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Cada letra en sus sueños (Historia de un profesor no cualquiera) -2a parte-

Segunda parte del cuento Historia de un profesor no cualquiera, de Elizabeth Vargas (San Juan de Puerto Rico). Con música en la imagen.

libreta-de-poema

 

Mil ideas cruzaban por la mente de Xiomara.

¿Qué pasaría con el profesor? ¿Estaría bien?

De momento, sus pensamientos volaron y se imaginaba terminando la clase y compartiendo con el profesor Barriento una de sus inspiraciones.

– Jóvenes – interrumpió uno de los funcionarios de la Universidad – el profesor Barrientos tuvo una situación personal que no le permitirá asistir a clases esta semana.  Nos indicó que le envíen por correo electrónico el resumen de la novela y que trabajen un poema de su autoría para la próxima clase.

La angustia se apoderó de Xiomara al no saber lo que realmente le pasaba a su mentor.  Esa tarde le dejó un sabor agridulce.  Por un lado pensaba en mil y una opciones de lo que le había sucedido al profesor. Pero también, imaginaba la próxima clase en la que su sueño se haría realidad. Podría entregar uno de sus poemas y que Barrientos le diera su crítica; mas en lo profundo lo que quería era transmitirle lo que sentía cada vez que pensaba en él.

Buscó rápidamente su libreta de poemas y evalúo cada uno de los escritos para encontrar el apropiado.

– ¡Este es, lo encontré! – gritó su corazón y en su mente pronunciaba cada palabra que plasmaba un sentimiento extraño que aún no podía descifrar:

Solo sueño

Déjame soñar

Que tus manos me acarician

Que tus labios me besan

Que tu cuerpo me entregas

Déjame soñar.

Porque en sueños puedo amarte

Sin miedos ni reproches

Desvestir el cuerpo y el alma

Una y mil noches.

Déjame soñar

Hasta que la pasión me consuma

Y la luna que desnuda

El rincón de nuestro encuentro

Penetre en  tu corazón y se produzca la entrega.

Déjame soñar

Porque solo así puedo conquistar

Cada espacio de tu ser

Amarte hasta saciar

Y apaciguar esta sed.

Déjame soñar

Ya no quiero despertar

Si a tu lado no voy a estar

Prefiero delirar

No me niegues la oportunidad

Déjame soñar.

Xiomara tendría que aguantar con la incertidumbre una semana. El tiempo se detuvo para ella. Sus emociones se confundían dentro de sí, su alma divagaba en medio de la eternidad, salió a pasear y no tenía pasaje de regreso, había que aguardar la llegada del hombre que sentía amar en sus sueños.

Continuará…

 

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Juego de amor

Hay situaciones, momentos, palabras… que no merecen mayores explicaciones. Y es que, como decía Unamuno, “hay lágrimas que refrescan y desahogan y lágrimas que encienden y sofocan más”.

Un relato sobre ese bello, aunque tortuoso, camino que todos emprendemos para encontrar el amor de la profa. Elizabeth Vargas, San Juan de Puerto Rico, escrito en la soledad de la madrugada, donde afloran los mejores sentimientos, las mejores palabras. Con música, por swpuesto.  Escena de Nmpqtbpqtb.

sube y baja

 

(Versión original)

Sube y baja, sube y baja… No podía parar de mecerse  y entre carcajadas era evidente su felicidad. Era un capuyo  que empezaba a crecer. A distancia se escuchaba la risa, era pícara y tierna a la vez.

Y seguía en el sube y baja. Sí, la niña jugaba. La inocencia era su dueña cuando le robaste ese primer beso y te amó. Poco a poco te entregó su corazón, el alma, sus sueños y su ser. Contigo vivió los momentos más hermosos y también instantes muy dolorosos.

Hoy la vida los lleva por senderos de incertidumbre, no hay un rumbo definido. Los océanos se imponen cual barrera entre los dos. A pesar de la distancia, el recuerdo sigue latente, fue tuya y se entregó a ti con gran pasión. Junto a ti creció, aprendió lo que es el amor y lo que es el perdón. Hoy no sabe si estás, si te fuiste y tampoco puede percibir si volverás.

El parque está solo, la niña vuelve a mecerse en el sube y baja.  No ve otra alternativa. Sigue jugando, pero las lágrimas aún corren por su rostro y se escucha un sollozo. En su interior no quisiera abandonar esa ilusión que la llevó al cielo y luego al infierno, pues le costó su inocencia. No hay respuesta y la niña desconoce si tiene tu querer o si todo fue un juego de amor.

 

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¿Dónde está el amor?

Hoy el sol saldrá y se pondrá. Lo demás, está por decidir, como el amor. Más tarde o más pronto, llega. No es como ir al mercado y seleccionar la mejor pieza en la parada de frutas y verduras. Cuando menos lo esperes… y, si no, siempre nos quedará alguna compañía. Un cuento (con música) de Elizabeth Vargas (San Juan de Puerto Rico)

Los capítulos se repiten una y otra vez, es un cuento que no termina.

-Hija, deja ya de trabajar tanto y busca un hombre con el que puedas compartir tu vida.  Yo he envejecido y me gustaría saber que tienes un compañero cuando yo no esté.

Mami, tú siempre con tus pensamientos sobre la muerte y mi futuro.  Déjame así, yo estoy feliz.

Una conversación habitual entre Leticia y su madre. También, era el discurso y la presión de algunos de sus allegados. La gente no podía entender como una mujer tan hermosa, inteligente y profesional estuviera soltera.

Leticia, a sus 38 años, había alcanzado más de lo que esperaba, pero no era suficiente para su progenitora, con la que vivía en el Viejo San Juan.  Doña Petra insistía en que su única hija no era completamente feliz porque no había tenido tiempo ni suerte para el amor.

El amor llegará cuando tenga que llegar y si no llega, no te preocupes que estoy muy bien acompañada por Lupita.

-Lety, hija mía, Lupita es una gata, no te puede dar el amor y loshijos que necesitas.

¡Jajaja! no me hagas reir mami, ¿quién te dijo que no tengo amor?  Además, ¿por qué necesito tener hijos?  Es más, ni me contestes, creo que ya hemos hablado mucho sobre el tema.  Gracias por preocuparte por mí, pero hasta aquí llegó la conversación, por lo menos si quieres seguir hablando de eso.

Leticia había luchado con las presiones de la sociedad de que las etapas de noviazgo, casamiento y maternidad se viven a cierta edad. A los 30 años, se sintió un poco hostigada, pues Doña Petra se había encariñado con Joel, su último novio.  Su amada madre se la pasaba todo el día con la cantaleta de que se casaran y le dieran nietos.  Sí, nietos, en plural, porque la señora sentía que la casa estaba vacía, quería risas, gritos y juguetes tirados por el piso.

Aunque Leticia no tenía prisa por casarse, Joel era el amor de su vida. De eso, no tenía duda. La enamoraba con cada detalle, era un hombre enfocado, muy profesional e intelectual, justo lo que ella quería. Compartían poco por la complejidad de sus trabajos, pero esos instantes que pasaban juntos eran mágicos y la hacían muy feliz. Eran compatibles y tenían muchos sueños en común.

 

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