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FUNAMBULISTA

24 Ago
  • ¿ Qué te ocurre?, mi querido joven e inexperto amigo.

  • ¡ Me he saturado ! No sé hacia dónde tirar.

  • ¡Ah!, el típico bloqueo. Pensaba que era algo más grave.

  • ¿ Qué puede haber más grave que el bloqueo de uno mismo?

  • El mundo sin un libro; un café frío; una paella sin arroz; un bosque sin árboles; un río sin agua; un corazón de piedra; una conversación sin palabras; el sexo sin amor; un sol que no caliente; la eternidad de lo provisional; una memoria sin recuerdos; un día sin buenos días; una vida sin música; unas cuantas cartas en el buzón y ninguna de amor; noches sin sueño; buscarse y no encontrarse; ser el mejor de los peores; tener algo que decir y no decirlo; la fe incompleta; una sonrisa sin una lágrima; los limones que te da la vida cuando lo que tú has pedido es un chuletón y un buen vino…, qué sé yo,  ¡ hay tantas cosas más graves !

  • ¿ Y qué debo hacer ?, querido viejo.

  • ¡ Párate !

  • ¿ Aquí ?

  • Aquí es perfecto

  • Pero…, ¡estoy al borde del precipicio!

  • Todos lo estamos alguna vez.

  • ¿ Y, ahora?

  • Piensa, y decide.

  • ¿ Qué debo decidir ?

  • La decisión a tomar.

  • ¿ Me ayudas ?

  • ¡ Por supuesto…! ¿ Tienes papel y bolígrafo ?

  • No creo que sea el mejor momento ni el mejor lugar para ponerse a escribir.

  • Me has pedido ayuda, ¿ cierto?

  • ¡ Cierto !

  • ¡Pues escribe!

  • ¿ Qué debo escribir ?

  • ¡ Los caminos que ves !…

  • … ¡ Dos !

  • Ahora, anota los pro y los contra de cada uno de ellos…

  • … Tengo más contras que pros.

  • ¡ No te preocupes ahora por eso ! Asígnales un número.

  • ¿ Al azar ? ¡No!, eso sería fatal. Debes numerar siempre en función de la importancia que tienen para ti las ventajas e inconvenientes…

  • … ¡ Siguen existiendo más inconvenientes que ventajas ! ¡No te obceques !, ahora la corregiremos. Suma y resta los números… ¿ Lo tienes ?

  • ¡ Lo tengo !

  • ¿ Cuál es la opción más correcta ?

  • La primera… ¡ desde la lógica !

  • ¿ Cuál es tu opción ?

  • ¡ La segunda!, desde el corazón…

Elegí ese camino, sin saber que descartaba otros caminos, quizá mejores. Pensé en buscar consejero pues necesitaba consejo, y quién mejor sino el viejo de la imprenta. Mi cerebro, muchas veces estrecho, más de las debidas y deseadas, tenía la acentuada manía de eliminar lo que no le encajaba. Le di un par de vueltas a la idea en la cabeza antes de rechazarla. Hasta entonces buscaba soluciones sin enjuiciarlas, unas absurdas y disparatadas, incluso descabelladas, y tomaba una de ellas.

La situación era absurda y disparatada. Me encontraba yo al borde del precipicio, a punto de caer al vacío sin red, cuando el viejo me invitó a escribir. ¿ Quién diablos se pondría a escribir y decidir en un momento semejante ? ¡Loco viejo !, grité en mi pensamiento. Me sentía como un desconcertado funambulista  que debía volver a la pista de la vida tras un sonado fracaso. ¿ Qué debía hacer ? ¿ Me quedaba allí quieto, en el alambre, esperando a ver porqué lado iba a caer ? o ¿debía seguir caminando sobre la cuerda, o incluso danzar ? ¿ Habéis visto alguna vez a un hombre suspenso en el aire con su camino y que tiene la planta del pie más ancha que la senda por donde va ? Ese era yo.

Sin embargo, a medida que pensaba y escribía sentí que ganaba en equilibrio, como el ya no tan desconcertado funámbulo que se anima con los primeros aplausos del público.

El viejo me hizo pensar en el problema desde diferentes lugares, y luego desde distintas emociones. ” Haz las cosas que te salen del corazón. Quizá te equivoques pero estarás satisfecho”, me susurró. Parecían gritos.

Una vez concluí la escritura, hice un análisis racional de la cuestión pero también dejé que opinase mi corazón. Advertí que decidir era una tarea colosal. Las emociones tienen fama de enturbiar la razón, pero sin ellas no podríamos decidir. Imaginé que tenía 90 años, que la muerte estaba cercana para tomar la gran decisión, la decisión de mi vida). Entonces, todo el orgullo, todo el miedo al fracaso o al ridículo, todo frente a la muerte se desvaneció.

El siguiente paso fue ejecutar la decisión. Por supuesto, no dejé pasar el tiempo aplazándola. Lo contrario hubiese sido criminal, el asesinato de la oportunidad, como una vez dijo el señor Wilde.

¡Gracias, querido viejo ! He logrado atravesar la cuerda y no he caído.

El Café Romantic presenta una poética postal de María Formoso, de A Coruña, sobre alguien, una mujer, aunque también podría ser un hombre, que debe decidir… Imagen con música: Ismael Serrano, Vértigo.

 

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Una respuesta a “FUNAMBULISTA

  1. Maria Formoso

    24/08/2013 at 16:26

    Una delicia leerte, Gracias Goyo por utilizar mi postal como portada.

     

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