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Y EL ETARRA SE ARREPINTIÓ… UNA FECHA PARA LA HISTORIA Y UN VIAJE DEFINITIVO

Robert Manrique, a quien la maldita bomba colocada por ETA en el Hipercor de Barcelona el 19 de junio de 1987 le estalló bajo los pies, hizo ayer el viaje definitivo de su vida como víctima. Se encontró cara a cara en la cárcel de Zaballa (Álava) con el jefe del comando que puso el artefacto, Rafael Caride Simón. Y valió la pena, según las propias palabras de Manrique al salir de la cárcel.

Cumplió lo prometido. No estrechó la mano del animal etarra, porque una cosa es escuchar y hablar con quien ha intentado matarte y otra muy distinta es llevar una cita de esta naturaleza al terreno de la confraternización. Es como, en una primera cita, pretender el beso de una chica. Demasiado. El etarra no se merecía – ni nunca merecerá- un gesto humano de tamaño calado, por mucho que se arrepiente.

Roberto Manrique, que no ha recibido ninguna llamada de la clase política, – tampoco le hace falta-, ni de las “actuales” asociaciones de las víctimas terrorismo, tampoco lo necesita pues únicamente se dedican a esparcir la discordia al haberse convertido en “políticos” cuando sólo debería haber espacio en ese terreno para la humanidad, no iba sólo. Llevaba el mensaje de un puñado de víctimas, tantas como las 46 que sufrieron las devastadoras e irracionales consecuencias de aquel 19 de junio de 1987 (21 muertos y 45 heridos). Tantas como las más de 600 víctimas directas o indirectas que residen en Catalunya. Tantas como las miles que se distribuyen a lo largo del territorio nacional.

Al salir de la cárcel, un lugar que nunca deberían abandonar los etarras, Manrique dijo estar “tocado”. No era para menos. Pero a Robert le bastó las innumerables veces que Caride le expresó su “profundo malestar, sentir y arrepentimiento” por lo que hizo.

Si lo dice Robert, que de psicología humana entiende mucho, y eso que no ha estudiado, yo también lo creo. Creo que el arrepentimiento de Caride es sincero. Ello, sin embargo, no le debe otorgar ningún beneficio ni perdón de nadie, ni de Dios, en el que el etarra dice no creer, ni del Diablo… que lo engendró.

“He visto a un hombre roto, destrozado. En algunos momentos no podía mirarme a la cara, y era cuando se refería a Hipercor. Pero en las frases claves relacionadas con el arrepentimiento y el lamento, entonces sí, entonces me ha mirado a la cara sin pestañear. Y he visto a un hombre sincero”, explicó Robert.

Como quiera que Robert es así, – inagotable y agotador (dicho cariñosamente)-,, ya ha dicho que volvería a acudir a la cárcel las veces que haga falta, a acompañar a otras víctimas, a las que ha invitado a estar cara a cara con los terroristas, porque a él, el encuentro le ha sido beneficioso.

De hecho, la hermana de Gregorio Ordoñez, asesinado por ETA, ya ha pedido entrevistarse con el etarra

La cuestión es abrir la fractura más honda posible en el seno no sólo del colectivo de presos etarras sino en la propia organización criminal pues sigo sin creer en el abandono definitivo de las armas que han proclamado, como si lo hubiera hecho la serpiente.

25º aniversario de Hipercor

El próximo 19 de junio se conmemorará el 25º aniversario de la matanza de Hipercor. Y Robert, que aún es socio de la Asociación de Víctimas del Terrorismo en Catalunya, la cual fundó, no ha sido invitado al acto. Pero ni quiero ni debo dar más importancia a esta increíble y lamentable actitud de la ACVOT, cuyos dirigentes no merecen mayor comentario – y lugar en el pensamiento-, que éste.

Yo proclamo abiertamente mi amistad y mi profunda admiración por Robert. He tenido la fortuna de “vivir” su vida desde aquel 19 de junio de 1987 y de plasmarla en un libro Pido la palabra: crónica íntima de las víctimas del terrorismo (Ed. Lectio)”, y de él me quedo con dos frases que he aprendido durante todos estos fructíferos años:

“La felicidad une, pero el dolor reúne” y “las pistolas, ni de chocolate”. Porque nunca debemos permitir que se olvide aquel 19 de junio en Barcelona ni otras tantas fechas del calendario teñidas de rojo.

Y emplazo a los profesores a que incluyan esta fecha en sus clases y pregunten al alumnado actual si saben qué ocurrió el 19 de junio de 1987 en Barcelona. Una fecha para la historia y un viaje definitivo, 15 de junio de 2012.

 

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EL VIAJE DEFINITIVO (DE ROBERT MANRIQUE)

No es ni será su último viaje pues aún, y desde la paz, debe librar muchas batallas. Sí, quizás, será su viaje más definitivo. Un viaje que se inició por culpa de la mano y del plomo ajeno hace 25 años cuando tres personas que nada tienen que ver con el sentido común, con la humanidad, en definitiva tres animales, decidieron colocar en nombre del diablo un coche bomba en unos grandes almacenes de Barcelona, causando la muerte de 21 personas y heridas a otras 45, una de las mayores matanzas perpetradas por ETA, la de Hipercor.

Hoy, mi amigo, y sí digo mi amigo Robert Manrique, está en Vitoria. Hablamos. Está instalado en el hotel después de un viaje en tren durante el cual ni el traqueteo de las máquinas habrá despistado su atención. Aunque la procesión va por dentro, pues humano es, percibo la misma entereza y serenidad de siempre, aquella que incluso muestra antes de un partidito de tenis en el club de toda la vida, allí en el Valle de Hebrón de Barcelona, con los amigos.

Robert no va a Vitoria a pasar unos días de descanso. Ni tampoco a ver la ciudad, la cual ya conoce. Ni a tomarse unas cervezas. Va a entrevistarse con uno de los tres animales que perpetraron el atentado de Hipercor, Rafael Carido Simón.

Hace aproximadamente un año, el tal Caride –no merece el calificativo de señor- le escribió una carta en la que reconocía el daño causado por él y los de su calaña. No había disculpas públicas. Tampoco un reconocimiento explícito del perdón y de querer abandonar las armas. No sabemos aún si la letra del etarra desprende sinceridad o sólo es un gesto con el fin de lograr una amnistía, algún beneficio que le libre antes de la cárcel antes de lo estipulado.

El caso es que Robert ha llegado este mediodía, jueves, 15 de junio de 2012, a Vitoria para verse con el animal de Caride mañana viernes, en una prisión próxima a la capital alavesa.

– ¿Le estrecharás la mano?, le pregunto.

– ¡No!, por supuesto, me contesta, tajante.

Robert es así. Es capaz de enviarte a la mierda, y perdón la expresión, con una sonrisa en los labios. Desde que una maldita bomba de ETA le envío al infierno, del que regresó ¡gracias a Dios! para contarlo, le convirtió en el Roberto persona, hombre, en Roberto Víctima, la persona se ha transformado. ¿ Y quién no iba a sufrir semejante transformación?.

Y no le estrechará la mano porque el salvaje Caride Simón no la merece. Y por respeto a decenas de víctimas del terrorismo que no merecen un gesto de tamaña cualidad humana.

– ¿ Y cuál será la primera pregunta qué le harás?, cuestiono a mi amigo Robert.

En realidad hay muchas preguntas hoy en día por responder respecto de un conflicto armado surgido sólo en la mente enfermiza de unos cuantos –algunos de los cuales, como Caride Simón, que ni siquiera son vascos-.

– Le preguntaré –me cuenta- qué pinta un gallego como él, en una banda de asesinos que dice hablar en nombre del País Vasco, en un atentado cometido en Barcelona contra gente de toda España por un comando formado por un palentino, una Navarra y un gallego.

Buena pregunta, Robert, le respondo. Yo, confieso, aún no he podido entender la cuestión 25 años después. Si alguien es capaz de responderla con un mínimo sentido común, que lo haga y yo reconoceré mi ignorancia, mi estupidez.

Robert ha ido sólo a Vitoria. Ni una llamada de un político. No le hace falta, afirma. Quizás, mañana, cuando se cumplan 25 años del atentado de Hipercor, o cuando salga de la prisión alavesa tras verse con el animal, todos quieran hacerse la foto con él. “Cínicos, Hipócritas”, les diré yo.

Sí que lleva Robert en su pequeña maleta el alma, el corazón y las preguntas de otras víctimas que comprenden –como yo- su gesto.

Una de las peticiones más extendidas a trasladar al etarra por parte de esas víctimas, petición que hago mía, es que pida perdón pública y explícitamente a las víctimas y a toda la sociedad en general. Y si no lo hace, es que su gesto es cobarde, tan cobarde como lo que hizo aquel 19 de junio de 1987 en Hipercor. Y si lo hace y los animales que aún quedan en pide de ETA lo matan, su vida bien habrá valido un pequeño paso hacia el final de lo que nunca debió existir. Y si muere ese animal, yo no lloraré. Sí que lo haré, y lo haré de “alegría”, por los centenares de víctimas que se fueron y que aún quedan ¡por fortuna! quedan entre nosotros de los desalmados.

Se critica ahora el gesto a Robert. Se le puede criticare. Lo que nadie podrá reprocharle es el coraje, la valentía… de enfrentarse a su asesino, al asesino de muchos para decirle que es un hijo de satanás, un malnacido. Posiblemente, Robert no se lo dirá con estas palabras –yo lo haría-, pero hay que saber muchas veces leer entre líneas, lo que le ha faltado a este mundo de las asociaciones de “defensa” de las víctimas del terrorismo, donde sólo prima la política – y el dinero de las subvenciones- y que ha dejado absolutamente sólo a Robert en su viaje definitivo.

Y que conste que fue Caride Simón quien pidió el encuentro y que ha sido el ministerio del Interior, gobernado por el PP, quien lo ha autorizado.

¡ Suerte Robert, a por él que es uno y muy cobarde ¡

 

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Robert Manrique, víctima del atentado de Hipercor, pide al etarra Caride Simón una segunda carta en la que implore “perdón” por el crimen

Roberto Manrique, una de las víctimas del atentado cometido por ETA en Hipercor el 19 de junio de 1987, ha emplazado públicamente a uno de los autores del crimen, Rafael Caride Simón, a “pedir perdón” de forma explícita y pública.

Caride Simón, ingresado en la prisión de Nanclares de la Oca, escribió el 27 de enero una carta dirigida a Manrique, uno de los fundadores de la AVT y de la ACVOT catalana, en la que, entre otras cosas, y desde sus “actuales circunstancias y consideraciones”, reconoce la existencia de un enfrentamiento con otros compañeros etarras, muestra una postura crítica con los que querían mantener la lucha armada y dice tener “el deber y político de implicarnos” en la resolución del conflicto, un conflicto que, dicho sea de paso, solo ha existido en la enfermiza mente de los criminales de ETA.

La historia de esta carta, filtrada por el diario El Mundo, que en un editorial la presentó como “carta trampa”, tratando como siempre de tergiversar las cosas, fue la siguiente:

el etarra Caride Simón, que tiene previsto salir de la cárcel dentro de unos 12 años, la escribió el 27 de enero; unas semanas después, a finales de marzo, un miembro del colectivo vasco Lokarri se puso en contacto con Manrique para sondearle si estaría dispuesto a recibir y leer una carta escrita por uno de los asesinos del caso Hipercor; Manrique recibe el 4 de mayo la carta, que lleva matasellos del 20 de abril.

Caride Simón le dice en su misiva: “reconozco el daño y sufrimiento que causaron en personas como usted las acciones llevadas a cabo durante nuestra militancia en ETA.  No soy insensible al dolor y sufrimiento que las mismas generaros. De ahí, mi compromiso sincero en tratar de ayudar a cerrar esas heridas y en que nadie más sufra lo que ustedes han sufrido”.

La carta concluye diciendo: “solo me resta agredecerle la oportunidad que me ha dado de tener este primer contacto y junto con esta carta le hago llegar alguno de los artículos y entrevistas que desde este centro penitenciario hemos hecho públicas y en las que entre otros temas mostramos nuestra predisposición a tratar de manera seria el tema de las víctimas, tema que como sabrá ha sido tabú entre los que hemos militado en ETA”.

Robert Manrique considera que esta carta es solo “un primer paso” y asegura que espera una segunda carta en la que el etarra, de forma explícita, “pida perdón” por los crímenes que cometió, en especial por el del atentado de Hipercor, que causó 21 muertos y 45 heridos.

A Robert Manrique – y yo personalmente suscribo sus palabras porque, entre otras cosas, he sido testigo directo de su lucha, de su sufrimiento y de su trabajo desde 1987- no le basta que este “verdadero cabrón” reconozca su daño sino que debe tener un gesto público e inequívoco con las víctimas.

A la pregunta de si perdonaría al etarra, Manrique me ha confesado que aún no lo ha pensado. Para él, y lo encuentro lógico, se trata de un asunto muy personal que debe resolver él mismo y su familia.

De lo que sí parecer seguro Manrique es que la primera carta de Caride Simón “le enfrenta a sus colegas que son más malos que él”. ¿Tendrá esa valentía el etarra de escribir la segunda carta”, me pregunto yo desde este rincón de la red social.

Manrique también ha lamentado que el diario El Mundo – qué casualidad que haya sido este diario que todo lo tergiversa el que haya filtrado la carta y qué casualidad el momento escogido para hacerlo-, haya publicado un editorial con el título de “carta trampa”.

La publicación llega a puertas del período electoral y después del anuncio de ETA del “cese definitivo” de la lucha armada, que aún está por demostrar.

Sea como sea, desde esta página, mi más sincero apoyo y reconomiento a la persona de Roberto Manrique y de todas aquellas víctimas que, lejos de partidismos e intereses políticos, sobreviven día a día y luchan desde la humildad y la sinceridad por el fin de este lacra llamada terrorismo.

 

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Alas de mariposa

Y Al tercer día, Robert (Manrique) supo que había sido víctima de un atentado terrorista. Le había tocado a él. Con graves quemaduras en el rostro, brazos y manos, comenzaba a entender que su vida sería diferente para siempre. Se había enfrentado a la muerte y descubriría otra vida… Y en el quirófano sonó la canción:

¿Quién sabe dónde el camino puede conducirnos?, sólo un idiota diría

¿Quién sabe si nos encontraremos a lo largo del camino?

¿Quién sabe dónde los vientos nos harán volar?, sólo un idiota diría

¿Quién sabe si alguna vez alcanzaremos la orilla?

Sigue un son naciente con los ojos que sólo pueden mirar fijamente

¿Qué tipo de fuego nos quemará allí?, sólo un idiota diría.

Era viernes, 19 de junio de 1987. Amaneció plomizo, de color munición, un presagio. Poco después de las cuatro de la tarde, una mariposa que volaba por el cielo del norte había agitado tan poderosamente las alas que sus efectos fueron devastadores. De repente, el lugar se convirtió en la cocina del infierno. El coche bomba hizo explosión bajo sus pies. El material incendiario, hecho añicos, se adhirió a cuerpos humanos, a temperaturas que alcanzaron los tres mil grados. Vio pasar su vida ante sus ojos en décimas de segundo, como en una película en blanco y negro. A la cabeza le vino el recuerdo de un florero adornado con hojas sobre una mesa cuadrada.

Clica sobre la imagen. Sagrada Familia, música de Alan Parsons Project

Del libro “Pido la Palabra, crónica íntima de las víctimas del terrorismo”, Ed. Lectio, 2008. Goyo Martínez.

 

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Un maravilloso día de otoño

Hoy, cuando el sol se ha apagado, se ha convertido en un maravilloso día de otoño, un día especial, muy especial, aunque prefiero reservarme el término de “histórico” dado los antecedentes que existen en la materia.

Hoy, medio siglo después, ETA ha anunciado el “cese definitivo” de su actividad armada, una actividad que sólo existió en la mente enfermiza de aquellos que trataron de elevar a la categoría de guerra una obsesiva ilusión que sólo ellos vieron.

Hoy, por fin, parece que se ha dado un paso sin retorno hacia la paz definitiva. Y este día es especial porque, por fin, ETA ha empleado la solución que muchos esperábamos que utilizase: “cese definitivo de la violencia”. El comunicado emitido a las 7 de esta tarde por la banda terrorista -porque terroristas siguen siendo- comporta una sustancial diferencia respecto de anuncios anteriores.

En otros comunicados, y fueron una decena, hablaron de “cese indefinido” del uso de la violencia. Hoy, han anunciado que es definitivo. Pero, ¡ojo!. Ahora se inicia un tiempo de llamamiento a la cautela y la prudencia. Un llamamiento a todos y los primeros, a los partidos para que no hagan bandera del momento.

Encuentro a faltar en el comunicado de la banda un anuncio, el de la disolución de ETA. No olvidemos que siguen siendo terroristas, animales que han despreciado la vida ajena y han llenado el espacio y el tiempo de terror, oscuridad, tristeza y muerte.

Hablan de su propio sufrimiento, ellos que han causado a lo largo de su historia casi mil muertos y miles de heridos; ellos que han segado la vida de grandes y pequeños, inocentes todos ellos; ellos que han tiznado de rojo las páginas de la historia de nuestros país desde 1968.

No hablan, sin embargo, de esas víctimas a las cuales nunca deberemos olvidar y que, por siempre, sus rostros y sonrisas deben estar presentes en todos y cada uno de nuestros actos cuando recordemos este maravilloso día de otoño, 20 de octubre de 2011.

El “cese definitivo” de la actividad armada ha sido posible no tanto por la Conferencia de Paz celebrada en San Sebastián, – bienvenida sea-, sino porque la propia organización terrorista ha visto, por fin, su derrota, su fracaso. Y porque también hubo un tiempo en que la justicia y la policía, empujados por fin por la política, aunaron esfuerzos como nunca para debilitar a los terroristas.

Hoy, es un maravilloso día de otoño esperando durante medio siglo. Hoy nace una oportunidad para la historia. Tiempo habrá para hablar de día histórico.

Yo, que como periodista y cronista he informado de la barbarie terrorista y he sentido como propio el dolor de las víctimas, quiero rendirles un sincero homenaje porque ellas y sus familias son y deben ser siempre las verdaderas protagonistas de esta historia.

Por mi amigo Roberto Manrique, que puede vivir para contarlo, y por tantos otros que perdieron la vida por la culpa ajena, la culpa de unos terroristas que cuando no actuaron se sintieron como chimeneas en verano. Nada. Y a los terroristas: nadie habéis sido; nadie sois, y nadie seréis.

 

 

 

 

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