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¡Qué vergüenza! ¡Qué lástima!

Los capitostes de la economía europea, esos supuestos gurús de los asuntos dinerarios que nos deben sacar del atolladero en el que ellos mismos nos han embaucado, agrupados entorno a un ente llamado Banco Central Europeo (BCE), han traído a Barcelona su exclusivo circo, donde nunca crecen los enanos pues ya se encargan de aplastarlos sólo asomar.

Se da la paradoja de que el BCE tiene su sede central en Frankfurt (Alemania) pero de vez en cuando, como turistas de lujo, se reúnen en distintas ciudades europeas para decidir si deben tomar alguna decisión. No podían haber elegido peor momento y escenario.

Resulta que, para proteger a los 23 individuos citados en Barcelona, se han desplegado durante 3 días un total de 10.000 agentes de policía entre Mossos d’Esquadra, policías nacionales y guardias civiles, lo que supone, por ejemplo, un agente por cada 150 habitantes o 434 policías por cada capitoste reunido en la ciudad condal.

Hoy, en Protagonistas Catalunya de ABC Punto Radio, hemos llevado a cabo un ejercicio estadístico de lo que pudo ser y nunca será a partir del coste estimado de dicho despliegue policial, unos 23,5 millones de euros. La frialdad de los números esconde una hiriente afrenta social y civil.

Mientras quienes dirigen la economía, que suelen ser los mismos que dirigen la política, recortan hasta la herida, con ese dispendio, por poner sólo algunos ejemplos, se podrían haber repartido unos 2,3 millones de menús (a 10 euros cada uno, lo que no está ya al alcance de muchos).

También se podrían comprado 23 millones de barras de pan o de litros de leche, se podría haber hecho la compra semanal de 235.000 familias o se podrían haber comprado los libros escolares de 117.500 niños y niñas.

Con ese dinero, por ejemplo, se podría haber pagado el salario mínimo de unas 36.000 personas o se podrían haber repartido unos 25.000 euros entre todos y cada uno de los 941 municipios de Catalunya, sin importar el tamaño, el color político o la densidad de población.

Al principio del programa de radio, nos hemos preguntado ¿para qué sirve una reunión del BCE en Barcelona?. Es más, ¿para qué sirve el BCE?. Al final, y no por esperada, la noticia nos ha dado la razón pues esos individuos que nos deben sacar de la crisis han decidido mantener el precio del dinero como estaba. ¿Para qué han venido a Barcelona, pues?. Luego de tanta decisión, supongo que se han retirado a comer y a descansar en las lujosas habitaciones del hotel Arts, no y no en una pensión cualquiera.

¡Qué vergüenza!. ¡Qué lástima!

 

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Nunca subestimes a una rata (El quiosco)

A propósito de cómo, por qué, quién y dónde se gestó la actual crisis que no sólo es económica sino también de valores, sociales, culturales, de fe. Por la periodista badalonina Mercè Roura, que siempre da en el clavo.

 

Ahora ya poco importa, pero debemos saber que la crisis se inventó en un despacho lujoso, con buenas vistas. La crearon tres mentes brillantes y poderosas cuyos nombres no sabemos ni sabremos nunca. No salen en los periódicos, no tienen cuenta en twitter ni forman parte de ningún gobierno. Fueron tres hombres con corbata y móvil caro.El que llevaba la voz cantante dijo : “Tenemos que controlar el mundo, se nos escapa de las manos, es demasiado libre. Tenemos que crear miedo.”

El primero de los hombres poderosos propuso crear un virus letal. El de la voz cantante le miró con un destello de asco en el gesto y dijo que aquello ya lo habían intentado antes y no funcionaba porque siempre encontraban la manera de sobrevivir, “son como ratas, recuerda”.El segundo propuso impulsar una nueva religión a través de las redes sociales y captar adeptos que propaguen el mensaje de pánico hasta generalizarlo. “No servirá” dijo el más poderoso, “el hombre se ha convertido en un dios y ya no le teme. Lo que hay que hacer es generar una crisis económica.” Los dos primeros hombres poderosos se asustaron, una muestra inequívoca de que la propuesta era buena. Uno de los dos le advirtió de que una crisis económica es incontrolable y que nunca podrían llegar a saber de sus consecuencias hasta que todo hubiera terminado.

Después de horas, la propuesta de la crisis se dio por acertada. Se aflojaron las corbatas y empezaron a tomar medidas. Al final de la reunión, cuando el hombre de la voz cantante apagaba la luz al salir, “vamos a entrar en recesión pronto, hay que ser precavidos” comentó mientras sonreía, el primero le preguntó :¿No crees que sobresestimas el miedo?

“Amigo, le contestó el hombre más poderoso, cuando alguien tiene miedo se aferra a lo básico para sobrevivir y acepta que le des sólo migajas para salvar a los suyos. Un hombre asustado es un hombre sin sueños, sin más motivación que su supervivencia, sin ilusión. Créeme, una rata con sueños es capaz de todo, de crear un imperio, de cambiar el mundo. No subestimes a una rata nunca motivada que se levanta cada día a las seis de la mañana con una idea en la cabeza … Lo sé porque yo un día hace mucho fui rata. “

 
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Publicado por en 05/04/2012 en el quiosco, la barra del café

 

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¿Por qué no…?

Dicen que la ignorancia es temporal mientras que la estupidez es para siempre y que el sentido común es el menos común de los sentidos. Partiendo de estas premisas, que se han apoderado de gran parte de la raza humana, daría todo lo que sé por saber la mitad de lo que ignoro. Y en ese camino de búsqueda de la verdad, en el que siempre corro el riesgo de encontrarla, al final, en muchas ocasiones, sólo encuentro una conclusión, triste pero certera: “hay gente tan pobre que sólo tiene dinero”.

Valga esta introducción un tanto apocalíptica de lo que somos para presentar esta acertada, actual y afilada reflexión de Joaquín Moreno, de Madrid. Cuántas veces hemos oído, que no escuchado, las mismas preguntas; cuántas veces nos habremos planteado las mismas preguntas y hemos continuado caminando. Vale la pena, a mi juicio, detenerse unos instantes en estas sencillas palabras para descubrir un mundo de miseria, una miseria de espíritu.

Relato con música. Nos sobran los motivos…

¿Por qué mostrar esas imágenes horripilantes en paquetes de cigarrillos ?. ¿Por qué no fotos de niños hambrientos en envases de McDonald ?. ¿Por qué no animales torturados en productos cosméticos ?. ¿Por qué no poner fotos de las víctimas de conductores ebrios, en botellas de cerveza y vino ?. ¿Por qué no fotos de políticos deshonestos, ladrones disfrutando de nuestro dinero, en declaraciones de impuestos ? Aunque el 100% de ustedes estarán de acuerdo, apuesto a que el 99% no lo comparte…y así nos va.

 

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Hobbits, Hogwarts y un bol de arroz (desde la barra del café)

Alabado sea el Señor. Estos días, en las redes sociales, por doquier, han surgido ingentes cantidades de profesores y catedráticos de Economía y, quién sabe si un futuro Premio Nobel en la materia. ¡Salvamos estamos!.

Yo, lo confieso, no sé nada más de economía que aquello que leo en la prensa y que escucho en televisión o en radio. A duras penas, entiendo la economía local y la de mi casa y, aún así, tengo una grave percepción de andar como los  Hobbits camino de Mordor, junto a un engendro que, constantemente, me quiere engañar; ora zanahoria, ora palo.

Ha habido estos días políticos y políticas, que hasta hace poco bebían de las fuentes del poder y de la gobernabilidad, que, ante los ataques “fantasmas” que sufren las economías del sur de Europa, y en especial la nuestra, ahora  proclaman que la política debe tomar las riendas. La pregunta es, pues, inevitable: ¿qué han hecho hasta ahora los políticos?, con independencia de su ideología.

Y es más, llaman a que la política democrática debe recuperar su lugar por encima, y no por debajo (no dicen por detrás) de los mercados, arguyendo, entre otras cosas, que la semana pasada ese ingenio tan llamativo como temible llamado “Tea-Party” se ha impuesto. La pregunta vuelve a ser inevitable: ¿ qué ha hecho hasta ahora la política democrática?.

Insisto en que no entiendo de este monumental lío en que se ha convertido la política y la economía pero, cuando quien escribe alza la voz reclamando que dejemos de mirar al otrora ombligo del mundo que era Estados Unidos y nos dediquemos a lo nuestro, y recibe “palos” de esos “nuevos profesores y catedráticos de la economía”, no puedo sino proclamar mi más absoluta perplejidad.

(Un inciso: bien estarían esas opiniones si quedaran en el terreno de lo que son, opiniones, pero hay quien las lleva al terreno de la descalificación con giros y expresiones que denotan menosprecio, lo cual las deslegitiman por completo).

La pregunta, tercera e inevitable que se plantea, en mi modesto modo de ver, es ¿acaso EEUU vendrá a salvarnos?. ¿Acaso lo hará Alemania?. ¿Es que no tenemos bastante con nuestros problemas?. Viendo el panorama, asomó la cabeza al mundo y no sé enfocar el horizonte y quiero y deseo imaginar una vida que fluya ajena a ese maldito mundo que no nos permite disfrutar de las pequeñas cosas, las nuestras: el primer café de la mañana; el vino del mediodía; una buena comida;
una buena compañía; un atardecer solo o con quien amamos…

La situación nos aboca a un purgatorio en que las almas parecen haber renunciado a la evolución tal vez porque, atisbando el futuro, prefiero el pasado: ¿será la peseta ese futuro que pasó?; recordáis: un café, 20 duros; ahora, un café, 1’20 euros. No hace falta traducirlo. Algunos de esos “nuevos profesores y catedráticos de economía” de les redes sociales dirán que la vida ha  evolucionado y los precios han subido. De acuerdo, pero una objeción: ¡en tan solo diez años!.

Escuchaba el otro día una parodia harto elocuente de la situación a propósito del incremento del precio de la  gasolina: hasta ahora, las gasolineras eran eso, gasolineras; sin embargo llevan camino de convertirse en exclusivas áreas de servicio donde podremos escuchar una charla entre dos amigas del tipo:

–      ¡Jo, qué chachi esta gasolinera-gabbana”.

–      ¡Es una mole, María Isabel!. No sé que regalarle a mi novio: estoy entre un Rolex o llenarle el depósito del “buga”!.

Me siento abatido, aunque no batido. ¿En manos de quienes estamos?, dado que parecer ser que Dios, de quien nos hemos olvidado según la Curia eclesiástica española y vaticana, ha hecho las maletas. Dicen que estamos en manos de una cuadrilla de especuladores que “juegan” a gobernar y se agrupan en inventos llamados agencias de calificación, que son algo así como el castillo de Hogwarts de magia y hechicería, donde lo que se ve no existe y, sin embargo, se está viendo. Pero mucho me temo que, como aquel que ya sabéis y cuyo nombre no se puede pronunciar, la política está detrás de esas agencias.

A día de hoy, en el zulo en que se ha convertido España y nuestro entorno, hay quienes han sabido nadar y guardar la ropa. Como hormiguitas, China, Alemania, India, Brasil y unos pocos más que se pueden contar con los dedos de una mano están en crisis, pero no en abismo. Han ahorrado; quizás, aquí radique su secreto. Han mirado por ellos mismos y ahora no son tan permeables a las opiniones y
fluctuaciones globales. Quizás, también sea otro de los secretos.

Estaremos de acuerdo en que China o India, y en especial el primero, no son ejemplo dedemocracia, esa política democrática que, al parecer, ni está ni se le espera.  Pero, en cuestión económica, según mi modesto modo de entender, a falta de un saber más profundo, constituyen un ejemplo de cómo llevar las riendas en materia de política económica. ¿ Nos vendrán a salvar los chinos, mal nos pese?. Quizás. ¿Los americanos?, lo dudo.

Somos nosotros mismos nuestros propios salvadores. Con decisión y firmeza, lo que ha faltado hasta ahora en la clase política catalana y española, se debe dar el puñetazo en la mesa para hacernos el hueco que tanto costó encontrar y que
ahora perdemos a marchas forzadas. Razones y recursos no nos faltan: somos una extraordinaria área de exportación de ricos productos; no nos falta industria (aunque la mayoría esté en manos de capitales extranjeros, aunque no debemos olvidar que el suelo es nuestro); tenemos un excelente sector turístico; cultura; arte; buenas comunicaciones; puertos; gente emprendedora, pese a todo…

¿Por qué no comenzamos por potenciar lo nuestro para evitar que, al final, lo nuestro sea lo de otros?. No hay varitas mágicas, se trata de una cuestión de fe.

Solo de ese modo, creo yo, podremos asomar la cabeza por el ventanuco al que han reducido (y lo hemos permitido) nuestra casa para plantar cara a los mercados financieros, al menos los más próximos, dominados, a la vista de los acontecimientos, por meros especuladores que rayan en la prevaricación, el fraude y la estafa.

Mientras nosotros derrochábamos, en China o la India, se bastaban con un bol de arroz… Y reitero, – porque sé que se alzaran voces por la mención china-: estoy absolutamente en desacuerdo, hasta el punto del odio, con su sistema político,criminal y dictatorial. Pero también debemos recordar a aquellos que siguen mirando a los Estados Unidos que, por poner algún ejemplo, existen estados donde rige la pena de muerte y donde la homosexualidad aún es considerada una enfermedad.

Conclusión: señores políticos, señoras políticas, es la hora de la gente que, aún anónima, en las páginas del libro de la vida deja su impronta de un carácter único, a veces genial; como decía mi amigo Groucho  “jamas aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio (con música, os lo digo)

 

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Hoy como ayer, ayer como hoy (El espía de Madrid)

El agente Nelo, el protagonista de El Espía de Madrid (ed. Singular/Medialive), personaje que existió en la vida real y que viajó a Barcelona a principios de julio de 1936 para investigar unos crímenes y acabó contribuyendo al derrocamiento del alzamiento fascista, poseía unas pocas pero escogidas inversiones en bolsa de las
que llevaba cuenta a diario.

Y parece que es hoy cuando hace 75 años sucedió lo siguiente:

Nelo llegó antes de tiempo a su cita en el monumental balneario y casino de San Sebastián, en el paseo Marítimo. Comprobó que nadie le esperaba y se ubicó en la terraza, en un rincón de temperatura ideal, en la zona de pérgolas del patio mexicano, donde podía sentir el olor y el color del mar.

Solicitó un aperitivo y le sirvieron un vermú a base de Martini Rossi, aceitunas rellenas y pastelitos de jamón. Una notable orquestina creada por cuatro alumnos del Conservatorio de Música, todos ellos vecinos y amigos de la barriada de Gracia, amenizaba el momento con una selección de dulces y suaves melodías de Broadway para ganarse unas pesetas extraordinarias.

Tomó un diario y abrió el ejemplar por la página de la vida económica. Se confirmaron sus sospechas.

—¡Maldita sea! —exclamó.

La semana bursátil se había caracterizado por una languidez y una paralización generales. A partir del primero de julio la mayoría de valores cortaron el cupón acentuando la nota de parálisis, e incluso de depresión, en las últimas sesiones. «¡Mal asunto, muy malo!», se dijo. Hasta las obligaciones de empresas puramente industriales, las únicas que hasta la fecha venían ofreciendo cierta resistencia a la caída, comenzaban a debilitarse.

Nelo profirió más expresiones maledicentes a medida que avanzaba en la lectura de la prensa. Mientras la bolsa se desplomaba, y con ella sus inversiones y sus ilusiones, los movimientos al alza eran claros, e incluso preocupantes, en los precios de los mercados centrales de frutas y verduras y en los del pescado.

—¡Doscientas pesetas cien kilogramos de manzanas! —soltó.

La semana anterior costaban ciento veinticinco, recordó. En realidad, los tomates, los melocotones, las judías finas nacionales, las coles y otras verduras de consumo diario se habían encarecido de manera sobresaliente en los últimos siete días.

Desvió la mirada del diario y la clavó en una aceituna rellena, que se llevó a la boca, y la acompañó con un trago de vermut, el principal valor de que disponía en ese instante. «¡Quizá mañana, ni esa aceituna será posible!», pensó.

En el plano internacional, Nelo leyó en las «Crónicas de Inglaterra», que el diario traía en su edición dominical, que los ingleses habían creado un extraordinario sistema que habría de revolucionar los mercados de economía de todo el mundo: la finanza. «¡Qué tipos más espabilados estos británicos!», se dijo, alabando el ingenio inglés para las cuestiones monetarias. La finanza, interpretó el agente, permitía el transporte de mercancías de un lado a otro del globo sin pasar por Londres. Lo que sí seguía pasando por la capital británica era el dinero de la operación.

 

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Querido Federico (IV)

En Barcelona, a 6 de agosto de 2011

Querido Federico;

Con anhelo te escribo para comunicarte que son días de renacimientos, reconquistas y  amaneceres nocturnos. Se ha instalado en nuestra sociedad el espíritu de un movimiento al que llaman 15-M. Protestan por casi todo por lo que se puede protestar. Veo en ellos un afán de mejorar las cosas, pues las cosas de las que siempre hablamos, aquellas que nos deben interesar, no van bien.

Hubo un momento en que, según mi parecer, perdieron el rumbo. Una violencia exógena se apoderó de su alma y dio al traste con la legitimidad y bondad con la que habían surgido. Ahora, han resurgido, al amparo de los vaivenes desbocados de la economía local y mundial.

Razones no les falta para echarse a la calle y reclamar que salga el sol, de noche. Incluso andan sobrados de razones. Hoy, cunde la sensación de que es preferible ser león un día que oveja cien días. Parecen abatidos, pero no batidos. Y asistimos entre estupefactos, temerosos pero ilusionados a este milagroso despertar de las conciencias.

En su génesis podríamos considerarlos como apartidistas, que no apolíticos, asindicales y pacíficos. Han nacido casi ayer porque ni se sienten representados ni escuchados por los actuales políticos que nos gobiernan, nos han gobernado y, posiblemente, nos gobernarán, porque España es así; en materia política, la misma letra con distinta melodía, algunas caras diferentes para los mismos gestos y mensajes y algún brindis al sol, todo lo más.

Los hay jóvenes y algunos mayores, hombres y mujeres, altos y bajos, de Madrid o Barcelona, Sevilla, Valencia… de todos los rincones del país, pero a todos ellos les une, a mi juicio, el castigo en sus diferentes modalidades sociales, económicas y culturales: paro, precariedad, desahucio e inestabilidad social que conduce a la inestabilidad emocional.

De esta manera, querido Federico es prácticamente imposible amar; amar a las cosas a las que debemos amar: un amanecer en paz con uno mismo y con el mundo; un café pausado; un vino de reserva; una tarde de charla y juegos. No hay tiempo. No nos permiten gozar de ese tiempo y tenemos prisa, prisa necesaria, inevitable y justificada, diría yo, por arreglar las cosas que nos importan. ¿ Existió en algún tiempo que me es desconocido alguna forma de democracia real ?.

Recuerdas: el tiempo es oro, cuando no se tiene oro.

Ahora cabe esperar de ellos ( y de nosotros) que, una vez habido el renacimiento, la reconquista y el esperado sol nocturno, se anclen con la misma firmeza de la roca que parte el agua del río bravío. Manifestándose con la misma alegría y corrección de estos días; acampando allá donde se pueda acampar y, sobre todo, no permitiendo la intromisión ilegítima de elementos, hijos del perro del Hortelano, que ni hacen ni dejan hacer pues han hecho de la violencia gratuita su “modus vivendi”. No deben (ni debemos) permitir que tomen partido esta clase de individuos, que son una minoría a la que no cabe calificar de indignados, pues indignación producen; más vale una democracia imperfecta, como lo es la nuestra, que un estado de caos, la única pretensión de los violentos.

Salud y paz, querido Federico; como siempre, te envío una melodía con el deseo de que sea de tu agrado.

Tuyo, Goyo Martínez

PD: una de esas caras inamovibles de la política de las que te hablo, el señor Pérez Rubalcaba, uno de los elementos importantes del Gobierno teórica y tristemente socialista que mal-rige los destinos del país, y que está llamado a acudir a su propio “entierro político” en la cita con las urnas de otoño, ha dicho de los llamados “indignados” que doscientas personas no pueden poner patas arriba una ciudad. Lo dijo para justificar la dura, a mi entender, carga policial contra un grupo que pretendía reconquistar la querida Plaza del Sol. Señor Rubalcaba, podrían haber sido diez, veinte, treinta o solo uno, pero debe recordar que llevaban tras de sí el espíritu de miles de personas a las que les une una inquietud: la indignación, una indignación que quizás ni usted ni muchos otros políticos siente y padece.

 

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