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Archivos Mensuales: agosto 2013

SIN PRISAS; ¿ ADÓNDE VAS CON TANTA PRISA ?

Iba yo un día con prisa, a grandes zancadas. Tenía mucha prisa. Por pensar, por escribir, por hacer… por volver a pensar. Sólo oía mi voz en el silencio de la eternidad. Iba tan acelerado que convertí la virtud de la rapidez en el vicio de la prisa. Era tanta la prisa que tenía que incluso se tropezaba con sus propios pies. Ni siquiera me paré a pensar para qué tenía tanta prisa.

– ¿ Adónde vas con tanta prisa ? –  preguntó el viejo de la imprenta con un ritmo que parecía no acabar nunca. Cuando aún yo pensaba la respuesta, todavía resonaba la pregunta.

– ¡Buena pregunta! – respondí. No tenía otra respuesta, al menos en ese momento.

– ¡ Fíjate en él…! – dijo, señalando con el dedo a un cielo que se manifestaba en absoluto reposo. – ¿ En quién? – pregunté, ingenuo. Ingenuo por simple más que por inocente.

– Él, que según dicen ha creado todo y está en todo, existe; pero no tiene ninguna prisa en hacerlo saber.

– Pero él no vive aquí. No se le acaba el tiempo…

– El tiempo lo creó él, pero el hombre inventó la prisa.

– Yo creo que él fue demasiado lento… Yo, en su lugar, hubiese hecho el mundo en cuatro días.

– Pues yo opino lo contrario, como el señor Vicent. Lo hizo en sólo seis días, y aún se notan las prisas.  ¿ A qué venía tanta prisa ? Si disponía de todo el tiempo del mundo,  por qué no se tomó…, pongamos 666 días en hacerlo.

– Usted, siempre tan maquiavélico…

– ¡Ay! mi querido e ingenuo amigo, ¿ quién te ha dicho a ti que esta obra en la que vivimos no fue escrita a cuatro manos, por él y por el otro ?

– ¿ El otro ?

– Sí, por su opuesto.

– ¿ Existe ?

– ¡ Por supuesto !

– Y, ¿tenía tanta prisa ?

– Creo que fue más listo. Convirtió las desventajas de las prisas de su opuesto en ventajas propias…

Se hizo un necesario silencio entre ambos. Fue un momento en gerundio, como un presente en desarrollo, como estar entre el cielo y el infierno, donde el tiempo discurre pero no avanza, según las sospechas…

– Por cierto, ¿ adónde ibas con tanta prisa ? – reiteró el interrogativo viejo.

Entonces, me ví viviendo aún más deprisa y muriendo joven. ¿ Qué habría hecho ? ¿ Qué habría quedado ?, pensé inquieto para mis adentros, sabiendo que el viejo sabía lo que estaba pensando. ¡ Sólo un bonito cadáver !

A mi mente vino en cascada el tiempo que se fue, veloz.  El lugar de mi descanso, el sitio de mi inocencia. Era cuando subía rápidamente escaleras y no esperaba en el rellano. El tiempo quemaba hasta convertirse en cenizas. ¿ Es vivir un asunto urgente ? ¿ Es la prisa un animal legendario dispuesto a asesinar en cualquier momento ?, abrumando los contornos de la vida con una fina niebla que todo lo vuelve a un tiempo impreciso y misterioso, magnficándolo hasta la confusión. En las preguntas hallé las respuestas: ¿ Qué sentido tiene correr cuando estamos en la carrera equivocada y no lo descubrimos hasta que cae la bandera ? ¿ Si viviera mi vida otra vez, cometería los mismos errores, sólo que más deprisa ? ¿ Tengo prisa por qué no sé adónde voy ? ¿ Adónde va la humanidad; entonces por qué va tan deprisa ?…

– ¿ Y tu prisa ? – incidió el viejo.

– No tengo tiempo para tanta prisa – resolví yo.

  • El Café Romantic propone hoy un excelente relato de la siempre excelente pluma de Mercè Roura sobre la prisa, ese animal que nos hace olvidar la única cosa de que las demás no son sino una parte: vivir. ¡ Al diablo con las prisas !

  • Imagen con música: 10 beautiful soundtracks from 10 beautiful movie.

Tienes prisa para todo. Necesitas que el mundo gire, que acelere su marcha porque hay mucho por hacer y cuando lo terminas, enseguida se te ocurre algo nuevo por lo que batallar. Vives de esa emoción que surge en ti cuando buscas y encuentras.

Cuando te sientas en la silla, tus piernas se balancean como las piernas de los niños que no tocan el suelo cuando están sentados… Quieres levantarte… Necesitas pasar a la acción y caminar. Necesitas estar en eterno movimiento. Lo haces con los pies y con la cabeza. Que nunca para. Siempre inventa. Genera posibilidades. Busca oportunidades y, cuando el día está complicado y no las encuentra, las inventa.

Eres de esas que miran un vertedero y ve el paraíso que podría montarse allí si todos tuviéramos tus ganas y tu energía.

Te ilusionas. Eres adrenalina pura, viento, fuego. Estás hecha de un material irrompible, incorruptible, poroso… Lo quieres todo ahora.

Tanto vivir al borde del sueño y con los pies colgando de una silla enorme te ha acelerado. Necesitas parar y suplicarle a la peonza que deje de girar un minuto. Para saborear el instante que vives darte cuenta de lo que tienes alrededor.

Detenerte cinco minutos no hará que pierdas el tren, sobre todo porque la mayoría de trenes a los que subes te los has inventado tú, los has generado en esa máquina potente y preciosa que es tu mente.

La vida es una mezcla entre hacer que las cosas que quieres sucedan y dejar espacio y tiempo para que otras, que ni imaginas y también son buenas, puedan pasar.

Tu impaciencia ha puesto al máximo de revoluciones a la máquina que genera realidades nuevas y has forzado las cosas. Todo tiene su ritmo… Todo tiene su tiempo. Hay cosas que necesitan un empujón y otras que tienen que funcionar por inercia. Para poder escuchar, observar, sentir, notar.

Un día, no hace mucho, una mujer muy sabia que me dijo “si dominas tu impaciencia, dominarás el tiempo”.

¿Dominar el tiempo? pensé yo… Nadie domina el tiempo…

El tiempo del que ella me hablaba era el del devenir de las cosas, el que necesita todo lo que se mueve para ponerse en marcha y funcionar. El engranaje hace que la vida siga su curso. El tiempo que se genera entre dos miradas que se cruzan. El de asustarse, el de enamorarse, el de derramar una lágrima y el de sonreír. El recorrido interior que te lleva a superar una decepción o ese trayecto dulce entre que cierras los ojos y alcanzas el sueño.

Lo he entendido, al final. Puedo pedalear más rápido mi bicicleta para llegar a la meta antes, pero jamás podré acelerar el ciclo lunar. Porque nadie le dice a la luna que se apresure.

Hay cosas por cambiar y cosas por aceptar… Situaciones a las que podemos darles la vuelta y situaciones que nos hacen dar la vuelta a nosotros y modificar nuestro rumbo. A veces, no se puede ir en linea recta, aunque sea el camino más corto. Hay ocasiones en las que tendrás que correr y otras en las que tendrás que quedarte quieta.

No será fácil, pero si eres paciente, tal vez recogerás los frutos de tu espera. Aprenderás a dominar el tiempo. Conseguirás ese complicado equilibrio entre coger y soltar, entre caminar y saber cuando parar… Entre existir y soñar.

 

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EL CAFÉ LARGO / UN FRASCO DE TIEMPO

Buenos días, mundo.

– ¡ Buenos días !
– ¡ Buenos días ! ¿ Qué desea ?
– Quizá piense que estoy loco pero desearía un frasco de tiempo.
– Es usted el maravilloso enésimo loco que me pide un frasco de tiempo.
– ¡ Uff!, me quita usted un peso de encima… Por momentos pensé que me había vuelto loco.
– ¿ Qué tipo de tiempo desearía ?
– Había pensado en aquel que te permite hacer de cada momento una vida, y de la vida un único momento.
– Por el mismo precio, le puedo ofrecer otro frasco de tiempo personalizado.
– ¿ Existe el tiempo personalizado?
– ¡ Naturalmente ! Pruébelo y decida qué hacer con el tiempo que se le ha otorgado…

… – ¿ Y si no son de mi gusto ?
– Si no está satisfecho no hay problema; me devuelve los frascos de ese tiempo y le entrego el tiempo que usted trajo aquí, en este momento. Pero, ya verá como no ha perdido el tiempo.
– ¿ Cuánto es ?
– ¡ Está usted loco, el tiempo no tiene precio !

¡ Gracias por su tiempo !

Imagen con música: Cuando el mar te tenga / El último de la fila

Feliz jueves.

 

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CANDY CRUSH O QUÉ TUITEARÍA UN TEMPLARIO

CANDY CRUSH O QUÉ TUITEARÍA UN TEMPLARIO.

 

CANDY CRUSH O QUÉ TUITEARÍA UN TEMPLARIO

Dicen que las pistolas las carga el Diablo y las dispara el hombre. De un modo muy parecido piensa el viejo de la imprenta sobre las nuevas tecnologías. ¡Curioso!, este apelativo. ¿Siempre serán tecnologías nuevas aunque sean viejas?

El otro día, sin ir más lejos, porque ir más lejos con el viejo supone retroceder a la era de la formación de la tierra, mirábamos juntos el mundo y nos sorprendía la extraordinaria velocidad con la que todo circula: la información, la comida, la charla, la brevedad, el aforismo… ¿ Qué fue del café largo, del tentempié pausado, del queso curado y del vino de reserva ?

Hoy, la gente se da un plazo de 95 tuits, tres cafés y un gintonic para cambiar sus vidas, virtualmente claro, maldijo el viejo.

A Dios pongo por testigo que he intentado en infinidad de ocasiones hacerle ver las bondades, utilidades y favores de esas que llaman nuevas tecnologías, en especial la red social. Pero, no hay manera. Mientras para  millones de seres la vida es aquello que pasa mientras se conectan a Internet, para él la vida sigue siendo aquello que le sucede mientras se empeña en hacer otros planes.

– Sabes que el planeta es hoy como un inmenso queso atravesado por redes, faxes, teléfonos, módems, Internet… -, expuso el viejo, rezongando-. Sabes que tu vida ya no te pertenece. Es propiedad de la red-, agregó refunfuñando aún más.

– ¡ Por Dios !,- exclamé imaginando un descomunal queso que se deshace poco a poco como los relojes de Dalí, de origen japonés, americano, coreano, tailandés o vaya usted a saber, fabricado con leche de una vaca que ni siquiera es una vaca, y bits, tuits, archivos y redes mezclados a modo de cuajo y triturados. ¿ Qué ha sido de la vaca de mi abuelo?, lamenté casi llorando.

Aún así, le intenté explicar que Internet permite conectar al instante a un chino – cuando se lo permiten- y a un americano – siempre bajo la atenta mirada de doscientos pares de ojos-, mientras un noruego hace un negocio sin moverse de la silla con un australiano, y un grupo de españoles se conciertan para llevar a cabo una cacerolada contra la crisis.

– ¡ Zarandajas !,- gruñó. Luego, suspiró y habló, como lo hace él, torrencial y contundente.

– Así parece ser la vida, hoy. En efecto, eso de Internet permite encontrar con rapidez la información. Pero, ¿ qué hay de cierto en ello ? Puedes obtener un consejo médico a través de esos malditos trastos y no sabes si viene de un Premio Nobel, de un médico, de un mecánico o de un carnicero.

¡ Por Dios!, exclamé de nuevo imaginando a mi mecánico tiznado de mugre tratando de explicarme cómo poner remedio a mi dolor de estómago luego de un buen plato de callos mientras cambia el aceite del coche, que pierde líquidos por todas sus juntas.

Y aún así, lo seguí intentando. Pero, todo fue en vano.

– La comunicación triunfa, – grité.

– La incomprensión, también, – gritó aún más el viejo.

– ¡ Internet nos une, nos conecta !

– ¡ Internet nos abduce, nos posee… Nos seduce, fornica, yace y se va !

– ¡ Internet es el primer gran invento de la humanidad !

– ¡ Internet es la primera cosa que la humanidad ha construido y que la humanidad no entiende !

– ¡ Internet es libertad !

– ¡ Internet es una infinita e indefinida cárcel virtual en la que cualquier pendejo electrónico puede construir un mundo en el que te pueden reducir la cabeza como a un jíbaro !…

Cuando ya no hubo más argumentos y otras tonterías que gritar, callamos. El silencio nos vino bien. En realidad, el silencio siempre va bien cuando lo que se va a decir no es más bonito que el propio silencio. Y el bonito silencio se rompió sólo durante un instante, el que necesitó el viejo, mi querido viejo, para inquietar aún más mi inquieta cabeza:

– ¿ Para qué se habría usado Twitter en la antigüedad ?… ¿ Que tuitearía un templario ? ¿ Y un romano ? ¿ O   Atila, Da Vinci, Colón, Napoleón o nuestro querido señor Marx (Groucho, por supuesto?.

El Café Romantic presenta hoy un curioso y breve relato dialogado de Rafael Rodríguez Torres, de Barcelona, que invita a una necesaria reflexión de quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos en la frenética, e incluso enajenada, era que vivimos.

Imagen con música: My Immortal – Evanescence

– ¿ Tienes twitter?
– No.
– ¿ Y Facebook?
– No.
– ¿ Cuenta en youtube?
– No
– ¿ En H5?
– No.
– ¿ Y en tuenti?
– Tampoco.
– Pero, ¿ tú pero que tienes?
– ¡ Una vida!…

… ¡ Pues mándamela para el Candy Crush* !

* Según Wikipedia, Candy Crush Saga es un videojuego para teléfonos inteligentes y Facebook en que cada jugador tiene un número predeterminado de cinco vidas, cada vida es restaurada después de una media hora. Si el jugador no cumple con el objetivo del nivel o el jugador no cumple con la puntuación mínima, se le resta una vida. El jugador tiene la opción de pedir a los amigos más vidas por Facebook, comprar un artículo de restauración de vida o la compra de un artículo especial que amplía el número de vidas que el jugador tiene por defecto, o adelantar la fecha en su dispositivo para obtener al instante más.

 

 

 

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FUNAMBULISTA

  • ¿ Qué te ocurre?, mi querido joven e inexperto amigo.

  • ¡ Me he saturado ! No sé hacia dónde tirar.

  • ¡Ah!, el típico bloqueo. Pensaba que era algo más grave.

  • ¿ Qué puede haber más grave que el bloqueo de uno mismo?

  • El mundo sin un libro; un café frío; una paella sin arroz; un bosque sin árboles; un río sin agua; un corazón de piedra; una conversación sin palabras; el sexo sin amor; un sol que no caliente; la eternidad de lo provisional; una memoria sin recuerdos; un día sin buenos días; una vida sin música; unas cuantas cartas en el buzón y ninguna de amor; noches sin sueño; buscarse y no encontrarse; ser el mejor de los peores; tener algo que decir y no decirlo; la fe incompleta; una sonrisa sin una lágrima; los limones que te da la vida cuando lo que tú has pedido es un chuletón y un buen vino…, qué sé yo,  ¡ hay tantas cosas más graves !

  • ¿ Y qué debo hacer ?, querido viejo.

  • ¡ Párate !

  • ¿ Aquí ?

  • Aquí es perfecto

  • Pero…, ¡estoy al borde del precipicio!

  • Todos lo estamos alguna vez.

  • ¿ Y, ahora?

  • Piensa, y decide.

  • ¿ Qué debo decidir ?

  • La decisión a tomar.

  • ¿ Me ayudas ?

  • ¡ Por supuesto…! ¿ Tienes papel y bolígrafo ?

  • No creo que sea el mejor momento ni el mejor lugar para ponerse a escribir.

  • Me has pedido ayuda, ¿ cierto?

  • ¡ Cierto !

  • ¡Pues escribe!

  • ¿ Qué debo escribir ?

  • ¡ Los caminos que ves !…

  • … ¡ Dos !

  • Ahora, anota los pro y los contra de cada uno de ellos…

  • … Tengo más contras que pros.

  • ¡ No te preocupes ahora por eso ! Asígnales un número.

  • ¿ Al azar ? ¡No!, eso sería fatal. Debes numerar siempre en función de la importancia que tienen para ti las ventajas e inconvenientes…

  • … ¡ Siguen existiendo más inconvenientes que ventajas ! ¡No te obceques !, ahora la corregiremos. Suma y resta los números… ¿ Lo tienes ?

  • ¡ Lo tengo !

  • ¿ Cuál es la opción más correcta ?

  • La primera… ¡ desde la lógica !

  • ¿ Cuál es tu opción ?

  • ¡ La segunda!, desde el corazón…

Elegí ese camino, sin saber que descartaba otros caminos, quizá mejores. Pensé en buscar consejero pues necesitaba consejo, y quién mejor sino el viejo de la imprenta. Mi cerebro, muchas veces estrecho, más de las debidas y deseadas, tenía la acentuada manía de eliminar lo que no le encajaba. Le di un par de vueltas a la idea en la cabeza antes de rechazarla. Hasta entonces buscaba soluciones sin enjuiciarlas, unas absurdas y disparatadas, incluso descabelladas, y tomaba una de ellas.

La situación era absurda y disparatada. Me encontraba yo al borde del precipicio, a punto de caer al vacío sin red, cuando el viejo me invitó a escribir. ¿ Quién diablos se pondría a escribir y decidir en un momento semejante ? ¡Loco viejo !, grité en mi pensamiento. Me sentía como un desconcertado funambulista  que debía volver a la pista de la vida tras un sonado fracaso. ¿ Qué debía hacer ? ¿ Me quedaba allí quieto, en el alambre, esperando a ver porqué lado iba a caer ? o ¿debía seguir caminando sobre la cuerda, o incluso danzar ? ¿ Habéis visto alguna vez a un hombre suspenso en el aire con su camino y que tiene la planta del pie más ancha que la senda por donde va ? Ese era yo.

Sin embargo, a medida que pensaba y escribía sentí que ganaba en equilibrio, como el ya no tan desconcertado funámbulo que se anima con los primeros aplausos del público.

El viejo me hizo pensar en el problema desde diferentes lugares, y luego desde distintas emociones. ” Haz las cosas que te salen del corazón. Quizá te equivoques pero estarás satisfecho”, me susurró. Parecían gritos.

Una vez concluí la escritura, hice un análisis racional de la cuestión pero también dejé que opinase mi corazón. Advertí que decidir era una tarea colosal. Las emociones tienen fama de enturbiar la razón, pero sin ellas no podríamos decidir. Imaginé que tenía 90 años, que la muerte estaba cercana para tomar la gran decisión, la decisión de mi vida). Entonces, todo el orgullo, todo el miedo al fracaso o al ridículo, todo frente a la muerte se desvaneció.

El siguiente paso fue ejecutar la decisión. Por supuesto, no dejé pasar el tiempo aplazándola. Lo contrario hubiese sido criminal, el asesinato de la oportunidad, como una vez dijo el señor Wilde.

¡Gracias, querido viejo ! He logrado atravesar la cuerda y no he caído.

El Café Romantic presenta una poética postal de María Formoso, de A Coruña, sobre alguien, una mujer, aunque también podría ser un hombre, que debe decidir… Imagen con música: Ismael Serrano, Vértigo.

 

 

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EL LEGADO

Ayer durante la cena me hablaba el viejo de la imprenta de la existencia de un Reloj del Apocalipsis o Reloj del Juicio Final. Por lo visto, tras la II Guerra Mundial, y asustados por el alarmante auge del armamento nuclear, la junta directiva del Boletín de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago – siempre la Universidad de Chicago-, creó este reloj simbólico para representar el riesgo permanente de desaparición de la raza humana.

El viejo me contó que, según estos científicos, los humanos estamos siempre a minutos de la media noche, hora que utilizan para representar el apocalipsis. En 1947, año de nacimiento del reloj, colocaron sus manecillas en las 23:53 horas, es decir a siete minutos para el final.

Sin embargo, calculé mentalmente y caí en la cuenta de algo que me pareció injusto: mientras en Chicago, el fin llegaría a las 23:53 h. del 19 de agosto, aquí lo haría a las 06:53h., en Tokio, a las 13:53h. y en la Polinesia francesa ya sería incluso 21 de agosto.

No calculé la hora en Londres. Primero, porque no me importaba demasiado, aunque esa no es una razón de peso. Y, segundo, porque los británicos siempre van a la suya en cuestión de horarios, sentidos, direcciones…, lo cual detesto. Y aún detestó más su arrogancia de que son ellos los que poseen la verdad de lo correcto y nosotros, los equivocados.

En definitiva, el fin alcanzaría a unos cenando, a otros despertándonos, a otros comiendo y a los de más allá, poniéndose el pijama porque alguien, caprichoso, quiso que el ser humano nunca vaya a la misma hora.

El viejo, que a medida que pasan los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses y los años ganan en curiosidad – quizás sea por eso que se mantiene viejo-, me explicó que, en cada número del Boletín de la dichosa Universidad de Chicago, y en función de los acontecimientos, las manecillas se actualizan, pudiendo atrasarse o avanzar hacia el fatídico final, como si el hombre tuviese una suerte de poder universal para decidir sobre su destino. ¡ Ilusos !, pensé. El viejo me dio la razón.

En un primer momento, el movimiento del reloj dependía del riesgo nuclear, pero con el tiempo se empezaron a tener en cuenta otras circunstancias como los avances tecnológicos, el cambio climático, los movimientos geopolíticos, etc.

– Dicen – detalló mi querido viejo- que el momento en el que hemos estado más cerca del Juicio Final fue en 1953, cuando EEUU y la Unión Soviética empezaron a realizar pruebas con su armamento nuclear. Nos quedamos a 2 minutos. Por el contrario, la vez que más lejos hemos estado fue precisamente cuando esas mismas potencias, en 1991, firmaron los tratados de desarme que daban por finalizada la Guerra Fría. Estuvimos a 17 minutos.

– Y, ¿ cuándo se actualizó por última vez ?

– El 11 de enero de 2012, que nos dejó a 5 minutos del fin de la Humanidad.

Entonces, ambos reflexionamos en voz alta: si los científicos atómicos de la Universidad de Chicago hubieran leído los periódicos de los últimos días, semanas, meses… hubieran tenido que sacar números especiales de su Boletín cada día, adelantando y retrasando varios minutos las agujas reloj acercándolo al fatídico momento.

Ayer, sin ir más lejos, porque si lo hacíamos el reloj podría volverse loco, conocíamos que Egipto, por enésima vez, está al borde de la guerra civil – si es que no lo está ya, al menos en la hora de la Polinesia francesa-; que nos acechan los “lobos solitarios”, los yihadistas que combatieron en Siria y que han regresado sin otra ambición que matar porque si no, son como chimeneas en verano; que un soldado americano se puede pasar la vida en prisión por revelar secretos – un nuevo ejemplo de la estúpida democracia estadounidense-; que el nieto del Rey de España, Pablo -no citamos aquí su apellido porque la criatura no tiene la culpa de tener el padre que tiene- aún está enfadado porque su primo, el indomable Froilán – ¡ vaya familia !- le intentó ensartar con un pincho moruno, y que, trescientos años después, España y Gran Bretaña aún andan a la greña por un peñasco – con nuestras disculpas y respetos a los gribaltareños-.

Y, por si fuera poco, políticos, obispos y arzobispos no dejan de hablar de la vida de los demás, de cómo deben llevarla, de cómo deben vivirla, como si la suya fuera la única vida posible.

No queremos ser pájaros de mal agüero ni tampoco pretendemos dar la razón a los mayas, pero anoche nos pareció oír los cuartos – toc, toc, toc, toc…- que anuncian un nuevo fin. Sin embargo, hicimos una llamada a los científicos de la Universidad de Chicago, a eso de las 23:53h, para comunicarles que Alemania ha creado un “tercer sexo”, que han descubierto un astro extrasolar del tamaño de la tierra y cuyo año solo dura ocho horas y media, y que el Gobierno de España – ¡ canallas !- se gastará más de 214.000 euros para restaurar la fachada del Valle de los Caídos -sus caídos-, según un contrato que adjudicó el pasado 18 de julio, día del Alzamiento de los bastardos franquistas… Con noticias como éstas, era necesario retocar la hora del reloj, les dijimos a los científicos estadounidenses.

El Café Romantic presenta un breve relato de Luisjo Goméz, de Barcelona, extraído de su libro “El legado del Valle”, escrito a cuatro manos con Jordi Badía. La obra relata las investigaciones de Arnau Miró en torno a la muerte del único familiar vivo que le quedaba, su tía María. La mujer ha muerto en extrañas circunstancias en su casa de la Vall de Boí (Lleida) donde guardaba un objeto que podría cambiar la historia de Occidente para siempre. Las ansias por destruir este misterioso objeto, han provocado centenares de muertes a lo largo del último milenio, siempre con la pretensión de conseguir que la humanidad no llegue a conocer nunca lo que ellos llaman “Legado”.

Imagen con música: U2 – With Or Without You

“Me senté sobre los restos de muralla que, callada, parecía evocar grandiosas epopeyas. Por vez primera sentí cómo entre las juntas de sus piedras rebosaban aún sangre y leyenda: el eco de una lejana historia olvidada en el tiempo que llamaba con insistencia mi atención, para regresar de un silencio secular… Tanta sangre, tanta sangre…Demasiada religión en el mundo para que los hombre se maten entre sí; no la suficiente para que se amen…”

 

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DESNUDÁNDONOS

La luna fue indulgente y permitió que nos deleitáramos con la lluvia de las Perseidas. No hicieron falta sofisticados equipos telescópicos ni tampoco ascender a la montaña más alta del mundo para contemplar las lágrimas de San Lorenzo. Teníamos lo necesario: nuestros ojos y nuestro corazón abiertos de par en par; nuestro espíritu, en paz; nuestros deseos, entre la locura y el equilibrio, y también un cielo despejado. ¡Gracias San Lorenzo!.

– ¡ Qué bonito el verbo deleitarse ! – observé.

– ¡Cierto!, mi querido y joven amigo. ¡Ay! si el mundo supiera de su existencia… –  registró el viejo de la imprenta, capaz de deleitarse con el primer café de la mañana, y el último té de la tarde, o con un buen libro, o dando las gracias, o regalando buenos días, tardes o noches, o comiendo un simple muslo de pollo, o mirando al cielo, o… con todo lo que hace, dice, piensa, siente, mira o sueña.

– Disculpa, querido viejo. Creo que se me ha metido una perseida en el ojo.

– Pues, debo advertirte de que, posiblemente, estás enamorado.

– ¿ Enamorado ?

– ¡Sí ! ¿ Acaso no has oído hablar del amor ?  Ese sentimiento que es una bendita condena.

– Pero…, en realidad, ¿ qué es el amor ?

– Creo que necesitaríamos una eterna lluvia de perseidas para describirlo… Lástima que ni siquiera en el amor el hombre se ha puesto totalmente de acuerdo.

– ¡ Debería ser sencillo definirlo !

– Te prometo que hablaré de ello con los académicos de la lengua y de la vida. ¿ Sabes que existen hasta catorce acepciones y otras veintiuna locuciones y expresiones verbales, adverbiales, coloquiales, en uso, poco usadas y desusadas para describir un sentimiento de cuatro letras ? … Hasta el hortelano, el almorejo, el arbolito de las malváceas, el agua, Dios, los girasoles, lo gratuito, la voluntad, un conjunto de mil unidades, las bulerías, el derroche, la burla, la cuarentena, la lejanía, las madres, la libertad o la lumbre tienen su propio amor… Incluso los hay que confunden el amor con un fenómeno sobrenatural, la complejidad, la experimentación, los cuestionarios, las probetas y… las máquinas tragaperras.

– Debo confesarte que yo, de mayor, sin dejar de ser yo quiero ser como tú…

– ¿ Viejo ?

– Viejo, y romántico.

– Vigila no te quemen en una hoguera por ser romántico, por amor… como a San Lorenzo.

– Pues que quemen en una hoguera. De hecho, creo que el hombre que no es romántico no es hombre. ¡ Ya sabes !, más vale haber amado y perdido que nunca haber amado…

– Yo, de mayor, siendo yo también quiero ser como tú.

– ¿ Joven e inocente ?

– Joven, inocente y romántico… Qué equivocados están aquellos que piensan que el romanticismo es algo anticuado o cosa de mujeres.

– ¡Cierto!, querido viejo. Sin embargo, hay una cosa que me preocupa. Pienso y vuelvo a pensar y siempre encuentro algo que relaciona el amor con lo feo o lo sórdido. Sin ir más lejos, los que matan por amor…

– ¿ Te refieres a los del género “la mate porque era mía…” ?

– ¡ Por ejemplo…!

– Esos no son amantes, son (im)perfectos canallas. Nunca han sabido qué es el amor y nunca lo sabrán, más allá de ellos mismos. ¡ Los odio!

– ¡ Yo, también ! ¡ A la hoguera con ellos!

– Sabes mi querido joven, inocente y romántico amigo. Sólo se me ocurre una cosa perfecta en el mundo…

– ¿ El chocolate ?

– ¡ La mujer !

– Pero, las mujeres también son imperfectas.

– Cierto, pero sus imperfecciones las hacen perfectas, aún en el dolor más abismal por el abandono. En nosotros, las imperfecciones nos hacen cada vez más estúpidos.

– ¿ Y si Dios fuera mujer ?

– Quizás las cosas irían mejor…

 …

-¡ Se lo diré!

– ¿ Qué le dirás ?

No sé tú, pero creo que esto está llegando a un punto al que jamás había llegado. Me tiemblan las manos, se me secan los labios, se me acelera el corazón. Dime, ¿qué me has hecho? Necesito una explicación. Sé que es posible que no haya explicación lógica pero inténtalo, dime que estoy loco, que un virus ronda por mi cuerpo, pero por favor no me digas que estoy enamorado de ti. Le diré que la quiero cuando tiene frío estando a veintiún grados; que la quiero cuando tarda una hora en pedir el primer plato; que la quiero con esa arruga que se le forma aquí cuando me mira como si estuviera loco; que la quiero cuando, después de pasar el día con ella, mi ropa huele a su perfume y quiero que sea la última persona con la que hable antes de dormirme por las noches…

– ¡Díselo! y deléitate, deléitala, deleitaos juntos.

El Café Romantic presenta un romántico relato de La Dama se Esconde, desde Murcia, una polifacética artista que, en su vida, lo arriesga todo y se desnuda… por amor, porque no sabe hacerlo y decirlo de otra manera. Hasta cuando fríe un huevo – cosa que no es tan sencilla como parece- derrocha amor.

Imagen con música: Peter Gabriel & Kate Bush – Don’t Give Up

Me he desnudado de todo
de lo viejo,
de lo incierto
de palabras,
silencios
recuerdos,
Me desnudo de ti
de tu vida entre mis sábanas.
Me he desnudado de todo
del presente,
de la cal blanca de tus manos
del aceite verde oliva de tu vientre,
de besos sabor a limón
o canela.
Me he desnudado de tus llamadas
de tu frente arrugada por los años
de tus huellas impresas en las mías
De tu sabor a menta, tomillo, o
silencios.
Me desnudo
en la tarde de verano
con la siesta acurrucada
entre mis penas
Y tristezas…
Mi futuro… de él no sé nada
Si será vestido de encaje y primavera
o un otoño tranquilo
preñado del zumo de la uva,
del canto de un mirlo
de colores en mi paleta.
Un vestido me coso con el presente
sin zurcidos del pasado
con el hilo plata
de un futuro
donde las runas dibujan
el contorno del mapa
de mis noches y mis días. 

 

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