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Donde el tiempo se detuvo

21 Jun

Conocí un camino, el camino de la sierpe, que me recordaba que algo reptaba entre el follaje y que en un tiempo pasado, cuando niños, vivimos algo indefinible que ahora nos es tan imprescindible como imposible de evocar. Y, como picoteados al azar, en el gran cesto de la memoria, se nos antojaba los recuerdos que le brindaba.

Tan sólo en un puñado de palabras, Aida Glez., desde Zaragoza, nos sumerge en una edad casi olvidada, donde el tiempo se detuvo. Es la magia del recuerdo y de la tranquilidad en estado puro, cuando el abuelo, con su rostro que siempre nos parecía anclado en el pasado, nos narraba cuentos de lobos y románticos bandoleros. Con música, por supuesto.

 

Detuvo el tiempo donde el silencio olía a leña mojada y las tardes sonaban a esquilas y cantos de grillos. Podía oír y tocar lo que nadie oía y sentía. Podía recibir mensajes de los pájaros, del viento, de los árboles, de un perro o de una gallina.

 

 

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