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Porque un día dejé de serlo, vuelvo a ser

En un plácido atardecer de agosto, en el protegido retiro de su playa, agotando el último de los primeros días de su vida antes de arremangarse para los ensayos de su nueva vida, ella conversa animadamente con ella. Resguardada ya del sol, los pensamientos fluyen al compás de la naturaleza. La brisa, caprichosa, envuelve el momento. Hay palabras, ideas que brotan sosegadamente. No hay prisa.

De repente, mira al cielo y descubre el vuelo de la gaviota. Saborea la libertad del animal como si fuera la propia. Todo es consecuencia de la constancia y de la profundidad con que se vive en cada momento. Lo traduce. Lo hace suyo. En un acto de continuidad, ella regresa a su conversación con ella mientras el ave, eterno pasajero circunstancial, desaparece en el alto azul llevando al viento un alma transparente, un carácter fluido.

Porque existen cosas que sólo puede hacer uno mismo, un breve relato que surge de la inspiración y del profundo pensamiento de Maite Arbonés (Lleida), en un estilo muy personal en que los ojos clavan las frases dichas y escritas como alfileres, dulces alfileres. Con música y mucho amor, porque la vida es como una caja de bombones…

– ¿Duermes?

– No sin un sueño.

– ¿Te levantas?

– No sin un motivo.

– ¿Vives?

– No por nadie que no esté dispuesto a vivir por mí.

– ¿Y tu ayer, y tu mañana?

– Ningún día se parece a otro.

– ¿Parece que…?

– Nadie se parece a mí.

– ¿Quién te hará feliz?

– Sólo hay una persona capaz de hacerme feliz para toda la vida.

– ¿Quién es?.

– Yo mismo, yo misma.

Porque un día dejé de serlo, vuelvo a ser.

 

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Tejiendo la vida en texto plano

La vida auténtica está dentro de cada uno de nosotros; con cada decisión, con cada experiencia, aspiramos a ser auténticos. Muchas veces nos quedamos a medio camino de todo y, quizás por ello, somos únicos, a veces geniales, extraordinarios en todo caso. Incluso cuando empleamos únicamente el texto plano y un máximo de 140 caracteres.

Este relato, en forma de diálogo, nace de una conversación de apenas tres minutos a través de Twitter con Sandra Pérez García, más conocida en la red como Sandradespacho, politóloga y socióloga, especialista en comunicación y gestión política, de Madrid. Clica sobre la imagen para disfrutar la música de este relato breve, intenso.

 

 

 

 

 

 

–  Si vas a engañarme, al menos miénteme bien. Lo contrario, encima, es insultarme.

–  ¿ Te sientes culpable?.

– Yo, rápidamente, me siento culpable, tan rápido como se me pasa…

– Érase una una vez una mujer sensacional, franca, con un indudable atractivo a quien la vida…

–  Se negaba a dar unas mínimas pautas de normalidad…

–  Porque, para ella, la normalidad no existía. Todo, en cada instante, en cada latido, era un extraordinario acontecimiento. ¡ Vivía !…

–  Más o menos como quería. O como creía querer…

– Pues en su creencia anidaban sentimientos que la conducían a los vértices de la vida, una vida, ora de sonrisas…

–  Ora de carcajadas. El resto de las circunstancias le eran del todo ajenas…

–  Su liberación era el epílogo de cada capítulo de esta casi siempre triste y
estremecedora trama que es la vida…

–  Sin darle más vueltas, ya tenía que tomar la última y definitiva decisión de si
entregaba el resto a esa liberación…

– Se saturó y no supo hacia dónde tirar. Ante el bloqueo se detuvo un momento, pensó y decidió. Se decididó a tomar una decisión.

– Solo soy.

 

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