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Bienvenido míster Smiles

Decía Samuel Smiles que la vida tiene su lado sombrío y su lado brillante; de nosotros depende elegir el que más nos plazca. Hay quien cierra los ojos durante mucho tiempo porque no está preparado para ver la vida. Y cuando los abre no le gusta lo que ve y los vuelve a cerrar. Hay quien dimite de la vida y busca la solución en el fondo de una botella. Hay quien no ha tenido tiempo de averiguar qué era lo que más le gustaba en la vida, y fue león por un día y el resto de sus días, oveja. Hay quien lucha toda su vida y, en la hora del recuento, sentencia que ha valido la pena. Hay quien se pasa la vida navegando a la deriva en el puerto de la paciencia de la vida de otros. También hay ciclos de vida que se suceden continuamente, tejiendo sólidas cadenas tróficas. Hay quien se pasa la vida reconciliándose con la vida. Otros la viven a un ritmo fulgurante y cuando se han dado cuenta, ya no viven. Para algunos, la vida es una estafa: uno crece, envejece y muere y otros la viven sin asideros, enfrentados a una escalada de violencia que termina en actos absurdos cuando no en soflamas esperpénticas y debates perversos a modo de catarsis.

Yo, particularmente, prefiero quedarme con aquellos que poseen la fuerza y el amor a la vida de quienes conocen la fragilidad humana y saben que en cualquier momento todo lo que se ama y toda normalidad que se da por supuesta (hablar, pensar, comer, beber, cantar, berrear…) puede desaparecer de forma imprevista, súbita, cruel.

La vida es como una partida de ajedrez. Un mal movimiento obliga a entregar la partida, con la diferencia de que en la vida no hay oportunidad de jugar la revancha. Y cuando nos hemos dado cuenta estamos a la puerta del asilo, aquel lugar al que va la gente cuando la vida ha acabado con ellos antes de que ellos hayan acabado con su vida.

Nos lo cuenta Mar Morales, desde Pamplona en cuatro líneas que resumen una vida. Relato con música.

 

La vida se divide en cuatro partes: Amar, Sufrir, Luchar y Vencer.

El que ama, sufre;

el que sufre, lucha, 

y el que lucha, vence.

 

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14 que hacen 15 para 16

 Entretanto, la ficción real daba sentido a la melodía truncada de la vida; era lunes y amanecía, ¡ incesto amoroso!; en el equipaje, imagino: África; retales de mi vida, en un suspiro; me siento bien, hazme sitio. Dirijo el hotel purgatorio, miraos en el espejo, he visto

Elisabeth Vargas, Alfonso Carrasco, Mireia Palol, Antonio Vallejo, Alba R. Irma Vega, Angel Entrena, Mary Azinheiro, Goyo Martínez, Marisole Rubio, María José Fresneda, Chelo Romero, Miquel Quintana

 

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A mi querido amigo Federico (hace 75 años que vives)

Querido Federico (V);

(“Herido de amor, en la voz de Ana Belén)

Querido Federico, cada día muero un poco más contigo y ¡vivo!. El hombre que viste camisa vieja, maldito bastardo, ha llamado al viajero para que venga a buscarte. Tu muerte, hostia de la comunión de unos que se decían  españoles y que dieron vida a una cruzada de plomo, sangre e ira, me da vida.

Se oye el sonido de un alfiler cayendo en la medianoche de la nada, y en la nada encuentro todo. Las palabras han descargado las armas; muerte y luego, más muerte. La jondura del silencio se ha hecho pero inquietas voces acuden a mí. Escucho el sonido de tu silencio, nuestro silencio. Grito en carne viva frente al rostro del demonio.

Demonio de corte fascista / fascista llaga / llaga en el gesto / gesto adusto / adusta garantía / garantía de eficacia / maldita eficacia / eficacia amargada / amargada dolencia / dolencia intestinal / intestino severo / severo en el alma / el alma torcida / torcida en el espíritu.

Mueres; muero un poco más contigo y vuelvo a vivir. El silencio estalla de tanto callar. El obispo reparte madiciones al paso del cortejo fúnebre que nada lleva. Y en la nada, todo. Los huesos para la tierra, tu alma fertil para nosotros. Lo que veo no existe y, sin embargo, lo estoy viendo.

Y la pena también tizna cuando estalla. Y estalla el silencio cuando mueres para que yo viva. Y hablo. Y me enfrento a vientos en varias direcciones y tormentas de diferente intensidad. Reivento sobre tu recuerdo el entorno, a cada paso; me hundo y me levanto. Bienaventurados los que están en el fondo del pozo porque ya no caerán más abajo.

Abismo y luego más abismo. Asesino al fantasma, el fantasma de cicatriz fascista. Y regreso, regreso junto a ti. Me disfrazo, nos disfrazamos de cordialidad. Soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista… Solo un hombre, ora maldito, ora maduro, que busca el sentido de la vida. Vida que me da tu muerte.

Trago rancio. Los fusileros, risueños, ingenuos ellos de su destino, marchan. Vaciado el cargador, vacías las almas. Almas de plomo, plomo de Dios y Lucifer. En el macadán queda por siempre tu espíritu.

Y en el carrusel de la vida, en tu nombre, requiebros de amor, amor de trato risueño y encantador, de distinta belleza, una belleza imperfecta, ¡perfección!.

El cielo pide paciencia. Me apunto otra derrota. La tierra de tus huesos medita por mí. Y tu muerte me recuerda lo resistente que es mi espíritu (humano) cuando quiere serlo. Azucarillo y aguardiente para endulzarme el momento, momento eterno.

Y las cosas que el diablo fascista intentó enterrar encontraron la forma de aflorar. No recuerdo si pasó de verdad o imagino que pasó. ¿Has muerto?; sólo herido. Vives, y yo contigo. Un estampita. Un Cristo. ¡Agua!.

Tuyo, en la herida, Goyo Martínez.

 

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