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Historias de una pequeña gran historia

01 May

La idea de perder tanto control sobre la felicidad es insoportable. En las huellas de mi rostro, a veces marchito y ajado, más de las debidas, y sólo disimulado por la máscara de una juventud tardía, o de una madurez  apremiante, el viejo de la imprenta interpreta mi carga. Al igual que las alas tienen un peso, esa carga es un peso que noto sobre la espalda, sobre el alma. Trato de que esa misma carga me levante; la carga que me haga volar.

En el camino de la sierpe, el camino de siempre, como la vida misma, el viejo pisó mi sombra, proyección de mi oscuridad, mientras me armaba para desafiar a la adversidad y enfrentarme al enemigo sin temor. El enemigo era yo mismo.

– ¡ Henos aquí, mi joven amigo !, igual que en las pequeñas grandes historias, las que realmente importan, llenas de oscuridad y peligros constantes.

No sabía si quería conocer el final del capítulo, porque ¿cómo iba a acabar bien? ¿Cómo volvería el mundo a ser lo que era después del sufrimiento?

El viejo se detuvo y aplastó mi sombra, y con ello agrietó la oscuridad.

– Todo es pasajero. Como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba, para dar paso a un nuevo día.

– ¡ Hoy como ayer, mañana como hoy ! – espeté.

Me hizo alzar la vista.

– ¿ Brilla el sol ? – preguntó.

– ¡ Más radiente que nunca ! – respondí, casi gritando.

– Esa es la historia, tu historia, la que llena el corazón. Son las que tienen sentido, aún cuando eres demasiado joven para entenderlas – dijo con lógica absurdidad -.

Me aparté a la izquierda para liberar mi sombra, que ahora se proyectaba sobre la del viejo.

– Creo que lo entiendo. Ahora lo entiendo, querido viejo. Somos los protagonistas de esas historias que se rendirían si quisieran. Pero no lo hacen, siguen adelante, porque debemos luchar por algo.

– Debes aprender amigo mío que las derrotas también tienen una dignidad que la victoria no conoce. Puede que no tengamos que ser felices, puede que la gratitud no tenga nada que ver con la alegría, puede que ser agradecido signifique estar contento con lo que tienes, apreciar las victorias, admirar la lucha que implica seguir viviendo. Quizás estamos agradecidos por lo que nos resulta familiar y puede que por las cosas que no sabremos nunca. Al final del día el simple hecho de tener el valor de no derrumbarnos, es suficiente motivo para celebrarlo.

Seguimos caminando… mi sombra me precedía, ¡ libre !.

El Café Romantic presenta un breve relato, un diálogo virtual e imaginario entre un servidor y el excelente escritor coruñés Luis Anguita Juega, a partir de los principales elementos de la trama de su novela “Donde está tu destino” y que nos habla de las historias que hay detrás de cada uno de nosotros, de los sueños, de la desazón y de la esperanza…

Imagen con música: May it be, Enya

Luis: Cada vida tiene una historia.

El Café Romantic (CR): Algunas historias abren la puerta para algo más.

Luis: Un joven sin pasado, un futuro sin destino.

CR: El destino no podía hallarle dos veces.

Luis: Un marinero solitario.

CR: Un marinero del mundo con ruta para todos los puertos.

Luis: Una amistad.

CR: Los amigos son un raro lujo en estos tiempos.

Luis: Una muchacha que no está dispuesta a renunciar a sus sueños.

CR: No hay certezas cuando se habla de sueños, algunos se logran, pero otros tantos chisporrotean y mueren. Cuando eso sucede es tentador preguntarse por qué uno ha soñado alguna vez en la vida.

Luis: Una mirada grabada en la mente.

CR: Siempre abierta de mente y corazón.

Luis: Un destino caprichoso que provoca un encuentro cuando ya no hay esperanza.

CR: Me pinto los ojos con las chiribitas de la ilusión y la esperanza para regalar encajadas cómplices y abrazos fraternales.

Luis: Un viejo médico que se revela ante una injusticia.

CR: Emociones extremas y amores contrariados. Pobres y míseros. Arriba y abajo. Y más abajo aún. Injusticia. Desamor. Homosexualidad reprimida.

Luis: Un adolescente que ama la medicina.

CR: Los huesos se rompen, los órganos estallan, la carne se desgarra. Podemos coser la carne, reparar el daño, calmar el dolor. Pero cuando la vida se desmorona… Cuando nosotros nos desmoronamos… no hay ciencia, ni reglas exactas. Tan sólo tenemos que dejarnos sentir así. Y para un cirujano, no hay nada peor ni mejor que eso.

Luis: Una historia donde nadie está dispuesto a renunciar a sus sueños.

CR: Sólo al soñar tenemos libertad, siempre fue así; y siempre así será.

Ilustración de la novela de Luis Anguita, “Donde está tu destino”

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