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Archivos diarios: 01/10/2011

Cuento de Navidad. El sueño de creer en la magia de nuestros corazones. II capítulo

Segundo capítulo del cuento de Navidad, El sueño de creer en la magia de nuestros corazones, por David Creus (Mollet del Vallès, Barcelona)

 

Para mí, la Navidad hacía años que no era alegría; no conseguía ver en ella más que tristeza, unida a la soledad que toda separación matrimonial obliga por unos hijos que echamos mucho de menos.

Cierto era que todo era luz y color. Pasaras por donde pasaras, miraba la cara de los niños y su ilusión se podía tocar con las manos. Entendía que, solo por eso, la Navidad valía la pena. Aunque me costara arrancar, ese año la deseaba celebrar de forma distinta.

Me acosté feliz. El motivo de la Navidad no era tan importante como para que yo pudiera entender que ese ambiente, en los niños, provocaba alegrías. Recorrí con la mente el rostro de aquellos niños para los cuales la Navidad no era más que una fecha, aunque sus corazones, silenciosamente, esperaran a su Papa Noel o a sus Reyes, conscientes de que a ellos no les vendrían.

En su interior lloraban mientras pensaban que se habían portado mal. Eso también existe en la Navidad.

A la mañana siguiente, al entrar en el bar percibí algo distinto. Me percaté de que Montse había colocado debajo de la estrella un pesebre con su nacimiento, sus reyes, todo tipo de animales, pastores, ángeles… No faltaba tampoco el “caganer” con su pertinente “barretina” catalana.

Ante aquel ataque de Navidad de Montse, mi sorpresa fue mayúscula. Pensé que era una lucha contra nuestros sabios y sus creencias navideñas, las cuales, y eso lo digo yo, estaban provocadas por el desgaste que sufriría su cartera como abuelos que eran.

Antes de sentarme en mi rincón, desde el cual divisaba todo el bar y me permitía esconderme en días donde necesitaba silencio, me detuve ante el pesebre. La figura de José pronto me llamó la atención: yacía caída boca abajo, posiblemente por la curiosidad de algún niño que, deseoso de tocar a sus héroes navideños, la derribó sin percatarse.

Erguí la figura de José, dejándola en la correspondiente esquina del Nacimiento, para que pudiera recibir a todo aquel que se acercara a dar ofrendas al Niño, como manda la tradición. Al hacerlo, noté como José me guiñaba un ojo en forma de agradecimiento; pensé que necesitaba mi cortado urgentemente, y me refugié en mi esquina del bar.

Pronto empezaron a llegar clientes. Todos se detenían ante el pesebre, haciendo algún que otro comentario a Montse. Aquellas palabras llevaban mi mirada de forma constante al belén, en concreto a la figura de José.

Sentí algo extraño: José, en cada mirada mía, se encontraba en un lugar distinto, sin duda fruto del movimiento de los curiosos; nuestro José recorrió el pesebre dialogando con sus pastores, con su mujer, observando a sus animales… finalizando su cotidiano día acunando a Jesús con una ternura extrema, para aislarle del frio que la noche traería.

Deducí que, aquel año, el espíritu navideño penetraba en mí con más intensidad de la previsible, más allá de lo racional. Posiblemente, la muerte de mi amigo Xapi me llenaba de una melancolía impropia de lo que estaba viendo, junto al deseo de abrazar a mi hija Idá y a mi amigo David Viñas, al que había recuperado después de algún tiempo de ausencia de su corazón.

Salí del bar pensando que debía mantener en silencio mi locura, que sería motivo de risa, de sarcasmo incluso, si hacía algún comentario al respecto…

 

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Cor a vessar

Las palabras escritas, aquellas que no se lleva el viento, pueden decir y transmitir todos los sentimientos de nuestro corazón e incluso pueden ejercer un poder curativo ya que permiten expresar no sólo sentimientos de alegría sino también aullidos de sentimientos indecibles que no nos atrevemos a dirigir al rostro de aquel que es capaz de curarnos. Y es que, detrás de todo sentimiento, se esconde un inmenso anhelo que el corazón humano a veces ya no resiste.

Escribir y cantar palabras que nacen de los sentimientos es propio del que ama. Y, quizá no tanto porque ama, como para que, teniendo el corazón a rebosar, los gestos y las miradas ya no le bastan. Un corazón a rebosar de alegría o de dolor, que también es propio de quien ama.

Bella composición de Cinta Vallespín (Girona), que acaricia el alma e invade el corazón a rebosar de emociones. Composición con música. Música que acompaña a un corazón lleno a rebosar… Clica sobre la imagen.

Si omples massa el cor,

vigila!…. s’esquinça

com turmell trencadís,

i per l’escletxa xucla

totes les ferides d’avui

i de la història del mon

D’una a una, lentament

mastegant-les, com un infant

que aprèn la suma.

Si el teu cor, es a vessar

compte!

s´escapoleix la bellesa

jugant al cuit i amagar

i al seu lloc totes les penes

profundes, tenen cabuda

Sols pot guarir, com bé saps

mirada amiga, abraçada confiada

i aquell petó tan tendre

Vull morir amb cor atabalat,

mans alçades, demanant l’almoina

de la teva mà. Tu que m’ estimes.

Si llenas demasiado el corazón,

¡vigila!…. se rasga, 

como tobillo quebradizo,

y por la brecha sorbe

todas las heridas de hoy

y de la historia del mundo

Una a una, lentamente

masticándolas, como un niño

que aprende a sumar.

Si tu corazón está lleno a rebosar 

¡vigila!,

se fuga la belleza

jugando al escondite

y en su lugar, todas las penas profundas,

tienen cabida.

Sólo puede curar, como bien sabes

mirada amiga, un abrazo confiado

y aquel beso tan tierno.

Quiero morir con corazón agobiado,

manos levantadas, pidiendo la limosna

de tu mano. Tú que me amas.

 

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