujo del fado y el rumor del mar y, aún más, se puede respirar el halo que dejó Fernando Pessoa, un enamorado del lugar e inmortalizado en bronce.

File:Lisboa-Pessoa-A Brasileira-1.jpg

Café Frauenhuber, Viena, el café de Mozart y Beethoven

Sus camareros todavía se dirigirán a usted con el “gnädiger Herr” (distinguido señor) y el “gnädige Frau” (distinguida señora). Entre sus paredes estarcidas, sobre sus mesas y sillas, en el aire… aún flota aquellos días muy lejanos en que Mozart y Beethoven interpretaban para la clientela. La última representación pública de Mozart tuvo lugar en este Café el 4 de marzo de 1791.

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