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Abatido pero no batido (¡buenos días corazón, he despertado!)

Abatido pero no batido, quiero soñar aquello que deseo ver en un sueño: un orificio de luz, aún tamizado por la realidad, aún poseído por la tan temida oscuridad de la vida, que me permita derribar los problemas cotidianos. Y lo veo, y lo cristalizo: sólo me hace falta levantarme cada mañana susurrando un “buenos días, corazón”.

“Estimado” mundo: camino por el sendero de la desesperación donde quieres ahogar mi grito, amordazándolo con nudos de silencio. Crisis, miedo, sufrimiento, mentiras, esas son tus armas. Yo, con tu permiso, lucho con las mías: amor, ternura, amistad,  sonrisa, sueños. Porque la vida también es sueño y los sueños, sueños son.

Un relato, con música, de David Creus y David Viñas, también conocidos como “Estamos locos, davids”, del Vallès Oriental (Barcelona). ¡Bendita locura de amor! la suya.

Buenos días corazón, por fin he despertado.

Buenos días corazón, late, no dejes de latir.

Buenos días corazón, por fin he despertado.

Despertado sí…, buenos días corazón.

Sueño sin permiso en cada nota que sale de tus latidos, al dulce ritmo del sonido de aquellos tambores que gritan dulcemente te quiero. 

Buenos días corazón, por fin he despertado.

Sueño, sueño corazón, por fin he despertado y sigo soñando.

Amor, ternura, felicidad, sensibilidad… vivo.

Escucho al pianista tocando las melodías de mi propio sueño, protegido por la banda de latidos que tú le enviaste para que gozara de tan maravilloso concierto, el de la vida. Buenos días corazón, por fin he despertado.

No nos resignemos a no vivir, paremos nuestros relojes, borremos a aquellos que nos miran con una sonrisa de desprecio, amemos lo único que nadie nos robará nunca, nuestra vida, sonriámosle una vez al día. ¡Jodidos sí, vencidos no!.

Por fin he despertado, amor.

 

 

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La palabra es el camino

Las palabras son la identidad de las personas que las inventaron, usaron y vivieron… Sin embargo, muchas se van para no volver. Los diccionarios son los que las desentierran pero no son los dioses que les puedan infundir nueva vida. Dicen que nos hemos de acostumbrar a perderlas. ¡No me resigno!, aún cuando, como nos recuerda Heráclito de Efeso, “todo cambia, nada permanece”.

Las palabras desahuciadas, incluso muertas, nos producen nostalgia. Pienso como
se sentiría Cervantes, Machado, Lorca, Unamuno, Hernández y tantos otros si estuvieran en una cafetería, en una oficina, en una escuela… y oyera las palabras con las cuales, en la actualidad, solemos comunicarnos. Pensarían que estamos en otro siglo. Quizá, en otro planeta. Acaso, pensarían que no somos de este mundo.

Soy partidario de los partidarios de las palabras que provocan armonía entre los seres; palabras que les hacen ser amables, palabras beneficiosas. ¿Dónde están esas palabras?. ¿Acaso han sido borradas intencionadamente de los diccionarios por aviesas mentes para que ya nunca el hombre y la mujer puedan hallar la paz de su espíritu?.

¿Acaso nunca más el hombre sabrá dilucidar sus disputas con el arma de las palabras?. ¡Las pistolas, ni de chocolate!. ¿Seremos tan idiotas de despreciar las palabras para que un día, cariacontecidos, sólo sepamos probar la hiel de la crisis, de la derrota y del daño?.

Pienso en lo terrible que es cuando a los humanos nos inundan los silencios. Permanecer callado es uno de los estados más horribles que podemos
experimentar. Poner por escrito las palabras que queremos gritar a los cuatro
vientos es una maravilla a la par que una tragedia del alma. Ya nada es lo que era, las palabras que sanaban de una u otra manera nuestras vidas, dichas por viejos o nuevos
políticos, ya no lo hacen. Y sólo gracias al humor y a la paciencia, podemos
continuar con las palabras que no nacen para un provecho propio. Lo peor es
encerrarnos en nuestro propio silencio.

Con las palabras no se puede decir todo pero se puede escribir todo aquello que no se puede decir con las palabras. Me lo decía hace unos días Marisol Marichalar:

” Escribir no es lo mismo que hablar. Me siento más cómoda escribiendo, aunque no sé expresar todo lo que siento. Con las palabras, me encanta sentir, me encanta ser yo…”.

Y lo hace para conocerse a sí misma, para descubrirse… La palabra es el camino.  No muere lo que se desaparece, sino lo que se olvida…

Clica sobre la imagen. ¡Que tengamos suerte!.

 

 

 

 

 

 

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