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CANDY CRUSH O QUÉ TUITEARÍA UN TEMPLARIO

CANDY CRUSH O QUÉ TUITEARÍA UN TEMPLARIO.

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CANDY CRUSH O QUÉ TUITEARÍA UN TEMPLARIO

Dicen que las pistolas las carga el Diablo y las dispara el hombre. De un modo muy parecido piensa el viejo de la imprenta sobre las nuevas tecnologías. ¡Curioso!, este apelativo. ¿Siempre serán tecnologías nuevas aunque sean viejas?

El otro día, sin ir más lejos, porque ir más lejos con el viejo supone retroceder a la era de la formación de la tierra, mirábamos juntos el mundo y nos sorprendía la extraordinaria velocidad con la que todo circula: la información, la comida, la charla, la brevedad, el aforismo… ¿ Qué fue del café largo, del tentempié pausado, del queso curado y del vino de reserva ?

Hoy, la gente se da un plazo de 95 tuits, tres cafés y un gintonic para cambiar sus vidas, virtualmente claro, maldijo el viejo.

A Dios pongo por testigo que he intentado en infinidad de ocasiones hacerle ver las bondades, utilidades y favores de esas que llaman nuevas tecnologías, en especial la red social. Pero, no hay manera. Mientras para  millones de seres la vida es aquello que pasa mientras se conectan a Internet, para él la vida sigue siendo aquello que le sucede mientras se empeña en hacer otros planes.

– Sabes que el planeta es hoy como un inmenso queso atravesado por redes, faxes, teléfonos, módems, Internet… -, expuso el viejo, rezongando-. Sabes que tu vida ya no te pertenece. Es propiedad de la red-, agregó refunfuñando aún más.

– ¡ Por Dios !,- exclamé imaginando un descomunal queso que se deshace poco a poco como los relojes de Dalí, de origen japonés, americano, coreano, tailandés o vaya usted a saber, fabricado con leche de una vaca que ni siquiera es una vaca, y bits, tuits, archivos y redes mezclados a modo de cuajo y triturados. ¿ Qué ha sido de la vaca de mi abuelo?, lamenté casi llorando.

Aún así, le intenté explicar que Internet permite conectar al instante a un chino – cuando se lo permiten- y a un americano – siempre bajo la atenta mirada de doscientos pares de ojos-, mientras un noruego hace un negocio sin moverse de la silla con un australiano, y un grupo de españoles se conciertan para llevar a cabo una cacerolada contra la crisis.

– ¡ Zarandajas !,- gruñó. Luego, suspiró y habló, como lo hace él, torrencial y contundente.

– Así parece ser la vida, hoy. En efecto, eso de Internet permite encontrar con rapidez la información. Pero, ¿ qué hay de cierto en ello ? Puedes obtener un consejo médico a través de esos malditos trastos y no sabes si viene de un Premio Nobel, de un médico, de un mecánico o de un carnicero.

¡ Por Dios!, exclamé de nuevo imaginando a mi mecánico tiznado de mugre tratando de explicarme cómo poner remedio a mi dolor de estómago luego de un buen plato de callos mientras cambia el aceite del coche, que pierde líquidos por todas sus juntas.

Y aún así, lo seguí intentando. Pero, todo fue en vano.

– La comunicación triunfa, – grité.

– La incomprensión, también, – gritó aún más el viejo.

– ¡ Internet nos une, nos conecta !

– ¡ Internet nos abduce, nos posee… Nos seduce, fornica, yace y se va !

– ¡ Internet es el primer gran invento de la humanidad !

– ¡ Internet es la primera cosa que la humanidad ha construido y que la humanidad no entiende !

– ¡ Internet es libertad !

– ¡ Internet es una infinita e indefinida cárcel virtual en la que cualquier pendejo electrónico puede construir un mundo en el que te pueden reducir la cabeza como a un jíbaro !…

Cuando ya no hubo más argumentos y otras tonterías que gritar, callamos. El silencio nos vino bien. En realidad, el silencio siempre va bien cuando lo que se va a decir no es más bonito que el propio silencio. Y el bonito silencio se rompió sólo durante un instante, el que necesitó el viejo, mi querido viejo, para inquietar aún más mi inquieta cabeza:

– ¿ Para qué se habría usado Twitter en la antigüedad ?… ¿ Que tuitearía un templario ? ¿ Y un romano ? ¿ O   Atila, Da Vinci, Colón, Napoleón o nuestro querido señor Marx (Groucho, por supuesto?.

El Café Romantic presenta hoy un curioso y breve relato dialogado de Rafael Rodríguez Torres, de Barcelona, que invita a una necesaria reflexión de quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos en la frenética, e incluso enajenada, era que vivimos.

Imagen con música: My Immortal – Evanescence

– ¿ Tienes twitter?
– No.
– ¿ Y Facebook?
– No.
– ¿ Cuenta en youtube?
– No
– ¿ En H5?
– No.
– ¿ Y en tuenti?
– Tampoco.
– Pero, ¿ tú pero que tienes?
– ¡ Una vida!…

… ¡ Pues mándamela para el Candy Crush* !

* Según Wikipedia, Candy Crush Saga es un videojuego para teléfonos inteligentes y Facebook en que cada jugador tiene un número predeterminado de cinco vidas, cada vida es restaurada después de una media hora. Si el jugador no cumple con el objetivo del nivel o el jugador no cumple con la puntuación mínima, se le resta una vida. El jugador tiene la opción de pedir a los amigos más vidas por Facebook, comprar un artículo de restauración de vida o la compra de un artículo especial que amplía el número de vidas que el jugador tiene por defecto, o adelantar la fecha en su dispositivo para obtener al instante más.

 

 

 

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FUNAMBULISTA

  • ¿ Qué te ocurre?, mi querido joven e inexperto amigo.

  • ¡ Me he saturado ! No sé hacia dónde tirar.

  • ¡Ah!, el típico bloqueo. Pensaba que era algo más grave.

  • ¿ Qué puede haber más grave que el bloqueo de uno mismo?

  • El mundo sin un libro; un café frío; una paella sin arroz; un bosque sin árboles; un río sin agua; un corazón de piedra; una conversación sin palabras; el sexo sin amor; un sol que no caliente; la eternidad de lo provisional; una memoria sin recuerdos; un día sin buenos días; una vida sin música; unas cuantas cartas en el buzón y ninguna de amor; noches sin sueño; buscarse y no encontrarse; ser el mejor de los peores; tener algo que decir y no decirlo; la fe incompleta; una sonrisa sin una lágrima; los limones que te da la vida cuando lo que tú has pedido es un chuletón y un buen vino…, qué sé yo,  ¡ hay tantas cosas más graves !

  • ¿ Y qué debo hacer ?, querido viejo.

  • ¡ Párate !

  • ¿ Aquí ?

  • Aquí es perfecto

  • Pero…, ¡estoy al borde del precipicio!

  • Todos lo estamos alguna vez.

  • ¿ Y, ahora?

  • Piensa, y decide.

  • ¿ Qué debo decidir ?

  • La decisión a tomar.

  • ¿ Me ayudas ?

  • ¡ Por supuesto…! ¿ Tienes papel y bolígrafo ?

  • No creo que sea el mejor momento ni el mejor lugar para ponerse a escribir.

  • Me has pedido ayuda, ¿ cierto?

  • ¡ Cierto !

  • ¡Pues escribe!

  • ¿ Qué debo escribir ?

  • ¡ Los caminos que ves !…

  • … ¡ Dos !

  • Ahora, anota los pro y los contra de cada uno de ellos…

  • … Tengo más contras que pros.

  • ¡ No te preocupes ahora por eso ! Asígnales un número.

  • ¿ Al azar ? ¡No!, eso sería fatal. Debes numerar siempre en función de la importancia que tienen para ti las ventajas e inconvenientes…

  • … ¡ Siguen existiendo más inconvenientes que ventajas ! ¡No te obceques !, ahora la corregiremos. Suma y resta los números… ¿ Lo tienes ?

  • ¡ Lo tengo !

  • ¿ Cuál es la opción más correcta ?

  • La primera… ¡ desde la lógica !

  • ¿ Cuál es tu opción ?

  • ¡ La segunda!, desde el corazón…

Elegí ese camino, sin saber que descartaba otros caminos, quizá mejores. Pensé en buscar consejero pues necesitaba consejo, y quién mejor sino el viejo de la imprenta. Mi cerebro, muchas veces estrecho, más de las debidas y deseadas, tenía la acentuada manía de eliminar lo que no le encajaba. Le di un par de vueltas a la idea en la cabeza antes de rechazarla. Hasta entonces buscaba soluciones sin enjuiciarlas, unas absurdas y disparatadas, incluso descabelladas, y tomaba una de ellas.

La situación era absurda y disparatada. Me encontraba yo al borde del precipicio, a punto de caer al vacío sin red, cuando el viejo me invitó a escribir. ¿ Quién diablos se pondría a escribir y decidir en un momento semejante ? ¡Loco viejo !, grité en mi pensamiento. Me sentía como un desconcertado funambulista  que debía volver a la pista de la vida tras un sonado fracaso. ¿ Qué debía hacer ? ¿ Me quedaba allí quieto, en el alambre, esperando a ver porqué lado iba a caer ? o ¿debía seguir caminando sobre la cuerda, o incluso danzar ? ¿ Habéis visto alguna vez a un hombre suspenso en el aire con su camino y que tiene la planta del pie más ancha que la senda por donde va ? Ese era yo.

Sin embargo, a medida que pensaba y escribía sentí que ganaba en equilibrio, como el ya no tan desconcertado funámbulo que se anima con los primeros aplausos del público.

El viejo me hizo pensar en el problema desde diferentes lugares, y luego desde distintas emociones. ” Haz las cosas que te salen del corazón. Quizá te equivoques pero estarás satisfecho”, me susurró. Parecían gritos.

Una vez concluí la escritura, hice un análisis racional de la cuestión pero también dejé que opinase mi corazón. Advertí que decidir era una tarea colosal. Las emociones tienen fama de enturbiar la razón, pero sin ellas no podríamos decidir. Imaginé que tenía 90 años, que la muerte estaba cercana para tomar la gran decisión, la decisión de mi vida). Entonces, todo el orgullo, todo el miedo al fracaso o al ridículo, todo frente a la muerte se desvaneció.

El siguiente paso fue ejecutar la decisión. Por supuesto, no dejé pasar el tiempo aplazándola. Lo contrario hubiese sido criminal, el asesinato de la oportunidad, como una vez dijo el señor Wilde.

¡Gracias, querido viejo ! He logrado atravesar la cuerda y no he caído.

El Café Romantic presenta una poética postal de María Formoso, de A Coruña, sobre alguien, una mujer, aunque también podría ser un hombre, que debe decidir… Imagen con música: Ismael Serrano, Vértigo.

 

 

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EL LEGADO

Ayer durante la cena me hablaba el viejo de la imprenta de la existencia de un Reloj del Apocalipsis o Reloj del Juicio Final. Por lo visto, tras la II Guerra Mundial, y asustados por el alarmante auge del armamento nuclear, la junta directiva del Boletín de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago – siempre la Universidad de Chicago-, creó este reloj simbólico para representar el riesgo permanente de desaparición de la raza humana.

El viejo me contó que, según estos científicos, los humanos estamos siempre a minutos de la media noche, hora que utilizan para representar el apocalipsis. En 1947, año de nacimiento del reloj, colocaron sus manecillas en las 23:53 horas, es decir a siete minutos para el final.

Sin embargo, calculé mentalmente y caí en la cuenta de algo que me pareció injusto: mientras en Chicago, el fin llegaría a las 23:53 h. del 19 de agosto, aquí lo haría a las 06:53h., en Tokio, a las 13:53h. y en la Polinesia francesa ya sería incluso 21 de agosto.

No calculé la hora en Londres. Primero, porque no me importaba demasiado, aunque esa no es una razón de peso. Y, segundo, porque los británicos siempre van a la suya en cuestión de horarios, sentidos, direcciones…, lo cual detesto. Y aún detestó más su arrogancia de que son ellos los que poseen la verdad de lo correcto y nosotros, los equivocados.

En definitiva, el fin alcanzaría a unos cenando, a otros despertándonos, a otros comiendo y a los de más allá, poniéndose el pijama porque alguien, caprichoso, quiso que el ser humano nunca vaya a la misma hora.

El viejo, que a medida que pasan los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses y los años ganan en curiosidad – quizás sea por eso que se mantiene viejo-, me explicó que, en cada número del Boletín de la dichosa Universidad de Chicago, y en función de los acontecimientos, las manecillas se actualizan, pudiendo atrasarse o avanzar hacia el fatídico final, como si el hombre tuviese una suerte de poder universal para decidir sobre su destino. ¡ Ilusos !, pensé. El viejo me dio la razón.

En un primer momento, el movimiento del reloj dependía del riesgo nuclear, pero con el tiempo se empezaron a tener en cuenta otras circunstancias como los avances tecnológicos, el cambio climático, los movimientos geopolíticos, etc.

– Dicen – detalló mi querido viejo- que el momento en el que hemos estado más cerca del Juicio Final fue en 1953, cuando EEUU y la Unión Soviética empezaron a realizar pruebas con su armamento nuclear. Nos quedamos a 2 minutos. Por el contrario, la vez que más lejos hemos estado fue precisamente cuando esas mismas potencias, en 1991, firmaron los tratados de desarme que daban por finalizada la Guerra Fría. Estuvimos a 17 minutos.

– Y, ¿ cuándo se actualizó por última vez ?

– El 11 de enero de 2012, que nos dejó a 5 minutos del fin de la Humanidad.

Entonces, ambos reflexionamos en voz alta: si los científicos atómicos de la Universidad de Chicago hubieran leído los periódicos de los últimos días, semanas, meses… hubieran tenido que sacar números especiales de su Boletín cada día, adelantando y retrasando varios minutos las agujas reloj acercándolo al fatídico momento.

Ayer, sin ir más lejos, porque si lo hacíamos el reloj podría volverse loco, conocíamos que Egipto, por enésima vez, está al borde de la guerra civil – si es que no lo está ya, al menos en la hora de la Polinesia francesa-; que nos acechan los “lobos solitarios”, los yihadistas que combatieron en Siria y que han regresado sin otra ambición que matar porque si no, son como chimeneas en verano; que un soldado americano se puede pasar la vida en prisión por revelar secretos – un nuevo ejemplo de la estúpida democracia estadounidense-; que el nieto del Rey de España, Pablo -no citamos aquí su apellido porque la criatura no tiene la culpa de tener el padre que tiene- aún está enfadado porque su primo, el indomable Froilán – ¡ vaya familia !- le intentó ensartar con un pincho moruno, y que, trescientos años después, España y Gran Bretaña aún andan a la greña por un peñasco – con nuestras disculpas y respetos a los gribaltareños-.

Y, por si fuera poco, políticos, obispos y arzobispos no dejan de hablar de la vida de los demás, de cómo deben llevarla, de cómo deben vivirla, como si la suya fuera la única vida posible.

No queremos ser pájaros de mal agüero ni tampoco pretendemos dar la razón a los mayas, pero anoche nos pareció oír los cuartos – toc, toc, toc, toc…- que anuncian un nuevo fin. Sin embargo, hicimos una llamada a los científicos de la Universidad de Chicago, a eso de las 23:53h, para comunicarles que Alemania ha creado un “tercer sexo”, que han descubierto un astro extrasolar del tamaño de la tierra y cuyo año solo dura ocho horas y media, y que el Gobierno de España – ¡ canallas !- se gastará más de 214.000 euros para restaurar la fachada del Valle de los Caídos -sus caídos-, según un contrato que adjudicó el pasado 18 de julio, día del Alzamiento de los bastardos franquistas… Con noticias como éstas, era necesario retocar la hora del reloj, les dijimos a los científicos estadounidenses.

El Café Romantic presenta un breve relato de Luisjo Goméz, de Barcelona, extraído de su libro “El legado del Valle”, escrito a cuatro manos con Jordi Badía. La obra relata las investigaciones de Arnau Miró en torno a la muerte del único familiar vivo que le quedaba, su tía María. La mujer ha muerto en extrañas circunstancias en su casa de la Vall de Boí (Lleida) donde guardaba un objeto que podría cambiar la historia de Occidente para siempre. Las ansias por destruir este misterioso objeto, han provocado centenares de muertes a lo largo del último milenio, siempre con la pretensión de conseguir que la humanidad no llegue a conocer nunca lo que ellos llaman “Legado”.

Imagen con música: U2 – With Or Without You

“Me senté sobre los restos de muralla que, callada, parecía evocar grandiosas epopeyas. Por vez primera sentí cómo entre las juntas de sus piedras rebosaban aún sangre y leyenda: el eco de una lejana historia olvidada en el tiempo que llamaba con insistencia mi atención, para regresar de un silencio secular… Tanta sangre, tanta sangre…Demasiada religión en el mundo para que los hombre se maten entre sí; no la suficiente para que se amen…”

 

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DESNUDÁNDONOS

La luna fue indulgente y permitió que nos deleitáramos con la lluvia de las Perseidas. No hicieron falta sofisticados equipos telescópicos ni tampoco ascender a la montaña más alta del mundo para contemplar las lágrimas de San Lorenzo. Teníamos lo necesario: nuestros ojos y nuestro corazón abiertos de par en par; nuestro espíritu, en paz; nuestros deseos, entre la locura y el equilibrio, y también un cielo despejado. ¡Gracias San Lorenzo!.

– ¡ Qué bonito el verbo deleitarse ! – observé.

– ¡Cierto!, mi querido y joven amigo. ¡Ay! si el mundo supiera de su existencia… –  registró el viejo de la imprenta, capaz de deleitarse con el primer café de la mañana, y el último té de la tarde, o con un buen libro, o dando las gracias, o regalando buenos días, tardes o noches, o comiendo un simple muslo de pollo, o mirando al cielo, o… con todo lo que hace, dice, piensa, siente, mira o sueña.

– Disculpa, querido viejo. Creo que se me ha metido una perseida en el ojo.

– Pues, debo advertirte de que, posiblemente, estás enamorado.

– ¿ Enamorado ?

– ¡Sí ! ¿ Acaso no has oído hablar del amor ?  Ese sentimiento que es una bendita condena.

– Pero…, en realidad, ¿ qué es el amor ?

– Creo que necesitaríamos una eterna lluvia de perseidas para describirlo… Lástima que ni siquiera en el amor el hombre se ha puesto totalmente de acuerdo.

– ¡ Debería ser sencillo definirlo !

– Te prometo que hablaré de ello con los académicos de la lengua y de la vida. ¿ Sabes que existen hasta catorce acepciones y otras veintiuna locuciones y expresiones verbales, adverbiales, coloquiales, en uso, poco usadas y desusadas para describir un sentimiento de cuatro letras ? … Hasta el hortelano, el almorejo, el arbolito de las malváceas, el agua, Dios, los girasoles, lo gratuito, la voluntad, un conjunto de mil unidades, las bulerías, el derroche, la burla, la cuarentena, la lejanía, las madres, la libertad o la lumbre tienen su propio amor… Incluso los hay que confunden el amor con un fenómeno sobrenatural, la complejidad, la experimentación, los cuestionarios, las probetas y… las máquinas tragaperras.

– Debo confesarte que yo, de mayor, sin dejar de ser yo quiero ser como tú…

– ¿ Viejo ?

– Viejo, y romántico.

– Vigila no te quemen en una hoguera por ser romántico, por amor… como a San Lorenzo.

– Pues que quemen en una hoguera. De hecho, creo que el hombre que no es romántico no es hombre. ¡ Ya sabes !, más vale haber amado y perdido que nunca haber amado…

– Yo, de mayor, siendo yo también quiero ser como tú.

– ¿ Joven e inocente ?

– Joven, inocente y romántico… Qué equivocados están aquellos que piensan que el romanticismo es algo anticuado o cosa de mujeres.

– ¡Cierto!, querido viejo. Sin embargo, hay una cosa que me preocupa. Pienso y vuelvo a pensar y siempre encuentro algo que relaciona el amor con lo feo o lo sórdido. Sin ir más lejos, los que matan por amor…

– ¿ Te refieres a los del género “la mate porque era mía…” ?

– ¡ Por ejemplo…!

– Esos no son amantes, son (im)perfectos canallas. Nunca han sabido qué es el amor y nunca lo sabrán, más allá de ellos mismos. ¡ Los odio!

– ¡ Yo, también ! ¡ A la hoguera con ellos!

– Sabes mi querido joven, inocente y romántico amigo. Sólo se me ocurre una cosa perfecta en el mundo…

– ¿ El chocolate ?

– ¡ La mujer !

– Pero, las mujeres también son imperfectas.

– Cierto, pero sus imperfecciones las hacen perfectas, aún en el dolor más abismal por el abandono. En nosotros, las imperfecciones nos hacen cada vez más estúpidos.

– ¿ Y si Dios fuera mujer ?

– Quizás las cosas irían mejor…

 …

-¡ Se lo diré!

– ¿ Qué le dirás ?

No sé tú, pero creo que esto está llegando a un punto al que jamás había llegado. Me tiemblan las manos, se me secan los labios, se me acelera el corazón. Dime, ¿qué me has hecho? Necesito una explicación. Sé que es posible que no haya explicación lógica pero inténtalo, dime que estoy loco, que un virus ronda por mi cuerpo, pero por favor no me digas que estoy enamorado de ti. Le diré que la quiero cuando tiene frío estando a veintiún grados; que la quiero cuando tarda una hora en pedir el primer plato; que la quiero con esa arruga que se le forma aquí cuando me mira como si estuviera loco; que la quiero cuando, después de pasar el día con ella, mi ropa huele a su perfume y quiero que sea la última persona con la que hable antes de dormirme por las noches…

– ¡Díselo! y deléitate, deléitala, deleitaos juntos.

El Café Romantic presenta un romántico relato de La Dama se Esconde, desde Murcia, una polifacética artista que, en su vida, lo arriesga todo y se desnuda… por amor, porque no sabe hacerlo y decirlo de otra manera. Hasta cuando fríe un huevo – cosa que no es tan sencilla como parece- derrocha amor.

Imagen con música: Peter Gabriel & Kate Bush – Don’t Give Up

Me he desnudado de todo
de lo viejo,
de lo incierto
de palabras,
silencios
recuerdos,
Me desnudo de ti
de tu vida entre mis sábanas.
Me he desnudado de todo
del presente,
de la cal blanca de tus manos
del aceite verde oliva de tu vientre,
de besos sabor a limón
o canela.
Me he desnudado de tus llamadas
de tu frente arrugada por los años
de tus huellas impresas en las mías
De tu sabor a menta, tomillo, o
silencios.
Me desnudo
en la tarde de verano
con la siesta acurrucada
entre mis penas
Y tristezas…
Mi futuro… de él no sé nada
Si será vestido de encaje y primavera
o un otoño tranquilo
preñado del zumo de la uva,
del canto de un mirlo
de colores en mi paleta.
Un vestido me coso con el presente
sin zurcidos del pasado
con el hilo plata
de un futuro
donde las runas dibujan
el contorno del mapa
de mis noches y mis días. 

 

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DECÁLOGO DE PENSAMIENTOS CASI ÚTILES PARA MALOS MOMENTOS

En una ocasión, para mi fortuna, el viejo de la imprenta me sorprendió intentando gritar ante un espejo. Quería gritar y no podía. Maldije a aquel que se manifestaba en el espejo. Me pareció ver la silueta de alguien que se insinuaba más que enseñaba, perdido en su búsqueda de un territorio propio.

Era la silueta de alguien que se ahogaba de sed, que agotaba todas las posibilidades de experimentar los cientos de estados de ánimo que podía  manifestar y luego rompía a llorar. Me vi el espejo y me dije: solo soy un hombre de barba rala y ojos tristes y el resto, un cuento chino, cuando no una tragedia griega. Sentí miedo, un miedo indefinido, infinito. Sospeché que comenzaba a metamorfomearme.

– Disculpa, querido viejo, ¿ son iguales todos los espejos ?

Como si el asunto no fuera con él, como si la cosa fuera la más sencilla del mundo, el viejo me invitó a mirarme otra vez en el espejo. El pánico adensó. Por momentos, sentí que hablaba a mi sombra, al negativo de mi mismo. O peor aún, a un fantasma. El viejo acercó una vela encendida y espetó, ¿ qué ves ?

En ese momento callé. Aún con el cuerpo empapado de temor, reuní el coraje suficiente y estudié mi propio rostro frente al espejo que parecía romperse, como si fuera otra persona. Por fin, observé trazos de lo que no quería ser, visos que difuminaban la figura que sólo se atrevía a insinuarse.

El viejo apagó la vela. ¿ Qué ves ? Dime si es una persona o un monstruo.

– Persona -, susurré.

– ¿ Sólo una apocada persona que susurra o una persona que le grita a la vida, y la celebra ?

– ¡ Una persona ! – exclamé, casi vaciándome.

– Dime si es alguien sincero o toda una mentira.

Medité la respuesta. El viejo encendió de nuevo la vela. Vi a alguien que no era sincero incluso cuando decía que no lo era. Alguien que no podía ser lo que era, alguien que, incluso, no podía decir que estuviese en desacuerdo con el otro… Nuevamente, apagó la vela. ¿ Dime qué ves ? ¡ Lo vi !.

– Alguien que quiere dejar su huella con profunda sinceridad, que quiere cruzar barreras y le recuerde así la humanidad. Alguien que promete sinceridad, aunque no imparcialidad.

A continuación, el viejo encendió todas las luces posibles de la casa. Iba como un loco de aquí para allá, encendiéndolas y apagándolas. Dime, ¿ lleva una sonrisa en la cara o una simple curva ? Miré al del espejo para ver qué hacía y comprobé que llevaba una sonrisa, como el escocés que descubrió que una sonrisa es más barata que la electricidad y da más luz.

Luego, ya en calma, con la casa a oscuras y la vela humeante, el viejo me presentó a la figura del espejo que parecía cobrar vida para saltar de él y gritarle al mundo su presencia.

– ¡ Hola !, mi querido joven. Soy tú, y estoy encantado de conocerte, – dijo la figura a modo de jovial saludo. Llevaba puesta una sonrisa de gigante. No era una sonrisa pintada ni retocada con uno de esos mentirosos programas informáticos. Era, simple y genuinamente, sincera. Tampoco era un rostro pactado ni había impostura en su postura. Le estreché la mano y me respondió: ” el agua para hervir necesita vapor y yo, para vivir, te necesito a ti…”

El Café Romantic presenta un original decálogo de la rica y profusa imaginación de Mercè Roura, la periodista de Badalona. Imagen con música: Un nuevo día brillará, Luz Casal.

Todo se hunde, pero es sólo en tu cabeza. Allí habitan los grandes peligros y las grandes ocasiones para todo. Tú mandas, tú diriges tus pensamientos… Tú escoges si vas a ser la protagonista o a mirar tu vida desde la platea. Eres lo que piensas que eres. Piensa bien.

-Te pongas como te pongas, mañana vas a tener que levantarte y plantar cara, mejor que esa cara esté en buenas condiciones. Mejor que te vean radiante. Que sepan que te recompones cada día. Que eres resistente. Cuanto mayor sea la tragedia, mayor la sonrisa. Hazlo por ellos pero, sobre todo, hazlo por ti. Estás mal ahora, pero no estás sólo

-No te avergüences. Acabas de pegar un grito horrible, pero no eres esa persona con cara de caimán en la que te has convertido mientras te enfurecías. Ni tampoco esa que todo lo traga después de una tarde plácida. No eres una hiena, has tenido un mal momento. Si quieres, puedes poner el contador a cero desde ahora. No vivas del pasado más que para aprender de él, no dejes que te atormente. No te obsesiones con el futuro. Vive el presente. Tú vida empieza ahora… Después del grito… Y la próxima vez que vayas a transformarte, si puedes, avisa.

-Equivocarse es maravilloso. Tu imperfección te hace perfecto para cometer errores. Estás diseñado para ello porque es necesario y básico para vivir. Fastidiarla es la única manera de saber escoger entre el grano y la paja. No hay fórmulas de éxito, no hay caminos correctos. Equivócate sin complejos, no dejes de hacer nada por miedo, vergüenza o sentido del ridículo.

-Porque… ¿Crees que has hecho el ridículo? ¿ante quién? ¿te esconderías en los confines del mundo? ¿te sientes feo, absurdo, desgraciada, cansada, revuelta, indigno? No lo piensa nadie más que tú y si lo hacen es su problema. La ridiculez está en tu mente, has aprendido a creer en ella… Haz el ridículo. Hazlo cada día hasta que se te olvide si lo haces o no y pierdas el sentido… Hasta que no sepas donde está la cordura o la sensatez. Hazlo como ejercicio, no importa cuanto tiempo dure el experimento mientras te seas siempre fiel.

-Ilusionarse es una droga. Tenla en vena siempre. Sé adicto a las ganas y al entusiasmo. Es el material para fabricarlo todo. Tal vez hoy has visto cosas que te han puesto los pelos de punta y has tragado injusticia y desidia, por eso vas a necesitar una ración extra de pasión para mañana. Para llegar más lejos, para mejorar esta versión de ti que aún tiene miedos, pero que busca justicia. Muévete, haz, no te quedes quieto que te oxidas. A medida que andes, el camino se irá dibujando ante ti.

Vas a tener que correr riesgos. El mayor de ellos pero el más necesario ser tu mismo. Y eso encandilará a muchos y levantará ampollas en otros. Sigue, eres lo más auténtico que tienes para vender. Lo único. Asegúrate de que sabes quién eres y qué quieres. Busca lo que te hace distinto. Y lánzate.

Sé honesto. No vendas humo. Vende tus ganas, tu talento. Que no te pillen intentando ser quién no eres, ni soñando con cabeza ajena. Si no te gusta tu circunstancia cámbiala. Si de momento, no puedes, píntale las paredes de colores vivos a la celda, que parezca un campo de oportunidades.

Aférrate a los tesoros que posees. Agarra lo bueno de la vida y siéntete afortunado. ¿Amas? ¡Menuda suerte! Eso es lo más grande. Hazlo con toda la intensidad de que seas capaz, pero siéntete libre. El amor es libertad y al mismo tiempo entrega. Recuerda, tú no mendigas amor. Nunca. No te quedas con las migajas, te comes el pastel porque te lo mereces todo. Y lo das todo. Quiérete mucho.

Perdónales, pobrecillos. No saben, no pueden porque no quieren. A menudo no llegan porque su rencor es una barrera. Merecen más compasión que desprecio. Tú si puedes, olvida. Lo más seguro si quieren fastidiarte es que vivan pendientes de ti… Libérales ignorando sus miradas.

 

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LA MALDITA LÍNEA (dos que antes fue uno)

– ¿ Dónde estamos? – le pregunté al viejo de la imprenta luego de una larga caminata por el puerto de mi paciencia. A veces navego a la deriva por ese puerto pero, por fortuna, el límite de mi paciencia está lejano y no lo he alcanzado nunca, ni espero hacerlo. Dicen que la paciencia es una virtud, que las cosas buenas les pasan a los que esperan. Por supuesto, también dicen que aquel que duda está perdido. Llegados a aquel punto, yo esperaba del viejo una buena historia que narrar. Y, por supuesto, poniendo a prueba una vez más mi paciencia, no me defraudó.

El viejo me había conducido hasta un pueblo que el destino quiso situar en la frontera entre dos regiones, dos naciones, dos maneras de ver la vida, dos maneras de pensar, dos maneras de sonreír, dos maneras de llorar, dos maneras de hablar… incluso dos maneras de cocina y dos maneras de enterrar a sus muertos.

– ¡ He aquí el porqué de las cosas ! – dijo sobre aquella incomprensible dualidad, al tiempo que señalaba con el dedo una línea de pintura blanca que ni siquiera el paso del tiempo había conseguido borrar.

Nos sentamos en lo alto de una elevación natural del terreno. A mí no me pareció más que una cima, pero para los de la parte derecha del pueblo era una colina y para los de la izquierda -según la división mental que tracé-, era una montaña. En todo caso, y lejos de las disputas vecinales, se divisaba el pueblo, o los pueblos (para no herir susceptibilidades).

– ¿ Qué debió ocurrir en aquel lugar?, que un día fue un pueblo y, ahora, eran dos – me pregunté, naturalmente con cara de interrogante que el viejo advirtió. Si no hubiera puesto esa cara, a buen seguro, mi querido viejo me hubiese tachado de tonto por no hacerlo. Pero he aprendido a preguntar, aún pareciendo un tonto unos minutos, que no preguntar y ser tonto por siempre.

Su historia no se hizo esperar, colmando mi impaciencia.

– Dicen que un día, hace mucho tiempo, tanto que sólo los más viejos del lugar lo recuerdan, llegó al pueblo un hombre de traje gris y encorbatado sin más equipaje que una maleta y un par de mudas. Dicho hombre, de cuyo nombre no se acuerdan, ni tampoco quieren acordarse, acudió al hostal del pueblo cuando era un sólo pueblo, pidió una habitación cuando el hostal era un sólo hostal, comió un plato cuando sólo se servía un plato y, sin hablar con nadie, se dirigió a un extremo del pueblo, seguido entre cuchicheos por todo el asombrado pueblo, cuando era un sólo pueblo y su asombro era único.

¿Quién era el hombre del traje gris y corbata?, se preguntaron los lugareños, cuando el lugar era sólo uno. Y, ¿ por qué había ido allí?, cuando allí aún era un tranquilo y pacífico singular…(Cabe detallar que aquellos lugareños apenas sí habían visto hasta entonces una corbata, prenda que asociaban con un lugar llamado ciudad donde, según tenían entendido, se dedicaban a la política y otras pamplinas similares)

Sin abrir la boca, la única que tenía, el hombre del traje gris y encorbatado se encontró con dos hombres con aspecto de trabajadores de un organismo al que llamaban ministerio y que iban dotados de una máquina de pintura, como aquellas que se emplean para marcar las líneas horizontales de las carreteras.

El hombre del traje gris y corbata, en nombre de las órdenes que había recibido de aquel lugar llamado ciudad, hizo unas comprobaciones métricas, analizó un plano, oteó el horizonte y ordenó a los dos operarios que iniciasen la marca de la línea…

Se pasaron toda la tarde trazando esa línea. Al final del día, aún en crepúsculo, observaron satisfechos el trabajo realizado. La línea había partido en el pueblo en dos. Era visible. Siempre lo sería. Partidos quedaron el ayuntamiento, la escuela, la iglesia, el cementerio, la calle mayor, el parque central, el campo de fútbol, la balsa que luego fue piscina, la pista de la petanca y hasta el banco de toda la vida donde dos simpáticos y corrosivos viejos, como aquellos de nuestros añorados Teleñecos, siempre se sentaban para mofarse de ellos mismos y de todos los demás…

– Y, ahora, mi querido y joven amigo, deberías preguntarme qué ocurrió a partir de entonces, – formuló el viejo mientras yo, para mis adentros, imaginaba ya el rocambolesco escenario que aquella (in)significante línea de pintura blanca había dibujado. ¿ Qué ocurrió, querido viejo?, pregunté, para su satisfacción, y también la mía.

– ¡ Pues que ya nada fue igual en el pueblo que antes fue un sólo pueblo… !, – anunció con voz pausada, cada vez más apagada, como si también a él le hubieran partido en dos.

El descontento, como el desconcierto, adensaron. Algunos querían cruzar la línea, a la que muchos llamaron abismo y unos cuantos, el llano.

Algunos – prosiguió el viejo- quisieron cruzar esa línea a la que muchos llamaron abismo y unos cuantos, el llano. Pero, ¿ por qué querrían cruzar esa línea?, nos preguntamos el viejo y yo con la mirada, en un mundo donde casi nada sucedía por casualidades angelicales.

El entusiasmo una vez se trazó la línea no dio paso a una reflexión crítica sobre la peligrosa, por absurda, situación en la que se adentraban. “Démosle un voto de confianza”, se decían con rostros entre la esperanza y la palidez. “Sólo quiero llevar mi vida y ser feliz con mi familia”, respondían los que no quisieron traspasar nunca la línea y les importaba un carajo si estaba o no allí.

En la plaza que un día, en época de los tatarabuelos fue la de la iglesia y en época de los bisabuelos la mayor, unos se encontraban porque se citaban y otros no se citaban porque ya se encontraban. Era, popularmente, la plaza de la Liberación porque un día los jóvenes de ambos lados de la línea, en un acuerdo sin precedentes y, posiblemente, sin consiguientes, leyeron en Internet que todos los pueblos debían tener su plaza de la liberación. No obstante, para unos era la plaza de la Independencia, aunque en el callejero figuraba como la plaça del sis d’octubre. Para los otros, era la plaza de la Autonomía. Allí, todos mantenían acaloradas discusiones sobre el modelo de estado a construir; mejor dicho, a reconstruir. Era su forma de matar las horas ya muertas, pocas, pues necesitaban todas las horas de la jornada para ganarse el pan. Eran sólo destellos de filosofía política, barata, pero filosofía al fin y al cabo; política, al fin y al cabo. Los recelos eran inevitables. Las religiones, por fortuna, las llevaban en el corazón. Los de este lado de la línea se quejaban con la garganta. Los del otro lado, con el diafragma. Había quien, en el desespero, pataleaba de forma cómica para vencer el estrés de la situación. « ¿Y ahora a quién le suplicó?», se quejaba el párroco.

“,Y aún, hoy en día, es difícil entrever quién tiene el poder en sus manos”, le dijo un viejo al otro, sentados en el mismo banco de siempre, que ahora eran dos.

– ¿Recuerdas?… Vivimos en una esfera de extremos y rarezas. De hecho, ni siquiera es realmente una esfera, sino un planeta salvaje, jaspeado de volcanes activos, sacudido por terremotos mortales e inundado por diluvios desastrosos. Pero, ¿sabes cuál de estas catástrofes ha sido la más devastadora?… la línea.

Y hasta la Fiesta Mayor quedó partida en dos.

Este relato nace de la mente de algunos clientes del Café en un día en que nos pusimos a imaginar como sería la vida de un pueblo que el azar ha situado justo en la línea fronteriza entre dos países, dos naciones, dos gobiernos… en disputa. Con el deseo de cada uno, desde su libertad, pertenezca al pueblo que le vio nacer, crecer o al que desee pertenecer sin líneas que limiten su lengua, sus hábitos, sus costumbres, sus creencias…En el Café Romantic soñamos con  lugares sin fronteras donde dar largos paseos acompañados por el rumor de las olas y la brisa marina, como en una playa infinita. Lugares donde durante esos largos paseos sea posible vivir algún espejismo en sus llanuras de arena, sin líneas. Lugares perfectos donde pasear, olvidarse del mundo, soñar y conocer gentes sin que importe si son blancas, negras, judías o musulmanas. Nos basta con saber que son seres humanos. Imagen con música, ” I Have a Dream”.

 

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