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La madre que no publicaba sus silencios

Hay un día trágico en la vida de un niño cuando descubre que los padres pueden morir. El pensamiento le rondó durante meses a la hora de dormir y hubo momentos en que, por no poder soportar la idea, lloró sin consuelo. Entonces los padres le prometieron algo que no estaba en sus manos, que no dependía de su voluntad: morirían de viejos, muy viejos, y le acompañarían casi durante toda su vida. En la mente del niño la idea maduró como maduran los dientes: todo tiene un final. Cerró los ojos y se vio niño, cuando sus padres le explicaron recuerdos de hacía 30 años. Dice el sabio refranero popular: Dios no podía estar en todas partes a la vez. Por eso creó a las madres.

Un relato, con música, de La Sociedad de los Poetas Muertos, en homenaje al genial Walt Whitman, desde Valparaíso (Chile)

 

Su madre lo guardaba todo. Cuando hubo que enterrarla y vaciar la casa, empezaron a salir de los armarios y cajones muchos objetos, actas notariales de lo vivido por el hijo: patucos azules de punto, el cirio del bautizo, algún diente de leche, el reloj de la primera comunión, una agenda con los teléfonos de los primeros amigos, y alguna amiga, un caleidoscopio, la cartilla de la mili y muchas fotos: con su tía misionera, con el amigo en la noria, en la playa, con su padre, el primer coche. También aparecieron los libros de texto garabateados y los primeros problemas: un tren sale de la estación… y otro lo hace, el inevitable principio de Arquímedes, los verbos irregulares, los poemas de Espronceda. No faltaban los primeros dibujos a tinta china, geométricos, las fotos con los de la clase, la primera chica que le gustó, que no era su novia, era su amiga. Y algunos paisajes: caminos de lápiz marrón, bosques de difuminados verdes, el mar, siempre azul. Nunca había nubes grises y sí casitas con chimeneas, pájaros y una mujer que le miraba con los ojos de una madre.

 

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Si muero mañana, ¿qué me dirías hoy?

Hay momentos en los que pienso que en la vida no hay buenos ni malos, sino gente que quiere ser feliz. Hay momentos en los que deseo viajar por tierras de poetas y por casas antiguas donde la madera cruje como palabras entrecortadas, empolvadas que flotan en el aire, palabras que hacen más fácil caminos de tortuosas y enamoradizas vidas. Hay momentos en los que me gustaría que el pez alevín se comiera al grande, porque la vida ya no es así. Hay momentos en los que me gustaría leer con atención el diario, de atrás a adelante, empezando por las esquelas pues, quizás, conocía algún difunto. Hay momentos en los que daría una parte de lo que sé por los secretos del chocolate. Hay momentos en los que quiero volar alto por un mundo nuevo, y que me lleven hasta el valle que me vio nacer. Si me muero mañana, ¿qué me dirías hoy?. Hay momentos en los que no hay tiempo que perder.

Así lo escribe, así lo siente, así lo vive María del Carmen Escriña, de Madrid. La vida es muy corta como para desperdiciarla… Relato con música. You Give Me Something

No tengo tiempo para odiar a quienes me odian. No tengo tiempo para discutir con los que no me entienden, ni preocuparme de quienes no les importo. Estoy muy ocupada  amando a quienes me aman, hablando con quienes me entienden, y agradecida con quienes les importo. La vida es muy corta para desperdiciarla con gente vacía, sin principios y sin valores. Por eso elijo estar bien.

 

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Perdona que te recuerde

Por Goyo Martínez (desde un punto de la soledad en el Montseny, entre Barcelona y Girona, en el mundo, no sobre el mundo)

 

Recuerdas cuando éramos jóvenes y el porvenir aún era una página en blanco por escribir.

Recuerdo cuando podíamos rozar la textura del tiempo.

Recuerdas cuando aún podíamos tocar el cielo con las manos.

Recuerdo cuando nos preguntábamos adónde iríamos a parar aunque siempre íbamos a parar al mismo sitio.

Recuerdas el aire que respirábamos y el espacio que ocupábamos.

Recuerdo lugares que invitaban a enamorarse.

Recuerdas el tiempo que transcurría sin horarios.

Recuerdo aguas turquesas que no fueron pintadas, ni faros retocados, ni cielos  saturados de color por ingenios de la técnica.

Recuerdas el lugar donde se podía disfrutar de las pequeñas cosas, diminutas incluso.

Recuerdo cuando fijaba la vista en un sol ardiente.

Recuerdas aquel sol que comenzaba a caer tras el mar, dando inicio a un espectáculo de narajas, lilas y rosas.

Recuerdo cuando podíamos soñar con los ojos cerrados y el corazón abierto.

Recuerdas aquellos años que pasaron volando.

Recuerdo que éramos felices.

Recuerdas todo lo que pasó.

Recuerdo que todo me devolvía a ti.

Yo también lo recuerdo. Y cada vez que intento olvidar mis sentimientos por ti, terminan por volver y ya no quiero alojarlos. No quiero huir. No quiero perderte otra vez.

Recuerdas… recuerdo.

 

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El almuerzo diario

Tienen identidad. Y tienen alma. Y lo saben porque sufren y sienten. Sobre cosas, discuten. Sobre emociones, dialogan. Buscan en el interior de sí mismos, sin miedo a encontrar monstruos que tratarán de enterrar profundamente para que no afloren de nuevo. Porque saben que los fantasmas mal reprimidos siempre acaban por revivir. Y saben reír. Y también saben llorar, porque forma parte de su forma de ser.

¿Quién ha dicho que el hombre que llora es un cobarde?.

Y te sentarás con ellos en la terraza de un bar, en la desigual noche de octubre, y te hablarán de sus frustraciones y sus deseos, de sus inquitudes y sus esperanzas… y te sentirás bien. Y compartirás con ellos una cerveza en la certeza de saberte en un escenario amigo, de palabras y gestos cómplices, de sonrisas y lamentos, porque también forman parte de la vida.

Son David Viñas y David Creus, de Mollet del Vallès (Barcelona) y se hacen llamar “Estamos locos“. Nos dicen que son las palabras que quieren escuchar cada mañana… de alegría, de amor, de felicidad… para encarar la cuesta arriba del día y luego, cuesta abajo, en el crespúsculo, dar las gracias por haber tenido otro día.

Estamos Locos, no miramos de comprender las actitudes de la gente;, Estamos Locos, no miramos de comprender las palabras de nadie; Estamos Locos, no miramos de ser lo que no deseamos ser, ni de decir lo que no queremos decir; simplemente Estamos Locos. Somos lo que somos. Dos locos maravillosos. Clica sobre su imagen, contigo maravillosas locuras.

A alguien en el mundo: tus palabras, palabras que no se lleva el viento, nos recuerdan que el mundo gira sin detenerse, constante el giro. Tus palabras, palabras que devuelve el viento, nos dicen si nuestro día, pan nuestro, estará presidido por la felicidad, bendita felicidad, o por la desesperación, maldita desesperación.  

Como el viejo hombre del rincón del bar dijo: en algún momento todos tenemos algo que debemos hacer, el engranaje gira, constante el giro. A veces un giro te lleva a donde quieres, querer es poder; a veces te lleva incluso más lejos; a mundos que están aquí, que están en ti. 

Queremos gente que nos dé los buenos días, pan nuestro; que hable de felicidad, feliz quien ama; ama la belleza; bella ternura, tierna alegría.

El viento trae tus palabras: nuestro almuerzo diario.

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Nota de Goyo Martínez: quiero aprovechar la ocasión para aplaudir una iniciativa de este grupo. Suelen reunirse la noche de los jueves en el pub Transit, Mollet del Vallès, (gobernado por Adolfo Eizaguirre) para compartir tertulia en lo que llaman “Cheers Transit”. Cuentan cuentos, relatos y, en una preciosa idea, despliegan una sábana donde dejar una firma, una reflexión, una idea, una poseía… para la posteridad.

 

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Pasa un tren…

Había una vez, en un lejano reino, no uno, sino dos reyes. Uno que no sabía lo que tenía, el otro condenado a recordar lo que había perdido. Y había un gigante intrépido y un duende al que le gustaba jugar a su sombra. El brillo de la luna iluminaba sus ojos. Había incluso un mago que sabía cuál era la mejor manera para amansar fieras salvajes. Y el encantador con su flauta. Y un bello principe y una bella princesa que no sabían que sus destinos estaban llamados a cruzarse. Y había también otros en aquel remoto lugar semejante al lugar que conociste de niño, donde se contaban y escribían cuentos y leyendas. Pasa un tren y debes cogerlo. El destino no puede hallarte dos veces.

Un relato que habla de la felicidad, del destino, de las oportunidades que la vida nos da y nos quita. Un relato que nace del alma, solo así se pueden escribir bellas letras, aunque nos duelan. Tengo alma y lo sé porque me duele.

Por Maricarmen Sainz Miguélez (Pamplona). Música, fragmento álgido del concierto de Aranjuez.

A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante. A veces no hay próxima vez, no hay segundas oportunidades. A veces es ahora o nunca.

Nacimos para ser felices, no para ser perfectos… Y siempre habrá un amanecer, la  parte más bonita del día por que es cuando te dice: ¡ei, levanta!, te regalo otra oportunidad de vivir y comenzar nuevamente…

Los días buenos te dan FELICIDAD.

Los días malos te dan EXPERIENCIA.

Los intentos te mantienen FUERTE,

Las pruebas te mantienen HUMANO.

Las caídas te mantienen HUMILDE pero solo TÚ te mantienes de Pie…!!!

 

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Pensadores anónimos, I capítulo

Por Joan Salvador Vergés, escritor y editor

-Hola. Me llamo Juan y suelo pensar.

Así es como empiezo siempre mi intervención ante el grupo de Pensadores Anónimos de mi parroquia… Aunque, ahora que lo pienso, menudo anonimato es este si te obligan a decir tu nombre y a contar tu historia, ¿no?

Vaya, lo estoy volviendo a hacer, maldita sea: estoy pensando.

-¡Hola, Juan! –me responde el grupo en un coro sin atisbo de emoción y, casi, sin reconocimiento.

-Llevo seis semanas sin comunicar mis pensamientos a nadie…

-¡Bien, Juan! ¡Enhorabuena!

-Aunque aún no soy capaz de impedir que las ideas fluyan por mi cabeza… y eso que me esfuerzo.

-¡Te apoyamos, Juan, no desfallezcas!

-Ayer, por ejemplo, mientras iba en el autobús urbano camino del trabajo vi que unos obreros trataban de levantar una pesada losa de concreto que tapaba una zanja, en la calle…

… Y pensé: si utilizara una palanca un solo obrero la levantaría, y a punto estuve de decírselo a mi compañero de asiento. Pero recordé lo que habíamos hablado aquí, me llevé la mano al bolsillo de la chaqueta y saqué el Libro.

(Continuará)

 

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Querido Federico (IV)

En Barcelona, a 6 de agosto de 2011

Querido Federico;

Con anhelo te escribo para comunicarte que son días de renacimientos, reconquistas y  amaneceres nocturnos. Se ha instalado en nuestra sociedad el espíritu de un movimiento al que llaman 15-M. Protestan por casi todo por lo que se puede protestar. Veo en ellos un afán de mejorar las cosas, pues las cosas de las que siempre hablamos, aquellas que nos deben interesar, no van bien.

Hubo un momento en que, según mi parecer, perdieron el rumbo. Una violencia exógena se apoderó de su alma y dio al traste con la legitimidad y bondad con la que habían surgido. Ahora, han resurgido, al amparo de los vaivenes desbocados de la economía local y mundial.

Razones no les falta para echarse a la calle y reclamar que salga el sol, de noche. Incluso andan sobrados de razones. Hoy, cunde la sensación de que es preferible ser león un día que oveja cien días. Parecen abatidos, pero no batidos. Y asistimos entre estupefactos, temerosos pero ilusionados a este milagroso despertar de las conciencias.

En su génesis podríamos considerarlos como apartidistas, que no apolíticos, asindicales y pacíficos. Han nacido casi ayer porque ni se sienten representados ni escuchados por los actuales políticos que nos gobiernan, nos han gobernado y, posiblemente, nos gobernarán, porque España es así; en materia política, la misma letra con distinta melodía, algunas caras diferentes para los mismos gestos y mensajes y algún brindis al sol, todo lo más.

Los hay jóvenes y algunos mayores, hombres y mujeres, altos y bajos, de Madrid o Barcelona, Sevilla, Valencia… de todos los rincones del país, pero a todos ellos les une, a mi juicio, el castigo en sus diferentes modalidades sociales, económicas y culturales: paro, precariedad, desahucio e inestabilidad social que conduce a la inestabilidad emocional.

De esta manera, querido Federico es prácticamente imposible amar; amar a las cosas a las que debemos amar: un amanecer en paz con uno mismo y con el mundo; un café pausado; un vino de reserva; una tarde de charla y juegos. No hay tiempo. No nos permiten gozar de ese tiempo y tenemos prisa, prisa necesaria, inevitable y justificada, diría yo, por arreglar las cosas que nos importan. ¿ Existió en algún tiempo que me es desconocido alguna forma de democracia real ?.

Recuerdas: el tiempo es oro, cuando no se tiene oro.

Ahora cabe esperar de ellos ( y de nosotros) que, una vez habido el renacimiento, la reconquista y el esperado sol nocturno, se anclen con la misma firmeza de la roca que parte el agua del río bravío. Manifestándose con la misma alegría y corrección de estos días; acampando allá donde se pueda acampar y, sobre todo, no permitiendo la intromisión ilegítima de elementos, hijos del perro del Hortelano, que ni hacen ni dejan hacer pues han hecho de la violencia gratuita su “modus vivendi”. No deben (ni debemos) permitir que tomen partido esta clase de individuos, que son una minoría a la que no cabe calificar de indignados, pues indignación producen; más vale una democracia imperfecta, como lo es la nuestra, que un estado de caos, la única pretensión de los violentos.

Salud y paz, querido Federico; como siempre, te envío una melodía con el deseo de que sea de tu agrado.

Tuyo, Goyo Martínez

PD: una de esas caras inamovibles de la política de las que te hablo, el señor Pérez Rubalcaba, uno de los elementos importantes del Gobierno teórica y tristemente socialista que mal-rige los destinos del país, y que está llamado a acudir a su propio “entierro político” en la cita con las urnas de otoño, ha dicho de los llamados “indignados” que doscientas personas no pueden poner patas arriba una ciudad. Lo dijo para justificar la dura, a mi entender, carga policial contra un grupo que pretendía reconquistar la querida Plaza del Sol. Señor Rubalcaba, podrían haber sido diez, veinte, treinta o solo uno, pero debe recordar que llevaban tras de sí el espíritu de miles de personas a las que les une una inquietud: la indignación, una indignación que quizás ni usted ni muchos otros políticos siente y padece.

 

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