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AMAPOLAS PARA QUE ME QUIERAS

Entre atardeceres de verdes, ocres, dorados y malvas que salpican las colinas, de  belleza primigenia, una joven pasaba veloz por la vida, casi sin mirar. No le hacía falta. Eran los mismos pétalos de rosa que contaba el viejo los que le hacían soñar. Eran atardeceres constantes que nunca le abandonarían, en los que el sol declinaba y las tardes se presentaban con un esplendor insultante. Tenía un destino mágico en algún lugar de la imaginación. Lo sabía. Y aguardaría.

Una nueva poseía sobre el amor de Virginia “Metalerita”, desde Sudamérica. Porque, ¿qué sería de nosotros sin el amor?, ora dulce, ora amargo. Ya lo dijo Tennyson, “es mejor haber amado y perdido que no haber amado nunca”.

Con música, “… lo eres todo para mí. Mi principio y mi fin. Mi norte y mi guía, mi perdición, mi acierto y mi suerte, mi equivocación, eres mi muerte y mi resurrección,
eres mi aliento y mi agonía, de noche y de día,
te lo pido por favor, que me des tu compañía
de noche y de día… lo eres todo”.

 

En la madrugada que me inventaste,

y que rompiste con una rima,

-y dos versos-

ando callejeando en los filos de tus memorias,

en tus arquitecturas excéntricas

en tus luces y misericordias.

No tengo una ciudad civilizada que ofrecerte,

ni una regresión a tus infancias,

ni siquiera un jardín de amapolas.

Solo te pretendo a vos,

sin caretas que te liberen

Y como te quiero así, tanto,

hasta me iría a un campo de piedras y asfalto,

a una estación deshabitada y triste,

a una mansión con chimeneas y espíritus.

Carezco de catedrales en las que confesarte,

de religiones absurdas con las que redimirte,

no tengo una tarifa exacta para darte,

ni un precio irrevocable.

Y como te quiero así, tanto,

cuando nadie me ve te extraño

y te lloro.

Cuando nadie me ve me retuerzo con pudor,

y padezco la indiferencia de las amapolas

que te regalé un día,

esperando que me quieras.

 

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A mi querido amigo Federico (hace 75 años que vives)

Querido Federico (V);

(“Herido de amor, en la voz de Ana Belén)

Querido Federico, cada día muero un poco más contigo y ¡vivo!. El hombre que viste camisa vieja, maldito bastardo, ha llamado al viajero para que venga a buscarte. Tu muerte, hostia de la comunión de unos que se decían  españoles y que dieron vida a una cruzada de plomo, sangre e ira, me da vida.

Se oye el sonido de un alfiler cayendo en la medianoche de la nada, y en la nada encuentro todo. Las palabras han descargado las armas; muerte y luego, más muerte. La jondura del silencio se ha hecho pero inquietas voces acuden a mí. Escucho el sonido de tu silencio, nuestro silencio. Grito en carne viva frente al rostro del demonio.

Demonio de corte fascista / fascista llaga / llaga en el gesto / gesto adusto / adusta garantía / garantía de eficacia / maldita eficacia / eficacia amargada / amargada dolencia / dolencia intestinal / intestino severo / severo en el alma / el alma torcida / torcida en el espíritu.

Mueres; muero un poco más contigo y vuelvo a vivir. El silencio estalla de tanto callar. El obispo reparte madiciones al paso del cortejo fúnebre que nada lleva. Y en la nada, todo. Los huesos para la tierra, tu alma fertil para nosotros. Lo que veo no existe y, sin embargo, lo estoy viendo.

Y la pena también tizna cuando estalla. Y estalla el silencio cuando mueres para que yo viva. Y hablo. Y me enfrento a vientos en varias direcciones y tormentas de diferente intensidad. Reivento sobre tu recuerdo el entorno, a cada paso; me hundo y me levanto. Bienaventurados los que están en el fondo del pozo porque ya no caerán más abajo.

Abismo y luego más abismo. Asesino al fantasma, el fantasma de cicatriz fascista. Y regreso, regreso junto a ti. Me disfrazo, nos disfrazamos de cordialidad. Soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista… Solo un hombre, ora maldito, ora maduro, que busca el sentido de la vida. Vida que me da tu muerte.

Trago rancio. Los fusileros, risueños, ingenuos ellos de su destino, marchan. Vaciado el cargador, vacías las almas. Almas de plomo, plomo de Dios y Lucifer. En el macadán queda por siempre tu espíritu.

Y en el carrusel de la vida, en tu nombre, requiebros de amor, amor de trato risueño y encantador, de distinta belleza, una belleza imperfecta, ¡perfección!.

El cielo pide paciencia. Me apunto otra derrota. La tierra de tus huesos medita por mí. Y tu muerte me recuerda lo resistente que es mi espíritu (humano) cuando quiere serlo. Azucarillo y aguardiente para endulzarme el momento, momento eterno.

Y las cosas que el diablo fascista intentó enterrar encontraron la forma de aflorar. No recuerdo si pasó de verdad o imagino que pasó. ¿Has muerto?; sólo herido. Vives, y yo contigo. Un estampita. Un Cristo. ¡Agua!.

Tuyo, en la herida, Goyo Martínez.

 

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Querido Federico (30 de julio de 2011)

Querido Federico;

He recibido con inmensa alegría tus últimas palabras en las que me invitas a sentirme abatido pero nunca batido. Veo cómo pasan cosas y cosas siempre retratadas con amargura e interpretadas con tristeza e intento sobreponerme a las adversidades de la vida, una realidad compleja, dramática, repleta de bachez y curvas imprevistas que altera nuestro guión de sopetón.

Observo en mi alma, y en la tuya, algo que sobrepuja a todo lo existente. Un algo que, en la mayor parte de las horas, está dormido. Sin embargo, cuando recordamos o sufrimos, como es el caso, una amable lejanía despierta.

Quiero seguir tu camino y ver poesía en todas las cosas, en lo hermoso y en lo feo, en lo repugnante y en lo deleitable. Me cuesta, sin embargo, descubrirla. Ya me advertiste de que era difícil alcanzar ese descubrimiento pero intento no desfallecer.

Cuan admirable es el espíritu que recibe una emoción y la interpreta de muchas maneras, todas distintas y contrarias y ninguna contrapuesta. Pasamos por el mundo y, cuando llegue a la puerta de la ruta solitaria, espero poder copar todas las emociones existentes: virtud, pecado, pureza, negrura.

Querido Federico, es, sin embargo esa realidad de la que te hablo, lo que trastoca los planes personales e impide ese descubrimiento a través del incógnito a la par que maravilloso viaje a las profundidades de nuestro interior.

El país anda sumido de nuevo en un convulso ambiente político y social. De hecho, la nuestra es una historia en la que no nos es ajeno el sufrimiento, el sacrificio e incluso la sangre. Como si Dios y el diablo hubieran escrito a cuatro manos nuestro devenir.

Ciertamente, querido Federico, es este un país raro. Prohiben la droga pero autorizan su consumo; prohiben fumar pero detectan el monopolio del tabaco; prohiben circular con los autos a más de 120 pero fabrican coches que pueden alcanzar velocidades de vértigo.

Sí, querido Federico, las cosas, esas cosas en las que intento ver belleza y esperanza, andan mal. Tanto que, en las oficinas del paro, comienzan a despedir a desempleados. El otro día, sin ir más lejos, en la barra del café un hombre encorbatado y repeinado le preguntó a otro que parecía languidecer, buscando alguna solución en el fondo de un botellín de cerveza:

– ¿ Y usted, es de derechas o izquierdas?.

– Yo soy del PSOE,- respondió el de aspecto obrero.

El trajeado le replicó:

– Sí, de acuerdo, ¿ pero usted es de derechas o izquierdas?.

Nunca, a mi modo de entender, ha habido un proyecto coherente y articulado. Un brindis al sol, todo lo más, de mayor o menor duración pero siempre perecedero.

A la vista de los titubeantes acontecimientos, pasados, presentes y futuros, el Gobierno de turno que rige nuestros destinos nos convoca a las urnas. Dicen que será el próximo 20 de noviembre. ¿ De qué nos suena ese día?, querido Federico.

Sin más, espero recibas estas letras con la misma emoción con las que yo las escribo.

Siempre tuyo, Goyo Martínez

PD: como siempre, te adjunto una melodía para tu deleite.

Barcelona, 30 de julio de 2011

 

 

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