RSS

Archivo de la categoría: Canal Youtube Goyomartínez9

” ESCRIVIVIR “

 

– ¿Adónde vas tan intranquilo?, mi querido y joven amigo.

– ¡ Al gramático !

– ¿ Y, eso… ?

– ¡ Me duele la vida… no encuentro palabras !

– ¡ Pero… !

– No hay peros que valgan; ¿ no vas tú al médico cuando te duele algo?

– ¡ No siempre !… Tú deberías ser tu propio gramático.

– ¿ Alguna idea ?

– ¿ Para qué escribes ?

– Para mantenerme cuerdo en el fino alambre de la vida;  para que la muerte no tenga la última palabra, y mantener vivos a los muertos; para descubrir que no me he convertido en la persona equivocada; para saber si estoy hecho de palabras; para expresar que, a veces, no hay palabras; para vivir la vida de las palabras tras darles vida; para apagar el fuego del odio y avivar el afecto del mundo; para curar, tanto como la medicina; para endulzar los momentos, como el azucarillo; para repetirme a mí mismo, como si a través de algún conjuro, las palabras, a la vez tan cargadas y tan extrañas, pudieran revelarse a sí mismas; para congraciarme con la vida, como chocolate que seduce, goloso, dulce, antidepresivo…

– ¡ Ya brotan ! –

– ¿ El qué ?

– Las ideas. ¡ Ya fluye !

– ¿Qué fluye ?

– ¡La inspiración !

– ¡ Piensa !

– ¿ En qué ?

– ¡ En nada !

– ¡ Cierra los ojos !

– ¿ Para qué ?

– ¡ Para ver !… ¿ Qué ves ?

– ¡ Sueños !

– ¿ Y qué sueñas ?

– ¡ Palabras, palabras que vuelan !

– ¿ Adónde vas ?

– A escribir para vivir: escrivivir.

¿ Y el gramático ?

– ¿ Qué gramático ?…

Como dice el señor Millás: “Estamos hechos, sobre todo, de palabras. Cuando nacemos, alguien toma en sus brazos ese trozo de carne fresca y comienza a amasarlo con palabras. Somos niños o niñas, altos o bajos, feos o guapos, porque nos cuecen en una salsa de adjetivos, pronombres, verbos, adverbios y preposiciones. Un hombre hecho, incluso a medio hacer, es el hijo de, el novio de, el padre de, el amigo de, del mismo modo que es ingeniero o médico o mendigo, además de español, inglés o lituano. Por eso, conviene conocer el funcionamiento de las palabras con la precisión con la que conocemos el de los pulmones”

El Café Romantic os ofrece un breve relato por obra e inspiración de Juan M. Molina Blázquez, de Totana (Murcia), que sabe que el que no sabe, y no sabe que no sabe, es un idiota, un ignorante o un distraído, y también sabe que el que sabe, y sabe que sabe y lo emplea con sabiduría, es el inteligente. Imagen con música.

 

 

 

 

 

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Así comenzaron las cosas

 By Goyomartinez9 channel Youtube (via joseanguib1, gracias)

 

Etiquetas: , , , , , , , , ,

“La mujer de estrechas caderas, senos pequeños, firmes y turgentes y redondas nalgas”

Relato con música. De mi particular tocadiscos. Clica sobre la imagen

El agente Nelo detuvo su mirada en el sospechoso círculo que formaban el general Burriel y los oficiales López Belda, Unzúe y Lacasa, que departían con distinguidas personas de distintos orígenes y linajes entre carcajadas, como si se mofaran de la concurrencia.
Junto a ellos, un grupito de mujeres jóvenes los miraban y escondían sus sonrisas con un gesto de la mano.

            «¡Quizá saben algo que los demás desconocemos! —pensó Nelo—. ¡Nada de quizá, seguro que saben algo!», concluyó.
A todo esto, los generales San Pedro Aymat y Legorburu seguían a lo suyo, como si nada sucediera o fuera a ocurrir.

            Vio entonces que una de aquellas jóvenes dejaba el grupito y se acercaba al de los militares. Todo de lo más natural, como si quisiera preguntar algo o llamar su atención. Pero le resultó sospechoso que tomara del brazo al general Burriel con demasiada familiaridad y se lo llevara a un rincón para hablar a solas con él. Tuvo que moverse para seguir la escena, pero pudo ver con claridad que la joven mujer entregaba al oficial una cuartilla de papel de color azul, cuidadosamente doblada, que Burriel ojeó mientras miraba a un lado y a otro. A continuación, se lo devolvió a la dama.

            Volvió junto al general Llano de la Encomienda para preguntarle si conocía a aquella mujer. Negó con la cabeza. Tampoco el coronel Moracho ni el mismo Escofet, que charlaban animadamente unos pasos atrás, conocían a la mujer.

            Cuando se giró de nuevo hacia el punto donde se había encontrado con Burriel, había desaparecido. La buscó entre
el gentío y en los alrededores. Salió a la terraza que daba a la calle a grandes zancadas y alcanzó a verla cuando abandonaba el Club Marítimo en dirección a un automóvil en el que aguardaba un hombre, de quien sólo pudo advertir su gorra de oficial.

            Al acceder al interior del coche, la mujer giró la vista y puso sus ojos sobre Nelo.

            Duró un instante, pero el agente alcanzó a leer su rostro. Ciertamente era una mujer de raro encanto, de belleza lánguida. Destacaba su cutis mate y afelpado, su cabello dorado y sus grandes ojos azul pálido. Nelo quedó atrapado en esos ojos que parecían transmitir pasión y drama, que denunciaban un oscuro pasado y un futuro inminente y, de algún modo, trágico, ¿o qué reflejaba si no la languidez de aquella media sonrisa apenas insinuada? Lucía un elegante vestido de soirée, de estival inspiración parisina, en marrón y rojo, de una tela vaporosa y líneas sueltas, vagas, exquisitamente femeninas, y un no menos elegante sombrero en forma de turbante. Bajo ese vestido se adivinaban unas estrechas caderas, unos senos pequeños, firmes y turgentes, y unas redondas nalgas.

            La joven mujer también quedó atrapada en la conquistadora y expresiva mirada y el porte esbelto y gallardo
de Nelo. Jamás recordaría cómo iba vestido aquel hombre, si era civil o militar, si señor o criado, pero nunca olvidaría su cara. Prendada, presintió que no tardarían en volver a encontrarse. 

            Nelo regresó al club y, con temerario arrojo, se aproximó al general Fernández Burriel. La mujer le serviría de excusa para interrogar al militar. Fingiéndose ebrio, casi a trompicones y con voz pastosa, interrumpió la conversación que en ese momento
mantenía el general con sus subordinados, apoyó la mano derecha en el hombro del militar y, de tú a tú, el agente soltó, con algún balbuceo:

            —Dígame que no es su hija, mariscal.

            —¡Joven, usted está borracho!

            —No demasiado, no lo suficiente para no saber admirar una belleza cuando la tengo delante. No será su amante, ¿verdad?

            —¡Caballero! ¿Por quién me toma?

            Burriel se sentía acosado y reaccionó de forma irascible, no tanto por la intromisión de un borracho, dedujo Nelo, como por las indiscretas preguntas que le dirigía. Los otros mandos que lo acompañaban se erigieron en barrera frente a Nelo y lo apartaron a empellones.

            Nelo volvió a fingir, esta vez que recobraba la compostura, y, con la cabeza gacha, se acercó al general y le pidió disculpas. El general las aceptó para zanjar el asunto; tampoco le interesaba llamar la atención, pensó Nelo. Vio en los ojos del general
inquietud y tensión, y comprobó que era incapaz de sostener su mirada. Nelo optó por no insistir, aunque tomó buena nota de la reacción del oficial.

Así lo vivió El espía de Madrid hace 75 años en el Club Marítimo de Barcelona

De “El Espía de Madrid, Barcelona 1936”.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

“PARECÍA QUE TODO IBA A SER PASTO DE LAS LLAMAS”

“Parecía que todo iba a ser pasto de las llamas. Incluso las vacas lecheras de una vaquería de la calle Floridablanca escaparon en anárquica desbandada ante la proximidad del fuego (…) De entro el espeso humo que inundaba la calle surgió la figura de un niño renqueante que se llevaba las manos a la cabeza mientras la sangre manaba a borbotones encarnando su rostro después de recibir el tremendo impacto de un cascote desprendido del edificio en el que habitaba. Una víctima más (…).

Por fin, al filo de la medianoche los bomberos se hicieron con el control del incendio. Cuando se disipó la densa humareda de la catástrofe, los vecinos, confundidos y encogidos por el sacrificio, con la esperanza reducida a cenizas después de tres horrendas horas de incertudumbre, se movían arriba y abajo, se buscaban y se reconocían, se abrazaban, con los rostros horriblemente tiznados de hollín (…).

El comisario de Orden Público aguantó hasta que la situación se estabilizó. Tal vez si los periodistas hubieran permanecido allí, junto a él, y hubieran visto aquel gesto de hondo pesar, su semblante taciturno y su decaimiento físico, habrían sabido interpretar sus temores de que aquello solo era el presagiuo de algo muchoi mayor y terrible”.

Hoy hace 75 años, El Espía de Madrid (ed. Singular)

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

 
A %d blogueros les gusta esto: