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Vestidos de zombies. III capítulo

14 Nov

Por María del Pino (Córdoba)

(Del segundo capítulo)

El taxista arrugó la nariz, extrañado, y comentó que no había habido ninguna llamada de por allí ni a nadie que él hubiese llevado desde hacía horas. También dijo que no había oído nada de eso. De todos modos, accedió a llevarlos sin decir más, pues una buena pasta se iba a llevar por estar tan lejos de donde se hallaban. Sobre todo siendo de noche y festivo.

Aunque hacía frío, el taxista abrió la ventanilla. Olía demasiado al látex de la cara de Pedro. No obstante, cuando se aproximaron, las cerró con rapidez. Todo estaba demasiado oscuro y olía a podrido.

Al bajar, le pagaron con veinte euros y no esperaron el cambio. Ni ellos, ni el taxista. Su cara era de espanto desde que entraron al polígono…

Relato con música. Jesu Joy of Man’s Desiring.

Tercer capítulo

Fueron a la discoteca, la cual aún estaba un poco más alejada, y vieron la puerta abierta.

–¡Ésta era la sorpresa! ¡Es gratis! –exclamó Manolo muy vivaracho.

Cuando entraron, solamente había dos personas tiradas junto a una botella de cacique, por lo que pensaron que la fiesta se acabó demasiado pronto.

–¿Ya está? –gruñó indignado Manolo.

–Son a penas las doce y media… No creo… Ha debido pasar algo –alegó Pedro pensando más fríamente.

De pronto, se escuchó un estruendoso ruido seguido de un grito demasiado alterado. Los cinco amigos se sobresaltaron y miraron hacia el escenario. El tosco y basto sonido les pareció un fuerte impacto escaleras abajo. Antonio anduvo hacia delante junto a Manolo para mirar mientras Pedro se aproximaba más a la puerta, pensando en las películas de miedo Americanas y que no haría como ellos, por lo que si aparecía un loco con un machete, saldría por patas y por la puerta.

Mientras éste pensaba en ella, por otra que había por el decorado, apareció una joven chica corriendo, con la cabeza ensangrentada. Al verlos, se llevó un buen susto, pero al escuchar que éstos mismos gritaron al verla, se le tiró en brazos a Antonio, apartándolo y empujándolo un poco hacia atrás.

–¿El zombie de estar por casa es el que se la lleva?, –pregunta Manolo con cierta socarronería.

–Sacadme de aquí… –susurró la joven un poco trastornada.

Ésta apenas podía articular palabra. Se encontraba en un shock muy grande debido a algo que rondaba en su cabeza. Mientras la miraban absortos, pues era una morena muy vistosa a pesar de la sangre que le recorría parte del rostro y lo bien cubierta que iba incluso con cuello vuelto, un murmullo les sacó del lugar en el que la mente de cada uno se hallase para ver el quejido de ultratumba que lanzaban los dos cuerpos que había en el suelo.

–¿De qué van estos? –preguntó Manolo al ver la manera tan patosa en la que se incorporaban.

La chica, que al fin se apreció que iba de científica loca seguramente, corrió hacia Pedro gritándoles que corrieran. Éste la detuvo para que no saliese por la puerta.

Los hombres iban disfrazados de vampiro y frankenstein, pero ambos con las vísceras fuera y los cuellos con carne abierta y chorreando borbotones rojo oscuro.

–¡Joder, Pedro! ¡Estos tíos te han dado una paliza con el látex y la imaginación! –rió Manolo y todos le corearon.

–¡Corred! ¡Ya empiezan a despertar! –gritó la chica en brazos del zombie más elegante.

–Tíos, me estáis empezando a dar miedo. Dejaros de tonterías… –el más alegre, revoltoso y peor vestido comenzó a retroceder a la par que los otros se acercaban a él con dificultad al andar y un murmullo cortado.

–Manu, colega, mira el pie del vampiro… –dijo Antonio retrocediendo con cierto pavor.

No solamente él le observó el pié, sino que todos pudieron ver que estaba partido y en unas condiciones nada normales. Iba totalmente doblado y andando, o mejor dicho, cojeando, sobre la propia articulación mientras que la planta iba totalmente girada hacia el lado.

El frankenstein puso su mano encima de Manolo. Éste se la quitó y le dio un puñetazo. Lo tiró al suelo y fanfarroneó, alegando que se lo tenía merecido por la bromita de los
zombies. Sin embargo, el vampiro se le lanzó en lo alto y forcejearon. Incluso intervino Lucas para apartárselo con la ayuda de Antonio. Justamente cuando lo lograban, Manolo exclamó:

–¡Ah! ¡Ah! ¡El jodío me ha mordido!

–¡Son reales! ¡Son reales! –alcanzó a exclamar ella.

–¿Cómo? –corearon al unísono Jaime y Lucas.

Sin pensar si era una broma pesada o no, si había cámaras o no, los cinco junto a la chica corrieron hacia la puerta. Allí, para su sorpresa, había otro, pero Pedro lo apartó de un sillazo en toda la cara.

Salieron fuera y miraron hacia todas las direcciones habidas y por haber. A lo lejos, siluetas medio arrastras o con paso desgarbado se aproximaban a ellos mientras los de dentro salían.

Pedro no soltaba su improvisada arma que había encontrado cerca de la puerta, donde se ponen los porteros. Ésta, al ser como un taburete, pero alargada y de hierro, le parecía fácil de coger por las patas.

–¿Qué coña es ésta? –preguntó Jaime.

–¡Vayamos al tanatorio! –dijo ella.

–Sí, claro… –Manolo enarcó una ceja mirándose el antebrazo mordido.

–Yo no voy de científica loca, lo soy y allí están mis colegas –argumentó.

–Hay más locos de estos por allí… –señaló Lucas.

–Nos huelen, estamos en plena intemperie, y encima, dos heridos… –expuso ella.

–¡Me cago en…! ¡Vayamos ya! –exclamó Pedro, atizándole al del suelo, que parecía no redimirse a los golpes.

Todos corrieron salteando algún que otro muerto viviente que había por ahí desperdigado.

Por el camino, ella les contó que, Alexander Petrov, dueño de una importante clínica farmacéutica Rusa, había descubierto un nuevo eslabón en la genética de ADN humano. Uno que se encontraba como si fuese una fisura en la cadena. Ellos sabían que algo de eso estudiaron en biología, pero ninguno se acordaba de otra cosa que no fuese un dibujo de dos tiras enrollándose con palitos en medio.

La cuestión era que si rellenaban esa fisura, conseguirían la inmortalidad en los vivos y la resurrección en los muertos, devolviéndoles ya no la vida, sino la eternidad si no los mataban destrozándoles el cuerpo. Lo malo es que por un descuido, dos de esas bombonas de gas, donde tenían la fuente de la vida eterna, mutaron.

Cuando iban corriendo a mitad de camino, vieron que cada vez había más, por lo que se acercaron a una gran nave y apreciaron que se encontraba cerrada.

–Si está cerrada quiere decir que no hay nadie dentro, ni zombies –dijo Lucas.

Continuará…

 

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Una respuesta a “Vestidos de zombies. III capítulo

  1. PETER MATHIUS

    14/11/2011 at 19:28

    Como Siempre… genial, y EXCELENTE Música Celta “GOYITO” !!!!

     

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