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Camino Galicia

Detengo el tiempo, allá donde el silencio huele a leña mojada y las tardes suenan a esquilas y cantos de grillos. Tranquilidad en estado puro; cuentos de lobos y bandoleros; rostros, de distina belleza, anclados en la memoria. Un friso continuo de ventanas que se abren y se cierran y en el que aparecen paisajes y personajes, pallozas de paja, estructuras con chimeneas humeantes, techos de pizarra… La magia de un lugar y de un tiempo.

Un poema de Luis Blas Serena, desde Galicia http://luisblasserena.wordpress.com/. Con música de Luar na Lubre.

¡Oh! Galicia, bella tierra

¡oh! Galicia, terra das meigas

siendo tu Galicia

tierra de gente obrera

repartida proporcionalmente

tus aguas, montes y praderas

 

Siendo tu Galicia

tierra de gente buena

trabajadora y sencilla

llena de gran fortaleza

 

Siendo tu Galicia

creada para la belleza

pues nunca vi paisajes

con tan majestuosa alteza

 

Siendo tu Galicia

única entre las tierras

de empanadas, de potes

y de pulpos da feiras

 

Siendo tu Galicia

por tu encanto y tus fiestas

tan querida por todos

aquellos que te conocen

y ya, siempre te recuerdan;

lástima que siguen abandonadas

tus calles caminos y carreteras

pues el corazón se me parte

porque también faltan escuelas

 

Muchos otros caminos

abandonados se quedan

por ganar protagonismo

de intereses que bolsillos llenan

a hijos traidores, de tu bella tierra

que se llaman gobernantes

pero no luchan, codo con codo

ni te elevan a las estrellas

ni te cuidan, ni te miman

o te dan, lo que tu les diera

que eso, es ser autentico gallego

gallego de tu bella y linda tierra

 

Sentirte, que es compartirte,

esos bellos sentimientos

de tantos escritores y poetas

Rosalía, Castelao, o

Camilo José de Cela

en sus escritos te enaltecen

ellos y tu pueblo, te elevan

con el pensamiento y la pluma

te hacen traspasar, todas las fronteras.

 

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Se vende una niña (soñadora)

Pongamos que te vendes. Pongamos que tomas tus riesgos. Pongamos que si ganas, serás feliz, y si pierdes habrás aprendido. Pongamos hay un camino seguro para llegar a todo corazón. Pongamos que ese camino es el amor. Pongamos que todo lo que haces y dices lo haces y dices desde el corazón pues no sabes hacerlo ni decirlo de otra manera. Pongamos que sólo una cosa vuelve el sueño imposible. Pongamos que esa cosa es el miedo a fracasar. Pongamos que tienes miedo pero que eres valiente. Pongamos que sólo los valientes, como tú y como yo, triunfamos. Pongamos que te vendes para que el mundo sepa quién eres.

Laia Martínez Pous, de 13 años y de Mollet del Vallès, ha afrontado ese reto. Sin estrategias de comunicación y publicidad premeditadas. Desde el corazón, en un ejercicio espiritual y literario romántico. Imagen con música: One Direction – What Makes You Beautiful

Laia Martínez Pous. Trece años. De estatura mediana y de cabellos morenos claros y largos. Lleva gafas azules, luce unos ojos marrones, ni muy grandes ni muy pequeños, como la nariz, y unos labios gruesos que acompañan una bonita sonrisa.

Laia es ordenada, lista, justa y lucha por lo que quiere. Te puede ayudar mucho, y en muchas y variadas cosas.

Le gusta la pizza, salir con las amigas, pasear, ir al cine, comprar ropa o disfrutar de unos días en la montaña.

No le gusta la gente mimada, ni el tomate ni el vinagre. Bastante vinagre nos da la vida, ya, opina.

Le gustaría viajar a Londres y visitar a su grupo favorito, One Direction.

¿El futuro?. Profesora. O relaciones públicas, quizás.

Laia, trabajadora y soñadora.

 

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La nineta dels teus ulls (la niña de tus ojos)

Existe una frase, de las muchas que guardo, que, metafóricamente, da todo el sentido a situaciones en las que el ser humano con corazón se ve sumido con demasiada frecuencia: el abandono, el dolor, tanto físico como anímico, la frustración de ver cómo unos años de vida y entrega se los lleva la historia porque alguien tira de la cadena y, si se resiste, emplea la escobilla. Dicha frase reza así: “hay muertos que pesan tanto en los vivos que, a veces, ocupan su lugar”. Sin embargo, también aprendí que debemos recordar “a los muertos” pero también hay que hacerles un lugar a los “vivos”.

Que la vida es corta lo sabemos todos, aunque preferimos olvidarlo para seguir viviendo. Pero, ¿qué es lo importante?. Eso lo saben bien quienes han sobrevivido y sobreviven a un accidente, a una enfermedad, los solitarios, cuyas vidas son tristes, míseras, rutinarias, como Van Gogh, los que están expuestos a peligros constantes, los que por amor entregan su vida a los demás. Cuando les preguntas te dicen que lo importante tiene que ver con el afecto, el bien, los sentimientos buenos y profundos, los momentos, los pequeños momentos. Te dicen que con la mitad se puede vivir el doble de feliz. Como dijo Charles Dickens, “reflexiona sobre las bendiciones presentes que posees; no sobre tus penas pasadas de las que todos tienen”.

Un relato escrito en la alborada, cuando el sol se batía en enconada lucha con las nubes por despuntar (y no lo consiguió), por Yolanda Torrent, de Mollet del Vallès (Barcelona). Unas palabras que nos hablan de quiénes somos, de qué queremos, de lo que nos debe importar cuando “esos molestos muertos” tratan de ocupar el espacio de los vivos y de otros muertos que se han ganado el cielo y que siguen vivos, más que nunca. Y con música a cuestas, porque nunca nos debe faltar la música, que Dios se apiade de las almas de “esos muertos” porque carecen de corazón.

 

(versión original)

Als meus pares.

Jo cada dia els parlo, els beso i els dedico una bona estona. ¡Pare, percebo la teva presència!. ¿Recordes, pare?. Jo era la nineta dels teus ulls. I sóc qui sóc gràcies a tu, pare. A tu et dec els valors, aquells valors en els quals creies. Et noto, estàs amb mi, però donaria la mitja vida que em queda per tornar a escoltar la teva veu. Canta’m una cançó, com quan era petita, la nineta dels teus ulls.

A mis padres.

Yo cada día les hablo, les beso y les dedico un buen rato. ¡Padre, percibo tu presencia!. ¿Recuerdas, padre?. Yo era la niña de tus ojos. Y soy quien soy gracias a ti, padre. A ti te debo mis valores, aquellos valores en los cuales creías. Te noto, estás conmigo, pero daría la media vida que me queda por volver a escuchar tu voz. Cántame una canción, como cuando era pequeña, la niña de tus ojos. 

 

 

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Abatido pero no batido (¡buenos días corazón, he despertado!)

Abatido pero no batido, quiero soñar aquello que deseo ver en un sueño: un orificio de luz, aún tamizado por la realidad, aún poseído por la tan temida oscuridad de la vida, que me permita derribar los problemas cotidianos. Y lo veo, y lo cristalizo: sólo me hace falta levantarme cada mañana susurrando un “buenos días, corazón”.

“Estimado” mundo: camino por el sendero de la desesperación donde quieres ahogar mi grito, amordazándolo con nudos de silencio. Crisis, miedo, sufrimiento, mentiras, esas son tus armas. Yo, con tu permiso, lucho con las mías: amor, ternura, amistad,  sonrisa, sueños. Porque la vida también es sueño y los sueños, sueños son.

Un relato, con música, de David Creus y David Viñas, también conocidos como “Estamos locos, davids”, del Vallès Oriental (Barcelona). ¡Bendita locura de amor! la suya.

Buenos días corazón, por fin he despertado.

Buenos días corazón, late, no dejes de latir.

Buenos días corazón, por fin he despertado.

Despertado sí…, buenos días corazón.

Sueño sin permiso en cada nota que sale de tus latidos, al dulce ritmo del sonido de aquellos tambores que gritan dulcemente te quiero. 

Buenos días corazón, por fin he despertado.

Sueño, sueño corazón, por fin he despertado y sigo soñando.

Amor, ternura, felicidad, sensibilidad… vivo.

Escucho al pianista tocando las melodías de mi propio sueño, protegido por la banda de latidos que tú le enviaste para que gozara de tan maravilloso concierto, el de la vida. Buenos días corazón, por fin he despertado.

No nos resignemos a no vivir, paremos nuestros relojes, borremos a aquellos que nos miran con una sonrisa de desprecio, amemos lo único que nadie nos robará nunca, nuestra vida, sonriámosle una vez al día. ¡Jodidos sí, vencidos no!.

Por fin he despertado, amor.

 

 

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Sólo una mujer deseada (más bello que el silencio)

Permitidme que os explique una historia: un día me detuve ante el aparador de una floristería que inauguraron en 1940 porque, según decían los que presenciaron el evento, el mundo necesitaba más belleza y amor que nunca. La abrió una señora llegada de Gales una década antes, atraída por una ciudad romántica y canalla, convulsa y pasional. Miss Thomas-Jones, se llamaba. Decían de ella que era afable y preciosa, aún en su madurez, optimista, combativa y circunspecta. Era hija, nieta, bisnieta y tataranieta de una saga de marineros, pintores, escritores, poetas, matemáticos y gramáticos de un curioso pueblo de la Isla de Anglesey llamado Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch, Llanfair PG, en su forma abreviada y que significa algo así como el pueblo de la iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco, cerca de un torbellino rápido, y la iglesia de San Tisilo, cerca de la gruta roja.

Ahora el mundo también más belleza y amor. ¡Menos bancos y más floristerías! Y cafés, que son el parlamento del pueblo. Y hogares para pobres y prostitutas. De la puerta de la floristería cuelga ahora un lapidario aviso que marchita la vista y el pensamiento: “señores ladrones, no entren a robar. No hay dinero y sí muchas facturas por pagar”. No quiero ahorrar palabras de amor, aunque no se comprendan.

Un relato de amor (con música) de Maite García Córdoba, de Valencia. Porque lo que nos dice es más bello que el silencio, y merece la pena decirse.

 

Y mi corazon siente el más amado beso de tus labios,

anhelando permanecer eternamente ahí…

tan tuya, tan amada, tan esperada, tan deseada…

Donde mi alma se funde cuán dulce manjar en tu sed de amor..

en tu cuerpo, en tus caricias, en tus suspiros, en tu piel,

En cada latido de tu corazón, en cada beso de amor…

 

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(1+1)= todo; (2-1)=nada

“Amor mío, estas son las cosas que recuerdo de mi amor: tus cálidas manos, tu cálido aliento, tu cálida boca, tus brazos a mi alrededor. Recuerdo sentirme seguro siempre, como una sóla persona, los dos en silencio, en paz, entrelazados. Recuerdo lo que sentí la primera vez que te besé, fue como… el gran salto. ¿Qué recuerdas tú?. Los caminos se bifurcan, cada uno toma una dirección pensando que al final los caminos se volverán a unir…”

Un problema matemático de amor planteado en tres tiempos por Acero Rojo, desde Barranquilla (Colombia). Porque, en la aritmética del amor, uno más uno es igual a todo, y dos menos uno es igual a nada. Un relato con música.

 

(1+1). Siempre he sabido que mis labios están hechos para los tuyos.

(1*1). Algunos días tenía miedo de decirte te amo. Otros no podía parar. Tu silencio siempre fue cruel.

(1-1). Cada vez que te veía se me aceleraba el corazón. Pero no de amor, si no de miedo… miedo a que me partieras el corazón.

 

 

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Visual (con música) / Tiendo mi vida

 

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Resquicios de amor

Tienes la piel de serpiente y te mudas cada vez que vienes reptando a mis brazos. Y vuelas tan alto, y a veces tan bajo, que duele. Y es entonces cuando te suplico que me cuentes por qué cuando menos lo espero, cuando me he curado, la vida me depara otras sorpresas. Y siempre, sin darme apenas cuenta, dejo una puerta abierta al amor. Y busco aquellas palabras que alivien mi dolor. Quisiera sentir como el amor alivia como la luz del sol tras la lluvia.

Un relato de Lorena Pérez García, de su blog Mi propio Cajón de Sastre, de Madrid. Un relato sobre la belleza y el dolor del amor porque, más vale haber amado y perdido que no haber amado nunca.

A veces en la soledad de mi mirada, recuerdo las veces que tanto tiempo te quise. Las veces que tortuosamente miraba a mi alrededor deseando encontrar unos ojos familiares, los tuyos.

Tantas veces deseaba aquello, que conseguí alzarte del alma mía, construirte un altar para ti solo, donde pudiera adorarte como se adora a un dios, donde pudiera rendirte el culto que para mí te merecías. Pero todo eso no era amor, o sí, quién sabe, todo eso nadie sabe que era, ni siquiera yo. Quizá fuera la máscara oculta de aquella persona que tiene miedo a querer a alguien de verdad y únicamente se enamora, o encapricha de aquellos a los que sólo puede adorar en la lejanía.
Ya lo dijo el escritor: solo los amores imposibles duran para toda la vida, y para una persona como yo, que tiene miedo a lo efímero del amor, a la capacidad innata que tenemos las personas de amar hoy y olvidar mañana, sólo un amor imposible es capaz de satisfacer mis ansias de adoración eterna.
Me da miedo el amor. Aunque para ser exactos me da miedo lo efímero de este. ¿El amor dura para toda la vida? Hay una canción del maestro Sabina que dice que hay amores eternos que duran sólo un invierno. ¿Podemos amar un instante y que sea eterno? Y acaso ¿podemos amar una eternidad y que solo sea un instante? Finalmente, el tiempo, todo gira en torno a él.
Que maravilloso sería decir que el amor nunca se acaba. Pero ya no me lo creo. Puede que sea porque nunca me he enamorado, pero no creo que dure para siempre. La sociedad a nuestro alrededor así lo dice. Últimamente todo a mí alrededor así me lo dice. Será quizá por eso que he dejado de ser la romántica de libro que he sido siempre, para volverme una incrédula que se aleja de los sentimientos que pueden resultar tortuosos.
Y a veces por un resquicio de esa frivolidad se cuela un suspiro para recordarme que una vez escribí aquellos versos que hoy me gusta leer. Para recordarme que una vez alguien era capaz de dejarme sin aliento durante los instantes que estaba en su presencia sabiendo que nunca podría ni rozarle.
Amaba a un imposible, suena tan surrealista, tan de un pasado… pero al menos entonces amaba.
 

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Mi verbo

Existen verbos en nuestro cada vez menos extenso lenguaje que siempre habrían de estar en la punta de nuestra lengua. Amar, sentir, querer, soñar, discernir, crear, imaginar, meditar, seducir,  cautivar, atraer, encantar, rondar, fantasear, idealizar, entender, disidir, cortejar, cautivar, arrebatar, maravillar, ensimismar, volver, perdonar, indultar, concebir… son verbos que no solemos emplear en nuestra conversación cotidiana. El vértigo de la vida cotidiana y de las nuevas tecnologías han reducido nuestro habla a unos cuantos términos que devienen casi automatismos que no van más allá de la simple expresión de un compromiso a corto plazo que rara vez es sinónimo de un deseo: ¡te respondo con un correo electrónico!; ¡ok!; ¡ a las seis!. ¡te veo!. ¡te hace unas birras!. ¡El twitter se ha blokeado!… ¡Ay!, si Machado o Lorca levantasen la cabeza.

¡Reivindicar!. Qué verbo tan bonito y qué verbo tan desgastado, tan distorsionado. Reivindicar no siempre es – ni ha de ser- sinónimo de una actitud beligerante, ni una exigencia, sí una reclamación de lo que es y debe ser nuestro: el amor, el sueño, el deseo, la justicia, la paz, el sosiego, la vida, en definitiva. Cómo me gusta la quinta forma del imperativo afirmativo de este verbo: “reivindicad”, reivindicad que queréis ser felices y alegres, que queréis amar y desear, que queréis sonreír y disfrutar, que queréis, incluso, ser niños y jugar.

Un relato sobre un verbo que lleva a un mundo posible inspirado por Maite Arbonés, de Lleida. Un relato “nunca confuso” con música:

Reivindico el derecho de amar,

el derecho de amarte y desearte,

el derecho de ser amado.

Revindico el derecho a pensar en ti y a soñar,

el derecho a estar a tu lado, sí, el derecho a verte, a oír tu voz, a verte sonreír,

el derecho a verte alegre, el derecho a verte feliz, a mirarte.

Revindico el derecho a ver pasar las horas junto a ti, a reír y a disfrutar.

Revindico el derecho a ser un niño y a jugar,

el derecho a estar triste,

a estar alegre,

a tener corazón,

Revindico el derecho a sentir, a respirar, a tener amigos y a quererlos.

Revindico el derecho a la libertad, a la justicia, a la paz y al sosiego.

Revindico el derecho a esperarte, a soñar y a vivir.

 

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Relato corto de un te quiero

Asciendo por un pasillo lúgubre, mate pero pulcro a conciencia. La habitación, con una colcha amarilla y una mesa camilla. No hace falta más. Alrededor, la madera cruje como palabras entrecortadas, empolvadas que flotan en el aire, palabras que hacen más fácil el camino a lo largo de la tortuosa y enamoradiza vida. Y allí, también lloré. Me sentí estúpido, ¿pero sabéis qué?, a la mierda ese día. Para eso Dios, o quien sea, hace días nuevos. Así es el amor. Siempre lo buscaré. Nunca lo rehuiré.

Un relato sobre el amor de David Creus y David Viñas (estamos locos) (Mollet del Vallès-Martorelles, Barcelona). Un relato con música. Así estoy yo sin ti.

Nos adentramos en el interior de nuestro corazón buscando el significado de la palabra amor, en la más dura de las incursiones a las entrañas del ser humano.

Nuestro corazón, en cada latido, nos precipita a un laberinto de sensaciones, las cuales, contra nuestra voluntad,  nos hacen caminar por el estrecho camino de la confusión.

Amar es vivir, vivir es amar. Interpretamos nuestros sentimientos, los cuales se vuelven contradictorios en función de lo que nuestros ojos perciben a la hora de leer los diálogos del alma y del corazón. En sus conversaciones, cada uno trata de defender esa confusión de la que hablamos, para apoderarse del deseo humano por la supervivencia emocional.

Racionalmente, solo llegamos a comprender lo que sentimos cuando los tres caminos emocionales se ponen en consonancia con la ilógica del amor: cabeza, corazón y alma deben entenderse a la perfección, lo cual es asunto  complicado, muy complicado.

¡Estamos locos!. ¿Estamos locos?. Amar es simplemente sentir sin preguntar lo que sentimos. Nos armamos. No tenemos otra arma que la lucha diaria por no dejar pasar por nuestro lado lo que estúpidamente llámanos simple, convencidos de que si no lo vemos hoy, mañana también lo encontraremos.

 

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