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” ESCRIVIVIR “

10 Ago

 

– ¿Adónde vas tan intranquilo?, mi querido y joven amigo.

– ¡ Al gramático !

– ¿ Y, eso… ?

– ¡ Me duele la vida… no encuentro palabras !

– ¡ Pero… !

– No hay peros que valgan; ¿ no vas tú al médico cuando te duele algo?

– ¡ No siempre !… Tú deberías ser tu propio gramático.

– ¿ Alguna idea ?

– ¿ Para qué escribes ?

– Para mantenerme cuerdo en el fino alambre de la vida;  para que la muerte no tenga la última palabra, y mantener vivos a los muertos; para descubrir que no me he convertido en la persona equivocada; para saber si estoy hecho de palabras; para expresar que, a veces, no hay palabras; para vivir la vida de las palabras tras darles vida; para apagar el fuego del odio y avivar el afecto del mundo; para curar, tanto como la medicina; para endulzar los momentos, como el azucarillo; para repetirme a mí mismo, como si a través de algún conjuro, las palabras, a la vez tan cargadas y tan extrañas, pudieran revelarse a sí mismas; para congraciarme con la vida, como chocolate que seduce, goloso, dulce, antidepresivo…

– ¡ Ya brotan ! –

– ¿ El qué ?

– Las ideas. ¡ Ya fluye !

– ¿Qué fluye ?

– ¡La inspiración !

– ¡ Piensa !

– ¿ En qué ?

– ¡ En nada !

– ¡ Cierra los ojos !

– ¿ Para qué ?

– ¡ Para ver !… ¿ Qué ves ?

– ¡ Sueños !

– ¿ Y qué sueñas ?

– ¡ Palabras, palabras que vuelan !

– ¿ Adónde vas ?

– A escribir para vivir: escrivivir.

¿ Y el gramático ?

– ¿ Qué gramático ?…

Como dice el señor Millás: “Estamos hechos, sobre todo, de palabras. Cuando nacemos, alguien toma en sus brazos ese trozo de carne fresca y comienza a amasarlo con palabras. Somos niños o niñas, altos o bajos, feos o guapos, porque nos cuecen en una salsa de adjetivos, pronombres, verbos, adverbios y preposiciones. Un hombre hecho, incluso a medio hacer, es el hijo de, el novio de, el padre de, el amigo de, del mismo modo que es ingeniero o médico o mendigo, además de español, inglés o lituano. Por eso, conviene conocer el funcionamiento de las palabras con la precisión con la que conocemos el de los pulmones”

El Café Romantic os ofrece un breve relato por obra e inspiración de Juan M. Molina Blázquez, de Totana (Murcia), que sabe que el que no sabe, y no sabe que no sabe, es un idiota, un ignorante o un distraído, y también sabe que el que sabe, y sabe que sabe y lo emplea con sabiduría, es el inteligente. Imagen con música.

 

 

 

 

 

 

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