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Luceros en la noche

El caracol, indefenso y ligero, humilde criatura donde las haya; con su casa a cuestas, su morada, que va construyendo con su propia saliva a medida que va creciendo. Mientras quede un caracol sobre la faz de la tierra, mientras haya un pino en el pinar, mientras haya una gota en el río… ¡es un sueño!.

¡Ay!, los sueños, ese mundo tan extraño, misterioso a la par que apasionante y toda una pesadilla en demasiadas ocasiones. Desde Córdoba, José Arjona nos dice que son como luceros en la noche que persigue el hombre y que si quiere seguir siendo hombre, siempre deberá perseguir. Con música, “notebook”.

 

Benditos los sueños que en algunas ocasiones tenemos, los cuales no distinguimos de los demás sueños. Son como luceros en la noche, que nos iluminan el verdadero camino. Si el hombre supiera distinguirlos, sería más sabio, justo y certero en su camino.

 

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Amalgama

El pasado no ha muerto, dice Faulkner, “ni siquiera ha pasado”. Hay veces en que vuelve el pasado, acude el futuro y se encuentran en el presente. Otras en que el tiempo no importa porque se ha desarticulado; porque todo, presente, pasado y futuro, está ocurriendo o siendo a la vez. Tú debes elegir porque las más de las veces el futuro nos tortura, el pasado nos encadena y he aquí porqué se nos escapa el presente.

Una preciosa reflexión de Olga Prieto (Baix Llobregat, Barcelona) acerca del país de Serendip, un mundo de complejas emociones, de emociones del pasado y mañana, ya veremos. Música: sólo una mujer, sólo un país, sólo un recuerdo, ¡todo!.

El tramo de vida que caminamos hacia delante _se hace camino al andar_ arrastra experiencias pasadas_el pasado no ha muerto, nunca lo hace_y en la conjugación de éstas con las nuevas_fui lo que eres, serás lo que soy_resurge el presente vivido, confundiéndose con un pasado ya fundido en un presente futuro_dejadme que siga con mis recuerdos, pues de ellos vivo, lo cual es lo mismo que vivir de esperanza, ya que quien no tiene  pasado carece de futuro, y quien no ha hecho nada, no puede saber lo que va a hacer_ Amalgama de vivencias vividas expectante y anhelante de satisfacer deseos y ilusiones ansiadas.

 

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Camino Galicia

Detengo el tiempo, allá donde el silencio huele a leña mojada y las tardes suenan a esquilas y cantos de grillos. Tranquilidad en estado puro; cuentos de lobos y bandoleros; rostros, de distina belleza, anclados en la memoria. Un friso continuo de ventanas que se abren y se cierran y en el que aparecen paisajes y personajes, pallozas de paja, estructuras con chimeneas humeantes, techos de pizarra… La magia de un lugar y de un tiempo.

Un poema de Luis Blas Serena, desde Galicia http://luisblasserena.wordpress.com/. Con música de Luar na Lubre.

¡Oh! Galicia, bella tierra

¡oh! Galicia, terra das meigas

siendo tu Galicia

tierra de gente obrera

repartida proporcionalmente

tus aguas, montes y praderas

 

Siendo tu Galicia

tierra de gente buena

trabajadora y sencilla

llena de gran fortaleza

 

Siendo tu Galicia

creada para la belleza

pues nunca vi paisajes

con tan majestuosa alteza

 

Siendo tu Galicia

única entre las tierras

de empanadas, de potes

y de pulpos da feiras

 

Siendo tu Galicia

por tu encanto y tus fiestas

tan querida por todos

aquellos que te conocen

y ya, siempre te recuerdan;

lástima que siguen abandonadas

tus calles caminos y carreteras

pues el corazón se me parte

porque también faltan escuelas

 

Muchos otros caminos

abandonados se quedan

por ganar protagonismo

de intereses que bolsillos llenan

a hijos traidores, de tu bella tierra

que se llaman gobernantes

pero no luchan, codo con codo

ni te elevan a las estrellas

ni te cuidan, ni te miman

o te dan, lo que tu les diera

que eso, es ser autentico gallego

gallego de tu bella y linda tierra

 

Sentirte, que es compartirte,

esos bellos sentimientos

de tantos escritores y poetas

Rosalía, Castelao, o

Camilo José de Cela

en sus escritos te enaltecen

ellos y tu pueblo, te elevan

con el pensamiento y la pluma

te hacen traspasar, todas las fronteras.

 

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Tocarem els estels (Tocaremos las estrellas)

Y, por fin, descubrió el mar y su olor de azul turquesa del cielo, y el mar luminoso en contraste con la abigarrada ciudad, protegida por montañas ya míticas. Y pudo tocar la estrellas mientras cuatro músicos tocaban en las mismas verjas del parque. Tocaban canciones de amor.

De Santi Fornell (Balsareny, Barcelona). Un cuento con música sobre las estrellas pues hacen falta ya que, en estos tiempos agitados, aún queremos y debemos ver y utilizar las estrellas para que nos guien en el camino.

Versió original (en català)

Cada nit dibuixarem un estel nou. Sortirem per mirar el cel mentre va enfosquint la seva llum, mirarem que mai falti cap ni un dels estels que ahir hi havien, i si un no hi és, el pintarem nosaltres.

I així, mica en mica, també posarem noms a tots aquells que inventem en el nostre dibuix: un serà el que et digui que t’estima, l’altre serà el que et recordi que ets especial, el de més enllà et dirà que mai la soledat serà asseguda al teu costat… I així, mica en mica, anirem omplint aquesta negror que fa un temps era tan i tan fosca, i que d’ençà que tu i jo la pintem d’estels cada cop és més i més brillant.

No oblidis mai, encara que passi el temps, encara que pensis que jo no hi soc, sempre que surtis a mirar la nit i vegis els estels, recorda que jo, sempre hi seré. Avui, desprès de pintar-los, els tocarem, pujarem als nuvolets dels somnis, els que tu cada nit fas venir fins al teu cap, i allà al damunt d’ells ens endinsarem fins on res no sigui diferent… Vens ?

Cada noche dibujaremos una estrella nueva. Saldremos para mirar el cielo mientras va oscureciendo su luz, miraremos que nunca falte ni una de las estrellas que ayer existían y, si acaso una falta, la pintaremos nosotros.

Y así, poco a poco, también pondremos nombres a todos aquellos que inventamos en nuestro dibujo: uno será el que te diga que te quiere; el otro será el que te recuerde que eres especial; el de más allá te dirá que nunca la soledad se sentará a tu lado… Y así, poco a poco, iremos llenando esta negrura que hace un tiempo era tan y tan oscura, y que desde que tú y yo la pintamos de estrellas cada vez es más y más brillante.

No olvides nunca, aunque pase el tiempo, aunque pienses que yo no estoy, siempre que salgas a mirar la noche y veas las estrellas, recuerda que yo siempre estaré. Hoy, después de pintarlas, las tocaremos, subiremos a las nubes de los sueños, las que tú cada noche haces venir a tu cabeza, y allá encima de ellas nos adentraremos donde nada sea diferente… ¿ Vienes ?

 

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Una bonita historia de amor

Busco rostros humanos entre la multitud, calidez en la sonrisa, un gesto de solidaridad en el barullo de cuerpos que se cruzan y tropiezan, de gente que busca su tren con una expresión de desvalimiento en el rostro y la torpeza de la urgencia en el cuerpo. Vuelvo sobre mis pasos. Pasado y futuro parecen fundirse en un presente donde las emociones forman parte del pasado y quizás del futuro, pero hoy sólo son frustraciones, la mayor parte de las veces. ¿Cuál es la razón de mi existencia?. ¿El tren que perdí?. ¿El tren que vendrá?. En ocasiones pienso que la única razón de nuestra existencia es la piel de la planta de los pies, que no debemos descuidar nunca, siempre en difícil equilibrio, siempre temblando, como un eterno funámbulo sobre alambre demasiado y perpetuamente tenso.

No quiero ser la estación término sino un andén desde el cual emprender un nuevo viaje. Recuerdo que de la mano de mi abuelo, un sabio analfabeto siempre postrado en su sillita de mimbre tejiendo nidos de pájaros, conocí la primera estación. Cada tarde de verano, cuando el verano aún era verano, nos sentábamos en la sala de espera. Veíamos pasar los trenes locales y los que se detenían para cargar las sacas del correo o las encomiendas. El reloj de la sala siempre llamaba mi atención: una aguja larga, una corta y una delgada que no cesaba de andar. Aprendí el funcionamiento y volvía a casa con el nuevo conocimiento, como si fuera algo maravilloso. Para mí lo era. Ya no tenía que preguntar.

Cada visita a la estación era una fiesta. Los horarios de los trenes me cautivaron. ¿Cómo sabían que debían llegar, quién les avisaba?  Los veía con vida propia. También aprendí que no era así. Que había muchas señales, muchas personas, muchos contratiempos. La sala amarilla, como la llamábamos, servía de aula. Y recuerdo también que el abuelo llegaba algunas tardes con la merienda caliente. La casa no estaba cerca de la estación, pero él, con su asma a cuestas, llegaba con su mejor sonrisa y una pequeña canasta con el termo, algunas galletitas y casi siempre con un buen trozo de pastel de manzanas, tibio. Siempre me prometí que le llevaría un poco de luz al abuelo para sus ratos en la sillita de mimbre. Alguna vez, solo alguna vez, lo cumplí. Ahora me arrepiento.

Los trenes indiferentes a mis inquietudes pasaban siempre con el mismo rumbo. Hacia la derecha, al interior del país. Hacia la izquierda, a la capital. Arriba, abajo, delante, atrás, la hora, los horarios, invierno, verano, luz y sombra. Ya estaba al tanto de todo. Crecí y ya entonces ya pude ir solo a ver los trenes. Fue cuando la sonrisa y los ojos claros dieron la bienvenida al mundo de los adultos. Tenía nueve años y toda la energía del mundo, creo. El abuelo se fue cinco años después. El andén me esperaba todas las mañanas. Subía al tren, y luego de ocho o nueve horas, otro tren me dejaba en el mismo lugar. Me quedaba en la sala de espera, sin esperar a nadie. Estar allí era recuperar un pedazo de mi infancia, un pedazo de mi familia.

Subo al tren. El tiempo se detiene y no importa porque se ha desarticulado; porque todo, presente,pasado y futuro, está ocurriendo o siendo a la vez. Puedo rozar incluso la textura del tiempo. La locomotora diésel arrastra cuatro vagones de época. El traqueteo de las viejas máquinas deviene un ameno acontecimiento que me devuelve nostalgia, sensaciones y perspectivas de tiempos lejanos. Anclo en la memoria un trayecto inolvidable y unos paisajes espléndidos. Es un lugar donde donde las aguas turquesas no han sido pintadas ni el cielo ha sido saturado de color… nada ha sido objeto del Photoshop. Los lagos agitan las aguas de la memoria. Hasta las piedras lloran. Toscamente talladas, vierten lágrimas acumuladas por la lluvia y la humedad ambiental.

Existe un recorrido nostálgico que te transporta en el tiempo y que resulta imprescindible para los amantes del ferrocarril y de la naturaleza en su estado más atractivo y excepcional. Se trata de un viaje inolvidable por las tierras de Lleida hasta llegar a los lagos del Pirineo. saliendo del Segriá, atravesando La Noguera y el Montsec y llegando al Pallars Jussá.

El tren regresa a hábitat natural con ocasión de la Semana Santa y vuelve a recorrer los viejos caminos de hierro. De abril a septiembre, de Lleida al Pallars Jussà, pasando por la Noguera y el Montsec, el convoy torna a sus orígenes cifrados en febrero de 1924.

La vía transcurre por la derecha del río Segre desde Lleida hasta Balaguer. Lo realiza por vía única en un itinerario llano hasta llegar a las primeras murallas montañosas de Sant Llorenç de Montgai y Camarassa, donde el tren ya forma parte de la cuenca del río Noguera Pallaresa que le acompañará, en medio de embalses y cordilleras montañosas como el Montsec, hasta la Pobla de Segur, donde habrá completado un total de 41 túneles y 31 puentes.

Más información, http://www.trendelsllacs.cat/

 

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Arriesga

Dijo en una ocasión Van Gogh: “¿qué sería de la vida, si no tuviéramos el valor de intentar algo uevo?”. Ciertamente, hay que tomar decisiones cuando se está “en el ajo”, porque teorizar es algo muy fácil. Y pese a los reveses de la vida, debemos arriesgar. Debemos correr los riesgos simplemente porque el más grande de los peligros de la vida es no arriesgarse. Las personas que no arriesgan nada no tienen nada, no hacen nada. Tal vez podrán evitar el sufrimiento y la tristeza, pero no logran aprender, sentir, cambiar, crecer o vivir. Solo cuando una persona arriesga, es verdaderamente libre. Quien quiere llegar busca caminos, quien no quiere llegar buscar excusas.

Nos lo cuenta con música Cristina Jiménez-Buil, de Madrid

Aunque reír es arriesgarse a parecer imbécil.

Aunque llorar es arriesgarse a parecer sentimental.

Aunque acercarse a alguien es arriesgarse a involucrarse.

Aunque mostrar tus sentimientos es arriesgar a que te sonrojes.

Aunque exponer tus ideas o tus sueños a una multitud es arriesgarse a perderlos.

Aunque amar es arriesgarse a no ser amado de la misma manera.

Aunque vivir es arriesgarse a morir.

Aunque desear es arriesgarse a ser defraudado.

Aunque intentar es arriesgarse a fallar…

 

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Cuando acaricio al gato

¿Qué es un día feliz?. Es más, ¿qué es un momento feliz?. Existen distintos momentos, distintos días, e incluso diferentes etapas y, si me apuráis, diferentes vidas, todas ellas aquí, y en vosotros y vosotras. La vida puede tener un camino, o dos, o tres… infinitos caminos. En cada uno de ellos, existe un lado sombrío y otro brillante, y de nosotros depende elegir el que más nos plazca. Y, al final, descubriremos que la verdadera felicidad puede radicar en un momento que sugiere un instante de eternidad. Un gato, un paseo por el campo… Nos debatimos en una lucha interna, sin cuartel: cuando queremos no podemos y cuando podemos, no queremos. Es una cuestión de voluntades. Solo imaginadlo y podréis.

Nos lo dice Angels Mora Querol, de Barcelona, para quien esos momentos de felicidad se encuentran en actos y momentos que nos parecen tan triviales, a la par que automáticas, que no vemos la eternidad del instante. Un relato (en su versión original, en catalán, aunque se entiende todo) con música, Adele ”Someone Like You”  -clica sobre la imagen para sentir un voz que atrapa-.

Quant acarició el meu gat, em sento feliç.

Quant passejo pel camp, em sento feliç.

Vull sentir-me constantment així.

I, quan m’hi sento, només em cal tenir la intenció d’allò que desitjo.

Molt bon dia !!!

 

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