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Pesimismo optimista

27 Abr

Imagen con música

El viejo de la imprenta era un hombre inteligente que sabía de lo que hablaba, mientras yo aún me preguntaba quién era, de dónde venía y si había sido elegido para algo importante. Cuando yo iba, él ya volvía. Junto a él se sucedían absurdas situaciones, maravillosamente sensatas. Me viene ahora a la cabeza el día en que me llevó a una tienda a comprar unos frascos: uno de amor, otro de humor y un tercero, de lúcida locura. ¡Por supuesto!, respondió la dependienta, un personaje que parecía sacado del país de las maravillas de Alicia.

– Dime, querido viejo, ¿en qué consiste la vida?

– En no hacer nada en absoluto. En pasar el tiempo reflexionando sobre la vida.

– Pero eso es un absurdo.

El comentario le pareció de una lógica demoledora. Yo, aún, no veía el qué de la cuestión.

– Pongamos que comprendes que todo es un absurdo… entonces no será tan absurdo porque eres consciente de que es un absurdo y la consciencia de ello es lo que le otorga sentido, ¿me entiendes?.

Ya te entiendo, querido viejo. No pensar en ello significa que estás pensando en ello.

Al salir de la tienda, me pregunté en voz alta si pienso, luego existo o existo, luego pienso. O digo lo que pienso o pienso lo que digo antes de decir lo he pensado, por si acaso donde dije digo, digo Diego, o Diego no era más que un fantasma que aturdía mi existencia, luego mejor no pensar.

El viejo replicó:

– No acostumbro a decir Diego donde dije digo. Suelo pensar lo que digo y suelo decir lo que siento. Y suelo pensar cómo lo digo, aunque no lo diga como lo siento; y hay veces, quizás más de las debidas, que no digo lo que pienso.

Aquel día bebí de los tres frascos de amor, humor y lúcida locura.

Un breve relato sobre la vida misma, a partir de una reflexión del genial Charles Bukowsky, quien un día dijo: “A veces me miro mis manos y me doy cuenta que podría haber sido un gran pianista o algo así. Pero, ¿Qué han hecho mis manos?. Rascarme las pelotas, firmar cheques, atar zapatos, tirar de la cadena de los inodoros, etc., etc. He desaprovechado mis manos. Y mi mente”. Y luego sentenció: “La vida es todo lo agradable que se lo permitas”.

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