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Amalgama

El pasado no ha muerto, dice Faulkner, “ni siquiera ha pasado”. Hay veces en que vuelve el pasado, acude el futuro y se encuentran en el presente. Otras en que el tiempo no importa porque se ha desarticulado; porque todo, presente, pasado y futuro, está ocurriendo o siendo a la vez. Tú debes elegir porque las más de las veces el futuro nos tortura, el pasado nos encadena y he aquí porqué se nos escapa el presente.

Una preciosa reflexión de Olga Prieto (Baix Llobregat, Barcelona) acerca del país de Serendip, un mundo de complejas emociones, de emociones del pasado y mañana, ya veremos. Música: sólo una mujer, sólo un país, sólo un recuerdo, ¡todo!.

El tramo de vida que caminamos hacia delante _se hace camino al andar_ arrastra experiencias pasadas_el pasado no ha muerto, nunca lo hace_y en la conjugación de éstas con las nuevas_fui lo que eres, serás lo que soy_resurge el presente vivido, confundiéndose con un pasado ya fundido en un presente futuro_dejadme que siga con mis recuerdos, pues de ellos vivo, lo cual es lo mismo que vivir de esperanza, ya que quien no tiene  pasado carece de futuro, y quien no ha hecho nada, no puede saber lo que va a hacer_ Amalgama de vivencias vividas expectante y anhelante de satisfacer deseos y ilusiones ansiadas.

 

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“El Patiota”

Bajo la mirada estimulante de un sol más alto, portador de renovada luz, y de días hermosos, en la ciudad, luminosos fragmentos de cielo se cuelan en los edificios a través de patios, balcones, terrazas, huertos sencillos o jardines urbanos. Son pequeños paréntesis en los que el tiempo se detienen, la vida desconecta por un instante de la terca rutina, y un manto de luz dorada y de bullicio lo cubre todo invitando a una saludable desgana en las horas de ocio.

Un relato de Tico Medina, en Diario de Córdoba, dedicado, entre otros a la escritora y amiga María del Pino (rescatado de su blog, soñando la felicidad)

Si al que a su patria ama, la defiende, la exhibe, de ella se honra y la dignifica, es un patriota; al que hace lo mismo con su patio se debe llamar, con permiso de esa excelentísima academia, un patiota . Aunque no esté en el diccionario, todavía. Porque un patio es una patria, porque en él se vive, se respira, se convive, se sobrevive incluso, se nace, se crece y hasta se dice adiós, y porque de él se presume, es una causa común en la casa común, es lo que te hace más grande en lo pequeño, y te hace más pequeño aún en la inmensidad de un grande, por chico que sea el corazón de la casa.
Y yo no me quiero ir de este mundo (aunque a veces estoy de acuerdo con aquel grafiti: “que pare el mundo que me apeo”) sin un patio que vivir, siquiera los últimos días de mi vida, eso sí, soy el primer granadino que cuando busca una casa para volver, no para vivir, pregunta siempre: “¿y tiene patio?” De ahí que en este tiempo de los patios de Córdoba, porque puede haber muchos patios, pero de Córdoba es otra cosa, porque es una forma de ser y de estar, de ahí que insista en que los patios cordobeses son noticia en todos los medios, más que en España, fuera de España.
 

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6 de abril

En una ocasión un viejo librero que sabía latín, mucho latín, me dijo:

– en algún momento todos tenemos algo que debemos hacer, el engranaje gira. A veces un giro te lleva a donde quieres, a veces te lleva incluso más lejos. De cualquier modo, tienes que respetar la máquina.

Y yo le respondí:

– El tiempo es así de extraño, a cambio de todo lo que nos arrebata nos concede algo: a veces es un amigo, a veces es un mejor entendimiento de nosotros mismos, a veces sólo es un día perfecto.

Ese día pudo ser, puede ser el 6 de abril, porque siempre habrá un día en alguna página del libro de tu vida. Un relato breve e intenso (y con música), como la vida misma, de Sebastián Agulló (Málaga).

“… Pero, ¿qué es la libertad? ¿No es acaso una fantasía, un ideal, una utopía? Dicho concepto es un fósil filosófico, un objeto que no deja de manosearse para darle la forma humanizada deseada; pulir un diamante usando palillos de madera. Es seis de abril, “tu día”, y los pájaros siguen cantando, la tierra sigue girando, las gentes siguen haciendo su vida; no hay qué celebrar, puesto que, ¿en realidad?, todo mantiene su curso natural: no eres especial, no eres imprescindible. Sólo eres una pieza más de un puzle con infinitas piezas que jamás termina de completarse…”

 

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A ti (y lo digo todo)

El valor de las cosas no está en el tiempo que duren, sino en la intensidad con que sucedan. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables. Incluso en Facebook. Es así de sencillo aunque nos empeñamos en complicarlo todo.

Un relato de Cristina Jiménez-Buil (Madrid)

Relato con música

 

A ti, que sin saber quien era un buen dìa decidiste añadirme en tu lista de contactos…

A ti, que sabes que tengo defectos y errores…

A ti, que sin importarte quién soy, cómo soy ni de dónde vengo, me abriste tu corazón y me brindaste lo mas preciado que un ser humano pueda dar, “su amistad”…

A ti, que sin saber si estoy triste o feliz, me envias tus mensajes, los cuales muchas veces me hacen sonreír en momentos en los que quiero llorar…

A ti, que me llamas “amiga”, que me envías etiquetas, imágenes, besos, abrazos y mensajes…

A ti, quiero decirte “gracias”; gracias por estar en mi vida.

 

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La almazuela

Decía Einstein: “no pienso nunca en el futuro porque llega muy pronto”. No le faltaba razón a ese gran científico siempre con aspecto de viejo loco. La felicidad se hace de pequeños y reposados momentos, como de pequeños momentos está construida nuestra vida cuando la mimamos, la trabajamos y le damos el tiempo y el reposo suficientemente acompasados, sincronizados. Es como una almazuela, un patchwork que vamos tejiendo con fragmentos de distintas telas y texturas que habrá de cubrir nuestra vida cuando le rindamos cuentas. No es tarea sencilla.

Un breve relato con música, en forma de carta, de Goyo Martínez (Mollet del Vallès, Barcelona).

 

Carta a los que viven sin vivir y buscan una vida más dichosa aunque no saben exactamente en qué consiste;

Querido amigo, querida amiga, tú, ¿qué estás haciendo de tu vida?. ¿Por qué no vives únicamente lo importante?, Recuerda que es muy corta. Que la vida es corta lo sabemos todos, aunque preferimos olvidarlo para seguir viviendo. Pero, ¿qué es lo importante?.

Eso lo saben bien quienes han sobrevivido a un accidente, a una enfermedad, los solitarios, cuyas vidas son tristes, míseras, rutinarias, como Van Gogh, los que están expuestos a peligros constantes, los que por amor entregan su vida a los demás. Cuando les preguntas te dicen que lo importante tiene que ver con el afecto, el bien, los sentimientos buenos y profundos, los momentos, los pequeños momentos. Y te dicen que con la mitad se puede vivir el doble de feliz.

No es el tiempo el que pasa, somos nosotros, según lo vivimos. Todos tenemos una cita con el tiempo; no lleguemos nunca tarde, ni tampoco excesivamente pronto.

 

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El fantasma

Aunque no lo sepamos ver, incluso aunque no lo queramos admitir, en muchas ocasiones, entre nuestras tareas, debe figurar la de desenmascarar a los monstruos de un pasado aún vivo y de un presente acuciante, el que vivimos día a día en sociedad, y que nos acosa y nos acorrala porque somos individuos impotentes ante las todopoderosas fuerzas del mal. Y, como decía Charles Baudelaire, “la mejor treta del diablo es convencernos de que no existe”.

Un relato con música sin descuento alguno en su propuesta de Patricia Bustelo, desde Buenos Aires (Argentina).

El fantasma es la pérdida.

Hace un mes le tenía miedo. Ese miedo real que te provoca sudor frío y llanto en medio de la calle. Ahora no.

El fantasma recorre mi casa, entra en la cocina, después sale al balcón. Yo leo, me ducho, duermo, hablo por teléfono. El fantasma es la pérdida.

Si le hablo, lo hago importante. Por eso lo ignoro.

Sospecho que se nutre de mis preguntas. No puedo evitar hacérmelas.

En las mañanas me mira lánguido desayunar. Esa cara angulosa, huesuda de fantasma.

Esas manos sin carne. Ese perder el tiempo de fantasma. Lo ignoro con todas mis fuerzas.

Una tarde regreso a mi casa después de comprar flores y lo veo leyendo mi novela preferida.

Me enoja profundamente esa falta de respeto. Le toleré todo pero eso no.

Entonces le grito, lo miro fijo, le ordeno que se vaya. Ofendido se levanta y se tira por el balcón. Corro detrás de él y me asomo. Me inclino porque no lo veo, me inclino más y me caigo.

 

 

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Resquicios de amor

Tienes la piel de serpiente y te mudas cada vez que vienes reptando a mis brazos. Y vuelas tan alto, y a veces tan bajo, que duele. Y es entonces cuando te suplico que me cuentes por qué cuando menos lo espero, cuando me he curado, la vida me depara otras sorpresas. Y siempre, sin darme apenas cuenta, dejo una puerta abierta al amor. Y busco aquellas palabras que alivien mi dolor. Quisiera sentir como el amor alivia como la luz del sol tras la lluvia.

Un relato de Lorena Pérez García, de su blog Mi propio Cajón de Sastre, de Madrid. Un relato sobre la belleza y el dolor del amor porque, más vale haber amado y perdido que no haber amado nunca.

A veces en la soledad de mi mirada, recuerdo las veces que tanto tiempo te quise. Las veces que tortuosamente miraba a mi alrededor deseando encontrar unos ojos familiares, los tuyos.

Tantas veces deseaba aquello, que conseguí alzarte del alma mía, construirte un altar para ti solo, donde pudiera adorarte como se adora a un dios, donde pudiera rendirte el culto que para mí te merecías. Pero todo eso no era amor, o sí, quién sabe, todo eso nadie sabe que era, ni siquiera yo. Quizá fuera la máscara oculta de aquella persona que tiene miedo a querer a alguien de verdad y únicamente se enamora, o encapricha de aquellos a los que sólo puede adorar en la lejanía.
Ya lo dijo el escritor: solo los amores imposibles duran para toda la vida, y para una persona como yo, que tiene miedo a lo efímero del amor, a la capacidad innata que tenemos las personas de amar hoy y olvidar mañana, sólo un amor imposible es capaz de satisfacer mis ansias de adoración eterna.
Me da miedo el amor. Aunque para ser exactos me da miedo lo efímero de este. ¿El amor dura para toda la vida? Hay una canción del maestro Sabina que dice que hay amores eternos que duran sólo un invierno. ¿Podemos amar un instante y que sea eterno? Y acaso ¿podemos amar una eternidad y que solo sea un instante? Finalmente, el tiempo, todo gira en torno a él.
Que maravilloso sería decir que el amor nunca se acaba. Pero ya no me lo creo. Puede que sea porque nunca me he enamorado, pero no creo que dure para siempre. La sociedad a nuestro alrededor así lo dice. Últimamente todo a mí alrededor así me lo dice. Será quizá por eso que he dejado de ser la romántica de libro que he sido siempre, para volverme una incrédula que se aleja de los sentimientos que pueden resultar tortuosos.
Y a veces por un resquicio de esa frivolidad se cuela un suspiro para recordarme que una vez escribí aquellos versos que hoy me gusta leer. Para recordarme que una vez alguien era capaz de dejarme sin aliento durante los instantes que estaba en su presencia sabiendo que nunca podría ni rozarle.
Amaba a un imposible, suena tan surrealista, tan de un pasado… pero al menos entonces amaba.
 

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