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Archivo de la etiqueta: existencia

Las cosas que no te dije

Por Carles Nel·lo ( Montseny, Catalunya)

(relato con música… clica sobre la imagen para escuchar este bello a la par que arrebatador relato)

Montseny

 

Amor mío, estas son las cosas que recuerdo de mi amor:

tus cálidas manos, tu cálido aliento, tu cálida boca, tus brazos a mi alrededor. Recuerdo sentirme seguro siempre, como una sola persona, los dos en silencio, en paz, entrelazados.

Recuerdo lo que sentí la primera vez que te besé, fue como… el gran salto. ¿Qué
recuerdas tú?.

¿Cómo sabré alguna vez lo que albergabas en tu corazón?. ¿Adónde fueron todas
las cosas que pensamos y sentimos, pero no dijimos?.

Amor mío, estas son las cosas que nunca te dije, estas son las cosas, que necesito que sepas:

siempre te quise y mi amor por ti era tan grande que sigue vivo, después de que te hayas ido.

Me gustaría decirte que lo haría de otro modo, que si tuviese un día más haría todo bien, pero sé que no es verdad, cometería los mismos errores, es decir, salvo uno, no diría adiós.

 

 

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Hotel Purgatorio

Por Goyo Martínez, Mollet del Vallès (Barcelona)

(con música; clica sobre la imagen, si quieres…)

He dado una vuelta por el mundo, crispado por la cólera que se revuelve en mi espíritu. Me queman las entrañas después de beber un amargo trago de realidad que se torna veneno. He vivido seis vidas. Me queda una. Y solo el recuerdo de instantes de felicidad, momentos exquisitos, periquetes de experiencias inolvidables me devueven cierta templanza a mi trastornada alma.

La violencia del veneno que Dios y el diablo, -en un pacto que ya no observo contra natura-, nos enviaron cuando decidieron crear este inmenso purgatorio en el que se ha tornado el mundo conocido, me retuerce y me derriba. El diablo campa a sus anchas repartiendo pena eterna y no hay Dios que lo remedie.

Quiero gritar y no puedo. Me ahogo de sed; agotó todas las posibilidades de experimentar los cientos de estados de ánimo que puedo manifestar y luego rompo a llorar. Y me veo en el espejo, y me digo: solo soy un hombre de barba rala y ojos tristes y el resto, un cuento chino o una tragedia griega. ¡Anda demonio!.

¿Qué hace la gente aquí, además de esperar la muerte y de hacer preguntas tontas?. Veo la vida como inmenso páramo yermo de cualquier humanidad. Solo somos bichos que transitamos azarosos buscando no sé qué por el rocoso terreno que Dios y el diablo, en una suerte de trampantojo, nos han tendido, camino de un precipicio donde la caída será eterna. Y solo algunos instantes de felicidad, que anhelo eternamente efímeros, mitigan esa sensación de desplome.

Grito en carne viva y sigo ahogándome. ¡Vete demonio!. Camino por el mundo y veo en América a pobres hasta la vergüenza, sin alpargatas que no llaguen su espíritu descendido a los pies, cultivando un pedazo de tierra que no es la suya por voluntad del plomo del diablo; veo en África a niños a los que les han robado la inocencia y la infancia, caminar sin rumbo. ¿Está escrito en el guión de la vida que deben morir incluso antes de nacer?. Que estén en pie no significa que estén vivos, y el veneno de la cólera y de la pena eterna fluye desbocado por mis venas.

Ya no se hace camino al andar. Dios, quizás, pasó por aquí pero luego el diablo borró sus huellas, dando vida a especialistas en canalladas que siembran un clima insoportable de incertidumbre. Quiero levantar la alfombra del mundo y barrer toda la mugre que se ha acumulado en este inmenso, descomunal, patio de vecinos.

De norte a sur, de este a oeste, un extraño otoño avanza con lenta opulencia. Ya no hay gentes que digan buenos días al amanecer y buenas noches cuando el sol se apaga, quizás para no salir más en mi angustiado espíritu. Es la nada brutal y perpetua de la muerte. Y luego, más muerte. Como si alguien se ocupara de borrar nuestras huellas.

Paseó solo, entre tentaciones. Una lluvia de epítetos, casi nunca selectos golpean mi mente entre aires de jaculatorias y lastimosos ayes que se ahogan. Se oyen pasos, sombras que vienen hacia mí; si pudiera escuchar una voz amiga, o tan solo conocida.

¡Remátalo!. ¡Remátalo, que aún está vivo!, se oye gritar entre carcajadas. Y a la vera, cualquier madre o cualquier padre no paran de llorar por la marcha del hijo que apenas sí ha nacido. Alguien les manda rezar un par de avemarías. Pero no saben, y siguen llorando.

Bienvenido a este mundo de complejas emociones, donde los héroes están sobrevalorados. Un día eliges a uno, lo admiras una semana y luego muere o desaparece. Donde tu camino ya no es, quizás, el mejor camino. Donde te aferras a una persona que no es lo que era. Donde los amigos de la cena serán los enemigos del desayuno. Donde solo hay flores secas que un día formaron un ramo. Donde se cierran y se abren puertas pero cuidado con el viento que sopla tras ellas. Donde hay imágenes fantasmales de fantasmas y, en el capítulo siguiente, el abismo, un abismal abismo.

El diablo ha venido. Y me ordena: “dígale usted a Pinocho que nunca será un niño de verdad”. Yo antes era periodista y, de tanto en cuando, vendía algunas alfombras persas. Ahora, solo dirijo un hotel llamado “el purgatorio”.

 

 

 

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