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El espía de quien se burló el amor

02 Oct

Clica sobre la imagen para ver las imágenes en las que se inspiró esta historia y escuchar la banda sonora original de la novela, compuesta por el grupo A Media Luz, Mariela Redondo & Javier Cardona.   

¿Puede un espía llorar, sentir, emocionarse y, al mismo tiempo, defender un proyecto, unos ideales en los que cree, aunque discrepe de cómo se gobierna?. ¿Puede un espía enamorarse?. Es más, ¿puede burlarse el amor de un espía?.

En esta entrevista, los autores de “El Espía de Madrid, Barcelona 1936”, desnudamos al protagonista principal de la novela, el agente Nelo, y su universo, donde entran en colisión ideas, creencias, amor, ira, derrota, victoria e incluso Dios.

¿Que por qué volvemos a la España de 1936?

En realidad no volvemos porque nunca estuvimos. Ahí está la clave: la curiosidad. Explicarnos cómo unos acontecimientos, dramáticos como pocos en nuestra historia, marcaron la vida de varias generaciones y aún hoy influyen en la convivencia entre españoles. ¿Por qué Barcelona? Porque en aquellos tumultuosos tiempos era conocida en los medios de comunicación de Madrid como «el oasis catalán». Te preguntas entonces cómo sería tu ciudad para merecer este apelativo. Y te pones a investigar. Huimos a propósito del historicismo para centrarnos en la cotidianidad, así que nuestra búsqueda fue en hemerotecas. Y nos sorprendió lo que encontramos.

Barcelona, por ejemplo, ajena al estado de alerta dictado por el Gobierno, a la crispación política y al ruido de sables, todavía celebraba los primeros días de julio de 1936 verbenas populares y toda clase de actos sociales, desde bailes de salón a competiciones de tenis para señoritas, además de una olimpiada que era réplica de la que se celebraba en el Berlín de Hitler. La gente, como hoy, se iba a la playa los fines de semana, así que en las carreteras había atascos y el ferrocarril de la costa iba lleno a rebosar. Por supuesto, había conflictividad social y los sindicatos se mostraban muy activos, y aunque los ánimos se iban caldeando, existía la voluntad de no exacerbar las cosas, de no llegar a las manos, por decirlo coloquialmente. Tolerancia. Claro que esto no convenía a la reacción, a las fuerzas tradicionalistas descontentas con la República que, una y otra vez, mediante discursos incendiarios, atentados y manifestaciones se empeñaban en crear las condiciones que justificaran una intervención militar. Este es el ambiente que hemos querido describir: cómo vivían su vida los ciudadanos de a pie. Y lo curioso es que, leídos cientos de artículos, crónicas y reportajes, uno llega a la conclusión de que nuestros abuelos, o los abuelos de nuestros padres, tenían una capacidad envidiable de asimilar la adversidad.

Clica sobre la imagen para ver y escuchar el álbum del espía.

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Del protagonista de esta historia, el agente Nelo, no podemos revelar su verdadera identidad; ni siquiera nosotros la conocemos.

Casi siempre es Nelo, pero unas veces es Carlos, otras Antonio o Roberto, o Eduardo… y cuando opera en Barcelona se presenta como el respetable viajante de comercio y hombre de negocios Francisco Bravo. La discreción es su sello de identidad. En una ocasión le preguntamos de dónde era; nos dijo: «De todos los sitios y de ninguna parte». Unas veces lo hemos localizado en Sevilla, otras en Zaragoza, aunque sabemos que tiene su residencia habitual en el madrileño barrio de Argüelles y que en Barcelona se aloja como huésped en una casa de dos hermanas septuagenarias, una viuda y la otra solterona, situada en la céntrica calle de Aribau. Es tan celoso de sí mismo que no se conoce su vida familiar, ni aun la amorosa. Dice, quien le conoce bien, que en una ocasión el amor se burló de él, tanto que decidió enterrarlo; aunque, en estas cosas del corazón, uno nunca está seguro de haber cavado una fosa suficientemente profunda.

Es un tipo bien parecido, curioso en el vestir. Tanto es así que, cuando viaja a
Barcelona suele vestirse en la sección especial a medida de la sastrería de los
hermanos Pantaleoni, en el 13 de Puertaferrisa, donde le confeccionan los
trajes como a él le gustan, elegantes, prácticos y cómodos. Cuando está de
servicio viste, impecable, traje y corbata acordes con su talle gallardo y
esbelto, pero en sus momentos de ocio, que son pocos, prescinde de normas y
etiquetas para vestir camisas y pantalones de tejidos ligeros y frescos. No
soporta los tirantes. Jamás lo había visto nadie si no con la cara
perfectamente rasurada. Es atractivo, incluso podría decirse que muy atractivo.
Su piel es cobriza, casi tostada, como si siempre estuviese dorada por el sol.
Sus ojos son marrones, oscuros, tan expresivos como tranquilos, tan cariñosos
como afilados.

Discute sobre cosas, jamás sobre emociones. Sobre emociones, dialoga. Procura
comprender el punto de vista del otro sin que ello signifique que esté de
acuerdo con su interlocutor. Siempre trata de exponer sus argumentos y, si no
gustan o no convencen, procura tener otros en la recámara, llegando a dominar
el arte de la persuasión cuando el conflicto es de razones. Rara vez deja que opine el corazón. En su oficio, no se lo puede permitir.

Nelo siempre está de parte de los vencidos, de los eternos vencidos. Es muy dado a rebelarse contra la tiranía, se diría incluso que posee una válvula de seguridad para los ataques de indignación, lo que, probablemente, le ha salvado la vida más de una vez. Por ello, sabe comportarse como un tipo normativo que rara vez se extralimita en sus funciones.

Goza de poder, pero sabe utilizarlo. Tiene potestad para hacer favores a magistrados, jueces y autoridades con mando, y la utiliza con dignidad y sumo respeto. Se contenta con la justicia posible, aquella que se imparte con rectitud, saber relativo, probidad y austeridad. Con todo, vindica, como diezmo, la cabeza de los corruptos. No entiende por qué no se puede juzgar a quien juzga, a quien dispone con arbitrariedad de la libertad de los demás.

En el terreno religioso, podríamos decir que es más agnóstico que creyente. En su opinión, ¿por qué creer en Dios si se puede ser bueno por el solo hecho de serlo? Peca, como todos, y si lo hace sabe que recibirá el perdón de Dios. Al fin y al cabo, como él dice, «es su oficio».

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Fotografía de Peter Mathius. Clica sobre la imagen y sé feliz.

¿Que si es verdad lo que narramos?

Aquí nos gustaría responder aquello de «nada es verdad ni es mentira, todo depende del cristal con que se mira». Y, puestos a responder con tópicos, «la verdad casi siempre es más extraña que la ficción». Todos los personajes que desfilan por la novela han existido, de un modo u otro. Incluso nos podríamos plantear si alguno existe en la actualidad. ¿Por qué no? Puede que alguno de esos personajes lleve consigo un pedacito de nosotros mismos o, incluso, que nosotros llevemos algún pedacito de ellos.

Por ejemplo, Querol, el «pelmazo», un reportero incisivo, inquieto, capaz de
sacarte de tus casillas, molesto como una mosca en una herida y que, en cierto
modo, encajaría en el patrón de Goyo en sus primeros años de periodista.

En todo caso, en esta novela se recrean los acontecimientos históricos y el quehacer cotidiano que vivió la ciudad de Barcelona durante los días previos al levantamiento militar. Muchos de los personajes son históricos e interpretaron en líneas generales el papel que aquí les asignamos; hemos novelado, eso sí, su proceder en el día a día. Los protagonistas, así como la trama en la que se ven inmersos, son fruto de nuestra creación y pueden responder, o no, a la realidad de entonces. Aunque, y salvando las distancias, ayer es como hoy, y hoy es como ayer, a la vista de los acontecimientos.

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Clica sobre la imagen… hambre y cebolla

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Sinergia. Esa sería la palabra que describiría el trabajo a cuatro manos que ha dado como fruto El espía de Madrid.

Veamos: además de periodista, Goyo es experto en derecho y criminología y durante muchos años ha llevado las crónicas de tribunales para la agencia EFE. Así que no es extraño que un buen día se propusiera contar la historia de la cárcel Modelo de Barcelona; la conocía bien. Quería, además, novelar la vida de un tipo, un preso, que llegó a cogerle cariño a sus muros.

Pero eso de novelar no lo enseñaban en la facultad, así que se puso en contacto
con Joan Salvador, que ya había escrito algunos libros de ficción y se
ganaba la vida como editor. La historia que Goyo le contó a Joan, mientras caminaban por las calles de Barcelona, era buena. Fue ya a punto de
despedirse –después de horas de charla- cuando el periodista le explicó al
novelista que tenía otro relato: un espía de Madrid en misión en la Barcelona
de 1936 para descubrir a un enlace que, se sospechaba, ponía en contacto a
civiles de la trama fascista con militares dispuestos a alzarse en armas. Si la
primera idea era buena, esta otra era excepcional. Así que se animaron el uno
al otro y se pusieron manos a la obra. Bien, en verdad quien llevó la parte
dura de esta primera fase de creación de El espía de Madrid fue Goyo.
Tiene una capacidad de trabajo impresionante. El otro, Joan, es más
vago; en fin, más que vago, lento, porque es muy detallista, le gusta que todas
las piezas encajen, que el lenguaje sea preciso y claro, y que la historia
apasione. Desde que surgió la idea hasta que la dieron por terminada
transcurrieron casi tres años. Al final, con todo, valió la pena.

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Clica sobre la imagen… amo los mundos sutiles

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¿Continuidad? Lo cierto es que cuando creas personajes y procuras dotarlos de un alma te cuesta acabar con ellos.

En las últimas páginas del libro, resuelta la misión que lo llevó a Barcelona y sofocado el levantamiento en esta ciudad, el agente Nelo suelta unas frases enigmáticas: «No es el final. Ni siquiera es el comienzo del final. Es, tal vez, el fin del comienzo». Él se refiere, claro, al inicio de la Guerra Civil. Nosotros vemos en ellas una posibilidad.

Ayuda, cuando construyes un personaje, imaginártelo en las situaciones más dispares. Y a Nelo lo hemos imaginado ya involucrado en una truculenta historia, con asesinatos incluidos, acaecida en una iglesia de Barcelona en la que, según las primeras noticias, se han encontrado tres cadáveres: el de un joven circundado y crucificado boca abajo; el de un ciudadano de aspecto alemán que ha sido decapitado, y el de un hombre que vestía un hábito con un extraño símbolo en un puño y que ha sido ensartado como un animal de granja, al parecer con un cuchillo curvo. ¡Cómo no íbamos a seguir
su pista!.

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Clica sobre la imagen. Video promocional de “El Espía de Madrid”. Montaje: Alfonso Carrasco

EL ESPÍA DE MADRID. Barcelona, 1936

Goyo Martínez | Joan Salvador Vergés

SINGULAR – FICCIÓN

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