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El país de Serendip (serendipia todo cuanto puedas)

Cuenta el cuento que hubo tres príncipes de un reino llamado Serendip que decidieron emprender un viaje para conocer y adquirir la sabiduría suficiente para solucionar los problemas que, en el futuro, les permitiese gobernar con justicia y equidad. He aquí cuando intentaban solucionar los interrogantes que ellos mismos se habían planteado, los tres príncipes encontraban respuestas a otros problemas de mayor envergadura y que ni siquiera se habían planteado.

El tiempo es así de extraño, a cambio de todo lo que nos arrebata nos concede algo: a veces es un amigo, a veces es un mejor entendimiento de nosotros mismos, a veces sólo es un día perfecto. Quizás no era lo que buscabas, pero lo encuentras. Y te maravillas, de nuevo. ¿Es por casualidad? ¿Es por accidente? ¿Es por coincidencia? ¿Está escrito el destino?

Dicen que todo fin es un punto de partida, un papel en blanco donde podemos escribir lo que queramos, una tela virgen donde pintar nuestros deseos. Acuarela.

Bienvenido a un mundo de complejas emociones,

emociones del pasado,

mañana, ¡ya veremos!.

donde los héroes están sobrevalorados,

donde necesitas y admiras a un héroe.

Donde tu camino

es el peor camino de todos,

tu mejor camino. 

Donde te aferras a una persona,

una persona que ya no es lo que era,

tu persona.

Donde los amigos del desayuno

pueden ser los enemigos de la cena,

amigos para siempre.

Donde una idea a primera hora de la mañana

puede ser una estupidez al caer la tarde,

la mejor idea.

Donde nadie

se cansa de decir adiós,

¡adiós! no existe.  

Donde siempre

se llega un par de años tarde,

es pronto.  

Donde nunca

hay momentos bajo el sol,

cae la noche. 

Donde no se puede molestar al cielo,

cielo siempre abierto,

con llanto sincero.

Donde las verdades

son de plomo,

y una mentira repetida mil veces nunca es verdad.

Donde la tierra gira sobre su propio eje, el eje somos nosotros, y necesitamos dejarnos llevar, caer y a ver adónde vamos. ¡Bendita incertidumbre que nos haces imaginar!.

 

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La palabra es el camino

Las palabras son la identidad de las personas que las inventaron, usaron y vivieron… Sin embargo, muchas se van para no volver. Los diccionarios son los que las desentierran pero no son los dioses que les puedan infundir nueva vida. Dicen que nos hemos de acostumbrar a perderlas. ¡No me resigno!, aún cuando, como nos recuerda Heráclito de Efeso, “todo cambia, nada permanece”.

Las palabras desahuciadas, incluso muertas, nos producen nostalgia. Pienso como
se sentiría Cervantes, Machado, Lorca, Unamuno, Hernández y tantos otros si estuvieran en una cafetería, en una oficina, en una escuela… y oyera las palabras con las cuales, en la actualidad, solemos comunicarnos. Pensarían que estamos en otro siglo. Quizá, en otro planeta. Acaso, pensarían que no somos de este mundo.

Soy partidario de los partidarios de las palabras que provocan armonía entre los seres; palabras que les hacen ser amables, palabras beneficiosas. ¿Dónde están esas palabras?. ¿Acaso han sido borradas intencionadamente de los diccionarios por aviesas mentes para que ya nunca el hombre y la mujer puedan hallar la paz de su espíritu?.

¿Acaso nunca más el hombre sabrá dilucidar sus disputas con el arma de las palabras?. ¡Las pistolas, ni de chocolate!. ¿Seremos tan idiotas de despreciar las palabras para que un día, cariacontecidos, sólo sepamos probar la hiel de la crisis, de la derrota y del daño?.

Pienso en lo terrible que es cuando a los humanos nos inundan los silencios. Permanecer callado es uno de los estados más horribles que podemos
experimentar. Poner por escrito las palabras que queremos gritar a los cuatro
vientos es una maravilla a la par que una tragedia del alma. Ya nada es lo que era, las palabras que sanaban de una u otra manera nuestras vidas, dichas por viejos o nuevos
políticos, ya no lo hacen. Y sólo gracias al humor y a la paciencia, podemos
continuar con las palabras que no nacen para un provecho propio. Lo peor es
encerrarnos en nuestro propio silencio.

Con las palabras no se puede decir todo pero se puede escribir todo aquello que no se puede decir con las palabras. Me lo decía hace unos días Marisol Marichalar:

” Escribir no es lo mismo que hablar. Me siento más cómoda escribiendo, aunque no sé expresar todo lo que siento. Con las palabras, me encanta sentir, me encanta ser yo…”.

Y lo hace para conocerse a sí misma, para descubrirse… La palabra es el camino.  No muere lo que se desaparece, sino lo que se olvida…

Clica sobre la imagen. ¡Que tengamos suerte!.

 

 

 

 

 

 

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