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La Iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco cerca de un torbellino rápido y la iglesia de San Tisilo cerca de la gruta roja’

26 Jun

Mi amigo, el viejo de la imprenta, ha emprendido un nuevo viaje, siguiendo a pies juntillas su cuaderno de cosas que hacer, ver, saborear, interpretar y contar antes de morir. Esta vez ha viajado a un pueblo que tiene el topónimo más largo del Reino Unido y el tercero del mundo. Un nombre que, traducido al español, significa algo así como ‘La Iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco cerca de un torbellino rápido y la iglesia de San Tisilo cerca de la gruta roja’.

Podría haber viajado a los lugares más maravillosos de la tierra. Qué sé yo: podría haber visitado una ciudad dorada en la India; un desierto con dos mil arcos gigantes a punto de perder el equilibrio; un cuello volcánico formado hace 65 millones de años al que llaman la Torre del Diablo; la Gran Fuentes Prismática de Yellowstone; la gran calzada del gigante de Irlanda; el bosque de piedra de Madagascar, o incluso un púlpito de roca que parece levitar, allá en el oeste americano, en un lugar donde siempre llega antes el “correcaminos” que el “coyote”.

Pero, no. Esta vez ha marchado a ver un pueblo de nombre impronunciable en inglés, o en su original galés, y bautizado así por el consejo de la villa en 1860 para ostentar el privilegio de tener el topónimo más largo de una estación ferroviaria en Gran Bretaña.

El viejo es así. Y así construye su felicidad. Ya os contaré a su vuelta.

Se ha ido prácticamente “ a la francesa“, casi sin decir adiós. Sobre la vieja mesa de madera gruesa de su viejo salón de estar, frente a su vieja chimenea, junto a su vieja biblioteca, ha dejado una nota manuscrita con  nuevos y renovados pensamientos; el ordenador sigue siendo para él un invento del diablo.

“Mi joven y querido amigo, cuando leas estas líneas estaré camino de un lugar donde hubo una iglesia, de nombre Santa María, que, según dicen, se encontraba en el hueco de un avellano blanco cerca de un rápido torbellino y que rivalizaba con otra iglesia, de nombre San Tisilo, que estaba cerca de una gruta que, según dicen, era roja. ¿ Y te preguntarás qué hago aquí? Si es así, haces bien en hacerte esa pregunta. Voy en busca de la felicidad. Y te preguntarás, ¿qué felicidad? Harás bien en preguntártelo. Al respecto, te puedo contar que no sé si en mi vida he hecho poco o mucho; sólo sé que lo he hecho con el corazón… 

… Puede que no tengamos que ser felices todos los minutos del día, todos los días del año, puede que la gratitud no tenga nada que ver con la alegría, puede que ser agradecido signifique estar contento con lo que tienes, apreciar las victorias, admirar la lucha que implica seguir viviendo. Quizás estamos agradecidos por lo que nos resulta familiar y puede que por las cosas que no sabremos nunca. Pero, creéme, al final del día el simple hecho de tener el valor de no derrumbarnos, es suficiente motivo para celebrarlo.

Te contaré un breve historia. Hace un tiempo, tanto que ni lo recuerdo, conocí a una mujer tan joven como tú y tan vieja como yo, con sus miedos y sus valores, con sus condenas y libertades, con su arrojo y su prudencia… que se hizo a sí misma y ello le permitía proclamar no sólo que era persona sino también mujer, mujer con mayúsculas.

De ella aprendí a aprender. Aprendí, con el tiempo, la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y aprendí que amar no significa apoyarse, y que la compañía no siempre es seguridad.

Aprendí que los besos no son contratos, ni tampoco regalos, ni promesas… Aprendí a aceptar mis derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto, y aprendí a construir hoy todos los caminos posibles, porque el terreno de mañana es incierto y el futuro tiene esa rara costumbre de caer en el vacío.Y también aprendí, después de un tiempo, que el sol quema si te expones demasiado…

Y seguiré aprendiendo que vivo, vivimos, en un mundo de complejas emociones. Donde los héroes están sobrevalorados; un día eliges a uno, lo admiras una semana y luego muere o desaparece. Donde tu camino es el mejor camino. Donde te aferras a una persona que ya no es lo que era. Donde los amigos de la cena pueden ser los enemigos del desayuno. Donde una buena idea a primera hora de la mañana puede ser una estupidez a última hora de la tarde.

Pero, mientras eso ocurre, hoy, aquí, y ahora, quiero ser feliz. Y como decía nuestro querido poeta muerto, que siempre vivirá en nosotros, no permitas que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento y no permitas que nadie te quite el derecho a expresarte…”

Gracias, querido viejo. He aprendido, seguiré aprendiendo.

Hoy, una nueva propuesta literaria del Café Romantic y de Angela Martín, ciudadana de La Llagosta (Barcelona) y del mundo, que no necesita mostrar algo que no es, ni esforzarse para ser como quieran los demás. Solo necesita poder hacer uso de su libertad, siendo así como es, imperfecta pero real, y feliz a su manera.

Propuesta gráfica de Rafael Rodríguez Torres y música del genial Benny Godman, porque esta noche bien vale un swing.

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