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Nervios en la parada

11 Dic

La cosa fue, más o menos, de la siguiente manera: sábado por la mañana. Era el sábado, 10 de diciembre, pero podría haber sido cualquier sábado, cualquier día porque la imaginación tiene la bendita virtud de no conocer de fechas, ni calendarios, ni estaciones. Frente al ordenador, ordené unas cuantas ideas. De repente, porque la imaginación es capricho, me vino a la cabeza cuatro formas de parar el mundo: besa despacio, ríe alto, más allá incluso, ama intensamente y perdona rápido, aún más. A ello, se sumó aquello que dijo Sócrates y que aderezo con un giro hacia la profundidad: “habla, y escribe, para que yo te vea”. A través de Facebook, recibí un mensaje. Lo más importante no era lo qué decía sino quién lo decía y desde dónde lo decía: Córdoba. ¿ Qué tiene Córdoba que no tenga otra ciudad”, me pregunté. Sólo un alma cordobesa de excelsa pluma lo puede transmitir, me dije.

De ahí surgió esta breve narración, a modo de imaginación, dedicada a la Córdoba de María del Pino. Cabe señalar que me ayudo los compases inigualables de Paco de Lucía y su “entre dos aguas” que, aún sin ser cordobés, es universal y en sus manos y sus cuerdas atesora un profundo sentimiento, “jonda” alegría con la que (casi) pude sobrevolar el cielo corbobés, el cielo de Andalucía.

 Debe ser difícil alejarse hoy en día del mundo. O, quizás, sea posible quedarse donde uno está para alejarse de todo, en una ciudad que me incluya, donde los caprichos son maravillosos pretextos para soñar otros mundos posibles, donde el amor ya no es la agonía de la ausencia sino el deseo de la compañía para calentar las ho…ras de soledad y eliminar la sensación de quietud excesiva, ligado a una hora del día, la que quieras, y a una estación, la que imagines. Estoy en Córdoba, no sobre Córdoba.

Veinticuatro horas después, porque la imaginación tiene esa bendita virtud de transcurrir y discurrir, María del Pino, desde Córdoba, me escribía un precioso relato -dedicatoria incluida-, que daba un extraordinario sentido a dos cosas aparentemente inconexas hasta crear un algo especial. Recordáis aquello de que “quien tiene un amigo, tiene un tesoro”, frase legendaria que, últimamente, dicha de esta manera, apenas se emplea.

Y es que el tiempo es así de extraño, a cambio de todo lo que nos arrebata nos concede algo: a veces es un amigo, a veces es un mejor entendimiento de nosotros mismos, a veces sólo es un día perfecto. En veinticuatro horas se dieron las tres beatitudes.

Clica sobre la imagen de María para sentir la melodía: mar antiguo  

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De María del Pino para Goyo Martínez (gracias María). De su blog personal, http://maria-009m.blogspot.com/

“Nervios en la parada”

 Para ti, Goyo:

          Un día, se encontraba sentada leyendo su libro favorito, en la parada del autobús, una muchacha de larga melena morena, ojos verdes y tez clara. Mientras redactaba en el móvil un mensaje para su amiga, se le acercó un hombre de aspecto amable, le dio los buenos días y se sentó a su lado.
          Ella comenzó a temblar, olvidándose así de la amiga, del mensaje, de su nombre y de media vida. ¡Lo conocía! Por gracia del destino, era su escritor favorito. Lo seguía con ahínco desde su Blog. «¿Cómo podía haber ocurrido semejante milagro?», se preguntó. Guardó el móvil y metió la mano en el bolso para buscar la novela que siempre llevaba consigo. Sin embargo, no encontraba el dichoso y preciado libro. Se puso aún más nerviosa, quizás, más que eso… ¡ATACADA!.
         Durante diez minutos se estuvo preguntando una y mil veces en si hablarle o no… pues no tener el libro la cohibía demasiado.
         –¿Hace mucho que pasó el último? –preguntó él mirando el reloj.
        Con la mirada al frente, la jovencita tan sólo zarandeó la cabeza hacia los lados, negando.
        Transcurrieron diez minutos más y, habiendo pasado ya dos autobuses, él la volvió a mirar con gracia y alegría.
        –¿Paran muchos más números aquí?
        Ésta simplemente pudo negar con la cabeza a la vez que su cuerpo se heló ante la tensión. Tal era el respeto que le tenía, que ni se atrevió a hablar. ¿Qué podría pensar de ella si lo asaltaba por las buenas? ¿Que era una niña estúpida que tartamudeaba? ¿Una alocada fan? O peor… ¿alguien que le quería sacar los cuartos?… ¿Los traseros y los delanteros? No, no le hablaría, pues con lo nerviosa que estaba, se decía a si misma que era capaz de decir alguna burrada.
        A los cinco minutos, le comenzaron a sudar las manos. Tan notable era su intranquilidad, que él comenzó a mirarla mientras escribía una nota en su cuaderno de cuero negro.
        –Perdona, ¿te encuentras bien? –indagó el escritor con amabilidad al ver el nerviosismo en la muchacha.
       Con un movimiento seco de cabeza dijo que sí, haciendo que él virase su vista al frente tras una risilla. Justo en ese instante aparece, a los lejos, su autobús. Es el último número y el último que pasaba en el día. Dio un respingo y se le cayó de las piernas el libro de “El Espía de Madrid” al suelo. Él lo miró, se lo recogió y sonrió afablemente, como esperando a que ese momento llegara.
        –¡Anda! ¡Pero si estaba ahí! –exclamó la joven inquieta al ver su tremendo despiste–. ¿Sería tan amable de firmármelo, por favor? Es que… soy admiradora. ¡Me encanta!
         Goyo Martínez, al fin, agarró el libro entre sus manos esbozando una agradable y amplia sonrisa. Escribió lo más rápido que pudo, se lo entregó y se despidió con dos besos. Acto seguido, ella se montó en el bus justo en el último aviso del impaciente conductor.
         Una vez dentro, abrió el libro y apreció que junto a la típica firma especial que siempre hacía con el corazón, se encontraba la nota que momentos antes él escribía.
        Esta decía:
       “Llevo un rato mirándote leer mi libro y me he acercado curiosamente cuando paraste y cogiste el móvil. Me gustaría, sino es mucho pedir, saber tu opinión de éste cuando lo acabes. Por favor, búscame en Facebook.
                                              Siempre tuyo, tuyo siempre. Goyo Martínez”.

 

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2 Respuestas a “Nervios en la parada

  1. MARTILLO

    11/12/2011 at 22:45

    que bonito relato y olé.gracias

     
  2. Cylthia CG

    27/09/2012 at 21:03

    Cazador, cazado….Siempre he dicho: Gran parte del ingenioso humor y la sonrisa de los mexicanos, nos las trajeron de Andalucía…

     

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