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A mi querido amigo Federico (hace 75 años que vives)

18 Ago

Querido Federico (V);

(“Herido de amor, en la voz de Ana Belén)

Querido Federico, cada día muero un poco más contigo y ¡vivo!. El hombre que viste camisa vieja, maldito bastardo, ha llamado al viajero para que venga a buscarte. Tu muerte, hostia de la comunión de unos que se decían  españoles y que dieron vida a una cruzada de plomo, sangre e ira, me da vida.

Se oye el sonido de un alfiler cayendo en la medianoche de la nada, y en la nada encuentro todo. Las palabras han descargado las armas; muerte y luego, más muerte. La jondura del silencio se ha hecho pero inquietas voces acuden a mí. Escucho el sonido de tu silencio, nuestro silencio. Grito en carne viva frente al rostro del demonio.

Demonio de corte fascista / fascista llaga / llaga en el gesto / gesto adusto / adusta garantía / garantía de eficacia / maldita eficacia / eficacia amargada / amargada dolencia / dolencia intestinal / intestino severo / severo en el alma / el alma torcida / torcida en el espíritu.

Mueres; muero un poco más contigo y vuelvo a vivir. El silencio estalla de tanto callar. El obispo reparte madiciones al paso del cortejo fúnebre que nada lleva. Y en la nada, todo. Los huesos para la tierra, tu alma fertil para nosotros. Lo que veo no existe y, sin embargo, lo estoy viendo.

Y la pena también tizna cuando estalla. Y estalla el silencio cuando mueres para que yo viva. Y hablo. Y me enfrento a vientos en varias direcciones y tormentas de diferente intensidad. Reivento sobre tu recuerdo el entorno, a cada paso; me hundo y me levanto. Bienaventurados los que están en el fondo del pozo porque ya no caerán más abajo.

Abismo y luego más abismo. Asesino al fantasma, el fantasma de cicatriz fascista. Y regreso, regreso junto a ti. Me disfrazo, nos disfrazamos de cordialidad. Soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista… Solo un hombre, ora maldito, ora maduro, que busca el sentido de la vida. Vida que me da tu muerte.

Trago rancio. Los fusileros, risueños, ingenuos ellos de su destino, marchan. Vaciado el cargador, vacías las almas. Almas de plomo, plomo de Dios y Lucifer. En el macadán queda por siempre tu espíritu.

Y en el carrusel de la vida, en tu nombre, requiebros de amor, amor de trato risueño y encantador, de distinta belleza, una belleza imperfecta, ¡perfección!.

El cielo pide paciencia. Me apunto otra derrota. La tierra de tus huesos medita por mí. Y tu muerte me recuerda lo resistente que es mi espíritu (humano) cuando quiere serlo. Azucarillo y aguardiente para endulzarme el momento, momento eterno.

Y las cosas que el diablo fascista intentó enterrar encontraron la forma de aflorar. No recuerdo si pasó de verdad o imagino que pasó. ¿Has muerto?; sólo herido. Vives, y yo contigo. Un estampita. Un Cristo. ¡Agua!.

Tuyo, en la herida, Goyo Martínez.

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