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¿Para qué sirve un elefante? (carta al Rey)

Majestad, le escribo sobre una silla de oficina de cuatro ruedecitas con forro desgastado casi hasta la vergüenza, sobre un ordenador pagado a plazos y una conexión de módem USB que funciona según sopla el viento. No seré yo quien le diga que debe abdicar pues triste y frustante debe ser para un monarca tomar tamaña decisión tras una etapa, herencia de un dictador, que se inició, y prosiguió, entre más sombras que luces, según se ha descubierto recientemente.

Con todos los respetos, y sin ánimo de ofender, su aventura africana ha resultado más que un accidente. Seguramente, y desde un punto de vista criminal, no hubo dolo (intencionalidad o vicio del acto voluntario) en su acción. Sin embargo, emerge el ánimo culposo. Y la culpa queda y mancha.

Le digo esto porque, quizás, usted y su equipo de asesores deberían plantearse un cambio de las estrategias de comunicación, y ya de paso de sus aficiones y entretenimientos, no para salvar la cabeza, que en época de Robespierre hubiera rodado, sino para rehacer, cuanto menos, la maltrecha imagen personal y, por extensión, de la Casa Real española.

Hemos conocido por la prensa -primer error-, que sufrió un accidente mientras practicaba la caza de elefantes en una país llamado Botswana, un estado del sur de África conformado por territorios cuyos nombres evocan historietas de Tintín.

Majestad, para su conocimiento, debe saber que hay miles de personas, millones, que no son capaces de enfocar su futuro más allá del pasillo de su casa y, si acaso, de la calle del barrio donde residen, y cuya mayor aspiración radica en acabar el día y poder ofrecer a los suyos un plato y una cama, aunque también los hay que no tienen otra solución que dormir con el cielo como techo, buscando soluciones a sus males y déficits en alguna estrella o en el fondo de alguna botella.

Usted, rey de todos los habitantes de este país, es el primer interesado -o debiera serlo- en predicar con ejemplos que sirvan para dar ejemplos. Gracias a su accidentada aventura africana, ahora muchos ya saben dónde este recóndito lugar llamado Botswana pero de nada sirve semejante acontecimiento para salvar la trastabillada economía doméstica de miles, millones de ciudadanos.

Esta reflexión me conduce a otra, quizás más baladí dada la actual coyuntura económico-financiera del país, aunque no menos preocupante, tanto para su imagen como para el alicaído ánimo de millones de españoles. Le hablo del asunto de la caza. Usted, Majestad, tiene todo el derecho a emplear su tiempo libre como más le plazca, aunque debería explicar, por una cuestión de imagen, pues público es su cargo y pública es su figura, cómo se ha costeado el viaje.

Sin embargo, permítame indicarle que la práctica de la caza, en este caso de animales feroces, quizás en peligro de extinción, no es el entretenimiento más indicado, nunca, a mi parecer, y mucho menos en épocas de crisis. El elefante que, “graciosamente”, abatió sugiere signos de feudalismo, en este caso trasnochado y extemporáneo. Y se lo digo yo, que únicamente practico la caza – y aún así pido perdón por ello- de algún que otro “mosquito” que chupa mi sangre y altera “mi sueño”.

Fíjese, Majestad, para qué ha servido un elefante, en este caso muerto. Una figura de su renombre y proyección debería percibir la mofa, y también el escarnio (aún culposo) que su aventura ha levantado, en una nueva “bufonada”, según el parecer de muchos, de la Casa Real. Sepa que proliferan fotografías suyas, unas más logradas que otras, cazando toda suerte de animales salvajes, e incluso “disparando”, accidentalmente, por supuesto, al “niño Froilán”.

Le repito que no seré yo quien le diga si debe abdicar, pero no estaría de más una sincera y pública disculpa a todos aquellos ciudadanos que han sentido su aventura africana, desvelada por accidente, como una auténtica afrenta.

Y en estos días de obligado reposo le recomiendo que disfrute usted de una fantástica película, a mi parecer: ¿para qué sirve un oso?. Hágalo, por favor, sentado cómodamente en el sofá de su Palacio, lejos de cualquier arma -ya se sabe que las armas las carga el diablo pero las dispara el hombre- y, si es posible, haga que le sirvan la cinta legalmente. No la descargue ilegalmente por Internet, no vaya a ser que, en los próximos días, discutamos sobre ¿para qué sirve un oso después de haber matado un elefante en una accidentada aventura africana?.

Atentamente.

 

 

 

 

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Se vende una niña (soñadora)

Pongamos que te vendes. Pongamos que tomas tus riesgos. Pongamos que si ganas, serás feliz, y si pierdes habrás aprendido. Pongamos hay un camino seguro para llegar a todo corazón. Pongamos que ese camino es el amor. Pongamos que todo lo que haces y dices lo haces y dices desde el corazón pues no sabes hacerlo ni decirlo de otra manera. Pongamos que sólo una cosa vuelve el sueño imposible. Pongamos que esa cosa es el miedo a fracasar. Pongamos que tienes miedo pero que eres valiente. Pongamos que sólo los valientes, como tú y como yo, triunfamos. Pongamos que te vendes para que el mundo sepa quién eres.

Laia Martínez Pous, de 13 años y de Mollet del Vallès, ha afrontado ese reto. Sin estrategias de comunicación y publicidad premeditadas. Desde el corazón, en un ejercicio espiritual y literario romántico. Imagen con música: One Direction – What Makes You Beautiful

Laia Martínez Pous. Trece años. De estatura mediana y de cabellos morenos claros y largos. Lleva gafas azules, luce unos ojos marrones, ni muy grandes ni muy pequeños, como la nariz, y unos labios gruesos que acompañan una bonita sonrisa.

Laia es ordenada, lista, justa y lucha por lo que quiere. Te puede ayudar mucho, y en muchas y variadas cosas.

Le gusta la pizza, salir con las amigas, pasear, ir al cine, comprar ropa o disfrutar de unos días en la montaña.

No le gusta la gente mimada, ni el tomate ni el vinagre. Bastante vinagre nos da la vida, ya, opina.

Le gustaría viajar a Londres y visitar a su grupo favorito, One Direction.

¿El futuro?. Profesora. O relaciones públicas, quizás.

Laia, trabajadora y soñadora.

 

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A menudo me siento cobaya (El quiosco del CR9)

Por Mercè Roura, periodista de Badalona.

¡Qué tiempo tan raro vivimos! Un día nos quedamos narcotizados y dormidos mientras el lobo feroz se nos come las entrañas y al siguiente nos hemos convertido en una bestia parda y desalmada. Somos verdugo y somos reo. Hoy damos lecciones de ética y mañana nos las tenemos que tragar porque caemos presos de nuestras palabras.

Nos ha tocado esta racha maloliente y para evitar revolcarse en las heces de esta sociedad contradictoria y desencantada es bueno mantener la cabeza fría y sobre los hombros.

Me cuesta llegar a fin de mes, mucho. La presión que ejerce sobre nosotros esta crisis nos convierte en seres sujetos a espasmo. Medio dormidos, medio rabiosos, con ganas de salir del fango y respirar aire puro… con ganas eternas de partirle la cara a alguien para desahogar nuestra frustración perpetua. Cuesta sacarse esa quemazón de las entrañas y dejar de victimizarse. Cuesta no dejarse llevar por esa marea de quejas y saber qué queremos y quiénes somos, más allá de lo que otros tengan pensado que hagamos.

Lo más más difícil es centrarse y buscar un norte . Nos pasamos el día atomizados por mensajes contradictorios. Vivimos en un mundo falso, falso hasta asquear. Aún hay quien nos engatusa con vocablos pueriles y quiere hacernos creer que la sociedad está dividida entre buenos y malos, que la realidad es en blanco y negro. Estamos siendo sometidos a tanta información y a la vez, profundamente desinformados. Cuesta discernir qué creer, qué certificar… dónde está el grano y dónde la paja incendiaria. A menudo me siento cobaya, me siento experimento.

Caemos también en la trampa de pensar que este tiempo que vivimos es inédito, cuando echando vista atrás podemos darnos cuenta de que los que nos precedieron sobrevivieron a situaciones similares.

No somos los únicos, no tenemos nunca toda la razón, no somos infalibles… pero podemos ser auténticos y libres. Podemos pensar y no dejarnos llevar por falsos oradores que buscan vendernos inventos espantosos y doctrinas cortoplacistas y pestilentes, que quieren usarnos como carne de cañón y parapeto para sus fines. Podemos ser nosotros mismos y luchar por lo que queremos. Eso es mucho.

 

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El ruido también afecta a los árboles (el quiosco)

Un reportaje de BBC Mundo (en cada fotografía, una música)

Ya se sabía que el ruido afecta el canto de las aves, pero también tiene un impacto negativo en las plantas, según un nuevo estudio.

Científicos en Estados Unidos encontraron que los ruidos asociados a actividades industriales perturban el comportamiento de animales que tienen un rol clave en la polinización y la dispersión de semillas.

El aumento de decibeles debido a la acción humana podría estar modificando lentamente algunos ecosistemas y afectando especialmente a los árboles.

Los científicos, del Centro Nacional de Síntesis Evolutiva en Carolina del Norte, NEScent por sus siglas en inglés, investigaron el impacto del ruido en un hábitat conocido como Rattlesnake Canyon Habitat Management Area (RCHMA), en el estado de Nuevo Mexico.

El sitio es ideal para evaluar los efectos del ruido en la fauna, ya que se trata un área con cobertura de bosque y al mismo tiempo con pozos de explotación de gas natural.

Las características del lugar permiten aislar el impacto del ruido de otros posibles factores negativos como las luces artificiales.

Pino piñonero

El ruido afecta la dispersión de semillas de los pinos piñoneros.

Picaflores

Estudios anteriores ya habían determinado que el ruido en los centros urbanos lleva a las aves a cantar a una frecuencia más alta para que sus llamados puedan ser oidos por otras aves.

El experimento de NEScent se realizó en dos fases. En una primera instancia, los investigadores estudiaron los efectos en las aves, “que son especialmente sensibles a la contaminación acústica ya que dependen de una comunicación eficiente para sobrevivir”, señala el estudio.

Los científicos colocaron flores artificiales con tubos de néctar en áreas ruidosas y en áreas tranquilas, para medir exactamente la cantidad de líquido consumido por picaflores o colibríes.

El ruido industrial causó un aumento en la actividad de las aves. Una especie en particular (Archilochus alexandri) visitó cinco veces más flores en sitios ruidosos que en áreas más silenciosas.

Clinton Francis, autor principal del estudio, cree que los picaflores prefieren los lugares ruidosos porque otras aves que atacan sus nidos, como los arrendajos azules, tienden a evitar esos lugares.

Sitio en Rattlesnake Canyon, en Nuevo Mexico donde se realizó el estudio

El sitio del experimento es ideal porque combina al mismo tiempo bosque y actividad industrial.

Pinos y ratones

En una segunda fase del experimento, los investigadores evaluaron el impacto del ruido en uno de los árboles más comunes del lugar, una especie de pino piñonero denominado Pinus edulis.

Los científicos esparcieron conos debajo de 120 árboles en áreas ruidosas y tranquilas y utilizaron una cámara sensible al movimiento para registrar los animales que buscaban semillas.

Varios animales visitaron el lugar durante tres días, incluyendo ratones, ardillas, aves y conejos.

Los ratones prefirieron los sitios más ruidosos, pero los arrendajos azules o urracas azules (Cyanocitta cristata) ni siquiera se acercaron a ellos. Esto es muy preocupante, según los científicos.

Las semillas ingeridas por los ratones no sobreviven al pasaje por el aparato digestivo del animal, de forma que un aumento en la población de ratones se traducirá en una menor germinación de semillas.

Los arrendajos azules cumplen un papel fundamental en la dispersión de semillas de árboles. Un ave puede recoger cientos o incluso miles de semillas y enterrarlas para comer posteriormente. Algunas de esas semillas eventualmente logran germinar.

“El estudio demuestra que es preciso evaluar las consecuencias ecológicas de los cambios que los seres humanos están introduciendo en hábitats en todo el mundo

Arrendajo azul o urraca azul (Cyanocitta cristata) Foto SPL

Los arrendajos azules recogen y entierran cientos de semillas de árboles, pero no se acercan a sitios ruidosos.

 

En el caso del experimento, el número de arbolitos fue cuatro veces menor en las áreas ruidosas que en las más tranquilas.

“Esto significa que podrá reducirse el numero de árboles en áreas más ruidosas, pero esto podría haber pasado desapercibido durante muchos años porque los piñones crecen muy lentamente”, explicó Francis.

“Y si hay menos piñones el hábitat dejará de ser favorable para los cientos de especies que dependen de estos árboles para sobrevivir”.

Los científicos señalan que “la contaminación acústica es cada vez mayor y la investigación demuestra que es preciso evaluar las consecuencias ecológicas de los cambios que los seres humanos están introduciendo en hábitats en todo el mundo”.

El estudio fue publicado en la revista de la Academia de Ciencias Británica, Proceedings of the Royal Society Biology.

 
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Publicado por en 23/03/2012 en el quiosco, la barra del café

 

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Las palabras curan (en el quiosco del CR9)

Conocí en una ocasión a un profesional de la medicina que se relacionaba con los pacientes como personas, les dejaba hablar, les dejaba contar lo que les pasaba aunque no les pasara nada en particular. Creía que las palabras podían curar tanto como las medicinas. No se hacía amigo de ningún paciente para no sufrir en exceso pero tampoco permitía que le trataran como el doctor del chiste: “doctor, doctor, nadie me hace caso” y el doctor respondía: “el siguiente”. A cada paciente que regresaba del quirófano le saludaba con un beso, con una palabra adecuada, con una frase ocurrente: “ya tardabas”.

Por Mercè Roura, periodista de Badalona (Barcelona)

A nuestro mundo le hace falta una cura de palabras. Es urgente. Tenemos que buscar entre todos palabras sabias para tapar heridas y sustituir palos, machetes, puños y uñas. Corre prisa. Vivimos un momento de histeria colectiva, de susceptibilidad máxima. Incluso los mansos y los cautos han empezado a lanzar saliva contra los que siempre buscan brega… ajenos al zarpazo que les espera. Lo hacen porque no lo soportan más. Asco por asco, piensan, mejor vivir en el desahogo de haberle plantado cara al chulo del lugar. Cada día hay más chulo, aunque tal vez sea yo, que presa de un alto nivel de desconcierto social, me creo que son chulos cuando lo único que hacen es defenderse o auto-reafirmarse.

Cada día hay más malentendidos y roces y quejas. Quejarse de forma constructiva es bueno, pero hace falta actuar para cambiar porque si no la queja se vuelve hábito y pasa a formar parte del carácter.

Se nota al cruzar la calle. Algunos ponen cara perruna, asustan. Otros tienen las facciones mutadas por el miedo, se les ve paralizados por la angustia, tienen escrita en el rostro una noche haciendo cuentas para pagar recibos.

Los recibos crecen, los sueldos encogen. Escasea en algunos lugares y momentos el “buenos días”, el “hasta pronto”, el “suerte mañana”, el “gracias por todo”… el “estoy contigo pase lo que pase”.

Estamos siempre alerta para clavar colmillo hasta la encía, pensando en negro, repitiendo en un mantra la palabra crisis hasta que se esculpe a fuego en el día a día y nos invade.

Tal vez parezca frívolo en un momento en el que pasamos escasez y muchos pierden su hogar y sus sueños… pero las formas importan. Importan porque se dirigen a personas. Importan porque evitan trifulcas y peleas y generan diálogos.

Y sobre todo, importan las palabras porque con ellas se construyen puentes, generan empatías. Importan porque convierten a la víctima en el dueño de su destino, porque generan oportunidades.

Necesitamos palabras, muchas. Todas las que encontremos van a ser pocas porque tenemos que cambiar esta inercia de malhumor y caras agrias, porque nos merecemos otro presente y otro futuro.

Cuando la intención las acompaña, las palabras curan.

 

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Como dos niños bailando alrededor de una mesa

¿ Qué sería de nosotros sin las letras?. ¡Pensadlo!. Imaginaos analfabetos… sin libros, sin conversaciones, sin discurso, sin canciones con letra… prácticamente animales. Letras que forman palabras; palabras que forman mensajes; mensajes que nos hablan de quiénes somos, qué queremos, qué sentimos… sentimientos que nos devuelven a las letras. Y letras que vuelven a hacernos sentir vivos.

Muchas veces hablamos y escribimos y no decimos nada, nada realmente importante. Y en demasiadas ocasiones oímos pero no escuchamos. El ser humano, más veces de las debidas, no otorga la importancia necesaria a las letras, las palabras, las oraciones… Somos y somos gracias, en gran medida, a las letras.

Nos lo dice en esta acertada reflexión Sombras del Bosque Nora, desde un lugar de la bella provincia de Jaén. Clica sobre la imagen de Sombras del Bosque, cinco letras.

Hay veces que te sientes con ganas de escribir, de coger un papel y llenarlo de letras,  pensamientos,historias o simplemente una reflexión. Las letras se convierten en algo más que letras, se llenan de vida y bailan como dos niños alrededor de una mesa:  juegan, ríen, lloran…

La mente se dispara y los dedos no saben cuando parar; dedos y mente se separan por un momento, enrredándose entre ellos, ansiosos por expresar. Arransan con todo sin apenas dejarte pensar, transmitiendo sentimientos: alegría, tristeza, amor, desamor, realidades o simplemente un sueño, estado de ánimo o cualquier historia basada en ciencia ficción. Las letras son algo más que vocales y consonantes. Por ellas transmitimos y, a través de ellas, sentimos.

Os habéis preguntado alguna vez todo lo que mueven las letras hechas palabras o leidas?… Pensadlo por un momento, ¡es fantástico!. Hoy las letras lo son todo.

Vivimos en imparable mundo de tecnologías: el ordenador, el móvil, etc… A través de ellas somos capaces de hacer llegar a las personas cómo nos sentimos. Somos capaces de transmitir y dar calor a las personas que lo necesitan, reirnos, compartir y también, emocionarnos.

Las letras son sentimientos….

Os voy a contar lo que me ha pasado hoy: estaba sentada disfrutando de un café y, a unos metros de mí, destacaba un chico que escribía un mensaje en su teléfono móvil. Su rostro reflejaba su estado de ánimo; sonreía mientras tecleaba afanoso su mensaje; sonreía igual que si estuviese hablando a través del telefono con la persona a quien escribía.

Entonces, una persona sentada a mi lado ha dicho: ¿qué le pasa a ese chico que está sonriendo sólo y haciendo gesto mientras escribe?… Yo he respondido: “¿no te das cuenta?, ha recibido un mensaje que transmitía alegría.

Era sencillo de ver, de advertir. Esa persona ha añadido: ¡qué tontería más grande!. Tras un elocuente silencio, he sentenciado: ¿tontería?, ¡no!.

Hoy las letras forman parte de nuestras vidas, forman parte de nuestro día a día y esas letras hacen tener cerca y sentir cerca a las personas que, en un momento dado, no las tienes a tu lado y quizás necesites tener. Por eso, al leerlas se sonríe, se transmite, etc… Y dejan ver, aunque sea con un leve gesto, lo que estás leyendo o escribiendo.

Hoy mis letras son reflexión, no de poesía, pero son algo más que eso. Son letras.

 

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14 que hacen 15 para 16

 Entretanto, la ficción real daba sentido a la melodía truncada de la vida; era lunes y amanecía, ¡ incesto amoroso!; en el equipaje, imagino: África; retales de mi vida, en un suspiro; me siento bien, hazme sitio. Dirijo el hotel purgatorio, miraos en el espejo, he visto

Elisabeth Vargas, Alfonso Carrasco, Mireia Palol, Antonio Vallejo, Alba R. Irma Vega, Angel Entrena, Mary Azinheiro, Goyo Martínez, Marisole Rubio, María José Fresneda, Chelo Romero, Miquel Quintana

 

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