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“Fortirer in re, suaviter in modo”

Fortirer in re, suaviter in modo (fuerte en el fondo, suave en la forma). Hay situaciones que no merecen mayores explicaciones. Relato núm. 100 del Café Romantic. Una composición poética del Café Romantic (Goyo Martínez), a partir de una idea original de M. Carmen Escriña (Madrid) y un momento eterno de inspiración de Alma Ballesteros (Murcia).

 

Aunque la distancia nos separe, 

[ tú estás aquí ]

y puedo sentir tus caricias

Aunque te vayas lejos

[ sigues aquí ]

y puedo escuchar tus palabras

Aún en la distancia,

[ cierro los ojos y te veo  ] 

y tengo largas conversaciones

y veo que me sonríes

y te siento tanto.

 

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Sólo una mujer deseada (más bello que el silencio)

Permitidme que os explique una historia: un día me detuve ante el aparador de una floristería que inauguraron en 1940 porque, según decían los que presenciaron el evento, el mundo necesitaba más belleza y amor que nunca. La abrió una señora llegada de Gales una década antes, atraída por una ciudad romántica y canalla, convulsa y pasional. Miss Thomas-Jones, se llamaba. Decían de ella que era afable y preciosa, aún en su madurez, optimista, combativa y circunspecta. Era hija, nieta, bisnieta y tataranieta de una saga de marineros, pintores, escritores, poetas, matemáticos y gramáticos de un curioso pueblo de la Isla de Anglesey llamado Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch, Llanfair PG, en su forma abreviada y que significa algo así como el pueblo de la iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco, cerca de un torbellino rápido, y la iglesia de San Tisilo, cerca de la gruta roja.

Ahora el mundo también más belleza y amor. ¡Menos bancos y más floristerías! Y cafés, que son el parlamento del pueblo. Y hogares para pobres y prostitutas. De la puerta de la floristería cuelga ahora un lapidario aviso que marchita la vista y el pensamiento: “señores ladrones, no entren a robar. No hay dinero y sí muchas facturas por pagar”. No quiero ahorrar palabras de amor, aunque no se comprendan.

Un relato de amor (con música) de Maite García Córdoba, de Valencia. Porque lo que nos dice es más bello que el silencio, y merece la pena decirse.

 

Y mi corazon siente el más amado beso de tus labios,

anhelando permanecer eternamente ahí…

tan tuya, tan amada, tan esperada, tan deseada…

Donde mi alma se funde cuán dulce manjar en tu sed de amor..

en tu cuerpo, en tus caricias, en tus suspiros, en tu piel,

En cada latido de tu corazón, en cada beso de amor…

 

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Descalzos por la vida

El futuro es el único sitio al que podemos ir. No hay más remedio. No se trata de una estrategia calculada de fuerzas o energías más poderosas que nosotros. Simplemente, es ley de vida. Al ver el futuro quisiera quedarme con mi pasado, retrasar el reloj, arrojarlo hacia atrás. Lo hago, pero no he encontrado la manera humana posible de conseguirlo. Y el futuro, mientras, se presenta incierto. Aún así, asumo el riesgo de quedarme solo, con mi soledad. Es la absurda pero fascinante aventura de la vida, por la que acostumbramos a transitar descalzos y, pese a ello, seguimos en pie aún las llagas en el alma.

Un relato (con música) de Alma Ballesteros, desde Murcia, cargado de un profundo sentimiento, en tan sólo 28 palabras.

Descalza, sin vestido de esperanza, sin sandalias de aventura, solamente una enagua de soledad. Y en sus costuras, un billete a un futuro incierto y una maleta vacía.

 

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Visual (con música) / Tiendo mi vida

 

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Resquicios de amor

Tienes la piel de serpiente y te mudas cada vez que vienes reptando a mis brazos. Y vuelas tan alto, y a veces tan bajo, que duele. Y es entonces cuando te suplico que me cuentes por qué cuando menos lo espero, cuando me he curado, la vida me depara otras sorpresas. Y siempre, sin darme apenas cuenta, dejo una puerta abierta al amor. Y busco aquellas palabras que alivien mi dolor. Quisiera sentir como el amor alivia como la luz del sol tras la lluvia.

Un relato de Lorena Pérez García, de su blog Mi propio Cajón de Sastre, de Madrid. Un relato sobre la belleza y el dolor del amor porque, más vale haber amado y perdido que no haber amado nunca.

A veces en la soledad de mi mirada, recuerdo las veces que tanto tiempo te quise. Las veces que tortuosamente miraba a mi alrededor deseando encontrar unos ojos familiares, los tuyos.

Tantas veces deseaba aquello, que conseguí alzarte del alma mía, construirte un altar para ti solo, donde pudiera adorarte como se adora a un dios, donde pudiera rendirte el culto que para mí te merecías. Pero todo eso no era amor, o sí, quién sabe, todo eso nadie sabe que era, ni siquiera yo. Quizá fuera la máscara oculta de aquella persona que tiene miedo a querer a alguien de verdad y únicamente se enamora, o encapricha de aquellos a los que sólo puede adorar en la lejanía.
Ya lo dijo el escritor: solo los amores imposibles duran para toda la vida, y para una persona como yo, que tiene miedo a lo efímero del amor, a la capacidad innata que tenemos las personas de amar hoy y olvidar mañana, sólo un amor imposible es capaz de satisfacer mis ansias de adoración eterna.
Me da miedo el amor. Aunque para ser exactos me da miedo lo efímero de este. ¿El amor dura para toda la vida? Hay una canción del maestro Sabina que dice que hay amores eternos que duran sólo un invierno. ¿Podemos amar un instante y que sea eterno? Y acaso ¿podemos amar una eternidad y que solo sea un instante? Finalmente, el tiempo, todo gira en torno a él.
Que maravilloso sería decir que el amor nunca se acaba. Pero ya no me lo creo. Puede que sea porque nunca me he enamorado, pero no creo que dure para siempre. La sociedad a nuestro alrededor así lo dice. Últimamente todo a mí alrededor así me lo dice. Será quizá por eso que he dejado de ser la romántica de libro que he sido siempre, para volverme una incrédula que se aleja de los sentimientos que pueden resultar tortuosos.
Y a veces por un resquicio de esa frivolidad se cuela un suspiro para recordarme que una vez escribí aquellos versos que hoy me gusta leer. Para recordarme que una vez alguien era capaz de dejarme sin aliento durante los instantes que estaba en su presencia sabiendo que nunca podría ni rozarle.
Amaba a un imposible, suena tan surrealista, tan de un pasado… pero al menos entonces amaba.
 

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A quien corresponda

Como decía Arthur Miller, “la vida es como una nuez. No -siempre- puede cascarse entre almohadones de plumas”.

Carta de Ruth Román, de Cornellà (Barcelona), con música.

¿Sabéis?, hay días en los que nada parece tener sentido, hoy es uno de ellos. Ha comenzado un nuevo año, ¿y qué? ¿Cambiará algo en nuestras vidas? ¿Qué debemos hacer, poner buenas caras cuando cada vez falta más gente? De acuerdo, pero todo seguirá igual. A mí las navidades me dijeron algo durante un tiempo, pero desde luego cada vez me dicen menos. Ahora no tengo nada que ver con ese “espíritu romántico” y con esa “blanca navidad”, las fechas las marcamos nosotros y la felicidad… ¡ay!, ¡la felicidad!, ella sí que es efímera.

La felicidad llega en cualquier momento y se va sin más, sin poder evitarlo. Realmente, lo único importante es poseerla el mayor tiempo posible y, sobre todo, procurar disfrutarla puesto que esos momentos son los únicos que van a quedar cuando todo reste abajo. Yo no he vivido muchos de esos momentos, creo que nadie los ha vivido con frecuencia pero sí con intensidad, la calidad vale más que la cantidad; es más alentador un “te quiero” a tiempo que un sinfín de “te quieros” monótonos y rutinarios.

Creo que la vida vale la pena por ellos y por “aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón”, a pesar de que a veces pensemos que el tiempo y la ausencia las mató. Pero también es cierto que la vida nos juega, a menudo, malas pasadas que nos hacen caer en un mar de incertidumbre y absurda desesperación o abatimiento. Si hay algo que tendríamos que aprender es a prepararnos para esos momentos felices, para que cuando entren en nuestras vidas todo sea propicio para que perduren, como una golondrina que prepara su nido para que cuando lleguen los pequeños pajarillos todo fluya correctamente para que crezcan y consigan volar libres.

Debemos tener nuestro corazón abierto y, sobre todo, tenemos que prestar atención para no dejar pasar esa rápida y esquiva felicidad que puede llegar en cualquier momento y de cualquier forma, mediante una canción, una carta, una sonrisa, una lágrima, una mirada, un beso, un amor, un amigo…, por todo eso no podemos permitir que nuestras armaduras sean las culpables de la frialdad ante todas esas sensaciones; las armaduras son las ideas que a veces utilizamos a modo de escudo y que nos encierran en “el baúl de los recuerdos”.

Es necesario eliminar cualquier rencor, borrar las ideas demasiado fijas que nos encierran en vasijas impermeables de barro que nos cobijan de una lluvia que si pudiésemos sentir en nuestro cuerpo nos sorprendería con un abanico de sensaciones nuevas que arrancarían de nosotros una sonrisa, una lágrima o simplemente rabia. Ya que tenemos la suerte de estar vivos, en mejores o peores condiciones, abramos nuestro corazón y dejemos que sienta todo, aunque eso nos confunda y nos duela. Tarde o temprano acabaremos arrepintiéndonos de lo que no llegamos a hacer y no de lo que hicimos mal, así que vivamos con intensidad, pues el mañana no existe.

Sed felices, lo que la vida o el azar os permita.

Un abrazo

Ruth Román

 

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Relato corto de un te quiero

Asciendo por un pasillo lúgubre, mate pero pulcro a conciencia. La habitación, con una colcha amarilla y una mesa camilla. No hace falta más. Alrededor, la madera cruje como palabras entrecortadas, empolvadas que flotan en el aire, palabras que hacen más fácil el camino a lo largo de la tortuosa y enamoradiza vida. Y allí, también lloré. Me sentí estúpido, ¿pero sabéis qué?, a la mierda ese día. Para eso Dios, o quien sea, hace días nuevos. Así es el amor. Siempre lo buscaré. Nunca lo rehuiré.

Un relato sobre el amor de David Creus y David Viñas (estamos locos) (Mollet del Vallès-Martorelles, Barcelona). Un relato con música. Así estoy yo sin ti.

Nos adentramos en el interior de nuestro corazón buscando el significado de la palabra amor, en la más dura de las incursiones a las entrañas del ser humano.

Nuestro corazón, en cada latido, nos precipita a un laberinto de sensaciones, las cuales, contra nuestra voluntad,  nos hacen caminar por el estrecho camino de la confusión.

Amar es vivir, vivir es amar. Interpretamos nuestros sentimientos, los cuales se vuelven contradictorios en función de lo que nuestros ojos perciben a la hora de leer los diálogos del alma y del corazón. En sus conversaciones, cada uno trata de defender esa confusión de la que hablamos, para apoderarse del deseo humano por la supervivencia emocional.

Racionalmente, solo llegamos a comprender lo que sentimos cuando los tres caminos emocionales se ponen en consonancia con la ilógica del amor: cabeza, corazón y alma deben entenderse a la perfección, lo cual es asunto  complicado, muy complicado.

¡Estamos locos!. ¿Estamos locos?. Amar es simplemente sentir sin preguntar lo que sentimos. Nos armamos. No tenemos otra arma que la lucha diaria por no dejar pasar por nuestro lado lo que estúpidamente llámanos simple, convencidos de que si no lo vemos hoy, mañana también lo encontraremos.

 

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