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¡Qué vergüenza! ¡Qué lástima!

Los capitostes de la economía europea, esos supuestos gurús de los asuntos dinerarios que nos deben sacar del atolladero en el que ellos mismos nos han embaucado, agrupados entorno a un ente llamado Banco Central Europeo (BCE), han traído a Barcelona su exclusivo circo, donde nunca crecen los enanos pues ya se encargan de aplastarlos sólo asomar.

Se da la paradoja de que el BCE tiene su sede central en Frankfurt (Alemania) pero de vez en cuando, como turistas de lujo, se reúnen en distintas ciudades europeas para decidir si deben tomar alguna decisión. No podían haber elegido peor momento y escenario.

Resulta que, para proteger a los 23 individuos citados en Barcelona, se han desplegado durante 3 días un total de 10.000 agentes de policía entre Mossos d’Esquadra, policías nacionales y guardias civiles, lo que supone, por ejemplo, un agente por cada 150 habitantes o 434 policías por cada capitoste reunido en la ciudad condal.

Hoy, en Protagonistas Catalunya de ABC Punto Radio, hemos llevado a cabo un ejercicio estadístico de lo que pudo ser y nunca será a partir del coste estimado de dicho despliegue policial, unos 23,5 millones de euros. La frialdad de los números esconde una hiriente afrenta social y civil.

Mientras quienes dirigen la economía, que suelen ser los mismos que dirigen la política, recortan hasta la herida, con ese dispendio, por poner sólo algunos ejemplos, se podrían haber repartido unos 2,3 millones de menús (a 10 euros cada uno, lo que no está ya al alcance de muchos).

También se podrían comprado 23 millones de barras de pan o de litros de leche, se podría haber hecho la compra semanal de 235.000 familias o se podrían haber comprado los libros escolares de 117.500 niños y niñas.

Con ese dinero, por ejemplo, se podría haber pagado el salario mínimo de unas 36.000 personas o se podrían haber repartido unos 25.000 euros entre todos y cada uno de los 941 municipios de Catalunya, sin importar el tamaño, el color político o la densidad de población.

Al principio del programa de radio, nos hemos preguntado ¿para qué sirve una reunión del BCE en Barcelona?. Es más, ¿para qué sirve el BCE?. Al final, y no por esperada, la noticia nos ha dado la razón pues esos individuos que nos deben sacar de la crisis han decidido mantener el precio del dinero como estaba. ¿Para qué han venido a Barcelona, pues?. Luego de tanta decisión, supongo que se han retirado a comer y a descansar en las lujosas habitaciones del hotel Arts, no y no en una pensión cualquiera.

¡Qué vergüenza!. ¡Qué lástima!

 

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Hobbits, Hogwarts y un bol de arroz (desde la barra del café)

Alabado sea el Señor. Estos días, en las redes sociales, por doquier, han surgido ingentes cantidades de profesores y catedráticos de Economía y, quién sabe si un futuro Premio Nobel en la materia. ¡Salvamos estamos!.

Yo, lo confieso, no sé nada más de economía que aquello que leo en la prensa y que escucho en televisión o en radio. A duras penas, entiendo la economía local y la de mi casa y, aún así, tengo una grave percepción de andar como los  Hobbits camino de Mordor, junto a un engendro que, constantemente, me quiere engañar; ora zanahoria, ora palo.

Ha habido estos días políticos y políticas, que hasta hace poco bebían de las fuentes del poder y de la gobernabilidad, que, ante los ataques “fantasmas” que sufren las economías del sur de Europa, y en especial la nuestra, ahora  proclaman que la política debe tomar las riendas. La pregunta es, pues, inevitable: ¿qué han hecho hasta ahora los políticos?, con independencia de su ideología.

Y es más, llaman a que la política democrática debe recuperar su lugar por encima, y no por debajo (no dicen por detrás) de los mercados, arguyendo, entre otras cosas, que la semana pasada ese ingenio tan llamativo como temible llamado “Tea-Party” se ha impuesto. La pregunta vuelve a ser inevitable: ¿ qué ha hecho hasta ahora la política democrática?.

Insisto en que no entiendo de este monumental lío en que se ha convertido la política y la economía pero, cuando quien escribe alza la voz reclamando que dejemos de mirar al otrora ombligo del mundo que era Estados Unidos y nos dediquemos a lo nuestro, y recibe “palos” de esos “nuevos profesores y catedráticos de la economía”, no puedo sino proclamar mi más absoluta perplejidad.

(Un inciso: bien estarían esas opiniones si quedaran en el terreno de lo que son, opiniones, pero hay quien las lleva al terreno de la descalificación con giros y expresiones que denotan menosprecio, lo cual las deslegitiman por completo).

La pregunta, tercera e inevitable que se plantea, en mi modesto modo de ver, es ¿acaso EEUU vendrá a salvarnos?. ¿Acaso lo hará Alemania?. ¿Es que no tenemos bastante con nuestros problemas?. Viendo el panorama, asomó la cabeza al mundo y no sé enfocar el horizonte y quiero y deseo imaginar una vida que fluya ajena a ese maldito mundo que no nos permite disfrutar de las pequeñas cosas, las nuestras: el primer café de la mañana; el vino del mediodía; una buena comida;
una buena compañía; un atardecer solo o con quien amamos…

La situación nos aboca a un purgatorio en que las almas parecen haber renunciado a la evolución tal vez porque, atisbando el futuro, prefiero el pasado: ¿será la peseta ese futuro que pasó?; recordáis: un café, 20 duros; ahora, un café, 1’20 euros. No hace falta traducirlo. Algunos de esos “nuevos profesores y catedráticos de economía” de les redes sociales dirán que la vida ha  evolucionado y los precios han subido. De acuerdo, pero una objeción: ¡en tan solo diez años!.

Escuchaba el otro día una parodia harto elocuente de la situación a propósito del incremento del precio de la  gasolina: hasta ahora, las gasolineras eran eso, gasolineras; sin embargo llevan camino de convertirse en exclusivas áreas de servicio donde podremos escuchar una charla entre dos amigas del tipo:

–      ¡Jo, qué chachi esta gasolinera-gabbana”.

–      ¡Es una mole, María Isabel!. No sé que regalarle a mi novio: estoy entre un Rolex o llenarle el depósito del “buga”!.

Me siento abatido, aunque no batido. ¿En manos de quienes estamos?, dado que parecer ser que Dios, de quien nos hemos olvidado según la Curia eclesiástica española y vaticana, ha hecho las maletas. Dicen que estamos en manos de una cuadrilla de especuladores que “juegan” a gobernar y se agrupan en inventos llamados agencias de calificación, que son algo así como el castillo de Hogwarts de magia y hechicería, donde lo que se ve no existe y, sin embargo, se está viendo. Pero mucho me temo que, como aquel que ya sabéis y cuyo nombre no se puede pronunciar, la política está detrás de esas agencias.

A día de hoy, en el zulo en que se ha convertido España y nuestro entorno, hay quienes han sabido nadar y guardar la ropa. Como hormiguitas, China, Alemania, India, Brasil y unos pocos más que se pueden contar con los dedos de una mano están en crisis, pero no en abismo. Han ahorrado; quizás, aquí radique su secreto. Han mirado por ellos mismos y ahora no son tan permeables a las opiniones y
fluctuaciones globales. Quizás, también sea otro de los secretos.

Estaremos de acuerdo en que China o India, y en especial el primero, no son ejemplo dedemocracia, esa política democrática que, al parecer, ni está ni se le espera.  Pero, en cuestión económica, según mi modesto modo de entender, a falta de un saber más profundo, constituyen un ejemplo de cómo llevar las riendas en materia de política económica. ¿ Nos vendrán a salvar los chinos, mal nos pese?. Quizás. ¿Los americanos?, lo dudo.

Somos nosotros mismos nuestros propios salvadores. Con decisión y firmeza, lo que ha faltado hasta ahora en la clase política catalana y española, se debe dar el puñetazo en la mesa para hacernos el hueco que tanto costó encontrar y que
ahora perdemos a marchas forzadas. Razones y recursos no nos faltan: somos una extraordinaria área de exportación de ricos productos; no nos falta industria (aunque la mayoría esté en manos de capitales extranjeros, aunque no debemos olvidar que el suelo es nuestro); tenemos un excelente sector turístico; cultura; arte; buenas comunicaciones; puertos; gente emprendedora, pese a todo…

¿Por qué no comenzamos por potenciar lo nuestro para evitar que, al final, lo nuestro sea lo de otros?. No hay varitas mágicas, se trata de una cuestión de fe.

Solo de ese modo, creo yo, podremos asomar la cabeza por el ventanuco al que han reducido (y lo hemos permitido) nuestra casa para plantar cara a los mercados financieros, al menos los más próximos, dominados, a la vista de los acontecimientos, por meros especuladores que rayan en la prevaricación, el fraude y la estafa.

Mientras nosotros derrochábamos, en China o la India, se bastaban con un bol de arroz… Y reitero, – porque sé que se alzaran voces por la mención china-: estoy absolutamente en desacuerdo, hasta el punto del odio, con su sistema político,criminal y dictatorial. Pero también debemos recordar a aquellos que siguen mirando a los Estados Unidos que, por poner algún ejemplo, existen estados donde rige la pena de muerte y donde la homosexualidad aún es considerada una enfermedad.

Conclusión: señores políticos, señoras políticas, es la hora de la gente que, aún anónima, en las páginas del libro de la vida deja su impronta de un carácter único, a veces genial; como decía mi amigo Groucho  “jamas aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio (con música, os lo digo)

 

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Novelas ( por entregas )

El Café Romantic, inquieto siempre por incentivar la lectura y la escritura, en la firme creencia que son dos poderosos mecanismos de generación no solo de cultura sino también de fomento de la inquietud intelectual, en muchos sentidos hoy perdida, y de cohesión y equilibrio social, abre una nueva sección que recupera una tradición casi en desuso en nuestro país y en nuestro entorno: la novela por entregas.

Las novelas por entregas fueron un fenómeno literario original, ligado en gran medida a nuevas formas del negocio editorial, que tuvieron un gran éxito durante el siglo XIX, etapa en la que se produjeron por millares, salidas de la pluma de centenares de autores.

En España, sin ir más lejos, en aquel siglo, las tiradas de cada edición o capítulo podían alcanzar los doce o trece mil ejemplares, lo que suponía una elevadísima cifra en una sociedad que no contaba con los modernos medios de comunicación y publicidad de masas de los que se dispone en la actualidad.

La fórmula, por novedosa y exitosa, era muy simple: el lector no recibía una obra completa, sino capítulos, en cuadernos o pliegos, que incentivaban su interés y su deseo de recibir una nueva entrega.

Por aquel entonces, se trataba de novelas abiertas, en las que se podían añadir lo que se deseara; el autor examinaba la reacción del lector y, en función de la opinión generada, podía improvisar para satisfacer gustos, hasta el punto de que el escritor no sabía nunca – o casi nunca- cómo acabaría su obra.

En el terreno de la novela por entregas, el autor era lo de menos; buenas prueba de ello es que muchas de aquellas novelas que se publicaron eran anónimas. No es de extrañar pues que, en ocasiones, una novela se debía a más de un autor o una sucesión de autores que continuaban la tarea que su antecesor había abandonado por distintas razones, principalmente a factores como la muerte prematura o la hambruna porque el oficio no daba para vivir, lo que tampoco es extraño hoy en día.

En su etapa de esplendor, los temas más frecuentes en la novela por entrega en España y el entorno europeu fueron:  

1- La orfandad: la huérfana o el huérfano encuentra, tras un largo camino, a sus padres.

2-La pobreza: que tenía a una pareja como protagonista, ya fueran novios, hermanos… que era pobre de solemnidad pero que acabará conquistando una fortuna por alguna causa que el destino les brindará.

3-La reconquista de lo perdido: la madre que encuentra al hijo, el rey que reconquista
el trono, el reo encarcelado de forma injusta que recobra la libertad, etc…

4- La persecución y liberación final: la inevitable figura del malvado actúa en la obra como perseguidor implacable de la víctima, a menudo una pobre mujer raptada o prisionera, hasta que las fuerzas del bien o el valeroso héroe logran rescatarla.

El hecho de que el público fuese mayoritariamente femenino determinó algunas de las características más acentuadas de las novelas por entregas; de esta manera, un tema que predominó fue el amoroso, hasta el punto de la tragedia griega o de la extrema felicidad ( ” te amo tanto que me duele…”). Fue ese público femenino el que también marcó la aparición, ya por entonces, de conflictos como el matrimonio, el adulterio o el abandono de los hijos, quizá como una forma de la mujer de reinvindicarse y protestar contra una sociedad que la relegaba a un segundo plano.  

De aquellas primeras épocas, en España destacaron figuras como Manuel Fernández y González, Enrique Pérez Escrich, Ramón Ortega y Frías, Torcuato Tárrago y Mateos,  Wenceslao Ayguals de Izco, Alfonso García Tejero, José Muñoz Maldonado,
Julián Castellanos, Florencio Luis Parreño, Luis de Val, Pablo Alonso de la
Avecilla, Francisco José Orellana, Antonio de San Martín, Antonio Altadill,
Víctor África Bolangero, Juan de Dios Mora y Rafael del Castillo, entre muchos
otros.

Un saludo.

 

 

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Con Mucho Gusto (al calor de una taza de café)

(Relato con música. Clica sobre la imagen).

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Dijo Honoré de Balzac, una de las mentes y plumas más influyentes del movimiento del realismo, que la barra de un café era el “parlamento del pueblo”. Ciertamente, los cafés han sido desde sus inicios el refugio ideal donde estimular el espíritu y elevar la conversación a la categoría de arte. Y ha sido en estos pequeños universos donde la mano del hombre ha engendrado buena parte de lo mejor de la literatura y la música universales, al calor de una buena taza de café, o incluso de las más bravías bebidas espirituosas, del humo del tabaco que le daba al local un halo aún más misterioso y de los acordes de un pianista o un violinista que, posiblemente, pensaban más en su estómago que en su música. Como dijo Unamuno, era el café el lugar donde se encontraba gente porque se había citado y otros que no se citaban porque ya se encontraban. 

Lugares de leyenda por excelencia, los cafés han alumbrado las más increíbles transacciones humanas que han dado pie a las más asombrosas historias llevadas al papel, para nuestra fortuna. En un café puedes – o podías- encontrar a un hombre que decía necesitar contenedores. Pero su anuncio, quizá proclamado a gritos al entrar en el local, no significaba que necesitara contenedores. A lo sumo, los contenedores los necesitaba un amigo de un amigo de un amigo suyo.

Explica Julio Camba en su Rana viajera: “yo tengo en Bilbao un amigo que se compró a sí mismo trescientas toneladas de brea. No se trata de un bilbaíno, sino de un madrileño. A poco de llegar al café del bulevar, este chico dijo que necesitaba brea. En Maxim’s hubiese pedido whisky;  pero en el café del bulevar se le desarrollaron apetitos de más importancia. Quería brea, muchas toneladas de brea, y, cuanto antes, mejor. Pasaron días, y  los deseos de mi amigo fueron satisfechos. Mi amigo tuvo brea en gran abundancia; pero como, en realidad, él no necesitaba la brea para nada, al verse lleno de ella se puso a ofrecerla.

—¿Quién quiere brea? —dijo, entrando en el café del bulevar—. Yo puedo venderla en excelentes condiciones.

—¿Vende usted brea? —le preguntó un señor—. Pues yo le compro a usted trescientas toneladas.

Sentados a una mesa de mármol desgastado por el tiempo, en la que quizás hubiera algún mensaje del tipo “yo me enamoré aquí y aún no sé porqué y de quién”, los dos hombres convinieron el precio y sellaron el pacto en una servilleta de papel. Pero el comprador no compraba por su cuenta, sino por cuenta de un señor a quien, quince días antes, le había oído decir que quería brea. Y este señor resultó ser precisamente mi amigo, el cual siendo  vendedor de sí propio no pudo robarse gran cosa y sólo perdió la comisión.

A su lado, posiblemente, había quien brindaba por el Papa Clemente VIII por declarar, allá por mil quinientos y pico, la inocencia del café. ¡Qué sabio este Clemente!, gritaría cuando el santo probó aquella,hasta entonces,poción del demonio, la bautizó y declacó al café “bebida ciertamente cristiana”. Y se le uniría otro que daría las gracias públicas a quien trajo el café a Europa, aunque ni sabría cómo se llamaba ni a qué se dedicaba (según los entendidos en la materia, aunque no es asunto aún pacífico, fue el comerciante veneciano Pietro Della Valles). Quizás alguno también cogería un disgusto de muy padre y señor mío al saber que, según la historia, fueron los Borbones quienes introdujeron el café en España.

Para nuestro desafortunado infortunio, son pocos los cafés que, hoy en día, desempeñan tan noble labor de difusión de nuevas ideas, de recuperación de viejos pensamientos y de catalalizador de tertulias, unas más afortunadas que otras. Pero, donde hubo fuego aún hay brasas.

Ligera guía de los cafés con mayor solera de la Europa más cercana.

Café de la Ópera de Barcelona, desde 1929

Cafe Opera Barcelona

Este  local inicia su actividad restauradora a finales del siglo XVIII como  Tasca-hostal punto de salida de los carruajes hacia pueblos de la  comarca y otras ciudades como Zaragoza ,Madrid ,etc.

Con  la llegada del ferrocarril ,la difusión del tranvia y la inaguración en  1837 de lo que hoy conocemos como “Gran Teatro del Liceo”,modifica su  actividad .Y así , a mediados del siglo XIX , se convierte en una  afamada Chocolatería. De corte y estilo vienés. Con las típicas paredes  de madera repujada adornadas con cristales y pinturas de corte clásico.  Actualmente se conservan los espejos (colección única) y algunos  vestigios de la decoración ,bajo los ornamentos actuales.

Algunos años más tarde ,surge un  nuevo cambio de orientación. Ahora como Café-Restaurante conocido con  el sobrenombre de “La Mallorquina” .Uno de los locales más elegantes de  la ciudad. Punto de encuentro de la aristocracia y alta burguesía  barcelonesa.

A finales del  año 1928 ,los antepasados de la actual propiedad adquieren el  establecimiento y siguiendo la tendencia de la época se reforma en  estilo “Modernista” aunque con ciertos matices neoclásicos. Inaugurado  a principios de 1929.Y ya,como “Cafè de l´Òpera” no ha cesado su  actividad desde entonces ni siquiera durante la Guerra Civil ( en vida  de su propietario ). Hoy ,el local recientemente restaurado por el  arquitecto Antoni Moragas, forma parte del patrimonio histórico de la  ciudad.

Sin embargo, la auténtica historia del “Cafè de l´Òpera” no la hace su emblemática  antiguedad ,sino los clientes que como usted y durante generaciones,  han escrito una página de la vida social y política barcelonesa.Desde  el Rey Alfonso XIII a los anarquistas desde políticos a sindicalistas,  desde intelectuales a ”bohemios”, pintores, escritores, personajes de  la farándula pasando por músicos, cantantes, etc. En una palabra,  personas de diferentes paises y culturas. Tres libros de firmas y  cientos de anecdotas son notarios de la vida del Café.

Café Gijón de Madrid, 123 años de historia

El Café nace cuando el asturiano originario de Gijón Gumersindo Gómez adquiere el local ubicado en el paseo de Recoletos, número 21. El 15 de mayo de 1888 se inaugura y abre de forma modesta entre las calles de Prim y Almirante. Gumersindo había ganado dinero trabajando en la ciudad de La Habana, posteriormente regresó a Madrid y el dinero lo invirtió en un modesto local en propiedad, no muy amplio para lo que era el estilo de la época. Con ello abriría lo que será el café de tertulia del siglo XX. Han existido diversos personajes en la vida del Café. Muchos de ellos son entrañables cuando al pasar de los años se les recuerda.

  • Según se entra a la derecha hay un puesto de venta de tabaco que desde 1976 hasta 2005 regentó el «cerillero» Alfonso González Pintor (1933-2006). En 2004 se colocó una placa en su honor a la entrada del local: “Aquí vendió tabaco y vio pasar la vida Alfonso, cerillero y anarquista“.
  • Otra de las personas es Timotea Conde, denominada por muchos como madame Pimentón denominada como la musa del Gijón.[17] Se trata de una cantante frustrada que acaba cantando por los cafés cantantes del Madrid de la época.[1]
  • Ignacio María de San Pedro apodado “Don Cristobalía” se dedicó a vender versos delirantes y a subirse a las mesas del Gijón, así como del Pombo a reclamar el cambio del nombre de America, por el de Cristobalía (origen de su apodo).
  • Manolo Pilares y el gallego Ramón Cid Tesouro, ambos amigos y conocidos tertulianos que durante el transcurso de la guerra civil se encontraron un buen día en frentes opuestos. Mantuvieron posteriormente su amistad en la Transición.

Café Boulevard de Bilbao, desde 1871

Inaugurado en 1871 por la familia Pérez Yarza, este histórico café, situado junto al Teatro Arriaga, es el más antiguo de Bilbao. Tras diversas reformas, su estructura actual consta de dos plantas y tiene más de 500 metros cuadrados útiles en su totalidad. Su decoración “art deco” data de 1929 y es de enorme riqueza ornamental, a base de pan de oro, estucos, mármoles, vidrieras plomadas, alabastros y bronces de factura original, así como dos pequeños frescos de Manuel Losada. Famoso por sus tertulias, sigue siendo sede de numerosas actividades socio-culturales, como “las tertulias poéticas de los martes”. Abierto todos los días del año, además de las infusiones típicas, tiene servicio de desayunos, platos combinados y pintxos.

Café-restaurant Le Procope, París

El Procope, llamado así por que su fundador, en 1686, fue el italiano Francesco Procopio (quien, por cierto, alcanzó cierta fama por ser de los primeros en servir helados a su elegante clientela), se convirtió en emblema de la creación literaria y del pensamiento ilustrado  gracias a las frecuentes visitas de Voltaire, Diderot, Montesquieu y otros que,  con sus ideas, adelantaron la Revolución Francesa.

Café Florian, Venecia, desde 1720

Se le considera uno de los cafés más viejos de Europa. Data de 1720 y su fundador, Floriano Francesconi, eligió esta ubicación basándose en el aire comercial que tenía la plaza de San Marcos, donde llegaban todos las naves y siempre existía ese  ambiente. Sigue conservando el aire místico y la ostentosidad en su decoración que tanta fama le dio. Por esta café pasaron escritores como lord Byron, Marcel Proust o Charles Dickens.

Café Greco, Roma, 1760

Es el más antiguo y una de las joyas de Roma. Fundado por un emigrante griego en 1760 es famoso por sus salones, pensados para un particular aislamiento de sus huéspedes. Sus mesas de mármol , las sillas de cuero, los numerosos espejos, sus paredes pintadas, proporcionan a este lugar una atmósfera que parece retenida a lo largo de los siglos. Por aquí pasaron músicos como Listz, Bizet o Wagner y se desarrollaron tertulias literarias protagonizadas por Göethe.

L’Alban Chambon- Café Metropole, Bruselas.

Ubicado en el corazón de la capital belga, el café del hotel, para muchos uno de los más elegante de Europa, ha visto pasar a personajes como John F. Kennedy, Arthur Rubinstein o Albert Einstein.

A Brasileria, Lisboa, desde 1905

Situado en el antiguo y romántico barrio del Chiado, le arrulla el embrujo del fado y el rumor del mar y, aún más, se puede respirar el halo que dejó Fernando Pessoa, un enamorado del lugar e inmortalizado en bronce.

File:Lisboa-Pessoa-A Brasileira-1.jpg

Café Frauenhuber, Viena, el café de Mozart y Beethoven

Sus camareros todavía se dirigirán a usted con el “gnädiger Herr” (distinguido señor) y el “gnädige Frau” (distinguida señora). Entre sus paredes estarcidas, sobre sus mesas y sillas, en el aire… aún flota aquellos días muy lejanos en que Mozart y Beethoven interpretaban para la clientela. La última representación pública de Mozart tuvo lugar en este Café el 4 de marzo de 1791.

 

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Adolf Hitler, desesperado, busca a Goyo Martínez, Joan Salvador y al espía de Madrid

La cúpula del III Reich se ha reunido en el búnker con el mismísimo Adolf Hitler. Los subordinados del Führer le revelan la verdad: qué y a quién han estado buscando hasta es momento que ha hecho falta movilizar a medio ejército alemán. Hitler entra en un estado entre la desesperación y la ira. ¿Quizá un Un fantasma?. ¿Cómo?. ¿ Quién?. ¿ Cuándo?.

Su lugarteniente le aclara la situación: no era un espía, “era un libro”. La cólera del Hitler sube enteros. El Führer reclama la presencia ante sí de los autores del libro, Goyo Martínez y Joan Salvador Vergés; el III Reich se desmorona. En esa tesitura, Hitler toma una decisión, la última decisión…

Clica sobre la imagen para visionar este momento para la historia.

(Por gentileza de Alfonso Carrasco. Solo hay una palabra: gracias)

 

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Las cinco resmas de papel ( a unas horas del Alzamiento fascista en Barcelona, el 18-J-1936)

RELATO CON MÚSICA. EL ESPÍA DE MADRID SE INSPIRÓ EN ESTA MÚSICA CUANDO SE REDACTARON ESTOS EPISODIOS. CLICA SOBRE LA IMAGEN Y APARACERÁ LA MÚSICA EN OTRA VENTANA.

El 17 de julio de 1936, el agente Nelo, que había llegado a Barcelona días antes para investigar el asesinato de un industrial y el intento de homicidio de un coronel republicano, encontró en un piso alquilado por un hombre que vestía con aires de marqués un telegrama que rezaba: “mañana recibirán las cinco resmas de papel”. Las horas siguientes fueron tensas, muy tensas en la capital catalana. En el resto de España había ruidos de sables y trompetas de ejecución, pero solo eran rumores. Se había enamorado pese a que el amor ya le iba jugado unas cuantas malas pasadas y debía tomar una decisión…  El Espía de Madrid, que contribuyó a derrocar el Alzamiento fascista en Barcelona,  vivió esas horas así:

” Estaba asomado al balcón, y fumaba el quinto pitillo cuando llegó.

            —¡Lo tengo! —gritó su compañero al entrar.

            Tiró la colilla al suelo y, al igual que con las demás, la aplastó con la puntera del zapato hasta que dejó de humear.

            —¿El telegrama?

            —¡Sí! ¿Y adivina qué frase aparece?

            Estremera dio a Nelo un papel con el texto del mensaje, que decía, textualmente: «Mañana recibirán cinco resmas papel».

            —Las malditas resmas —rezongó el agente.

            —Y documentación. Vuelven a aparecer aquellos códigos, ¿recuerdas?

            —Sí, lo he estado revisando todo —respondió Nelo, y señaló las cajas de cartón que se amontonaban junto a su mesa, en el suelo, y las hojas sueltas que había encima de ella.

            —También he encontrado un maletín, y dentro había una cantidad indecente de dinero, en francos franceses, sobre todo, y la conocida fórmula «corretaje Jeanne G.». Nelo, ¿me escuchas?

            —Sí, sí, claro. Ahora lo entiendo —murmuró, pero fue como si hablara para sí, y no como respuesta a lo que su compañero le decía.

            Tomó entonces una nota manuscrita de la mesa, en la que él mismo había anotado todas aquellas claves. Y leyó:

            —«Cobrar los efectos, consejero, laureado». Éstos van a por el consejero de Gobernación y a por el general Llano de la Encomienda. Y lo del corretaje es el pago por los servicios prestados. En el fondo, no era tan complicado el código. Así que lo de las resmas de papel se refería, estoy convencido, al asalto final. Hay que prepararse, tengo que comunicárselo a Escofet.

            —Escúchame, dentro del maletín también he encontrado esto.

            Y le mostró un panfleto en el que se explicaba que el consulado de Francia en Barcelona ponía a disposición de sus nacionales, en especial a aquellos que habían acudido a la Olimpiada Popular, el transatlántico Djenne, que los llevaría de vuelta a Marsella. Avisaban las autoridades francesas que a los interesados se les entregaría en el consulado el pasaje tras mostrar el pasaporte.

            —¿Te das cuenta?

            —Perfectamente.

            —Tenemos la oportunidad de detenerla. A Vera Dannichesky.

            —A Jeanne Georgel.

            —¿Y sabes qué ocurrirá?

            —Que si haces bien tu trabajo, la detendrás, la juzgarán y la fusilarán. Hay pruebas suficientes, ¿no?

            —¿Y no te importa? —gritó Estremera, que sujetaba a Nelo por los hombros y lo sacudía.

            —¡Qué más da!

            La mirada que el agente Nelo dirigió a su compañero fue feroz. Con un gesto instintivo, una sacudida bastante violenta, se deshizo de la sujeción de Estremera y ordenó:

            —Vuelve al piso y espérala allí. Tarde o temprano aparecerá, aunque sólo sea para recuperar lo que es suyo. Al fin y al cabo está en esto por dinero.

            —¿Y cuando la tengamos?

            —Actúa según tu criterio.

            No había convencimiento en aquellas palabras. De hecho, estaban desprovistas de toda emoción.

            —¡Ésa era nuestra misión desde el principio! ¿No es así? —Estremera alzó aún más la voz—. Buscar al enlace de los rebeldes, detenerlo y llevarlo ante la justicia. ¡Pues cumplámosla!

            —Hazlo —la voz del agente Nelo permanecía neutra, como si aquello no fuera con él.

            —¿O prefieres fracasar? ¿Decepcionar al capitán Abasolo?

            —¿Qué más quieres de mí, Gonzalo? No puedo decirte lo que tienes que hacer. Seguramente tendrás instrucciones del capitán que yo desconozco, así que cumple con ellas. Así podrás volver a Madrid como un héroe.

            Se sacó la petaca de tabaco. Apenas quedaba para cuatro o cinco cigarrillos y desistió de liarse uno.

            —¡Mierda, Nelo! ¡No quiero hacerlo! No me gusta sentirme culpable por nada, y tú lo consigues.

            Tanta frialdad en la mirada, aquellas palabras comedidas, los gestos pausados, cuando él sudaba por la excitación del momento, le ardían las mejillas y el corazón le latía a un ritmo frenético… Gonzalo Estremera sintió el deseo de golpear a su amigo, hacer que reaccionara, que se enfadara con él.

            Sonó el timbre del teléfono. Nelo aguantó sin parpadear la mirada de Estremera, hasta que éste la desvío y se decidió entonces a responder.

            —Agente Nelo —dijo, y escuchó con atención—. De acuerdo, Julián, estaré ahí en un minuto.

            Recogió el telegrama encontrado en el piso de la avenida Catorce de Abril y se dispuso a salir. Estremera se lo impidió; se plantó ante él, desafiante: no se iría de allí si no era con el beneplácito de su compañero. Y él, su compañero, en un gesto que no esperaba, le dio un abrazo y le susurró al oído:

            —Por si no nos volvemos a ver, sabe, Gonzalo, que siempre te he tenido por un buen profesional y un mejor amigo.

Parecía que el comisario Escofet no hubiera comido en días o que temiera que alguien le arrebatara la comida antes de que entrara en
su boca, porque lo hacía con fruición, con ganas y sin ninguna concesión a la buena educación.

            —Apenas tengo tiempo para comer —se disculpó el comisario cuando vio entrar al agente Nelo—, y si no como me pongo de muy mal humor. ¿Qué le trae por aquí esta vez?

            —Esto.

            —Bien, un telegrama. Ahora explíquemelo.

            —Lo hemos intervenido en un piso alquilado por Fernando del Castillo Olivares, un conocido conspirador de la derecha más rancia, en el que daba cobijo, además, a la enlace huida.

            —Siga.

            —Léalo —se lo entregó.

            —«Mañana recibirán cinco resmas de papel». Sí, eso de las resmas me suena de algo, de haberlo leído en algún informe. Pero sigo sin entender qué pretende decirme.

            —Es una clave, que habrán mandado a todos los implicados en el levantamiento. Indica que las tropas rebeldes se
levantarán en armas contra la República.

El comisario Escofet no dio crédito a las ssopechas del agente Nelo “

 

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