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Archivos Mensuales: mayo 2012

Camino Galicia

Detengo el tiempo, allá donde el silencio huele a leña mojada y las tardes suenan a esquilas y cantos de grillos. Tranquilidad en estado puro; cuentos de lobos y bandoleros; rostros, de distina belleza, anclados en la memoria. Un friso continuo de ventanas que se abren y se cierran y en el que aparecen paisajes y personajes, pallozas de paja, estructuras con chimeneas humeantes, techos de pizarra… La magia de un lugar y de un tiempo.

Un poema de Luis Blas Serena, desde Galicia http://luisblasserena.wordpress.com/. Con música de Luar na Lubre.

¡Oh! Galicia, bella tierra

¡oh! Galicia, terra das meigas

siendo tu Galicia

tierra de gente obrera

repartida proporcionalmente

tus aguas, montes y praderas

 

Siendo tu Galicia

tierra de gente buena

trabajadora y sencilla

llena de gran fortaleza

 

Siendo tu Galicia

creada para la belleza

pues nunca vi paisajes

con tan majestuosa alteza

 

Siendo tu Galicia

única entre las tierras

de empanadas, de potes

y de pulpos da feiras

 

Siendo tu Galicia

por tu encanto y tus fiestas

tan querida por todos

aquellos que te conocen

y ya, siempre te recuerdan;

lástima que siguen abandonadas

tus calles caminos y carreteras

pues el corazón se me parte

porque también faltan escuelas

 

Muchos otros caminos

abandonados se quedan

por ganar protagonismo

de intereses que bolsillos llenan

a hijos traidores, de tu bella tierra

que se llaman gobernantes

pero no luchan, codo con codo

ni te elevan a las estrellas

ni te cuidan, ni te miman

o te dan, lo que tu les diera

que eso, es ser autentico gallego

gallego de tu bella y linda tierra

 

Sentirte, que es compartirte,

esos bellos sentimientos

de tantos escritores y poetas

Rosalía, Castelao, o

Camilo José de Cela

en sus escritos te enaltecen

ellos y tu pueblo, te elevan

con el pensamiento y la pluma

te hacen traspasar, todas las fronteras.

 

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¿Verdá, madre?

Son las cosas que recuerdo, actas notariales de lo vivido, que he alojado en un lugar de la memoria a buen recaudo. Los viejos y pequeños libros con los poemas de Machado y Lorca, los dibujos a tinta china y los geométricos, algunas mandalas, fotos con los de la clase, la primera chica que me gustó, que no era mi novia, era mi amiga amiga. Y paisajes: caminos de lápiz marrón, bosques de difuminados verdes, el mar, siempre azul. Nunca había nubes grises y sí casitas con chimeneas y pájaros.

Un poema de Guillermo Háskel, Buenos Aires (Argentina). Siete palabras que lo dicen todoCon música y mucho gusto.

El mar

parece

el cielo

¿verdá

madre?

 

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Un genio de 6 años

Un hombre ha enfermado. Tendido sobre una cama de un hospital ve que la vida se le acaba. Por la ventana entra la luz del sol. O quizá, no. Quizá llueve. Quizá hace sol… pero han bajado la persiana para que tamice la luz y la proyecte fileteada en la pared de enfrente. Quizás ese hombre nunca vio el mar. Quizás sí lo vio pero no lo hizo suyo. Quizás quien bajo esa persiana, tampoco.

Un breve relato de Chelo Romero, de Barcelona, que nos dice que amanece y anochecerá, y el resto está por escribir. Y nos dice también que en los pequeños gestos, en los momentos que devienen eternos, cuando menos lo esperamos, radica la esencia de la vida. Y eso es lo que nos llevaremos al final de una vida que, muchas veces, nos atropella hasta el hastío. ¡Carpe Diem!. Con música, con mucho gusto.

Hoy, conocí a un genio en el tren. No tendría más de 6 años. Se sentó a mi lado y, mientras el tren avanzaba a lo largo de la costa, llegamos hasta el océano. Entonces él me miró y dijo, ¡ ¿no es hermoso? !. Fue la primera vez que me percaté de ello.

 

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Instrucciones para amar (el quiosco del CR)

Publicado por Daniel Najnsztejn, de Buenos Aires (Argentina), en su blog, muy recomendable, La venganza del señor equis

Instrucciones para amar (de Julio Cortázar)

Pósese justo frente a la persona que se quiere amar. Mírela a los ojos, sonría delicadamente, no exagere.Haga lento el abrir y cerrar de ojos: baje lentamente los párpados, súbalos de igual forma. Así durante todo el procedimiento. Tome lentamente su cara y acérquela a la propia; inmediatamente verá la fusión de labios. Con suavidad, abra la boca y mezcle las lenguas, manteniendo las manos sobre la cara. Luego de algunos segundos sentirá una reacción química que liberará energía calórica, pero no se precipite, prosiga con las instrucciones.Tranquilamente aparte las manos de la cara del ser amado, deslizándolas suavemente por los hombros hacia abajo, hasta llegar a la espalda. Abrazar fuerte. Continúe con los procedimientos anteriores, verá que no experimentará ninguna dificultad para realizar estos pasos al mismo tiempo. Relaje las piernas y los brazos, sosténgase de pie sobre la persona que se quiere amar, verá que es el mejor soporte posible. Apague o disminuya la luz, el ambiente será más tranquilo. Aproxímese a una cama, preferentemente hecha sólo de sábanas. No se preocupe por las almohadas, sus propios torsos cumplirán esa función perfectamente. No se apresure, póngase, despacio, en posición horizontal, guíe al amado a ponerse en la misma posición, de manera que los dos queden acostados y de costado, mirándose una vez más. No deje nunca de abrazar. En silencio, recuéstese sobre el torso ajeno y déjese reposar un buen rato. La oscuridad le dará una sensación muy pacífica de la realidad y limitando la visión y el oído, podrá disfrutar de los sentidos que suelen dejarse relegados: el tacto, el olor, el gusto. Mantenga el abrazo, pero no se quede dormido, el sueño bien podrá experimentarse despierto. Admirar todo lo que guste, deleitarse con las más inocentes excusas, detener el tiempo mientras se ve a la persona amada hacer algo tan simple como hablar, fruncir el ceño o jugar infantil y tiernamente con un peluche. Agregue dulzura a gusto.Añada sonrisas, payasadas y bromas (las lágrimas no hacen mal si están medidas en proporción y están bien batidas con amor), regalos insignificantes como un beso en un momento inesperado o un papel escrito a las apuradas. Pueden ser valorados más que una joya.

Consejo: las caricias y besos extras a lo largo de todo el procedimiento producirá un mejor efecto y mejor resultado. No olvide las miradas. Secreto: Esta receta es especial para noches de lluvia; el sonido de las gotas rompiendo el silencio conforma una atmósfera imperdible.

 

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Cuando hablar y cuando callar (el quiosco del CR)

Por Mercè Roura, periodista

No me gustan los prejuicios. Ni los clichés. Ni todo aquello que ya se supone que tiene que ser de una forma concreta. Me molesta mucho la gente que va por la vida dando lecciones de ética, los amargados que esperan agazapados a que te equivoques para saltarte a la yugular… esperando que tu desgracia sea su gloria…

No soporto que algunos se crean en posesión de la verdad absoluta, por muy maltrechos que estén en la vida, por mucho que les cueste arrastrar su peso… por pesada que sea su cruz.

No me gusta la gente que se victimiza, se regodea en ese sentimiento y se queda sin hacer nada. Adoro a la gente que se ríe de sí misma, que se como a bocados la vida y siempre piensa en el siguiente paso. Gente que se levanta cuando cae y piensa cómo superarse.

Me provocan desazón, angustia y bastante asco aquellos que se creen con la razón siempre y no admiten opiniones contrarias. Me da lástima que no se admitan matices y que muchos se esfuercen cada día más en generar un mundo de contrastes, de blancos y negros, de buenos y malos, de extremos.

No me gustan los que gritan, aunque alguna vez el grito sea necesario… nunca es la única respuesta. Se puede luchar por mejorar el mundo desde cualquier rincón, bajo el sol o a cubierto de una lluvia densa. Como criado o como señor, sin que ninguna de estas dos realidades se superen entre sí. Se puede cambiar el mundo en un despacho, con un libro, con una pancarta o con un tweet. Se puede cambiar el mundo empezando por ser mejor con nuestro limitado entorno y respetar las miradas y las palabras. No hacen falta grandes actos. Se puede cambiar el mundo pensando cómo cambiarlo… hacer la revolución desde un pequeño cuarto oscuro. En la cima o en el valle.

No me gusta la gente que juzga sin conocer, aunque admiro profundamente a aquellos que se guían por la intuición.

No me gusta la gente que otorga porque calla verdades aunque a veces sean básicos los silencios…

No me gusta la gente que dice “no me gusta” por eso ahora, me callo.

 
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Publicado por en 13/05/2012 en el quiosco

 

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ABRÁZAME FUERTE

Estabais donde no teníais que estar. Y yo pasé, pasé sin querer pasar.

Busco un rostro humano entre la multitud, un gesto de solidaridad en un barullo de cuerpos que se cruzan y tropiezan, de gente que busca su tren con una expresión de desvalimiento en el rostro y la torpeza de la urgencia en el cuerpo. Y casi sin querer lo encuentro. Y bebo de su sonrisa / sonrisa cálida / calidez en el alma / el alma repleta.

Vengo del insomnio y camino por la oscuridad de la vida, abigarrada parodia de vida. Y en la noche, avanzo por el pasillo hasta la oscuridad total, entre objetos solo contorneados. Sin embargo, estoy tranquilo de saberme en la íntima y serena certeza de sentirme en el hogar.

Un relato de Maria del Carmen Escriñà, de Madrid

 

Abrázame fuerte, 

que el mundo no me llegue,

y que las voces se amortigüen;

Que reine el amor…

… flotando en el silencio

 

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¿Para qué sirve un banco? ¿Para qué sirve un colchón?

Con gesto inquieto, aunque sin el pensamiento coagulado ni la voz cuarteada, en el terreno de la preocupación sin alcanzar una sensación de desplome absoluto, me explicaba ayer un buen amigo que posee unos ahorros en un banco que ahora todos debemos salvar con dinero público, un capital que, “gracias” a  “extrañas” coincidencias, parece salir de los no ya recortados sino maltrechos ámbitos públicos de la sanidad y la educación.

Al tiempo que mi amigo me hablaba de sus ahorros, el informativo del mediodía de la televisión –uno cualquiera-, informaba de que ese banco no puede hundirse pues recibe la consideración de sistémico que, dicho así, y en las actuales circunstancias, suena a enfermedad. El presentador de las noticias hablaba también de cifras mareantes, tanto como mareado está nuestro bolsillo por inanición salarial, y de gestores con indemnizaciones y jubilaciones con las que se podría costear el presupuesto de un pueblo de ciertas dimensiones durante uno o dos años, o se podrían salvar decenas de pupitres o de camas de hospital, por poner sólo un ejemplo.  

¿Traspasarás esos ahorros a otro banco?, le pregunté. No, me respondió con firmeza, sin desviar la mirada. ¿Invertirás en bolsa, acaso?. Tampoco. Me miró como si me hubiera vuelto loco. ¿Acaso comprarás un coche nuevo?. O, ¿irás de compras a Ikea?… No di ni una en la diana.

¿Qué se puede hacer con unos ahorros depositados en un banco de presente sombrío y futuro incierto?, por mucho que nos digan que es “enfermizamente” sistémico.

Le di unas cuantas vueltas al asunto de los ahorros de mi amigo mientras buscaba la solución removiendo el rissotto del menú de 10 euros que me había servido un novel, solícito y joven camarero, ávido sin duda por quedar bien con los jefes, en este caso unas estupendas personas.

De repente, y tras dar cuenta de una butifarra de Lleida, mi amigo, que sabe latín, mucho latín, me anunció sus planes para con esos ahorros: se compraría una caja fuerte y allí los depositaría para hacer uso de ellos cuando quisiera o conviniera.

Luego, entre la severidad que exige las circunstancias, y el buen humor que debe imperar para evitar el desplome total, sopesó en voz alta la posibilidad de recurrir a un viejo hábito: el colchón.

Yo, que a duras penas puedo alcanzar a comprender y cuadrar mi economía doméstica, me pregunté entonces, – porque sigo teniendo muchas preguntas y pocas respuestas y daría todo lo que sé por la mitad de lo que desconozco-, ¿para qué sirve un banco?. Y aún más, ¿para qué sirve un colchón?.

Inevitablemente, y con el rissotto ya frío, me invadió una sensación de desamparo. ¿De qué y quién viven los bancos?. No somos nosotros, con nuestras nóminas, transacciones, créditos, tarjetas, impuestos… quienes sustentamos un sistema que antes decía ser “amigo” nuestro.

Cierro los ojos para intentar ver. Es decir, y que alguien me corrija si lo entiendo mal: van a salvar un banco con un dinero público –mientras no digan lo contrario- rescatado de unos ámbitos que sustentan el estado del Bienestar para que luego ese mismo banco lo utilice para sanearse y comunique a sus clientes que no dispone de fondos para conceder créditos, ayudas, etc…, que permitan a empresas y/o familias salir adelante.

Es ese mismo banco que seguirá nutriéndose de nosotros, vosotros y ellos y que dentro de unos meses, y tiempo al tiempo, publicará su cuenta de resultados y anunciará beneficios.

Yo, a partir de ahora, y con vuestro permiso, confiaré más en mi colchón.

PD: le pregunté a mi amigo si no había pensado en otro viejo recurso para guardar sus ahorros: el calcetín. Desechó la propuesta porque, según me argumentó, algo ya huele muy mal en todo este asunto.

 

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