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Archivo de la categoría: la banda sonora

Encontrarás cuervos (ayer, hoy, mañana)

Por Goyo Martínez, de su próximo libro “Encontrarás Cuervos” (título provisional), la segunda parte de “El Espía de Madrid”.

Y clavaré en la puerta de la Iglesia mis ideas, mis sueños, mis pensamientos.

Y que me busque el cura. Le saludaré y le pediré que hable con Dios a propósito de mí, de nosotros.

Y le diré que necesitamos un cura que introduzca en la liturgia la lengua del pueblo.

Y si acaso pone tierra de por medio, horadando una estrecha fractura de cemento por la que deambular, replicaré sus palabras: cómo puede invocar a Dios quién promueve un desastre moral en nombre de un credo que entona como una sordida letanía la vieja cantinela de la ética y las exigencias de la moral.

Y marcharé, dejando mis ideas, mis sueños y mis pensamientos clavados con firmeza en su puerta.

Y a Dios no tendré otro remedio que decirle que le declaro la guerra mientras quienes deben llorar, no lloren y sus lágrimas de sincera y cristiana contrición no se purguen y no laven la mancha inferida.

 

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Postales desde el filo de la vida (IV) / Postal a “mi querido juez canalla”

 

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El Cafe Romantic, distinguido con un “The Versatile Blogger” en América

A la colega blogger Elizabeth Vargas, la profa de San Juan de Puerto Rico, le han concedido el premio The Versatile Blogger ( http://masquevivir.com/ ) y, ella a su vez, ha tenido la cortesía de concederlo a otros diez blogs de todo el mundo, entre ellos El Café Romantic. Dice Elizabeth Vargas en su página másquevivir:

Siempre he encontrado interesante que en este mundo de los blogueros existan premios que otorgan los pares o lectores con distintos motivos.  Además, me parece una excelente idea el que a cambio del premio tengas que compartir información que permita el que tus lectores te conozcan mejor.

He tenido la dicha de que mis escritos se publiquen en otros blogs y eso para mí es un excelente reconocimiento que acepto humildemente y agradezco profundamente.

Premio The Versatile Blogger

Aquí les comparto la primera nominación a un premio.  Gracias a mi amiga bloguera Oli, Azul Celeste, quien me otorga el reconocimiento y para recibir el premio debo contarles siete cosas acerca de mí, así que las leerán a continuación:

  1. Me fascina ayudar a los demás
  2. Soy bien exigente y perfeccionista (eso me ha costado dolores de cabeza), no quiero menos de lo que yo pueda dar
  3. Admirar la naturaleza es un deleite para mí, así que, me fascina que me regalen flores, particularmente los girasoles (pero también me gustan las rosas y las margaritas)
  4. Me encanta conocer personas de distintos lugares
  5. Colecciono distintivos o recordatorios de otros países y cuidades (tengo varios dedales y campanitas, entre otros)
  6. Los retos y proyectos nuevos son una motivación importante en mi vida
  7. Respeto las creencias de los demás, pero para mí el amor de Dios es vital y trato de cumplir con su propósito en mi vida

Quisiera que mis lectores y amigo(a)s bloguero(a)s compartieran en la parte de comentarios 7 cosas sobre ellos para conocerlos mejor.

Ahora bien, me gustan muchos blogs que son versatiles con temas muy variados.  Así que escoger se me hace difícil.  No obstante, compartiré el premio con los siguientes diez:

Desde este sencillo y pasional rincón de la palabra quiero agredecer a la profa. Elizabeth Vargas esta distinción y, como diría Sócrates: “habla y escribe para que yo te vea”

 

 

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Condena a una gitana

Es definitivo. Han violado a la justicia. La señora Justicia es ciega para unos casos y ve, en otros. ¿Qué ha sido de los tres grandes valores que debería sustentar en su balanza?: humanidad, proporcionalidad y resocialización. Crisis absoluta. Sueño un mundo sin prisiones y, si existen, como decía Beccaria, que “la compasión y la humanidad penetren las puertas de hierro”.

Un juzgado de Mataró ha ordenado el encarcelamiento de una joven gitana para cumplir una pena de un año y dos meses por un intento de robo cometido hace ocho años. Y Felix Millet, el saqueador confeso del Palau de la Música, de donde se apropió de miles, de millones de euros, en libertad.

S. – no revelaré aquí ni su identidad ni su lugar de residencia para evitar que la ciudadanía sin sentido común y sin escrúpulos, una raza desgraciadamente hoy muy extendida, castigue aún más su pena- ha ingresado en prisión con un bebé a cuestas, para amamantarlo. Sí, cometió el delito. Sí, es culpable. Y debe pagar el precio de su acción ocho años después, con tres hijos y un marido en el paro.

Y Millet y tantos otros que han saqueado arcas públicas y privadas, en la calle. El delito de S. se remonta al 20 de enero de 2004 cuando, en unión de otras dos personas, robaron objetos por valor de 395 euros en un establecimiento de Mataró (Barcelona). S. ni siquiera fue la autora material del robo. Se limitó a ejercer labores de vigilancia en la puerta de la tienda. Sí, delinquió. S. no tenía antecedentes penales ni reincidió.

La instrucción judicial del caso, que se remonta a 2004, acabó en juicio años más tarde y la sentencia se emitió en 2007. Poco importó que S. fuera esposa, madre y trabajadora. Hoy, ya da en prisión con su antiguo delito, su pena y su bebé, como si fuera un fardo de semillas recogidas tras una extenuante jornada bajo un sol abrasador. Sí, delinquió. Y centenares de ladrones de “cuello blanco”, en la calle.

Las víctimas del robo, algunas lesionadas de carácter, nunca reclamaron. Da lo mismo. S. pagó la multa de 120 euros que se le impuso por una falta de lesiones que, según la sentencia, no quedó demostrado quién la cometió. Da lo mismo. Sí, delinquió. Y para escapar asió un trozo de cristal para huir del lugar de los hechos sin herir a nadie. Sí, es culpable.

Sí, S. es pobre, es gitana y casi analfabeta pero también es joven, madre, trabajadora y, ocho años después – he aquí otro de los grandes males de la Justicia, su velocidad-, ha ido a prisión por mor de que la Justicia ha sido ciega.

La misión de la pena privativa de libertad, amén de la inmediatez que debe comportar por el factor correctivo, es, o debería ser, la rehabilitación y la reinserción de la persona que delinque. Pero se da la circunstancia de que S., por sí sola, ya se había rehabilitado. Lo contrario, es convertir la prisión en un plus de la pena, como una doble condena, convirtiéndola en un puro instrumento retributivo. El castigo por el castigo.

Hoy, en las prisiones catalanas y españolas se amontonan miles de presos muchos de los cuales podrían estar sujetos a regímenes penitenciarios más flexibles, sin riesgo de reincidencia. Sin embargo, el populismo punitivo que vive España ha vuelto a convertir la cárcel en la medida estrella de la respuesta a los conflictos sociales, y no todo puede fiarse a la prisión.

Estaremos de acuerdo en que existen conductas que, por su entidad cuantitativa y cualitativa, merecen prisión pero fiar a prisión un delito menor perpetrado hace 8 años, como el cometido por S., es distorsionar por completo los principios -desgraciadamente hoy en crisis y reducidos a cenizas- de los sistemas penal y penitenciario.

El Código Penal vigente, aprobado en 1995, es uno de los más maltratados en el mundo, con 27 reformas operadas en poco más de una década, a cada cual más severa y gravosa. Y todo, en aras a una supuesta percepción de inseguridad global que el legislador ha empleado como argumento de respuesta a la criminalidad de baja y media intensidad que no da respuesta precisa a esos comportamientos.

Las leyes penales, aprendí, deben aplicarse en función de la realidad social y de su tiempo. Hoy, ya no es así. En el caso de S. se podrían haber aplicado medidas penales alternativas – trabajos en beneficio de la comunidad-; se podría haber dejado en suspenso la ejecución de la condena; se podría haber… No. Hoy, con su bebé a cuestas, S. paga con la cárcel un delito que no merece prisión.

S. y su familia pensaron en huir. Pero la mujer fue consecuente y valiente. Sí, delinquió. Y compareció voluntariamente en el juzgado para someterse, en este caso, al enorme peso de la ley y la mirada indiferente del juez.

Y con miedo, miedo al mañana, con el bebé a cuestas y pecho al descubierto para darle su necesaria leche, da con su “terrible” pena en prisión.

S. delinquió, sí. S. es pobre. S. es casi analfabeta. S. es gitana. Y hoy, quizás, aprenda alguna nana de cebolla.

Justicia, mírame. ¿ Qué le puedes enseñar ahora a S. en la cárcel?

 

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Alas de mariposa

Y Al tercer día, Robert (Manrique) supo que había sido víctima de un atentado terrorista. Le había tocado a él. Con graves quemaduras en el rostro, brazos y manos, comenzaba a entender que su vida sería diferente para siempre. Se había enfrentado a la muerte y descubriría otra vida… Y en el quirófano sonó la canción:

¿Quién sabe dónde el camino puede conducirnos?, sólo un idiota diría

¿Quién sabe si nos encontraremos a lo largo del camino?

¿Quién sabe dónde los vientos nos harán volar?, sólo un idiota diría

¿Quién sabe si alguna vez alcanzaremos la orilla?

Sigue un son naciente con los ojos que sólo pueden mirar fijamente

¿Qué tipo de fuego nos quemará allí?, sólo un idiota diría.

Era viernes, 19 de junio de 1987. Amaneció plomizo, de color munición, un presagio. Poco después de las cuatro de la tarde, una mariposa que volaba por el cielo del norte había agitado tan poderosamente las alas que sus efectos fueron devastadores. De repente, el lugar se convirtió en la cocina del infierno. El coche bomba hizo explosión bajo sus pies. El material incendiario, hecho añicos, se adhirió a cuerpos humanos, a temperaturas que alcanzaron los tres mil grados. Vio pasar su vida ante sus ojos en décimas de segundo, como en una película en blanco y negro. A la cabeza le vino el recuerdo de un florero adornado con hojas sobre una mesa cuadrada.

Clica sobre la imagen. Sagrada Familia, música de Alan Parsons Project

Del libro “Pido la Palabra, crónica íntima de las víctimas del terrorismo”, Ed. Lectio, 2008. Goyo Martínez.

 

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Intolerante tolerancia. Un grito en carne viva

Hoy, y la situación lo requiere, me permitiréis adoptar una posición más grave y severa. Existe una, cada vez mayor, descarada, sospechosa e intolerante tolerancia con los grupos de extrema derecha en España.

Estos días, con ocasión del 12 de octubre, lo que se repetirá el 20-N, en que según algunas mentalidades, a mi juicio desviadas, murió un “hombre extraordinario”, se han sucedido y repetido escenas, proclamas y gestos de apología y exhibicionismo del fascismo en su más prolija parafernalia que nos retrotraen a épocas de infinita oscuridad.

Dice algunos tertulianos que “saben de todo” que no nos debemos preocupar porque son una minoría. Minoría lo fueron también en la historia más reciente de nuestro mundo grupúsculos que nacieron en “inocentes” encuentros, debates y tertulias de taberna y que luego quisieron hacerse con el poder en viejos y nuevos continentes.

Y el asunto nos debe preocupar porque son grupos que, desde un punto de vista legal, perpetran delitos y son – o deberían ser- inconstitucionales y, desde un punto de vista social, son – o deberían ser- anticonstitucionales. No tienen – o yo al menos no lo veo- reivindicaciones y se echan a la calle, siempre sin pedir permiso y sin obtenerlo, para exhibirse descaradamente, sembrando odio y violencia, para “pisarle el cuello al moro” o “rematar al rojo”. “El nacionalsocialismo es libertad”, proclaman para escarnio de todos.

Observo, aún con mayor preocupación, una sospechosa, a la par que intolerante tolerancia, y lo que es peor, condescendencia e incluso complicidad de los operadores judiciales –entiéndase elementos de la judicatura y de la fiscalía- respecto de la presencia y acciones de estos grupos de la extrema derecha. No se mide por el mismo rasero según el lugar y el sujeto y la democracia sigue evidenciándose vulnerable, extremadamente quebradiza.

Debemos reprobar – y yo el primero- la acción de sujetos que se autoproclaman “indignados”, “antisistema” o cualquier otro que actúan al paraguas de esas banderas y que atacan a diputados como también debemos censurar – y yo el primero- a “raperos” que solo buscan publicidad y cantan a ETA o al Grapo, en un claro ejemplo de apología del terrorismo.

Pero de la misma manera que se actúa con mayor o menor contundencia contra este tipo de sujetos de la supuesta extrema izquierda, debería procederse contra la llamada extrema derecha.

Hoy, desde esta página, quiero aplaudir, con independencia de su color político, la actuación del alcalde de Sabadell (Barcelona), Manel Bustos, que, con las armas legales que las leyes le han puesto a su disposición, prohibió ayer la celebración de un acto de exaltación fascista en su ciudad.

Hay un sujeto llamado Pedro Chaparro, líder de una “cuadrilla” mal llamada Democracia Nacional, – ojo con qué ligereza se emplea la palabra democracia, que parece perder día a día el valor que se le debe otorgar- que ha llamado al alcalde de Sabadell “deficiente mental”. Los “gurús” de las tertulias nos dicen que no nos debe preocupar este fenómeno, que es minoritario.

Bustos ha dado una lección, a mi juicio, al restar importancia al insulto. En los tiempos de crisis que corren, porqué preocuparse por un sujeto de medio pelo que debería mirarse al espejo y comprobar si su cuerpo y su mente están dotados de vida inteligente. Por qué gastar el dinero público en querellarse contra un personaje que sólo busca el factor mediático. El alcalde de Sabadell no piensa querellarse contra el fascista Chaparro. Yo tampoco lo haría, aunque, como el demonio reincide, porque sino no sería el demonio, sigue provocando y ha anunciado querellas y denuncias a destajo contra el alcalde de Sabadell y quien haga falta.

Para perseguir este tipo de conductas, está –o debería estar- instituciones como la judicatura o la fiscalía que, según me consta, posee los elementos informativos necesarios para proceder contra el tal Chaparro, tipo que atesora, por lo visto, algunos elementos absurdos y bufonescos de personajes de series de dudosa comicidad y factura de las que abundan, y mucho, en el panorama televisivo español.

Y mientras se siembra la semilla del odio y la discordia por un lado, con elementos de la siempre facha Plataforma por Catalunya presentes, por otro lado resurgen “fantasmas” mal reprimidos del pasado.

Hablo de Juan José García Mora, concejal del municipio de Masquefa (Barcelona) de una “cosa” llamada “Força Masquefa” y que otrora fuera edil del PP , partido que, al parecer, lo expulsó de sus filas por excesivamente agresivo en sus ideas, lo que da una idea de su posición.

El tal García Mora fue arrestado por atropellar al ex concejal de Urbanismo del pueblo y a otro vecino después de que los atropellados descolgaran una bandera española con simbología inconstitucional en un lugar público, para lo que el atropellador no tenía permiso.

Como quiera que estos elementos de extrema derecha viven del conflicto, porque sin el conflicto serían como chimeneas en verano, al igual de terroristas o maltratadores de mujeres, por poner algunos ejemplos en los que se pide ala sociedad tolerancia cero, el caso de este concejal debería conducirnos a una severa reflexión y a una grave conclusión.

Este sujeto, en 20006, militando aún en el PP –cuya decisión de expulsarlo del partido aplaudo- repartió un panfleto en el que atacaba el nuevo Estatut de Catalunya porque, a su juicio, favorecía a “perros, golfos, ladrones, borrachos, drogadictos y a gente a la que se podía denominar gentuza”.

Por eso, hoy más que nunca, no me preguntéis que haría sin mis recuerdos, los pasados y los que habrán de venir, porque de ellos vivo y quiero vivir para no sucumbir a una oscuridad sin fin. Preguntadme qué haría sin un brazo, sin un ojo, quizás sin una pierna, pero no sin mis recuerdos.

Goyo Martínez.

 

Postales desde el filo de la vida / Miedo

Postal con música. Clica sobre la imagen. ¡Pare!, què volen matar la terra…

Pare, digueu-me què
li han fet al riu
que ja no
canta.
Rellisca
com un barb
mort sota un pam
d’escuma
blanca.

Pare
que el riu ja no és el riu.
Pare
abans que torni
l’estiu
amagui tot el que és viu.

Pare
digueu-me què
li han fet
al bosc
que no hi ha arbres.
A l’hivern
no tindrem foc
ni a l’estiu
lloc
per aturar-se.

Pare
que el bosc ja no és el
bosc.
Pare
abans de que no es faci fosc
ompliu de vida el
rebost.

Sense llenya i sense peixos, pare,
ens caldrà cremar la
barca,
llaurar el blat entre les enrunes, pare
i tancar amb tres panys la
casa
i deia vostè…

Pare
si no hi ha pins
no es fan
pinyons
ni cucs, ni ocells.

Pare
on no hi ha flors
no es fan
abelles,
cera, ni mel.

Pare
que el camp ja no és el
camp.
Pare
demà del cel plourà sang.
El vent ho canta
plorant.

Pare
ja són aquí…
Monstres de carn
amb cucs de
ferro.

Pare
no, no tingueu por,
i digueu que no,
que jo us
espero.

Pare
que estan matant la terra.
Pare
deixeu de
plorar
que ens han declarat la guerra.

(J.M. Serrat)

 

 

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El espía de quien se burló el amor

Clica sobre la imagen para ver las imágenes en las que se inspiró esta historia y escuchar la banda sonora original de la novela, compuesta por el grupo A Media Luz, Mariela Redondo & Javier Cardona.   

¿Puede un espía llorar, sentir, emocionarse y, al mismo tiempo, defender un proyecto, unos ideales en los que cree, aunque discrepe de cómo se gobierna?. ¿Puede un espía enamorarse?. Es más, ¿puede burlarse el amor de un espía?.

En esta entrevista, los autores de “El Espía de Madrid, Barcelona 1936”, desnudamos al protagonista principal de la novela, el agente Nelo, y su universo, donde entran en colisión ideas, creencias, amor, ira, derrota, victoria e incluso Dios.

¿Que por qué volvemos a la España de 1936?

En realidad no volvemos porque nunca estuvimos. Ahí está la clave: la curiosidad. Explicarnos cómo unos acontecimientos, dramáticos como pocos en nuestra historia, marcaron la vida de varias generaciones y aún hoy influyen en la convivencia entre españoles. ¿Por qué Barcelona? Porque en aquellos tumultuosos tiempos era conocida en los medios de comunicación de Madrid como «el oasis catalán». Te preguntas entonces cómo sería tu ciudad para merecer este apelativo. Y te pones a investigar. Huimos a propósito del historicismo para centrarnos en la cotidianidad, así que nuestra búsqueda fue en hemerotecas. Y nos sorprendió lo que encontramos.

Barcelona, por ejemplo, ajena al estado de alerta dictado por el Gobierno, a la crispación política y al ruido de sables, todavía celebraba los primeros días de julio de 1936 verbenas populares y toda clase de actos sociales, desde bailes de salón a competiciones de tenis para señoritas, además de una olimpiada que era réplica de la que se celebraba en el Berlín de Hitler. La gente, como hoy, se iba a la playa los fines de semana, así que en las carreteras había atascos y el ferrocarril de la costa iba lleno a rebosar. Por supuesto, había conflictividad social y los sindicatos se mostraban muy activos, y aunque los ánimos se iban caldeando, existía la voluntad de no exacerbar las cosas, de no llegar a las manos, por decirlo coloquialmente. Tolerancia. Claro que esto no convenía a la reacción, a las fuerzas tradicionalistas descontentas con la República que, una y otra vez, mediante discursos incendiarios, atentados y manifestaciones se empeñaban en crear las condiciones que justificaran una intervención militar. Este es el ambiente que hemos querido describir: cómo vivían su vida los ciudadanos de a pie. Y lo curioso es que, leídos cientos de artículos, crónicas y reportajes, uno llega a la conclusión de que nuestros abuelos, o los abuelos de nuestros padres, tenían una capacidad envidiable de asimilar la adversidad.

Clica sobre la imagen para ver y escuchar el álbum del espía.

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Del protagonista de esta historia, el agente Nelo, no podemos revelar su verdadera identidad; ni siquiera nosotros la conocemos.

Casi siempre es Nelo, pero unas veces es Carlos, otras Antonio o Roberto, o Eduardo… y cuando opera en Barcelona se presenta como el respetable viajante de comercio y hombre de negocios Francisco Bravo. La discreción es su sello de identidad. En una ocasión le preguntamos de dónde era; nos dijo: «De todos los sitios y de ninguna parte». Unas veces lo hemos localizado en Sevilla, otras en Zaragoza, aunque sabemos que tiene su residencia habitual en el madrileño barrio de Argüelles y que en Barcelona se aloja como huésped en una casa de dos hermanas septuagenarias, una viuda y la otra solterona, situada en la céntrica calle de Aribau. Es tan celoso de sí mismo que no se conoce su vida familiar, ni aun la amorosa. Dice, quien le conoce bien, que en una ocasión el amor se burló de él, tanto que decidió enterrarlo; aunque, en estas cosas del corazón, uno nunca está seguro de haber cavado una fosa suficientemente profunda.

Es un tipo bien parecido, curioso en el vestir. Tanto es así que, cuando viaja a
Barcelona suele vestirse en la sección especial a medida de la sastrería de los
hermanos Pantaleoni, en el 13 de Puertaferrisa, donde le confeccionan los
trajes como a él le gustan, elegantes, prácticos y cómodos. Cuando está de
servicio viste, impecable, traje y corbata acordes con su talle gallardo y
esbelto, pero en sus momentos de ocio, que son pocos, prescinde de normas y
etiquetas para vestir camisas y pantalones de tejidos ligeros y frescos. No
soporta los tirantes. Jamás lo había visto nadie si no con la cara
perfectamente rasurada. Es atractivo, incluso podría decirse que muy atractivo.
Su piel es cobriza, casi tostada, como si siempre estuviese dorada por el sol.
Sus ojos son marrones, oscuros, tan expresivos como tranquilos, tan cariñosos
como afilados.

Discute sobre cosas, jamás sobre emociones. Sobre emociones, dialoga. Procura
comprender el punto de vista del otro sin que ello signifique que esté de
acuerdo con su interlocutor. Siempre trata de exponer sus argumentos y, si no
gustan o no convencen, procura tener otros en la recámara, llegando a dominar
el arte de la persuasión cuando el conflicto es de razones. Rara vez deja que opine el corazón. En su oficio, no se lo puede permitir.

Nelo siempre está de parte de los vencidos, de los eternos vencidos. Es muy dado a rebelarse contra la tiranía, se diría incluso que posee una válvula de seguridad para los ataques de indignación, lo que, probablemente, le ha salvado la vida más de una vez. Por ello, sabe comportarse como un tipo normativo que rara vez se extralimita en sus funciones.

Goza de poder, pero sabe utilizarlo. Tiene potestad para hacer favores a magistrados, jueces y autoridades con mando, y la utiliza con dignidad y sumo respeto. Se contenta con la justicia posible, aquella que se imparte con rectitud, saber relativo, probidad y austeridad. Con todo, vindica, como diezmo, la cabeza de los corruptos. No entiende por qué no se puede juzgar a quien juzga, a quien dispone con arbitrariedad de la libertad de los demás.

En el terreno religioso, podríamos decir que es más agnóstico que creyente. En su opinión, ¿por qué creer en Dios si se puede ser bueno por el solo hecho de serlo? Peca, como todos, y si lo hace sabe que recibirá el perdón de Dios. Al fin y al cabo, como él dice, «es su oficio».

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Fotografía de Peter Mathius. Clica sobre la imagen y sé feliz.

¿Que si es verdad lo que narramos?

Aquí nos gustaría responder aquello de «nada es verdad ni es mentira, todo depende del cristal con que se mira». Y, puestos a responder con tópicos, «la verdad casi siempre es más extraña que la ficción». Todos los personajes que desfilan por la novela han existido, de un modo u otro. Incluso nos podríamos plantear si alguno existe en la actualidad. ¿Por qué no? Puede que alguno de esos personajes lleve consigo un pedacito de nosotros mismos o, incluso, que nosotros llevemos algún pedacito de ellos.

Por ejemplo, Querol, el «pelmazo», un reportero incisivo, inquieto, capaz de
sacarte de tus casillas, molesto como una mosca en una herida y que, en cierto
modo, encajaría en el patrón de Goyo en sus primeros años de periodista.

En todo caso, en esta novela se recrean los acontecimientos históricos y el quehacer cotidiano que vivió la ciudad de Barcelona durante los días previos al levantamiento militar. Muchos de los personajes son históricos e interpretaron en líneas generales el papel que aquí les asignamos; hemos novelado, eso sí, su proceder en el día a día. Los protagonistas, así como la trama en la que se ven inmersos, son fruto de nuestra creación y pueden responder, o no, a la realidad de entonces. Aunque, y salvando las distancias, ayer es como hoy, y hoy es como ayer, a la vista de los acontecimientos.

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Clica sobre la imagen… hambre y cebolla

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Sinergia. Esa sería la palabra que describiría el trabajo a cuatro manos que ha dado como fruto El espía de Madrid.

Veamos: además de periodista, Goyo es experto en derecho y criminología y durante muchos años ha llevado las crónicas de tribunales para la agencia EFE. Así que no es extraño que un buen día se propusiera contar la historia de la cárcel Modelo de Barcelona; la conocía bien. Quería, además, novelar la vida de un tipo, un preso, que llegó a cogerle cariño a sus muros.

Pero eso de novelar no lo enseñaban en la facultad, así que se puso en contacto
con Joan Salvador, que ya había escrito algunos libros de ficción y se
ganaba la vida como editor. La historia que Goyo le contó a Joan, mientras caminaban por las calles de Barcelona, era buena. Fue ya a punto de
despedirse –después de horas de charla- cuando el periodista le explicó al
novelista que tenía otro relato: un espía de Madrid en misión en la Barcelona
de 1936 para descubrir a un enlace que, se sospechaba, ponía en contacto a
civiles de la trama fascista con militares dispuestos a alzarse en armas. Si la
primera idea era buena, esta otra era excepcional. Así que se animaron el uno
al otro y se pusieron manos a la obra. Bien, en verdad quien llevó la parte
dura de esta primera fase de creación de El espía de Madrid fue Goyo.
Tiene una capacidad de trabajo impresionante. El otro, Joan, es más
vago; en fin, más que vago, lento, porque es muy detallista, le gusta que todas
las piezas encajen, que el lenguaje sea preciso y claro, y que la historia
apasione. Desde que surgió la idea hasta que la dieron por terminada
transcurrieron casi tres años. Al final, con todo, valió la pena.

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Clica sobre la imagen… amo los mundos sutiles

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¿Continuidad? Lo cierto es que cuando creas personajes y procuras dotarlos de un alma te cuesta acabar con ellos.

En las últimas páginas del libro, resuelta la misión que lo llevó a Barcelona y sofocado el levantamiento en esta ciudad, el agente Nelo suelta unas frases enigmáticas: «No es el final. Ni siquiera es el comienzo del final. Es, tal vez, el fin del comienzo». Él se refiere, claro, al inicio de la Guerra Civil. Nosotros vemos en ellas una posibilidad.

Ayuda, cuando construyes un personaje, imaginártelo en las situaciones más dispares. Y a Nelo lo hemos imaginado ya involucrado en una truculenta historia, con asesinatos incluidos, acaecida en una iglesia de Barcelona en la que, según las primeras noticias, se han encontrado tres cadáveres: el de un joven circundado y crucificado boca abajo; el de un ciudadano de aspecto alemán que ha sido decapitado, y el de un hombre que vestía un hábito con un extraño símbolo en un puño y que ha sido ensartado como un animal de granja, al parecer con un cuchillo curvo. ¡Cómo no íbamos a seguir
su pista!.

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Clica sobre la imagen. Video promocional de “El Espía de Madrid”. Montaje: Alfonso Carrasco

EL ESPÍA DE MADRID. Barcelona, 1936

Goyo Martínez | Joan Salvador Vergés

SINGULAR – FICCIÓN

 

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A mi querido amigo Federico (hace 75 años que vives)

Querido Federico (V);

(“Herido de amor, en la voz de Ana Belén)

Querido Federico, cada día muero un poco más contigo y ¡vivo!. El hombre que viste camisa vieja, maldito bastardo, ha llamado al viajero para que venga a buscarte. Tu muerte, hostia de la comunión de unos que se decían  españoles y que dieron vida a una cruzada de plomo, sangre e ira, me da vida.

Se oye el sonido de un alfiler cayendo en la medianoche de la nada, y en la nada encuentro todo. Las palabras han descargado las armas; muerte y luego, más muerte. La jondura del silencio se ha hecho pero inquietas voces acuden a mí. Escucho el sonido de tu silencio, nuestro silencio. Grito en carne viva frente al rostro del demonio.

Demonio de corte fascista / fascista llaga / llaga en el gesto / gesto adusto / adusta garantía / garantía de eficacia / maldita eficacia / eficacia amargada / amargada dolencia / dolencia intestinal / intestino severo / severo en el alma / el alma torcida / torcida en el espíritu.

Mueres; muero un poco más contigo y vuelvo a vivir. El silencio estalla de tanto callar. El obispo reparte madiciones al paso del cortejo fúnebre que nada lleva. Y en la nada, todo. Los huesos para la tierra, tu alma fertil para nosotros. Lo que veo no existe y, sin embargo, lo estoy viendo.

Y la pena también tizna cuando estalla. Y estalla el silencio cuando mueres para que yo viva. Y hablo. Y me enfrento a vientos en varias direcciones y tormentas de diferente intensidad. Reivento sobre tu recuerdo el entorno, a cada paso; me hundo y me levanto. Bienaventurados los que están en el fondo del pozo porque ya no caerán más abajo.

Abismo y luego más abismo. Asesino al fantasma, el fantasma de cicatriz fascista. Y regreso, regreso junto a ti. Me disfrazo, nos disfrazamos de cordialidad. Soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista… Solo un hombre, ora maldito, ora maduro, que busca el sentido de la vida. Vida que me da tu muerte.

Trago rancio. Los fusileros, risueños, ingenuos ellos de su destino, marchan. Vaciado el cargador, vacías las almas. Almas de plomo, plomo de Dios y Lucifer. En el macadán queda por siempre tu espíritu.

Y en el carrusel de la vida, en tu nombre, requiebros de amor, amor de trato risueño y encantador, de distinta belleza, una belleza imperfecta, ¡perfección!.

El cielo pide paciencia. Me apunto otra derrota. La tierra de tus huesos medita por mí. Y tu muerte me recuerda lo resistente que es mi espíritu (humano) cuando quiere serlo. Azucarillo y aguardiente para endulzarme el momento, momento eterno.

Y las cosas que el diablo fascista intentó enterrar encontraron la forma de aflorar. No recuerdo si pasó de verdad o imagino que pasó. ¿Has muerto?; sólo herido. Vives, y yo contigo. Un estampita. Un Cristo. ¡Agua!.

Tuyo, en la herida, Goyo Martínez.

 

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Hotel Purgatorio

Por Goyo Martínez, Mollet del Vallès (Barcelona)

(con música; clica sobre la imagen, si quieres…)

He dado una vuelta por el mundo, crispado por la cólera que se revuelve en mi espíritu. Me queman las entrañas después de beber un amargo trago de realidad que se torna veneno. He vivido seis vidas. Me queda una. Y solo el recuerdo de instantes de felicidad, momentos exquisitos, periquetes de experiencias inolvidables me devueven cierta templanza a mi trastornada alma.

La violencia del veneno que Dios y el diablo, -en un pacto que ya no observo contra natura-, nos enviaron cuando decidieron crear este inmenso purgatorio en el que se ha tornado el mundo conocido, me retuerce y me derriba. El diablo campa a sus anchas repartiendo pena eterna y no hay Dios que lo remedie.

Quiero gritar y no puedo. Me ahogo de sed; agotó todas las posibilidades de experimentar los cientos de estados de ánimo que puedo manifestar y luego rompo a llorar. Y me veo en el espejo, y me digo: solo soy un hombre de barba rala y ojos tristes y el resto, un cuento chino o una tragedia griega. ¡Anda demonio!.

¿Qué hace la gente aquí, además de esperar la muerte y de hacer preguntas tontas?. Veo la vida como inmenso páramo yermo de cualquier humanidad. Solo somos bichos que transitamos azarosos buscando no sé qué por el rocoso terreno que Dios y el diablo, en una suerte de trampantojo, nos han tendido, camino de un precipicio donde la caída será eterna. Y solo algunos instantes de felicidad, que anhelo eternamente efímeros, mitigan esa sensación de desplome.

Grito en carne viva y sigo ahogándome. ¡Vete demonio!. Camino por el mundo y veo en América a pobres hasta la vergüenza, sin alpargatas que no llaguen su espíritu descendido a los pies, cultivando un pedazo de tierra que no es la suya por voluntad del plomo del diablo; veo en África a niños a los que les han robado la inocencia y la infancia, caminar sin rumbo. ¿Está escrito en el guión de la vida que deben morir incluso antes de nacer?. Que estén en pie no significa que estén vivos, y el veneno de la cólera y de la pena eterna fluye desbocado por mis venas.

Ya no se hace camino al andar. Dios, quizás, pasó por aquí pero luego el diablo borró sus huellas, dando vida a especialistas en canalladas que siembran un clima insoportable de incertidumbre. Quiero levantar la alfombra del mundo y barrer toda la mugre que se ha acumulado en este inmenso, descomunal, patio de vecinos.

De norte a sur, de este a oeste, un extraño otoño avanza con lenta opulencia. Ya no hay gentes que digan buenos días al amanecer y buenas noches cuando el sol se apaga, quizás para no salir más en mi angustiado espíritu. Es la nada brutal y perpetua de la muerte. Y luego, más muerte. Como si alguien se ocupara de borrar nuestras huellas.

Paseó solo, entre tentaciones. Una lluvia de epítetos, casi nunca selectos golpean mi mente entre aires de jaculatorias y lastimosos ayes que se ahogan. Se oyen pasos, sombras que vienen hacia mí; si pudiera escuchar una voz amiga, o tan solo conocida.

¡Remátalo!. ¡Remátalo, que aún está vivo!, se oye gritar entre carcajadas. Y a la vera, cualquier madre o cualquier padre no paran de llorar por la marcha del hijo que apenas sí ha nacido. Alguien les manda rezar un par de avemarías. Pero no saben, y siguen llorando.

Bienvenido a este mundo de complejas emociones, donde los héroes están sobrevalorados. Un día eliges a uno, lo admiras una semana y luego muere o desaparece. Donde tu camino ya no es, quizás, el mejor camino. Donde te aferras a una persona que no es lo que era. Donde los amigos de la cena serán los enemigos del desayuno. Donde solo hay flores secas que un día formaron un ramo. Donde se cierran y se abren puertas pero cuidado con el viento que sopla tras ellas. Donde hay imágenes fantasmales de fantasmas y, en el capítulo siguiente, el abismo, un abismal abismo.

El diablo ha venido. Y me ordena: “dígale usted a Pinocho que nunca será un niño de verdad”. Yo antes era periodista y, de tanto en cuando, vendía algunas alfombras persas. Ahora, solo dirijo un hotel llamado “el purgatorio”.

 

 

 

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