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Algún día…

El sol declinaba y la tarde se presentaba con un esplendor insultante. El paisaje hechizaba y perturbaba sin remedio. Al lugar no le había hecho falta entrar en la modernidad. ¿ Para qué? Sabiamos que, al menos, existían sueños que resisten el embate de la realidad. El lugar ya formaba parte de nuestra memoria sentimental. Le llamábamos el lugar sublime. Nos encantaba ese adjetivo de filiación romántica. Paisaje y paisanaje se fundían en una amable simbiosis. La sensación era indefinida, vaga, hermosísima: accidentes incomensurables, lapiaces, simas, dolinas, piedras como hechas de encargo.

Al regreso de su viaje a ninguna parte, el viejo de la imprenta acarició con la mirada y con la mayor fruición de la que era capaz sus cansados ojos el escenario.

– Dime, querido viejo, ¿hallaste tu destino?

El viejo barrió con la mirada el paisaje, un paisaje que valía la pena ser salvado y donde la gente parece que vivía en el fondo de un cuadro del que se había excluído lo sórdido y lo feo. Verdes, ocres, dorados y malvas salpicaban las colinas.

– Mi querido y joven amigo, todos tenemos un destino mágico, incluso místico, en algún lugar de la imaginación.

Gracias, viejo. Aquellos atardeceres serían una constante que ya nunca nos abandonaría.

Desde un lugar de la imaginación, Luz Luz Mar Mar, de Marbella, nos habla de cosas a las que muchas veces no prestamos atención pero que son realmente lo que importan, al fin del día, al final de la vida. Y quizá sea sólo el parpadeo de una luz… Música (en la imagen) de Lana del Rey; born to die

Descubriré las estrellas

no sólo por su belleza,

me dan mucho más de lo que alumbran…

Tienen en su Luz…

los códigos de nuestras vidas,

el secreto del porqué …

algún día, descubriré las estrellas”.

Mar Mar.

 

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Gato Félix

Apoyado en la almohada, con la tele encendida, el niño pregunta a la madre cosas muy raras:

– ¿Mami, por qué hay estrellas? ¿Cómo puedo ver a Dios?

Y ella, madrísima, librepensadora, con la palma de la mano apoyada en su pecho, como queriendo taponar futuras heridas, le contestó:

– Mi niño, en la escuela te dirán que hay un Dios y te explicarán el porqué de las estrellas. Pero, cuando seas mayor, tu alma y tu corazón te irán diciendo si existe alguien ahí arriba y sabrás por qué y para qué nos han dado las estrellas.

Y el niño entró en duermevela soñando que las estrellas eran una de las grandes obras de Dios, de su dios.

No hay certezas cuando se habla de sueños. Algunos se logran, pero otros tantos chisporrotean y mueren. Cuando eso sucede es tentador preguntarse por qué uno ha soñado alguna vez en la vida. Y en el recuento de su vida, aquel niño supo que podía existir la magia sólo si había fe. Y murió colgado de una estrella, con los ojos cerrados y el corazón ensanchado, como el árbol, enraizado en un lugar y con las ramas abiertas al mundo.

De la fabulosa pluma de Guillermo Háskel (Buenos Aires, Argentina) un original poema que habla de uno de los héroes de su infancia, que lo sigue siendo, el Gato Félix, siempre adorable. Dice Guillermo que el Gato Félix ha sido y es el compañero de ruta que todos quisiéramos tener, sobre todo, en un viaje interestelar.

Este “poemita”, explica el poeta argentino, se escribió sobre el recuerdo de interminables siestas pueblerinas a las afueras de Buenos Aires, hace ya 50 años, cuando aquel niño – y otros- esperan con ansias las revistas mexicanas de Félix, la Pequeña Lulú, la Zorra y el Cuervo (que incluía a La Jauría y la Liebre, Tuco y Tico — las urracas parlanchinas — y al maravilloso Tito y su Burrrito, que siempre decía, “ji jau”), Superman, el Súper Ratón, Archie y algunas más.

En una de ellas, el Gato Félix sube hasta las estrellas haciendo equilibrio sobre su haz de luz. Luego se hace a sí mismo una pregunta mental, genera en el globito de diálogo un signo de interrogación, lo toma y con ese gancho va descolgándose entre ellas. si eso no es magia, ¿qué es?. En el poema, Háskel dejo claro su anhelo – que también es el mío- de poder poder hacer lo mismo que el héroe gatuno. (Con música, entre mis recuerdos)

¡Quién pudiera

Gato Félix

pasearse

igual que vos

por las estrellas

columpiándose

de signos

de preguntas

o funámbulo

sobre haces

de luces

de linternas!

 

 

 

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Tocarem els estels (Tocaremos las estrellas)

Y, por fin, descubrió el mar y su olor de azul turquesa del cielo, y el mar luminoso en contraste con la abigarrada ciudad, protegida por montañas ya míticas. Y pudo tocar la estrellas mientras cuatro músicos tocaban en las mismas verjas del parque. Tocaban canciones de amor.

De Santi Fornell (Balsareny, Barcelona). Un cuento con música sobre las estrellas pues hacen falta ya que, en estos tiempos agitados, aún queremos y debemos ver y utilizar las estrellas para que nos guien en el camino.

Versió original (en català)

Cada nit dibuixarem un estel nou. Sortirem per mirar el cel mentre va enfosquint la seva llum, mirarem que mai falti cap ni un dels estels que ahir hi havien, i si un no hi és, el pintarem nosaltres.

I així, mica en mica, també posarem noms a tots aquells que inventem en el nostre dibuix: un serà el que et digui que t’estima, l’altre serà el que et recordi que ets especial, el de més enllà et dirà que mai la soledat serà asseguda al teu costat… I així, mica en mica, anirem omplint aquesta negror que fa un temps era tan i tan fosca, i que d’ençà que tu i jo la pintem d’estels cada cop és més i més brillant.

No oblidis mai, encara que passi el temps, encara que pensis que jo no hi soc, sempre que surtis a mirar la nit i vegis els estels, recorda que jo, sempre hi seré. Avui, desprès de pintar-los, els tocarem, pujarem als nuvolets dels somnis, els que tu cada nit fas venir fins al teu cap, i allà al damunt d’ells ens endinsarem fins on res no sigui diferent… Vens ?

Cada noche dibujaremos una estrella nueva. Saldremos para mirar el cielo mientras va oscureciendo su luz, miraremos que nunca falte ni una de las estrellas que ayer existían y, si acaso una falta, la pintaremos nosotros.

Y así, poco a poco, también pondremos nombres a todos aquellos que inventamos en nuestro dibujo: uno será el que te diga que te quiere; el otro será el que te recuerde que eres especial; el de más allá te dirá que nunca la soledad se sentará a tu lado… Y así, poco a poco, iremos llenando esta negrura que hace un tiempo era tan y tan oscura, y que desde que tú y yo la pintamos de estrellas cada vez es más y más brillante.

No olvides nunca, aunque pase el tiempo, aunque pienses que yo no estoy, siempre que salgas a mirar la noche y veas las estrellas, recuerda que yo siempre estaré. Hoy, después de pintarlas, las tocaremos, subiremos a las nubes de los sueños, las que tú cada noche haces venir a tu cabeza, y allá encima de ellas nos adentraremos donde nada sea diferente… ¿ Vienes ?

 

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Cigarrillos de amor

Somos capaces de construir castillos en el aire, de ver gigantes donde hay molinos, de asir espadas donde hay palos, de bañarnos en mares donde hay charcos, de escalar montañas donde hay colinas… Somos personas que, en todo lo que hacemos, dejamos la impronta de ese carácter que sólo este lugar, unas veces cruel, otras, imprevisible, bello en todo caso, puede dar. Un carácter único, a veces genial. Un lugar donde lo que palpita es el amor y donde hombres y mujeres buscan en las noches la dinastía remota de las estrellas. Lo que véis no existe y, sin embargo, lo estáis viendo. Si podéis soñarlo, podéis hacerlo.

Un relato con música de Ruth Román, de Cornellá (Barcelona)

Lías cigarrillos de cariño y sin papel para que los fume dentro de tu piel.

 

 

 

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Ya no tengo miedo

Quiero hablar sin rodeos y sentir sin miedo. Las angustias tienen que salir por algún sitio. Si retengo mis miedos, se me desgarran las entrañas y me dan ganas de arrancarme la piel a tiras. Me enfrento a mis miedos. Es el único método posible que conozco de vencerlos. Aún arrastrando heridas, aún en zonas prisioneras del tiempo, aún en la extrema aridez de la memoria, aún sumergido en un edad olvidada, aún cuando la muerte está segura de su victoria, ya no tengo miedo al cuento de la vida.

Alma Ballesteros ha pintado un cielo, de noche y de día, y nos pide que nos acerquemos, sin miedo. Un relato, como siempre, con música. French Kiss, Iwant you

Acércate, no tengas miedo, mi alma se llena del color del sol y de un cielo a rebosar de estrellas para pintar con tus versos y los míos un paisaje de sueños.

Me entregué al hada de los relatos de esperanza, y su regalo fue dos alas de amor a la vida, vistiendo la sutil seda de la amistad plena.

 

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