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La nineta dels teus ulls (la niña de tus ojos)

Existe una frase, de las muchas que guardo, que, metafóricamente, da todo el sentido a situaciones en las que el ser humano con corazón se ve sumido con demasiada frecuencia: el abandono, el dolor, tanto físico como anímico, la frustración de ver cómo unos años de vida y entrega se los lleva la historia porque alguien tira de la cadena y, si se resiste, emplea la escobilla. Dicha frase reza así: “hay muertos que pesan tanto en los vivos que, a veces, ocupan su lugar”. Sin embargo, también aprendí que debemos recordar “a los muertos” pero también hay que hacerles un lugar a los “vivos”.

Que la vida es corta lo sabemos todos, aunque preferimos olvidarlo para seguir viviendo. Pero, ¿qué es lo importante?. Eso lo saben bien quienes han sobrevivido y sobreviven a un accidente, a una enfermedad, los solitarios, cuyas vidas son tristes, míseras, rutinarias, como Van Gogh, los que están expuestos a peligros constantes, los que por amor entregan su vida a los demás. Cuando les preguntas te dicen que lo importante tiene que ver con el afecto, el bien, los sentimientos buenos y profundos, los momentos, los pequeños momentos. Te dicen que con la mitad se puede vivir el doble de feliz. Como dijo Charles Dickens, “reflexiona sobre las bendiciones presentes que posees; no sobre tus penas pasadas de las que todos tienen”.

Un relato escrito en la alborada, cuando el sol se batía en enconada lucha con las nubes por despuntar (y no lo consiguió), por Yolanda Torrent, de Mollet del Vallès (Barcelona). Unas palabras que nos hablan de quiénes somos, de qué queremos, de lo que nos debe importar cuando “esos molestos muertos” tratan de ocupar el espacio de los vivos y de otros muertos que se han ganado el cielo y que siguen vivos, más que nunca. Y con música a cuestas, porque nunca nos debe faltar la música, que Dios se apiade de las almas de “esos muertos” porque carecen de corazón.

 

(versión original)

Als meus pares.

Jo cada dia els parlo, els beso i els dedico una bona estona. ¡Pare, percebo la teva presència!. ¿Recordes, pare?. Jo era la nineta dels teus ulls. I sóc qui sóc gràcies a tu, pare. A tu et dec els valors, aquells valors en els quals creies. Et noto, estàs amb mi, però donaria la mitja vida que em queda per tornar a escoltar la teva veu. Canta’m una cançó, com quan era petita, la nineta dels teus ulls.

A mis padres.

Yo cada día les hablo, les beso y les dedico un buen rato. ¡Padre, percibo tu presencia!. ¿Recuerdas, padre?. Yo era la niña de tus ojos. Y soy quien soy gracias a ti, padre. A ti te debo mis valores, aquellos valores en los cuales creías. Te noto, estás conmigo, pero daría la media vida que me queda por volver a escuchar tu voz. Cántame una canción, como cuando era pequeña, la niña de tus ojos. 

 

 

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Tejiendo la vida en texto plano

La vida auténtica está dentro de cada uno de nosotros; con cada decisión, con cada experiencia, aspiramos a ser auténticos. Muchas veces nos quedamos a medio camino de todo y, quizás por ello, somos únicos, a veces geniales, extraordinarios en todo caso. Incluso cuando empleamos únicamente el texto plano y un máximo de 140 caracteres.

Este relato, en forma de diálogo, nace de una conversación de apenas tres minutos a través de Twitter con Sandra Pérez García, más conocida en la red como Sandradespacho, politóloga y socióloga, especialista en comunicación y gestión política, de Madrid. Clica sobre la imagen para disfrutar la música de este relato breve, intenso.

 

 

 

 

 

 

–  Si vas a engañarme, al menos miénteme bien. Lo contrario, encima, es insultarme.

–  ¿ Te sientes culpable?.

– Yo, rápidamente, me siento culpable, tan rápido como se me pasa…

– Érase una una vez una mujer sensacional, franca, con un indudable atractivo a quien la vida…

–  Se negaba a dar unas mínimas pautas de normalidad…

–  Porque, para ella, la normalidad no existía. Todo, en cada instante, en cada latido, era un extraordinario acontecimiento. ¡ Vivía !…

–  Más o menos como quería. O como creía querer…

– Pues en su creencia anidaban sentimientos que la conducían a los vértices de la vida, una vida, ora de sonrisas…

–  Ora de carcajadas. El resto de las circunstancias le eran del todo ajenas…

–  Su liberación era el epílogo de cada capítulo de esta casi siempre triste y
estremecedora trama que es la vida…

–  Sin darle más vueltas, ya tenía que tomar la última y definitiva decisión de si
entregaba el resto a esa liberación…

– Se saturó y no supo hacia dónde tirar. Ante el bloqueo se detuvo un momento, pensó y decidió. Se decididó a tomar una decisión.

– Solo soy.

 

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Una princesa, un hada, un caballero, un ogro, un sapo y el cuento del final aún por escribir

Ella se sentó ante él porque tenía algo que decirle. Si no, no lo hubiese hecho. A su alrededor, en el mundo, caminaban en silencio. Solo se oía el tintineo de servicios de té y café, y frases a media voz. Aquella historia parecía casi imposible. Por momentos, podía más el corazón que la cabeza. No se oyó, pero lo pensó; era, posiblemente, un te quiero. Entonces, se dijeron cosas que necesitaban escuchar. Vieron la vida como a todos nos gustaría verla, como un cuadro que excluye lo feo y lo sórdido. Érase una vez un reino… donde sonaba música callada y soledad sonora.

Un precioso cuento en forma de carta que nos habla de las desventuras del amor, inspirado por Cristina Miquel (Barcelona). Una carta con una canción de amor, clica sobre la imagen de Cristina.

Érase una vez una princesa que había perdido la ilusión del amor verdadero. Ella andaba triste, pensando que era un cuento de hadas, que era irreal…..

Muchos sapos y algún ogro hubo en su vida, y las ilusiones se le esfumaban. En uno de esos días, un sapo, un feo sapo, hundió sus ilusiones. Un simple paje escuchó la noticia. Él, presuroso, le escribió, le dijo que sí existía, que pronto aparecería en su vida, que no renunciara, que besara a mil sapos…..alguno sería su caballero.

Pasó el tiempo; ellos siguieron escribiéndose, apoyándose, consolándose….

Un buen día, la princesa le dijo al paje : “quiero conocerte”. Él dijo, sí. Claro que tenía ganas de conocer a semejante princesa, qué gran honor.

Y así ocurrió. Ella llegó en su carroza, y al ver la sonrisa del paje, ella creyó ver a un caballero, al más gentil de todos. Hablaron, rieron, se conocieron, se relajaron…. El paje seguía siendo un paje, pero para ella, ya era el mayor de todos los caballeros, su caballero.

Pasaba el tiempo, muy poco tiempo, pero parecía que se conocían de toda la vida. Andaba por allí un hada, una de esas que sólo inspiran bondad, simpatía, cariño, afecto… Ella era el ingrediente que faltaba. Pareciese que hubiera esparcido por el aire unos polvos mágicos. De repente, el paje, que a partir de ahora lo llamaremos caballero, se dio cuenta que la princesa, se habia convertido en cenicienta. Ya no se veía digna de su caballero, pues ya lo amaba con toda su alma.

Fue entonces, cuando el caballero decidió hablarle a la princesa. Le dijo que ella es mucho más que una princesa, es un ser humano, un alma sincera, que merece ser feliz. El caballero tenía miedo, pues no la amaba……todavía no. Pero también sabía que huir de quien te ama, nunca es bueno.

Así, con los miedos del caballero, y las ilusiones de la princesa, llegó el primer beso. Ese beso que ella temía dar y no recibir y él temía ofrecer y no poder mantener.

Hablaron, rieron, soñaron, se comprendieron, se encontraron.

Ella lo amaba con locura, él tan solo la quería, aunque lo suficiente para besarla, pero se sentía desdichado, muy desdichado. Él deseaba poder ofrecer más de lo que recibía, pero no podía; el miedo le atenazaba. Ese caballero tan solo quería amarla con locura… pero no sabía si lo conseguiría, no lo sabia.

Hablaron y hablaron; rieron y rieron; soñaron y soñaron, y decidieron arriesgarse.

Ella arriesgaba mucho, pues para ella era su caballero……Él arriesgaba, pero solo le importaba una cosa, tan solo una: no amarla.

Y este es el cuento de un hada excepcional, una princesa enamorada y un caballero deseoso de enamorarse. Los cuentos suelen tener un final feliz: “… y fueron felices y comieron perdices…”. Este, en cambio, no tiene final, pues nadie aún lo ha escrito. Tan solo hay una frase que escribió el caballero: “deseo enamorarme de ti, princesa”.

Para Cristina M.

 

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