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EL PUENTE MENAI

30 Jun

– Cuenta la leyenda que a principios del siglo XIX, cuando la humanidad era aún humanidad, o lo prentendía ser, un chico y una chica que vivían en lados opuestos del río pensaron construir un puente… – me contó el viejo de la imprenta a su regreso de su viaje al pueblo de “La iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco cerca de un torbellino rápido y la iglesia de San Tisilo cerca de la gruta roja”. El viejo lo deletreó en su original galés: “Hlan-vair-puhl-güin-guihl-go-gue-ra-juern-drob-uhl-hlan-ti-si-lio-go-go-goj“. Y luego, en inglés: “Llan-vire-pooll-guin-gill-go-ger-u-queern-drob-ooll-llandus-ilio-gogo-goch”, no sin antes explicarme que el nombre fue decidido en 1860 por el consejo del pueblo con el obsesivo, aunque maravilloso, privilegio de tener el nombre más largo de una estación ferroviaria de Gran Bretaña. Incluso detalló que el toponimo original del sitio es Llanfair Pwllgwyngyll, que representa 16 letras en el alfabeto galés y 19, en inglés.

– ¿ Y lograron construir el puente ? – pregunté, sin estar seguro de querer saber el final, temeroso de que lo que parecía el inicio de una bella historia de amor acabase en una tragedia sin comedia ni romance alguno. Detesto los tristes finales. Nunca debió decirle Rick a Ilsa que siempre nos quedaría París.

– Escrito estaba – sentenció el viejo, interrumpiendo mi pensamiento, leyendo nuevamente mi mente- Ella tenía que marchar y él debía ayudarla a huir con su marido. Pero siempre les quedaría París, siempre les quedaría el amor…

– ¿ Y qué fue del chico y la chica que vivían a ambos lados del río ? ¿ Y qué fue del puente ?

El viejo decidió jugar con mi impaciencia. Jugó a conciencia, pero sin malicia.

– Mi querido y joven amigo, sabías que entramos en el mundo solos y nos marchamos solos.

Le seguí el juego.

– ¿Y todo lo que ocurre entre medias?

Movió su ficha, hábilmente, como siempre, con sus palabras.

– Nos debemos a nosotros mismos encontrar algo de compañía. Necesitamos ayuda, necesitamos apoyo. Si no, estamos solos. Desconocidos, incomunicados de los demás. Y olvidamos lo conectados que estamos. Así que en vez de eso, elegimos el amor. Elegimos la vida, y por un momento nos sentimos un poco menos solos.

La breve disertación, que sugería siglos de pensamiento, merecía una reflexión detenida y metódica. Entre nosotros habló el silencio. El viejo sabía perfectamente que en mi cabeza daban vueltas Rick, Ilsa, París, el puente proyectado en la imaginación del chico y la chica que vivían a ambos lados del río,  e incluso nuestro buen amigo Alfred (Tennyson), quien, pese a todo, pese a Rosa Baring y su rechazo, decidió que era mejor haber amado y perdido que jamás haber amado.

– Posiblemente te preguntes qué ocurrió con el chico y la chica que vivían a ambos lados del río y que proyectaron en su mente el puente, mientras Ilsa sube al avión mientras Rick piensa en París y Alfred, quien sabe que es mejor haber amado y perdido que jamás haber amado, conoce a Emily y escribe su princesa.

¡ Demonios de viejo ! Por mucho que lo intento, me resulta imposible tener secretos con él. ¿ Cómo diablos logra vivir en mi mente ?

– Y haces bien en hacerte esa pregunta, seguro como estoy de tu temor a un triste final… ¡pero, no temas!

Suspiré, aunque no las tenía todas conmigo.

– Cuenta la leyenda que el chico y la chica que vivían en lados opuestos del río se enamoraron y construyeron el puente para poder quedar en el medio y así compartir el que sería su primer beso. Desde ese día fue conocido como “el puente del beso”.

El cuerpo se me aflojó como si en alguna parte hubiera estallado una válvula capaz de liberar dos toneladas de aire. Pero ahí no acababa todo. Había más. Con el viejo, siempre había algo más. Le rogué que no destrozara ese delicioso final.

– ¿ Y ahora me pedirás que no maltrate este final feliz ?

– ¡En efecto!

– Te lo contaré durante el viaje.

– ¿Qué viaje? ¿Adónde vamos?

– A Formentera.

– ¿ Y qué hay en Formentera?

– He oído decir que allí la luna se ve de otra manera…

Subí al avión mientras mi imaginación aún caminaba por el puente, en la noche, distraído con el brillo de cúpulas doradas que no existían pero que aparecían por doquier, como si mis ojos fueran los ojos de Haddock que me transportaban a través de espejos donde, cerrando los ojos, mi oído podía discernir el golpe de unos postigos al cerrarse, el ruido de unos tacones subiendo o bajando las escaleras de piedra del puente, fragmentos de una conversación susurrada, el repiqueteo de la lluvia sobre unos toldos de lona, y siempre, siempre, el sonido romántico y felizmente triste de unas campanas.

– Disculpa, querido viejo: ¿ me llevarás alguna vez a ese puente?

– ¡ Ya estás sobre él !

 

El Café Romantic presenta un breve, intenso y excelente fragmento de amor del libro “Lo que la luna esconde”, del escritor, coach y creador de vidas imaginarias e imaginadas Jordi Planes Rovira, de Vilassar de Mar (Barcelona), y del que he tenido el inmenso placer de ser su coordinador editorial. La pieza musical escogido en esta ocasión, como siempre de la particular discoteca del café, es digna de todos los sentidos: Born to die, Lana del Rey.

foto la luna

“Pensé en mis relaciones, en las amistades y en los vínculos que había podido generar a lo largo de mi vida. Miré el móvil, como si intuyera una llamada. Quizás presentía las ondas que más tarde recibiría, quizás mi agudeza se estaba desarrollando de la misma manera que la desarrollan los animales para captar cosas que nosotros o reaccionar antes de lo que nosotros lo hacemos. Quizás nuestra visión cartesiana y nuestra medida del espacio y del tiempo nos han distorsionado la realidad y somos incapaces de comprender la diversidad de causas que confluyen en cada acto…

… Sonó el teléfono. Era Chantal, una amiga con quien compartí momentos especiales y experiencias que quedaron en mi memoria como queda el recuerdo de un amor. Llevaba mucho tiempo sin saber de ella, demasiado…

… Chantal besó el teléfono y su beso recorrió el espacio para estrellarse en mis labios con todo su ardor, estremeciendo mi ser y liberando mi imaginación hacia los deseos más íntimos. El recuerdo de unas vacaciones que compartimos en Formentera, días sin preocupaciones ni limitaciones, donde la práctica del tantra nos dio la oportunidad de fundirnos en la intimidad y en el conocimiento personal, trajeron a mi memoria anécdotas y una cascada de experiencias que me ayudaron a ser más yo mismo…

…Estacioné el coche unos metros antes, en un reservado del hotel y nada más apagar el motor, vi el reflejo de su rostro en el cristal. Chantal aguardaba en el exterior y toda su calidez esperaba mi abrazo. Baje del coche y cruzamos nuestra mirada, sus ojos verdes, enormes y arropados por unas pestañas preciosas, parecían adentrarse en mi sin remedio ni medida. Sus labios esbozaron una preciosa sonrisa y fue esa sonrisa, saludo y preludio de un abrazo intenso que volvió a unir nuestros cuerpos. No importó que estuviésemos vestidos. Me transmitió un calor que hacía tiempo había olvidado y que despertó mis más íntimos deseos.

Un afectuoso hola acompañó su mirada y sus  finos labios, cálidos y brillantes, buscaron los míos. No los evité. Acaricié su cara, con suavidad, con delicadeza, sin prisas, observándola, mimándola con la mirada. En ese instante, habló el silencio…

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Una respuesta a “EL PUENTE MENAI

  1. Mar

    01/07/2013 at 11:48

    Venimos al mundo solos y nos marchamos solos, pero ciertamente entre la llegada y la salida nos dedicamos de forma inconsciente a cruzar puentes que nos permitan encontrar a otros seres humanos para poder compartir sentimientos emociones y vivencias con la finalidad de enriquecer nuestra existencia, aunque en ocasiones nos perdemos en esa búsqueda.
    Precioso relato al igual que el tema musical que lo acompaña. Un beso querido Goyo

     

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