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Seis correos; lágrimas, una vida…

En la mirada del viejo de la imprenta se reflejaban los mares que dormían en su memoria. Eran emociones abstractas, no verdades absolutas. Pequeñas historias en las que contaban todos los adornos. Poderosas, en cualquier caso. Les ponía orden, con cuidado, despacito. Algo así como lo que hacía su madre cuando decoraba la casa con sus recuerdos: en lugar de amontonarlos, los colocaba con gracia y arte.

A partir de seis breves correos electrónicos de Cylthia CG (México) a propósito de una historia de un profesor no cualquier, un trastero, azul, una amalgama de vivencias vividas expectante y anhelante de satisfacer deseos y ilusiones ansiadas, y amores que van y vienen tras recorrer 15.000 kilómetros, se han tejido estas palabras convertidas en mensajes sobre la vida, una vida como la nuestra que, ocasionalmente, puede doler al punto de las lágrimas, ora de alegría, ora de tristeza. Con la voz de Luz Casal, “entre mis recuerdos”.

Como cometa que arrastra un caudal, tanto cambia todo que puedes tejer nuevos días encima de viejas noches porque bendito el sueño que se teje de hilos del “no debí” y del “no debiste”. La vida me ha enseñado palabras sentidas que derrotan silencios que matan. Llama, ¡es la clave!.

 

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El Quiosco / Deja de ser un gusano

No es una novedad. La periodista de Badalona Mercè Roura nos sorprende una vez más por el acierto en sus análisis, por su forma de ver las cosas, por su mordacidad. ¡Deja de ser un gusano!. Lo haremos, Mercè.

 

Cambiar es difícil. Para hacerlo es necesario superar el miedo y cerrar los ojos antes de lanzarse sin red al vacío. Aunque no es algo que hagan solo los valientes, lo hacen también los hartos. Los que tras levantarse mañana tras mañana, se sienten embudos… ven que nada les llena. La cara se les queda mate y la boca les hace mueca. Tal vez tienen una vida de manual pero cuando caminan por la calle sueñan, visualizan otro recorrido y notan en su pecho una chispa de felicidad, aplacada inmediatamente por un choque frontal contra la cotidiano. Una punzada fugaz, diminuta, pero suficiente para recordarles que existe un mundo distinto. Hace falta estar muy cansado de estar cansado para dar un vuelco a la vida y dejarse llevar. Hace falta ser valiente para soltarse de la cuerda que te ata a la rutina cómoda y gris, una especie de cordón umbilical asido a la mediocridad y el miedo. A veces no damos el salto porque nos gusta más el puro ejercicio de soñar que lo soñado, nos gusta el riesgo calculado, el peligro mínimo para que luego todo vuelva a su cauce… pero los límites cada vez se alejan… y nuestras ansias cada vez son más omnívoras. A veces la ansiedad de soñar sin tocar su sueño se hace insoportable…

Pasar por el camino de siempre es fácil, no mutar es la opción más llevadera. No supone sobresalto, no conlleva riesgo ni sonrojo. Para cambiar es necesario un esfuerzo titánico, un continuo devenir de emociones y pequeños pánicos… levantarse del sofá y abrir la puerta a la vida. Y lo que hay tras la puerta asusta… aunque revitaliza, rejuvenece… ilusiona. Sólo cabe decidir si esa ilusión inmensa compensa el riesgo de salir del nuestro mundo habitual, cómodo y clorofórmico, para dar el paso.

No todos los que soñamos con cambiar lo hacemos. Algunos se conforman con el sueño, se excitan con él y luego vuelven a su vida calculada. Algunos cruzan la línea para dejar de ser gusanos y convertirse en mariposas. El proceso es duro. Es una gestación larga, que requiere esfuerzo, intensidad… arrojo. El gusano mutante a menudo se mira en el espejo y se pregunta despavorido cómo ha sido capaz de estar en el proceso, siendo gusano… cómo osa pensar que podrá ser mariposa. Siente que quizás un enorme castigo caerá sobre sus espaldas por la soberbia de aspirar a brillar, lucirse… soltarse en el cielo y mostrar las alas. Y si no lo consigue, cómo va a contar a los demás gusanos que jamás sueñan que el intento salió mal. Le llamaran gusano loco, le mirarán con recelo… y peor aún… se mirará a si mismo con amargura.

Sin embargo, el gusano mira en el fondo de sus ojos y ve una chispa, un fogonazo brillante que le recuerda que por encima de todo, aunque al final no pueda… quiere… y que esa pasión es tan intensa que no puede resistir dejarse llevar. No puede cerrar la puerta y pasar el resto de su vida pensando que no será mariposa con cara de gusano asqueado y triste. Sentado en un rincón, pensando que se consume sin haber nacido.

Vuelve a la tarea y continua mutando. Al cabo de unos días entre el amasijo de capas que cubre su cuerpo, se dibujan unas alas. Son extremadamente finas, aún sin color, sin fuerza… pero le confirman que, ahora ya lo sabe, dentro de sí hay una mariposa.

Entonces se da cuenta de que lo que sería realmente una locura es no haberlo intentado. Sin importar que nunca le salieran las alas…

 
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Publicado por en 15/09/2012 en el quiosco, la barra del café

 

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¿Para qué sirve un sueño?

En dos clics, en la red, he comprobado que existen sueños de amor, de libertad, mágicos, de caramelos, de fuga, sin límites, lúcidos, de una noche de verano, en prosa o en verso… Unos son cortos, otros pueden durar toda una vida. Unos sueñan contigo y otros son portadores de sueños. Algunos los catalogan de inalcanzables y otros nos dicen que quien sueña con lo imposible, logra lo impensable.

Puestos a soñar, Paulo Coelho escribió un día, “la posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante”. Machado le precedió, con otro sueño: “si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar”. Y, mucho antes, George B. Shaw también soñó: “ves cosas y dices,”¿por qué?”. Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, “¿Por qué no?”.

Sueños, deseos y música, fundidos allá donde se dan cita razón, pensamiento e imaginación, son los que trae Marisol Sin Más, de Madison (EEUU).

 

Es hora de marcharse a soñar. Nunca dejes que tu sueño se pierda. Suéñalo con todas sus fuerzas. Me ha dicho Bego que se cumplen. Por si acaso, yo seguiré soñando. Hasta mañana, mundo… Y nunca pierdas tu ilusión.

 

 

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Donde el tiempo se detuvo

Conocí un camino, el camino de la sierpe, que me recordaba que algo reptaba entre el follaje y que en un tiempo pasado, cuando niños, vivimos algo indefinible que ahora nos es tan imprescindible como imposible de evocar. Y, como picoteados al azar, en el gran cesto de la memoria, se nos antojaba los recuerdos que le brindaba.

Tan sólo en un puñado de palabras, Aida Glez., desde Zaragoza, nos sumerge en una edad casi olvidada, donde el tiempo se detuvo. Es la magia del recuerdo y de la tranquilidad en estado puro, cuando el abuelo, con su rostro que siempre nos parecía anclado en el pasado, nos narraba cuentos de lobos y románticos bandoleros. Con música, por supuesto.

 

Detuvo el tiempo donde el silencio olía a leña mojada y las tardes sonaban a esquilas y cantos de grillos. Podía oír y tocar lo que nadie oía y sentía. Podía recibir mensajes de los pájaros, del viento, de los árboles, de un perro o de una gallina.

 

 

 

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“El Patiota”

Bajo la mirada estimulante de un sol más alto, portador de renovada luz, y de días hermosos, en la ciudad, luminosos fragmentos de cielo se cuelan en los edificios a través de patios, balcones, terrazas, huertos sencillos o jardines urbanos. Son pequeños paréntesis en los que el tiempo se detienen, la vida desconecta por un instante de la terca rutina, y un manto de luz dorada y de bullicio lo cubre todo invitando a una saludable desgana en las horas de ocio.

Un relato de Tico Medina, en Diario de Córdoba, dedicado, entre otros a la escritora y amiga María del Pino (rescatado de su blog, soñando la felicidad)

Si al que a su patria ama, la defiende, la exhibe, de ella se honra y la dignifica, es un patriota; al que hace lo mismo con su patio se debe llamar, con permiso de esa excelentísima academia, un patiota . Aunque no esté en el diccionario, todavía. Porque un patio es una patria, porque en él se vive, se respira, se convive, se sobrevive incluso, se nace, se crece y hasta se dice adiós, y porque de él se presume, es una causa común en la casa común, es lo que te hace más grande en lo pequeño, y te hace más pequeño aún en la inmensidad de un grande, por chico que sea el corazón de la casa.
Y yo no me quiero ir de este mundo (aunque a veces estoy de acuerdo con aquel grafiti: “que pare el mundo que me apeo”) sin un patio que vivir, siquiera los últimos días de mi vida, eso sí, soy el primer granadino que cuando busca una casa para volver, no para vivir, pregunta siempre: “¿y tiene patio?” De ahí que en este tiempo de los patios de Córdoba, porque puede haber muchos patios, pero de Córdoba es otra cosa, porque es una forma de ser y de estar, de ahí que insista en que los patios cordobeses son noticia en todos los medios, más que en España, fuera de España.
 

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Instrucciones para amar (el quiosco del CR)

Publicado por Daniel Najnsztejn, de Buenos Aires (Argentina), en su blog, muy recomendable, La venganza del señor equis

Instrucciones para amar (de Julio Cortázar)

Pósese justo frente a la persona que se quiere amar. Mírela a los ojos, sonría delicadamente, no exagere.Haga lento el abrir y cerrar de ojos: baje lentamente los párpados, súbalos de igual forma. Así durante todo el procedimiento. Tome lentamente su cara y acérquela a la propia; inmediatamente verá la fusión de labios. Con suavidad, abra la boca y mezcle las lenguas, manteniendo las manos sobre la cara. Luego de algunos segundos sentirá una reacción química que liberará energía calórica, pero no se precipite, prosiga con las instrucciones.Tranquilamente aparte las manos de la cara del ser amado, deslizándolas suavemente por los hombros hacia abajo, hasta llegar a la espalda. Abrazar fuerte. Continúe con los procedimientos anteriores, verá que no experimentará ninguna dificultad para realizar estos pasos al mismo tiempo. Relaje las piernas y los brazos, sosténgase de pie sobre la persona que se quiere amar, verá que es el mejor soporte posible. Apague o disminuya la luz, el ambiente será más tranquilo. Aproxímese a una cama, preferentemente hecha sólo de sábanas. No se preocupe por las almohadas, sus propios torsos cumplirán esa función perfectamente. No se apresure, póngase, despacio, en posición horizontal, guíe al amado a ponerse en la misma posición, de manera que los dos queden acostados y de costado, mirándose una vez más. No deje nunca de abrazar. En silencio, recuéstese sobre el torso ajeno y déjese reposar un buen rato. La oscuridad le dará una sensación muy pacífica de la realidad y limitando la visión y el oído, podrá disfrutar de los sentidos que suelen dejarse relegados: el tacto, el olor, el gusto. Mantenga el abrazo, pero no se quede dormido, el sueño bien podrá experimentarse despierto. Admirar todo lo que guste, deleitarse con las más inocentes excusas, detener el tiempo mientras se ve a la persona amada hacer algo tan simple como hablar, fruncir el ceño o jugar infantil y tiernamente con un peluche. Agregue dulzura a gusto.Añada sonrisas, payasadas y bromas (las lágrimas no hacen mal si están medidas en proporción y están bien batidas con amor), regalos insignificantes como un beso en un momento inesperado o un papel escrito a las apuradas. Pueden ser valorados más que una joya.

Consejo: las caricias y besos extras a lo largo de todo el procedimiento producirá un mejor efecto y mejor resultado. No olvide las miradas. Secreto: Esta receta es especial para noches de lluvia; el sonido de las gotas rompiendo el silencio conforma una atmósfera imperdible.

 

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Se busca líder (El quiosco del Café)

Un líder es, a mi juicio, aquel capaz de convertir una visión en realidad. A la espera de semejante y romántico milagro, no queremos gobiernos e instituciones con más marionetas, sino líderes que, de verdad, quieran gobernarnos. Líderes capaces de velar por nuestro sueño y que no conviertan las ciudades y pueblos en lugares donde nunca se duerme porque sus pobres necesitan todas las horas del día para conseguir su magro sustento. Líder es también aquel que, cuando cae un chaparrón, le presta el paraguas al prójimo o le dice la palabra adecuada, en el momento justo y el lugar acertado. Un artículo de la periodista Mercè Roura sobre una búsqueda, hoy en día más que necesaria, ¡urgente!.

 

El líder es alguien que escucha. No le asustan las ideas nuevas, es más, está dispuesto a abrir su mente a nuevos enfoques para encontrar otras soluciones que le puedan pasar por alto. El líder es alguien que sabe que si las cosas se hacen cada día de la misma forma es imposible ser creativo y alcanzar retos. El líder no grita porque no le hace falta. No causa temor, infunde respeto.

El líder se rodea de personas más inteligentes que él porque sabe que eso suma esfuerzo y talento. Sabe que debe adaptarse como un camaleón. Que hay momentos para integrarse en el paisaje y momentos para sobresalir. Es alguien con ideas claras y métodos claros pero dispuesto a hacer concesiones. Sabe sus límites pero está dispuesto a superarlos.

El líder es cauto y racionaliza pero al mismo tiempo valora las emociones y cómo sus actos afectan a las personas.

El líder sabe cuando hablar y cuando callar y siempre da la cara, aunque sea para recibir incomprensión o quejas.

El líder es sencillo, pero brilla.

El líder está dispuesto a tomar decisiones arriesgadas que no gusten… si las cree justas, incluso a riesgo de perder votos o prebendas. Sabe que quizá su liderazgo será valorado por la historia, no por sus contemporáneos.

El líder también tiene miedo, a veces mucho, pero se lo traga.Sabe cómo canalizarlo, como transformarlo en trabajo, en esfuerzo. Su miedo no es el de un cordero que espera manso su turno en el matadero, es el de una madre cinco minutos antes de dar a luz, cuando la ilusión y las ganas vencen al dolor y la incertidumbre.

Un líder usa las palabras, nunca de las come. No se cree mejor que nadie pero se respeta a sí mismo.

Se equivoca y lo admite. Fracasa y se levanta. Sabe que puede, piensa que puede. El líder no es ni duro ni blando, es resistente pero flexible.

El líder tranquiliza, actuá de bálsamo, hace de guía.

Se busca líder.

Razón : un pueblo demócrata y desesperado

Abstenerse aspirantes con ánimo de lucro.

 
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Publicado por en 19/04/2012 en el quiosco, la barra del café

 

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