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Hay corazones en prisión

29 Sep

A pesar de todo, pese a ese mundo que nos atropella y nos condena hasta el hastío, la vida no deja de sorprenderme gratamente, como un crepúsculo de Turner, donde se ha excluido lo sórdido y lo feo.

Es el sistema penitenciario, y lo digo con conocimiento de causa, el gran despreciado de las políticas públicas y el gran olvidado de la sociedad. Damos la espalda a las prisiones, pensando que nunca nos puede pasar a nosotros, como en muchas otras situaciones que nos rodean, hasta permitir que las cárceles sean sólo contenedores de desechos humanos a los que acabar de aniquilar.

Allá por el siglo XVIII, el italiano Cesare de Beccaria, gran precursor de los sistemas penitenciarios más humanos, proclamó la necesidad de que la humanidad y la compasión penetrasen las puertas de hierro. Y hoy, tres siglos después, es a la inversa; la humanidad salta los muros para darnos una lección de vida y decirnos que, quizás, entre rejas hay más bondad de la que se pueda imaginar.

Un grupo de reclusos de la prisión de Quatre Camins, en la Roca del Vallés (Barcelona), se ha constituido en un colectivo que promueve y apoya causas humanitarias y sociales. Y lo hacen desde el más absoluto desinterés, sabiendo que con ello no ganarán ningún beneficio penitenciario aunque sí un cielo que un día perdieron por sus fechorías.

Pese a su cautiverio, justo a los ojos de la ley, quizás injusto a los ojos del alma, siguen siendo persona pese a que, mayoritariamente, los vemos como animales. Y, mira por donde, tienen corazón y también alma, y lo saben porque les duele.

En primavera, estos presos, anónimos todos ellos, impulsaron una campaña de donación de sangre que fue un éxito. En junio, promovieron una campaña de recogida de firmas para salvar el Ártico. Hoy, sin ir más lejos, han contribuido a otra iniciativa de recogida de tapones de plástico para pagar el tratamiento que precisa Enrique.

Enrique, de 8 años, no es un niño como otro cualquier que pueda celebrar goles, darse un chapuzón en una piscina o en la playa, jugar con la Nintendo, pasear por la montaña o, ni siquiera, hacer los deberes. Sufre una grave encefalopatía a la que se suma la epilepsia y un severo retraso. Y Enrique tiene un precio: 10.000 euros, que son los que cuesta el tratamiento para intentar su curación.

Pese a todo, Enrique, según definición de su madre, Merche Vázquez, es un luchador, y lucha desde los nueve meses. Hace unos días, acudió con su madre a la prisión para dar las gracias a esos reclusos que se han sumado a la causa para recoger tapones y con ellos “fabricar” el dinero que necesita sino para curarse, sí para mejorar.

Ese día, explicó su madre, se encontraba bien. Sólo había sufrido dos crisis. Hay jornadas en las que puede llegar a padecer hasta dieciocho. Y Merche lo quiere tal y como es.

Con la ayuda de dos educadores del centro penitenciario, Amparo y Javier, comenzaron a colgar carteles de apoyo a la causa de Enrique por toda la prisión y esos mismos presos a los que muchas veces damos la espalda han logrado recoger montañas de tapones de plástico. Y no sólo eso; han recaudado 265 euros para que el niño se pueda curar, Fernando, un interno que hace de jardinero, le entregó un ramo de flores y recibió además una saca de cartas de reclusos en las que le expresaban sus mejores deseos.

“El coraje de tu madre demuestra como te quiere. No sabes el tesoro que tienes. Quiérela siempre como ella te quiere a ti”, decía una de las cartas. Merche Vázquez no pudo reprimir unas lágrimas, lágrima que emanan de su propia vida, una vida que duele al punto de las lágrimas.

Hoy, en Vilanova del Vallés (Barcelona), promovido por la Fundación Don Caballo, donde Enrique lleva a cabo terapia con caballos una vez por semana, se celebra un festival que lleva por nombre “Taps de l’esperança” (tapones de la esperanza), con el fin de recaudar aún más tapones que se conviertan en euros para darle al nño la oportunidad de ser niño mediante un costoso tratamiento que sus padres han encontrado en París y para el que precisan 50 toneladas de tapones ( de los que ya llevan recogidas 20) para sumar esos 10.000 euros, el precio de la vida de Enrique.

El Café Romantic se suma a la iniciativa por Enrique y aplaude el gesto de los presos de Quatre Camins, esos mismos a los que, muchas veces, ninguneamos.

Enviarles vuestro apoyo: solidaridadconenrique@gmail.com

Cartel con música: “Alegría”.

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Una respuesta a “Hay corazones en prisión

  1. La dama se esconde

    29/09/2012 at 12:26

    Un ejercicio de humanidad, un ejercicio de voluntad y desinterés y una lección de que todos podemos con un poco de corazón ser mejores personas , excelente noticia , excelente articulo Goyo.

     

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