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Sapere Aude

27 Oct

Un niño de seis años escribió una vez:

¿ A ellos les gusta morir?. A nosotros, no. Y si a ellos no les gusta, a nosotros, tampoco. Y, entonces, ¿ por qué lo hacen?. Por ninguna razón. Y entonces, ¿ por qué no lo hacemos nosotros? Porque no somos malos. Y si ellos dijesen nosotros tampoco somos malos, ¿les gustaría? ¿A que no les gustaría? Pues, no nos lo hagáis, ¡vale! Parad de hacernos daño”.

Al leerlo, Roberto tomó una servilleta de papel y anotó:

Dame tu voz, escucharé

Dame tu dolor, gritaré

Dame tu mano, te guiaré

Dame tu sueño, soñaré

Siento. Vida. Felicidad. Amaré…

Estas palabras fueron escritas en pleno apogeo de la canalla actividad de los terroristas de ETA pero también pueden ser, son y deben ser un canto a la paz desde los ojos, las manos y el alma de la inocencia, la mejor, que proporciona un niño, un grito contra cualquier clase de terrorismo y violencia, física, verbal o psicológica, en cualquier parte del mundo.

A punto de cumplirse el 12º aniversario del asesinato del profesor Ernest Lluch a manos de los salvajes de ETA, el Café Romantic quiere recuperar este breve relato del libro “Pido la Palabra: crónica íntima de las víctimas del terrorismo” (Lectio/Cossetània, 2008), en homenaje a todos aquellos que se dedican a luchar por la paz, con cualquier gesto, con cualquier palabra o incluso con su silencio, y en especial Robert Manrique, amigo y alma máter en España de la defensa de las víctimas de una de las peores lacras de la humanidad, el terrorismo.

Con música, “En los mapas del cielo el sol siempre es amarillo
y la lluvia o las nubes no pueden velar tanto brillo.
ni los árboles nunca podrán ocultar el camino
de su luz hacia el bosque profundo de nuestro destino…”

Junio de 1999…

Lluch se abigarró entre el público, como un ciudadano más. Roberto lo invitó a subir al entarimado, pero (el profesor) rehusó cualquier tipo de protagonismo. Era el momento de las víctimas y su discreta presencia, el mejor homenaje que podía tributarles. Roberto leyó a Lluch. Sabía que era inteligente y erudito. Abierto y enciclopedista. Pero lo que desconocía era su generosa generosidad y su humana humanidad. Le habían hablado de su valentía intelectual. Del hombre de las luces que incitaba, cuando no provocaba, a pensar, a hablar, a comprometerse con los problemas de nuestro tiempo. También sabía de su fidelidad a una máxima kantiana que le había guiado en la vida, sapere aude.

La razón de las gentes de bien -pensó Roberto. Lluch perseguía el mismo sueño que él. Un país, un mundo abierto y dialogante, donde lo humano no fuera ajeno. Era el vigía del diálogo que nunca dormía soñando la paz.

Al concluir el homenaje, Roberto se acercó al profesor y le tendió la mano. El emocional saludo almacenó todo el dolor y toda la solidaridad que cabía en la tierra. Sin mediar palabra, de inmediato comprendió lo extraordinario del ser.

– Què us cal? (¿ Qué os hace falta?) -preguntó, sin más, Lluch a Roberto. No hicieron falta presentaciones grandilocuentes. Una vez más, Lluch se dejó llevar por su interés desinteresado, por su curiosidad, por su compromiso con lo humano.

– Su apoyo. Sólo su apoyo -le contestó Roberto.

– Tenéis no sólo mi apoyo. Tenéis mi afecto, mi corazón…- le respondió, seguro, el profesor.

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Una respuesta a “Sapere Aude

  1. José Arjona

    27/10/2012 at 17:21

    Como siempre, Goyo. Todo un placer el leerte.

     

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