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DESDE EL CIELO

“Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis. Salgo sin llorar. Cuidar a mi madre. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermano y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar y abrazar. Besos para todos, que tú ni mis compañeras lloréis. Que mi nombre no se borre en la historia”.

Julia Conesa, de 19 años, modista de oficio, escribió estas palabras a su familia el 5 de agosto de 1939. Horas más tarde, según cuenta la historia, fue fusilada junto a doce compañeras junto a la tapia del cementerio de la Almudena de Madrid. Era una de las “trece rosas” que nunca se marchitarán. (De justicia es recordar que había otra “rosa” cuya muerte, como por obra de una macabra broma del destino, se ejecutó seis meses después, en febrero de 1940).

Como Julia, Carmen, Martina, Blanca, Pilar, Adelina, Elena, Virtudes, Ana, Joaquina, Dionisia, Victoria, Luisa ( y Antonia), – las 13 rosas más una-, fueron juzgadas el 3 de agosto de 1939 en juicio sumarísimo, a puerta cerrada y condenadas ese mismo día a morir fusiladas en un plazo de setenta y dos horas. Sin esperar a que expirase dicho plazo, los verdugos franquistas, cobardes, las ejecutaron.

Las jóvenes, casi unas niñas, imploraron morir junto a otros compañeros y compañeras que iban a ser fusilados ese mismo día, pero sus asesinos, cobardes y ruines, ni siquiera accedieron a conceder ese último deseo que incluso se otorga al peor de los enemigos.

Dicen las crónicas que Julia y sus compañeras recibieron la noticia de su condena con serenidad – quien teme a la muerte no es digno de la vida, y viceversa-, y repartieron sus pertenencias entre otras reclusas.

Acudieron a su cita con la muerte de la mejor manera: tuvieron el valor de lavarse y peinarse, se pusieron sus vestidos más bonitos y aguardaron con firmeza y orgullo, el que nunca tuvieron sus vergudos, su camino a capilla. Y aún tuvieron coraje para consolar a otras presas que lloraban y les transmitieron su felicidad al dar su vida por una causa justa: la libertad.

“Desde el cielo” es una parte de la barra del Café Romantic muy exclusiva y reservada a la narración de aquellas historias -a camino entre la ficción y la realidad, pero siempre basadas en hechos reales-, que nunca se han de borrar de las historia.

Un saludo desde el Café Romantic.

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Una respuesta a “DESDE EL CIELO

  1. Maritza Rivas

    07/08/2013 at 13:02

    A mi parecer y pudiera estar equivocada -ojala asi fuese- hemos crecido con tendencia marcada pero proporcionalmente inverso….fisica vs moral!!
    Por ello, muchas mas gracias a las trece y a cada ciento de treces que han dejado su cielo en el cielo que nos es comun y a veces tanto nos dice y no escuchamos …
    Anyway todo acuerdo, promesa le llega su tiempo de manifestacion y tal vez sea este el tiempo de comprender, asimilar y practicar en el dia a dia esas letras, esas voces del ayer…
    Gracias a ti por llevar tan bien el oficio de hacedor de alegrias, tristezas, realidades y fantasias y tantisimo mas con la “palanca” mas potente: la palabra….capaz de dar vuelta al mundo-literalmente-y estar de vuelta para seguir cambiando y renovando….
    Abrazos!

     

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