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DECÁLOGO DE PENSAMIENTOS CASI ÚTILES PARA MALOS MOMENTOS

18 Ago

En una ocasión, para mi fortuna, el viejo de la imprenta me sorprendió intentando gritar ante un espejo. Quería gritar y no podía. Maldije a aquel que se manifestaba en el espejo. Me pareció ver la silueta de alguien que se insinuaba más que enseñaba, perdido en su búsqueda de un territorio propio.

Era la silueta de alguien que se ahogaba de sed, que agotaba todas las posibilidades de experimentar los cientos de estados de ánimo que podía  manifestar y luego rompía a llorar. Me vi el espejo y me dije: solo soy un hombre de barba rala y ojos tristes y el resto, un cuento chino, cuando no una tragedia griega. Sentí miedo, un miedo indefinido, infinito. Sospeché que comenzaba a metamorfomearme.

– Disculpa, querido viejo, ¿ son iguales todos los espejos ?

Como si el asunto no fuera con él, como si la cosa fuera la más sencilla del mundo, el viejo me invitó a mirarme otra vez en el espejo. El pánico adensó. Por momentos, sentí que hablaba a mi sombra, al negativo de mi mismo. O peor aún, a un fantasma. El viejo acercó una vela encendida y espetó, ¿ qué ves ?

En ese momento callé. Aún con el cuerpo empapado de temor, reuní el coraje suficiente y estudié mi propio rostro frente al espejo que parecía romperse, como si fuera otra persona. Por fin, observé trazos de lo que no quería ser, visos que difuminaban la figura que sólo se atrevía a insinuarse.

El viejo apagó la vela. ¿ Qué ves ? Dime si es una persona o un monstruo.

– Persona -, susurré.

– ¿ Sólo una apocada persona que susurra o una persona que le grita a la vida, y la celebra ?

– ¡ Una persona ! – exclamé, casi vaciándome.

– Dime si es alguien sincero o toda una mentira.

Medité la respuesta. El viejo encendió de nuevo la vela. Vi a alguien que no era sincero incluso cuando decía que no lo era. Alguien que no podía ser lo que era, alguien que, incluso, no podía decir que estuviese en desacuerdo con el otro… Nuevamente, apagó la vela. ¿ Dime qué ves ? ¡ Lo vi !.

– Alguien que quiere dejar su huella con profunda sinceridad, que quiere cruzar barreras y le recuerde así la humanidad. Alguien que promete sinceridad, aunque no imparcialidad.

A continuación, el viejo encendió todas las luces posibles de la casa. Iba como un loco de aquí para allá, encendiéndolas y apagándolas. Dime, ¿ lleva una sonrisa en la cara o una simple curva ? Miré al del espejo para ver qué hacía y comprobé que llevaba una sonrisa, como el escocés que descubrió que una sonrisa es más barata que la electricidad y da más luz.

Luego, ya en calma, con la casa a oscuras y la vela humeante, el viejo me presentó a la figura del espejo que parecía cobrar vida para saltar de él y gritarle al mundo su presencia.

– ¡ Hola !, mi querido joven. Soy tú, y estoy encantado de conocerte, – dijo la figura a modo de jovial saludo. Llevaba puesta una sonrisa de gigante. No era una sonrisa pintada ni retocada con uno de esos mentirosos programas informáticos. Era, simple y genuinamente, sincera. Tampoco era un rostro pactado ni había impostura en su postura. Le estreché la mano y me respondió: ” el agua para hervir necesita vapor y yo, para vivir, te necesito a ti…”

El Café Romantic presenta un original decálogo de la rica y profusa imaginación de Mercè Roura, la periodista de Badalona. Imagen con música: Un nuevo día brillará, Luz Casal.

Todo se hunde, pero es sólo en tu cabeza. Allí habitan los grandes peligros y las grandes ocasiones para todo. Tú mandas, tú diriges tus pensamientos… Tú escoges si vas a ser la protagonista o a mirar tu vida desde la platea. Eres lo que piensas que eres. Piensa bien.

-Te pongas como te pongas, mañana vas a tener que levantarte y plantar cara, mejor que esa cara esté en buenas condiciones. Mejor que te vean radiante. Que sepan que te recompones cada día. Que eres resistente. Cuanto mayor sea la tragedia, mayor la sonrisa. Hazlo por ellos pero, sobre todo, hazlo por ti. Estás mal ahora, pero no estás sólo

-No te avergüences. Acabas de pegar un grito horrible, pero no eres esa persona con cara de caimán en la que te has convertido mientras te enfurecías. Ni tampoco esa que todo lo traga después de una tarde plácida. No eres una hiena, has tenido un mal momento. Si quieres, puedes poner el contador a cero desde ahora. No vivas del pasado más que para aprender de él, no dejes que te atormente. No te obsesiones con el futuro. Vive el presente. Tú vida empieza ahora… Después del grito… Y la próxima vez que vayas a transformarte, si puedes, avisa.

-Equivocarse es maravilloso. Tu imperfección te hace perfecto para cometer errores. Estás diseñado para ello porque es necesario y básico para vivir. Fastidiarla es la única manera de saber escoger entre el grano y la paja. No hay fórmulas de éxito, no hay caminos correctos. Equivócate sin complejos, no dejes de hacer nada por miedo, vergüenza o sentido del ridículo.

-Porque… ¿Crees que has hecho el ridículo? ¿ante quién? ¿te esconderías en los confines del mundo? ¿te sientes feo, absurdo, desgraciada, cansada, revuelta, indigno? No lo piensa nadie más que tú y si lo hacen es su problema. La ridiculez está en tu mente, has aprendido a creer en ella… Haz el ridículo. Hazlo cada día hasta que se te olvide si lo haces o no y pierdas el sentido… Hasta que no sepas donde está la cordura o la sensatez. Hazlo como ejercicio, no importa cuanto tiempo dure el experimento mientras te seas siempre fiel.

-Ilusionarse es una droga. Tenla en vena siempre. Sé adicto a las ganas y al entusiasmo. Es el material para fabricarlo todo. Tal vez hoy has visto cosas que te han puesto los pelos de punta y has tragado injusticia y desidia, por eso vas a necesitar una ración extra de pasión para mañana. Para llegar más lejos, para mejorar esta versión de ti que aún tiene miedos, pero que busca justicia. Muévete, haz, no te quedes quieto que te oxidas. A medida que andes, el camino se irá dibujando ante ti.

Vas a tener que correr riesgos. El mayor de ellos pero el más necesario ser tu mismo. Y eso encandilará a muchos y levantará ampollas en otros. Sigue, eres lo más auténtico que tienes para vender. Lo único. Asegúrate de que sabes quién eres y qué quieres. Busca lo que te hace distinto. Y lánzate.

Sé honesto. No vendas humo. Vende tus ganas, tu talento. Que no te pillen intentando ser quién no eres, ni soñando con cabeza ajena. Si no te gusta tu circunstancia cámbiala. Si de momento, no puedes, píntale las paredes de colores vivos a la celda, que parezca un campo de oportunidades.

Aférrate a los tesoros que posees. Agarra lo bueno de la vida y siéntete afortunado. ¿Amas? ¡Menuda suerte! Eso es lo más grande. Hazlo con toda la intensidad de que seas capaz, pero siéntete libre. El amor es libertad y al mismo tiempo entrega. Recuerda, tú no mendigas amor. Nunca. No te quedas con las migajas, te comes el pastel porque te lo mereces todo. Y lo das todo. Quiérete mucho.

Perdónales, pobrecillos. No saben, no pueden porque no quieren. A menudo no llegan porque su rencor es una barrera. Merecen más compasión que desprecio. Tú si puedes, olvida. Lo más seguro si quieren fastidiarte es que vivan pendientes de ti… Libérales ignorando sus miradas.

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