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Lo que la luna esconde (fragmento)

04 Ago

El sol declinaba y la tarde se presentaba con un esplendor insultante. Aquellos atardeceres eran una constante que ya no les abandonarían nunca. De belleza primigenia, verdes, ocres, dorados y malvas salpicaban las colinas. Vistas sublimes. Allí, parecía que las gentes vivían en el fondo de un cuadro de Constable. ¿Sabían algo que nosotros desconocíamos?. Quizás, sabían que todos tienen un destino mágico, incluso místico, en algún lugar de la imaginación. Una idea bullía en sus cabezas y lo que les salvó de sucumbir a la muerte fue su negativa a lamentarse de lo que había salido mal y su confianza en sí mismos.

El Café Romantic presenta, en exclusiva, un fragmento de “Lo que la luna esconde”, el primer libro sobre crecimiento personal novelado, obra de Jordi Planes Rovira (Vilassar de Mar, Barcelona) y prólogo de Maite Arbonés (Lleida), que estará en las librerías la próxima navidad. Con música, como no podía ser de otra manera, porque, de alguna manera, somos hijos de la luna.

 

Decidí poner fin a ese constante devaneo emocional, al flirteo con la locura sentimental y bajarme de la montaña rusa en la que vivía instalado desde hacía varios años.

Me levanté de la cama. Ella estaba profundamente dormida, su aspecto era angelical (nadie relacionaría su aspecto con su carácter). El fino camisón de seda dejaba entrever el diseño de su intimidad y alentaba a revivir el reencuentro con la pasión. Lo pensé, incluso estuve tentado a acariciar su cuerpo y buscar sus labios, unos labios carnosos y brillantes que enaltecían el rostro y le conferían una belleza singular.

No podía volver a caer. Ella era consciente de la atracción y del poder que ejercía sobre mí y lo utilizaba como estrategia para lograr sus objetivos, así que decidí evitar cualquier tentación. Tomé una ducha refrescante y salí de casa. La escalera estaba en silencio; aún quedaban horas para ver asomar el sol.

Casi instintivamente tomé las llaves del coche, me ajusté el cinturón y accioné el botón de arranque. Los primeros instantes fueron de conexión entre el coche y yo; la suavidad de su dirección, la respuesta de su motor y la agradable sensación de conducir me permitieron evadirme de la crispación del momento.

Me deje llevar por las sensaciones, busqué el camino más corto, el paisaje más bello, el rincón más solitario. El entorno acompañaba mis pensamientos y las lágrimas asomaban en mi rostro acompañando mi huida hacia ningún lugar.

Jordi Planes es autor de “Escuchar, pensar y hablar” y “Crea tu vida”.

 

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