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Hazme tu huella

Tenía el libro entre sus manos. Lo entreabrió, rozó la cubierta y el suave papel de sus páginas y sintió habitar en él. Escuchó una música que nunca se ha de olvidar. Y se puso a rebuscar entre sus recuerdos la última vez que fue feliz, que sonrió junto a alguien. ¿Dónde están los buenos recuerdos?, se preguntó para sus adentros. Y el recuerdo le llevó a un parque, en un banco, donde alguien se sentó a su lado y le dijo “buenos días, princesa”.

Con el amor como motivo, como no podía ser de otra manera, La Dama se Esconde Ruiz Mora, la escritora de Murcia, nos deleita con una breve e intensa historia de alguien que sueña su compañía.

Con música: “Love Theme From Romeo & Juliet”

He dejado mis caricias en
tu puerta.
Las minusculas huellas
de mi alma se descuelgan

entre tu cintura y mi cadera.

Suave, lenta, adormilada y
mágica, tu mano desvela
mis versos; mis palabras,
mi aliento entre tu espalda.
Soy ascua, soy veneno, la historia que buscas            

entre tus sábanas…

hazme la huella de tus noches,
el amanecer de tu calma,
luna de tus deseos,
un rayo de luz cuando
me abrazas.

 

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No tengáis miedo

El dolor, el sufrimiento, incluso la muerte del prójimo, nos recuerda lo resistente que puede ser el espíritu humano cuando quiere serlo. Tenemos miedo, sí, pero el miedo cuenta, nos hace más humanos, incluso. Y enfrentarse a los miedos es el único método posible de vencerlos.

Un día le mostré el miedo a María del Carmen Escriña (Madrid) y ella me regaló seguridad. Una acertada composición, no tanto por lo que contiene sino por lo que sugiere, acompañada de su sonido, compases que transportan a lugares imaginarios, quizás imaginados.

No tengáis miedo a los gritos de dolor, mudos;

gritos que solo se transmiten con la mirada;

gritos que habitan en los profundo de vuestro espíritu;

gritos mudos.

Dejadlos que pasen;

parten el alma, dolor;

luego, enseñan, renuevan,

los gritos mudos. No tengáis miedo.

Aguantadlos, gritan sin voz;

Y dejad que escapen a través de vuestros ojos,

gritos sin voz.

Una vez han escapado,

la calma vuelve, la paz se instala,

gritos que se fueron.

 

 

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Poesía de la calma

Herido, estoy herido. Sus manos de seda acarician la herida, acunan mi alma. Veo pasar la vida en un instante pero me siento tranquilo. De su alma a sus manos, de sus manos a mi cuerpo. Sus manos, con el cuidado del viejo relojero, relojero del tiempo, cura la herida, herida del alma. Y traen la calma. Y me rindo sin miedo. Y no quiero huir, huir del tiempo pasado, del tiempo que vendrá.

Un preciosa poesía de María José Fresneda (Madrid), una mujer que sabe mucho de heridas… también del alma. María José es voluntaria del Servicio de Protección Civil de Madrid (SAMUR), buena gente, extraordinarias personas. Clica sobre la imagen para escuchar y ver entre sus recuerdos, mis recuerdos.

Mientras la dama miraba
sin que sus ojos vieran,
su corazón sentía
y no palpitaba.

Un suspiro corto
casi la sumía
en un éxtasis perpetuo
sin que lo notara.

y talló deseos en un atardecer de otoño,
y escuchó a su alma a través del tiempo,
y sintió sin prisas lo que no llegaba,
y encontró la calma,
y se rindió sin miedo.

 

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