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AMAPOLAS PARA QUE ME QUIERAS

Entre atardeceres de verdes, ocres, dorados y malvas que salpican las colinas, de  belleza primigenia, una joven pasaba veloz por la vida, casi sin mirar. No le hacía falta. Eran los mismos pétalos de rosa que contaba el viejo los que le hacían soñar. Eran atardeceres constantes que nunca le abandonarían, en los que el sol declinaba y las tardes se presentaban con un esplendor insultante. Tenía un destino mágico en algún lugar de la imaginación. Lo sabía. Y aguardaría.

Una nueva poseía sobre el amor de Virginia “Metalerita”, desde Sudamérica. Porque, ¿qué sería de nosotros sin el amor?, ora dulce, ora amargo. Ya lo dijo Tennyson, “es mejor haber amado y perdido que no haber amado nunca”.

Con música, “… lo eres todo para mí. Mi principio y mi fin. Mi norte y mi guía, mi perdición, mi acierto y mi suerte, mi equivocación, eres mi muerte y mi resurrección,
eres mi aliento y mi agonía, de noche y de día,
te lo pido por favor, que me des tu compañía
de noche y de día… lo eres todo”.

 

En la madrugada que me inventaste,

y que rompiste con una rima,

-y dos versos-

ando callejeando en los filos de tus memorias,

en tus arquitecturas excéntricas

en tus luces y misericordias.

No tengo una ciudad civilizada que ofrecerte,

ni una regresión a tus infancias,

ni siquiera un jardín de amapolas.

Solo te pretendo a vos,

sin caretas que te liberen

Y como te quiero así, tanto,

hasta me iría a un campo de piedras y asfalto,

a una estación deshabitada y triste,

a una mansión con chimeneas y espíritus.

Carezco de catedrales en las que confesarte,

de religiones absurdas con las que redimirte,

no tengo una tarifa exacta para darte,

ni un precio irrevocable.

Y como te quiero así, tanto,

cuando nadie me ve te extraño

y te lloro.

Cuando nadie me ve me retuerzo con pudor,

y padezco la indiferencia de las amapolas

que te regalé un día,

esperando que me quieras.

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El aplauso

Dime, y escucharé. Llama, y te abriré. Llora, y apagaré tu llanto. Camina, a mi lado.

– Observa, ¿qué ves en la caja?

-¡Nada!

-¡No!, está todo lo que puedas imaginar.

A poco que lo imaginemos, donde no vemos nada está todo. Catalina Cerdó (na Ventafocs, de Muro, Baleares) ha visto allí donde, en apariencia, no había nada. Y de su caja ha extraído un aplauso. Con la colaboración del Café Romantic, con música porque nos gustáis vosotros y vosotras.

Un aplauso para el que camina, 
aún descalzo. 
Para el que ríe,
sin razones.
Para el que mira, 
con vista cansada.
Para el que cura, 
con dolor. 
Para el que ama, 
sin fin.
Un aplauso para el que vive
pese a todo. 

Aún descalzo, 
sin razones, 
con vista cansada, 
con dolor,
sin fin, 
vivo, 
pese a todo.
 

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Canción de amor

Es difícil medir el valor de la vida de una persona. Para unos cuantos, la vida no tiene significado alguno, pero para quien ha vivido, para quien vive y para quien ha decidido vivir, – porque el hecho de estar despierto no significa estar vivo-, la vida se mide por la fe, por el amor y por los seres que deja atrás, los que encuentra y los que hallará.

Una canción de amor de María del Pino, de Córdoba, de su tercera novela “Don Fernando, la eterna unión”.

Una canción de amor

es lo que te voy a cantar

sin prejuicios ni dolor

para que me puedas, al fin, amar.

Así que ven y no me des más palabras de oro

que es por ti a quien Dios imploro.

De tus finos labios no pido más versos

sino, con creces, infinidad de besos.

Ámame con la suavidad de la noche

Y vivimos juntos un pasional derroche.

 

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Juego de amor

Hay situaciones, momentos, palabras… que no merecen mayores explicaciones. Y es que, como decía Unamuno, “hay lágrimas que refrescan y desahogan y lágrimas que encienden y sofocan más”.

Un relato sobre ese bello, aunque tortuoso, camino que todos emprendemos para encontrar el amor de la profa. Elizabeth Vargas, San Juan de Puerto Rico, escrito en la soledad de la madrugada, donde afloran los mejores sentimientos, las mejores palabras. Con música, por swpuesto.  Escena de Nmpqtbpqtb.

sube y baja

 

(Versión original)

Sube y baja, sube y baja… No podía parar de mecerse  y entre carcajadas era evidente su felicidad. Era un capuyo  que empezaba a crecer. A distancia se escuchaba la risa, era pícara y tierna a la vez.

Y seguía en el sube y baja. Sí, la niña jugaba. La inocencia era su dueña cuando le robaste ese primer beso y te amó. Poco a poco te entregó su corazón, el alma, sus sueños y su ser. Contigo vivió los momentos más hermosos y también instantes muy dolorosos.

Hoy la vida los lleva por senderos de incertidumbre, no hay un rumbo definido. Los océanos se imponen cual barrera entre los dos. A pesar de la distancia, el recuerdo sigue latente, fue tuya y se entregó a ti con gran pasión. Junto a ti creció, aprendió lo que es el amor y lo que es el perdón. Hoy no sabe si estás, si te fuiste y tampoco puede percibir si volverás.

El parque está solo, la niña vuelve a mecerse en el sube y baja.  No ve otra alternativa. Sigue jugando, pero las lágrimas aún corren por su rostro y se escucha un sollozo. En su interior no quisiera abandonar esa ilusión que la llevó al cielo y luego al infierno, pues le costó su inocencia. No hay respuesta y la niña desconoce si tiene tu querer o si todo fue un juego de amor.

 

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(1+1)= todo; (2-1)=nada

“Amor mío, estas son las cosas que recuerdo de mi amor: tus cálidas manos, tu cálido aliento, tu cálida boca, tus brazos a mi alrededor. Recuerdo sentirme seguro siempre, como una sóla persona, los dos en silencio, en paz, entrelazados. Recuerdo lo que sentí la primera vez que te besé, fue como… el gran salto. ¿Qué recuerdas tú?. Los caminos se bifurcan, cada uno toma una dirección pensando que al final los caminos se volverán a unir…”

Un problema matemático de amor planteado en tres tiempos por Acero Rojo, desde Barranquilla (Colombia). Porque, en la aritmética del amor, uno más uno es igual a todo, y dos menos uno es igual a nada. Un relato con música.

 

(1+1). Siempre he sabido que mis labios están hechos para los tuyos.

(1*1). Algunos días tenía miedo de decirte te amo. Otros no podía parar. Tu silencio siempre fue cruel.

(1-1). Cada vez que te veía se me aceleraba el corazón. Pero no de amor, si no de miedo… miedo a que me partieras el corazón.

 

 

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Resquicios de amor

Tienes la piel de serpiente y te mudas cada vez que vienes reptando a mis brazos. Y vuelas tan alto, y a veces tan bajo, que duele. Y es entonces cuando te suplico que me cuentes por qué cuando menos lo espero, cuando me he curado, la vida me depara otras sorpresas. Y siempre, sin darme apenas cuenta, dejo una puerta abierta al amor. Y busco aquellas palabras que alivien mi dolor. Quisiera sentir como el amor alivia como la luz del sol tras la lluvia.

Un relato de Lorena Pérez García, de su blog Mi propio Cajón de Sastre, de Madrid. Un relato sobre la belleza y el dolor del amor porque, más vale haber amado y perdido que no haber amado nunca.

A veces en la soledad de mi mirada, recuerdo las veces que tanto tiempo te quise. Las veces que tortuosamente miraba a mi alrededor deseando encontrar unos ojos familiares, los tuyos.

Tantas veces deseaba aquello, que conseguí alzarte del alma mía, construirte un altar para ti solo, donde pudiera adorarte como se adora a un dios, donde pudiera rendirte el culto que para mí te merecías. Pero todo eso no era amor, o sí, quién sabe, todo eso nadie sabe que era, ni siquiera yo. Quizá fuera la máscara oculta de aquella persona que tiene miedo a querer a alguien de verdad y únicamente se enamora, o encapricha de aquellos a los que sólo puede adorar en la lejanía.
Ya lo dijo el escritor: solo los amores imposibles duran para toda la vida, y para una persona como yo, que tiene miedo a lo efímero del amor, a la capacidad innata que tenemos las personas de amar hoy y olvidar mañana, sólo un amor imposible es capaz de satisfacer mis ansias de adoración eterna.
Me da miedo el amor. Aunque para ser exactos me da miedo lo efímero de este. ¿El amor dura para toda la vida? Hay una canción del maestro Sabina que dice que hay amores eternos que duran sólo un invierno. ¿Podemos amar un instante y que sea eterno? Y acaso ¿podemos amar una eternidad y que solo sea un instante? Finalmente, el tiempo, todo gira en torno a él.
Que maravilloso sería decir que el amor nunca se acaba. Pero ya no me lo creo. Puede que sea porque nunca me he enamorado, pero no creo que dure para siempre. La sociedad a nuestro alrededor así lo dice. Últimamente todo a mí alrededor así me lo dice. Será quizá por eso que he dejado de ser la romántica de libro que he sido siempre, para volverme una incrédula que se aleja de los sentimientos que pueden resultar tortuosos.
Y a veces por un resquicio de esa frivolidad se cuela un suspiro para recordarme que una vez escribí aquellos versos que hoy me gusta leer. Para recordarme que una vez alguien era capaz de dejarme sin aliento durante los instantes que estaba en su presencia sabiendo que nunca podría ni rozarle.
Amaba a un imposible, suena tan surrealista, tan de un pasado… pero al menos entonces amaba.
 

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Serás la mirada que fluye sin esfuerzo

Decía Stefan Zweig: “no basta con pensar en la muerte, sino que se debe tenerla siempre presente. Es entonces cuando la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre”. Y, en esta misma línea, André Malraux acertó a decir: “la muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida”. Y es difícil medir el valor de la vida de una persona. Para unos se mide por los seres que deja atrás. Para otros, se mide por la fe. Para otros, por el amor. Para otros, la vida es un mero tránsito, y carece de significado alguno.

Sin embargo, y como quiera que la muerte es algo inevitable porque forma parte de la vida, y mientras no se encuentre el secreto de esa vida, prefiero aferrarme a la idea de que la muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y de manera definitiva.

Hace dos años, falleció el hermano de un buen amigo, Xavier Gálvez, tras superar un cáncer y generar otro. Fue, me cuenta Xavier, una persona lúcida, íntegra y digna hasta el último momento, una de esas personas que supieron darle un valor a la vida, incluso en el mismo momento de atravesar la puerta solitaria.

El último mensaje que le dedicó a Xavier sabedor de que la muerte vencía fue:

– “Xavier, tens por?…així m’agrada. Tú pots, fés-ho”.

Un relato con música y a cuatro manos de Xavier Gálvez (Barcelona) y Goyo Martínez (Mollet del Vallès, Barcelona). En recuerdo de aquellos que se fueron pero que nunca nos dejarán, porque la distancia nunca hará el olvido y no muere lo que desaparece sino lo que se olvida.

 

Parlem de tu, però no pas amb pena. Senzillament parlem de tu. De com ens has deixat, del sofriment lentíssim que va anar marfonent-te. De les teves coses parlem i també dels teus gustos, del que estimaves i del que no estimaves, del que feies, deies i senties; de tu parlem però no pas amb pena. I, a poc a poc, esdevindràs tant nostre que no caldrà ni que parlem de tu per recordar-te. Poc a poc seràs un gest, un mot, un gust, una mirada que flueix sense dir-lo ni pensar-lo.

Hablamos de ti, pero no con pena. Sencillamente hablamos de ti. De cómo nos has dejado, del sufrimiento lentísimo que te consumió. Hablamos de tus cosas, y también de tus gustos, de lo que querías y de lo que no querías, de lo que hacías, decías y sentías; de ti hablamos pero no con pena. Y, poco a poco, te harás tanto nuestro que no será necesario que hablemos de ti para recordarte. Poco a poco serás un gesto, una palabra, un gusto, una mirada que fluye sin decirlo ni pensarlo.

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La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.
Antonio Machado, (1875-1939)
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