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Archivos diarios: 03/09/2013

LOS SECRETOS DE LA TABLA PERIÓDICA ( PORQUÉ SÉ…)

El desorden sobre la vieja mesa de madera de la vieja biblioteca del viejo de la imprenta era monumental. Se apilaban libros sobre libros, notas sobre notas, dibujos sobre dibujos, extrañas fórmulas matemáticas sobre aún más extrañas fórmulas químicas. Sin lugar a dudas, seguía trabajando en su sueño. Ya no se trataba sólo de averiguar adónde van los besos que no damos, que nos quedamos. Era también una investigación sobre el amor que guardamos, la sonrisa que no exhibimos o el gesto amable que disimulamos.

Con mi genio en reposo -sólo así se podía afrontar la situación-, me senté frente a su vieja mesa mientras su vieja voz recitaba al señor Boyle. Algo me decía que el qúimico escéptico le había llevado al mayor descubrimiento de su historia. Quizás no era el más deslumbrante descubrimiento ni la mayor ni mejor historia jamás antes conocida o contada, pero era su historia y, creedme, vale la pena conocerla.

” Ciertos cuerpos primitivos y simples que no están formados por otros cuerpos, ni unos de otros, y que son los ingredientes de que se componen inmediatamente y en que se resuelven en último término todos los cuerpos perfectamente mixtos“, escribió en una ocasión el señor Boyle.

– ¿ Y, adónde quieres llegar ?, querido viejo – le pregunté luego de mis intentos por descodificar aquellas palabras que se manifestaban como un galimatías. Casi como la vida misma. Intuía que aquel mensaje tenía algo que ver con la eterna lucha humana por descubrirse y encontrarse. Lo que no podía advertir es la magnitud de su hallazgo.

– ¡ Ay, mi querido, joven e ingenuo amigo ! Los seres humanos siempre hemos estado tentados por encontrar una explicación a la complejidad de la materia que nos rodea. Al principio, pensamos que los elementos de toda materia se reducían al agua, la tierra, el fuego y el aire…

– ¿ Y no es así?

– ¡ En absoluto ! ¡ Si te oyesen los señores Döbereiner, Chancourtois, Newland, Meyer y Mendeleïev te abofetearían y luego pedirían tu cabeza!

Por momentos, temblé. Me imaginé reducido a un elemento en un tubo de ensayo a punto de convertirse en una partícula para dar vida al trabajo de un grupo de científicos con pinta de locos científicos.

– ¡ No somos sólo cloro, bromo, yodo o calcio…! – proclamó el viejo con el mismo estrépito que me sugirió el momento en que Moisés abrió las aguas del mar Rojo.

– ¡ Te equivocas… nuevamente ! – matizó, reduciendo la voz -. Un fuerte viento del este que sopló nocturno fue el causante del retroceso de las aguas del mar Rojo de la forma descrita por la Biblia y el Corán, y no Moisés… Aunque al sufrido Moisés también se le ha de reconocer su valentía y decisión bíblicas.

Luego del matiz, ciertamente esclarecedor, retomamos el asunto pendiente. Porque la vida con el viejo, afortunadamente, es un constante asunto pendiente, aunque ya no urgente. – Si no estamos rodeados sólo de agua, tierra, fuego o aire. Si no somos sólo cloro, bromo, yodo o calcio. ¿ Qué hay más ? ¿Qué somos? ¿ Qué más nos rodea ? ¿De qué estamos hechos?… El viejo interrumpió mi torrencial interrogatorio.

– ¡ El secreto está aquí, amigo mío ! – aseveró entre la exclamación y la emoción, apuntando con el dedo a la tabla periódica como si todos fuéramos fruto de siglos de ensayos reducidos a una secuencia alfanumérica de elementos químicos, átomos, lantánidos y actínidos.

No me sorprendí. Era la misma tabla periódica que, de pequeño, me había causado múltiples dolores de cabeza en la etapa en que sólo soñaba con palabras.

– ¡ La tabla periódica no es sólo la tabla periódica ! – vociferó, gesticulando como un poseso como si hubiera de vender su trabajo porque su vida dependía de ello. Pensé por momentos que había descubierto el elemento 121 de la tabla. Pensé caprichosamente en el 121 porque desconocía a ciencia cierta si la tabla ya contaba con 120 o, como señalaban otras fuentes, quizás ya nos encontrábamos en el 125.

El viejo me arrastró hasta una vieja pizarra en la que se acumulaban sin un aparente orden papelitos con fórmulas, números, letras, flechas… Me sugirió la pared de un criminólogo enloquecido, y momentáneamente derrotado, por una conspiración criminal en la que todo estaba por descifrar, del primero al último asesinato.

De súbito, el viejo reorganizó aquel fantástico caos. Lo hizo como un autómata, como el mismísimo Houdini. Pensé incluso que sacaría una paloma blanca de donde no era posible esconder al animal. Ordenó los elementos 75, 31, 57, 92, 7, 4, 16 y 8. En un principio, yo sólo vi renio, galio, lantano, uranio, nitrógeno, berilio, azufre y oxígeno. El viejo pataleó.

– ¡ Debes verlo !

– ¿ El qué?

– Las palabras y los números encierran un mensaje… De eso, en el fondo, es de lo que estamos hechos.

Repasé con suma atención la secuencia, situando cifras y letras a derecha y a izquierda, de arriba a abajo…  Sumé, resté. Incluso, dividí y multipliqué. El viejo se desesperaba. Yo sudaba. A punto estuve de reconocer la derrota cuando vi un beso en aquella extraña serie. ¡ Un beso ! ¿Cómo era posible ?

El renio, el galio y el lantano escondían el verbo regalar; el uranio y el nitrógeno, el primero de los números naturales, y el berilio, el azufre y el oxígeno, una de las más bonitas palabras que conozco: beso. Sólo se trataba de combinar adecuadamente las sílabas de cada elemento, con sus números y letras.

– ¡ Eso es! ¡ Regala un beso ! Acerté. Me sentí del mismo modo de que se sentía el viejo, profundamente ufanos, como si hubiéramos llevado a cabo el mayor de los descubrimientos de la humanidad.

Saltamos. Bailamos. Gritamos como locos de alegría… Luego, nos relajamos y nos aplicamos a nuevos descubrimientos en la otrora anodida tabla periódica.  Y dimos con otro revelador secreto: la combinación de (li)tio, (be)rilio, (ra)dio y (te)luro es una suerte de liberación. ¡ Libérate !

El Café Romantic presenta esta noche, y por deferencia de Mila Miguélez, una nueva voz: Elen AranFouérè, una autota chilena cuyo interés va más allá de la ficción de la novela y que se mueve con ganas y soltura en otros ámbitos: astronomía, ciencias, filosofía, arte en general…, y poesía por supuesto. Y en ella hemos hallado una poderosa química entre los elementos y el amor. 

Introducción inspirada en la inquietud, sabiduría y sensibilidad de Pau Glez. Imagen con música: Sarah Brightman & Andrea Bocelli – Time To Say Goodbye (Con Te Partiro)

Porqué sé…
que mueres de ganas, por verme
que sientes tanto susto, como placer
que te estremece suponerme cerca
que no se puede engañar el alma
que estás agotado de tanto deber
Porqué sé…
que han temblado tus respuestas
que el silencio es un escudo para tu piel
que mientras menos quieres pensarme,
más me piensas y no sabes que es
que cada noche me tienes en tu piel
Porqué sé…

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