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Archivo de la etiqueta: fascismo

Postales desde el filo de la vida / Miedo

Postal con música. Clica sobre la imagen. ¡Pare!, què volen matar la terra…

Pare, digueu-me què
li han fet al riu
que ja no
canta.
Rellisca
com un barb
mort sota un pam
d’escuma
blanca.

Pare
que el riu ja no és el riu.
Pare
abans que torni
l’estiu
amagui tot el que és viu.

Pare
digueu-me què
li han fet
al bosc
que no hi ha arbres.
A l’hivern
no tindrem foc
ni a l’estiu
lloc
per aturar-se.

Pare
que el bosc ja no és el
bosc.
Pare
abans de que no es faci fosc
ompliu de vida el
rebost.

Sense llenya i sense peixos, pare,
ens caldrà cremar la
barca,
llaurar el blat entre les enrunes, pare
i tancar amb tres panys la
casa
i deia vostè…

Pare
si no hi ha pins
no es fan
pinyons
ni cucs, ni ocells.

Pare
on no hi ha flors
no es fan
abelles,
cera, ni mel.

Pare
que el camp ja no és el
camp.
Pare
demà del cel plourà sang.
El vent ho canta
plorant.

Pare
ja són aquí…
Monstres de carn
amb cucs de
ferro.

Pare
no, no tingueu por,
i digueu que no,
que jo us
espero.

Pare
que estan matant la terra.
Pare
deixeu de
plorar
que ens han declarat la guerra.

(J.M. Serrat)

 

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A mi querido amigo Federico (hace 75 años que vives)

Querido Federico (V);

(“Herido de amor, en la voz de Ana Belén)

Querido Federico, cada día muero un poco más contigo y ¡vivo!. El hombre que viste camisa vieja, maldito bastardo, ha llamado al viajero para que venga a buscarte. Tu muerte, hostia de la comunión de unos que se decían  españoles y que dieron vida a una cruzada de plomo, sangre e ira, me da vida.

Se oye el sonido de un alfiler cayendo en la medianoche de la nada, y en la nada encuentro todo. Las palabras han descargado las armas; muerte y luego, más muerte. La jondura del silencio se ha hecho pero inquietas voces acuden a mí. Escucho el sonido de tu silencio, nuestro silencio. Grito en carne viva frente al rostro del demonio.

Demonio de corte fascista / fascista llaga / llaga en el gesto / gesto adusto / adusta garantía / garantía de eficacia / maldita eficacia / eficacia amargada / amargada dolencia / dolencia intestinal / intestino severo / severo en el alma / el alma torcida / torcida en el espíritu.

Mueres; muero un poco más contigo y vuelvo a vivir. El silencio estalla de tanto callar. El obispo reparte madiciones al paso del cortejo fúnebre que nada lleva. Y en la nada, todo. Los huesos para la tierra, tu alma fertil para nosotros. Lo que veo no existe y, sin embargo, lo estoy viendo.

Y la pena también tizna cuando estalla. Y estalla el silencio cuando mueres para que yo viva. Y hablo. Y me enfrento a vientos en varias direcciones y tormentas de diferente intensidad. Reivento sobre tu recuerdo el entorno, a cada paso; me hundo y me levanto. Bienaventurados los que están en el fondo del pozo porque ya no caerán más abajo.

Abismo y luego más abismo. Asesino al fantasma, el fantasma de cicatriz fascista. Y regreso, regreso junto a ti. Me disfrazo, nos disfrazamos de cordialidad. Soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista… Solo un hombre, ora maldito, ora maduro, que busca el sentido de la vida. Vida que me da tu muerte.

Trago rancio. Los fusileros, risueños, ingenuos ellos de su destino, marchan. Vaciado el cargador, vacías las almas. Almas de plomo, plomo de Dios y Lucifer. En el macadán queda por siempre tu espíritu.

Y en el carrusel de la vida, en tu nombre, requiebros de amor, amor de trato risueño y encantador, de distinta belleza, una belleza imperfecta, ¡perfección!.

El cielo pide paciencia. Me apunto otra derrota. La tierra de tus huesos medita por mí. Y tu muerte me recuerda lo resistente que es mi espíritu (humano) cuando quiere serlo. Azucarillo y aguardiente para endulzarme el momento, momento eterno.

Y las cosas que el diablo fascista intentó enterrar encontraron la forma de aflorar. No recuerdo si pasó de verdad o imagino que pasó. ¿Has muerto?; sólo herido. Vives, y yo contigo. Un estampita. Un Cristo. ¡Agua!.

Tuyo, en la herida, Goyo Martínez.

 

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Postales desde el filo de la vida (II)

 

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Adolf Hitler, desesperado, busca a Goyo Martínez, Joan Salvador y al espía de Madrid

La cúpula del III Reich se ha reunido en el búnker con el mismísimo Adolf Hitler. Los subordinados del Führer le revelan la verdad: qué y a quién han estado buscando hasta es momento que ha hecho falta movilizar a medio ejército alemán. Hitler entra en un estado entre la desesperación y la ira. ¿Quizá un Un fantasma?. ¿Cómo?. ¿ Quién?. ¿ Cuándo?.

Su lugarteniente le aclara la situación: no era un espía, “era un libro”. La cólera del Hitler sube enteros. El Führer reclama la presencia ante sí de los autores del libro, Goyo Martínez y Joan Salvador Vergés; el III Reich se desmorona. En esa tesitura, Hitler toma una decisión, la última decisión…

Clica sobre la imagen para visionar este momento para la historia.

(Por gentileza de Alfonso Carrasco. Solo hay una palabra: gracias)

 

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Las cinco resmas de papel ( a unas horas del Alzamiento fascista en Barcelona, el 18-J-1936)

RELATO CON MÚSICA. EL ESPÍA DE MADRID SE INSPIRÓ EN ESTA MÚSICA CUANDO SE REDACTARON ESTOS EPISODIOS. CLICA SOBRE LA IMAGEN Y APARACERÁ LA MÚSICA EN OTRA VENTANA.

El 17 de julio de 1936, el agente Nelo, que había llegado a Barcelona días antes para investigar el asesinato de un industrial y el intento de homicidio de un coronel republicano, encontró en un piso alquilado por un hombre que vestía con aires de marqués un telegrama que rezaba: “mañana recibirán las cinco resmas de papel”. Las horas siguientes fueron tensas, muy tensas en la capital catalana. En el resto de España había ruidos de sables y trompetas de ejecución, pero solo eran rumores. Se había enamorado pese a que el amor ya le iba jugado unas cuantas malas pasadas y debía tomar una decisión…  El Espía de Madrid, que contribuyó a derrocar el Alzamiento fascista en Barcelona,  vivió esas horas así:

” Estaba asomado al balcón, y fumaba el quinto pitillo cuando llegó.

            —¡Lo tengo! —gritó su compañero al entrar.

            Tiró la colilla al suelo y, al igual que con las demás, la aplastó con la puntera del zapato hasta que dejó de humear.

            —¿El telegrama?

            —¡Sí! ¿Y adivina qué frase aparece?

            Estremera dio a Nelo un papel con el texto del mensaje, que decía, textualmente: «Mañana recibirán cinco resmas papel».

            —Las malditas resmas —rezongó el agente.

            —Y documentación. Vuelven a aparecer aquellos códigos, ¿recuerdas?

            —Sí, lo he estado revisando todo —respondió Nelo, y señaló las cajas de cartón que se amontonaban junto a su mesa, en el suelo, y las hojas sueltas que había encima de ella.

            —También he encontrado un maletín, y dentro había una cantidad indecente de dinero, en francos franceses, sobre todo, y la conocida fórmula «corretaje Jeanne G.». Nelo, ¿me escuchas?

            —Sí, sí, claro. Ahora lo entiendo —murmuró, pero fue como si hablara para sí, y no como respuesta a lo que su compañero le decía.

            Tomó entonces una nota manuscrita de la mesa, en la que él mismo había anotado todas aquellas claves. Y leyó:

            —«Cobrar los efectos, consejero, laureado». Éstos van a por el consejero de Gobernación y a por el general Llano de la Encomienda. Y lo del corretaje es el pago por los servicios prestados. En el fondo, no era tan complicado el código. Así que lo de las resmas de papel se refería, estoy convencido, al asalto final. Hay que prepararse, tengo que comunicárselo a Escofet.

            —Escúchame, dentro del maletín también he encontrado esto.

            Y le mostró un panfleto en el que se explicaba que el consulado de Francia en Barcelona ponía a disposición de sus nacionales, en especial a aquellos que habían acudido a la Olimpiada Popular, el transatlántico Djenne, que los llevaría de vuelta a Marsella. Avisaban las autoridades francesas que a los interesados se les entregaría en el consulado el pasaje tras mostrar el pasaporte.

            —¿Te das cuenta?

            —Perfectamente.

            —Tenemos la oportunidad de detenerla. A Vera Dannichesky.

            —A Jeanne Georgel.

            —¿Y sabes qué ocurrirá?

            —Que si haces bien tu trabajo, la detendrás, la juzgarán y la fusilarán. Hay pruebas suficientes, ¿no?

            —¿Y no te importa? —gritó Estremera, que sujetaba a Nelo por los hombros y lo sacudía.

            —¡Qué más da!

            La mirada que el agente Nelo dirigió a su compañero fue feroz. Con un gesto instintivo, una sacudida bastante violenta, se deshizo de la sujeción de Estremera y ordenó:

            —Vuelve al piso y espérala allí. Tarde o temprano aparecerá, aunque sólo sea para recuperar lo que es suyo. Al fin y al cabo está en esto por dinero.

            —¿Y cuando la tengamos?

            —Actúa según tu criterio.

            No había convencimiento en aquellas palabras. De hecho, estaban desprovistas de toda emoción.

            —¡Ésa era nuestra misión desde el principio! ¿No es así? —Estremera alzó aún más la voz—. Buscar al enlace de los rebeldes, detenerlo y llevarlo ante la justicia. ¡Pues cumplámosla!

            —Hazlo —la voz del agente Nelo permanecía neutra, como si aquello no fuera con él.

            —¿O prefieres fracasar? ¿Decepcionar al capitán Abasolo?

            —¿Qué más quieres de mí, Gonzalo? No puedo decirte lo que tienes que hacer. Seguramente tendrás instrucciones del capitán que yo desconozco, así que cumple con ellas. Así podrás volver a Madrid como un héroe.

            Se sacó la petaca de tabaco. Apenas quedaba para cuatro o cinco cigarrillos y desistió de liarse uno.

            —¡Mierda, Nelo! ¡No quiero hacerlo! No me gusta sentirme culpable por nada, y tú lo consigues.

            Tanta frialdad en la mirada, aquellas palabras comedidas, los gestos pausados, cuando él sudaba por la excitación del momento, le ardían las mejillas y el corazón le latía a un ritmo frenético… Gonzalo Estremera sintió el deseo de golpear a su amigo, hacer que reaccionara, que se enfadara con él.

            Sonó el timbre del teléfono. Nelo aguantó sin parpadear la mirada de Estremera, hasta que éste la desvío y se decidió entonces a responder.

            —Agente Nelo —dijo, y escuchó con atención—. De acuerdo, Julián, estaré ahí en un minuto.

            Recogió el telegrama encontrado en el piso de la avenida Catorce de Abril y se dispuso a salir. Estremera se lo impidió; se plantó ante él, desafiante: no se iría de allí si no era con el beneplácito de su compañero. Y él, su compañero, en un gesto que no esperaba, le dio un abrazo y le susurró al oído:

            —Por si no nos volvemos a ver, sabe, Gonzalo, que siempre te he tenido por un buen profesional y un mejor amigo.

Parecía que el comisario Escofet no hubiera comido en días o que temiera que alguien le arrebatara la comida antes de que entrara en
su boca, porque lo hacía con fruición, con ganas y sin ninguna concesión a la buena educación.

            —Apenas tengo tiempo para comer —se disculpó el comisario cuando vio entrar al agente Nelo—, y si no como me pongo de muy mal humor. ¿Qué le trae por aquí esta vez?

            —Esto.

            —Bien, un telegrama. Ahora explíquemelo.

            —Lo hemos intervenido en un piso alquilado por Fernando del Castillo Olivares, un conocido conspirador de la derecha más rancia, en el que daba cobijo, además, a la enlace huida.

            —Siga.

            —Léalo —se lo entregó.

            —«Mañana recibirán cinco resmas de papel». Sí, eso de las resmas me suena de algo, de haberlo leído en algún informe. Pero sigo sin entender qué pretende decirme.

            —Es una clave, que habrán mandado a todos los implicados en el levantamiento. Indica que las tropas rebeldes se
levantarán en armas contra la República.

El comisario Escofet no dio crédito a las ssopechas del agente Nelo “

 

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El Espía de Madrid, “17J 1936 el cambio que abrió miles de heridas” (via goyomartinez9)

Volvería a aquellos días de julio de 1936, en Barcelona, para vivir aquella ciudad convulsa, romántica, canalla y seductora y, de paso, cambiar la historia.

El Espía de Madrid, "17J 1936 el cambio que abrió miles de heridas" El diario El Faro de Ceuta, uno de los puntos donde se inició el Alzamiento fascista de Julio de 1936, dedica en su dominical de hoy un amplio reportaje a aquellas fechas con el título "17J 1936, El cambio que abrió miles de heridas". El diario, con ocasión de esta efemérides, ha entrevistado a los autores de El Espía de Madrid, Goyo Martínez y Joan Salvador Verges. La entrevista lleva por título “La Barcelona de 1936 era muy canalla y romántica, … Read More

via goyomartinez9

 
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Publicado por en 17/07/2011 en El espía de Madrid

 

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El Espía de Madrid, “17J 1936 el cambio que abrió miles de heridas”

El diario El Faro de Ceuta, uno de los puntos donde se inició el Alzamiento fascista de Julio de 1936, dedica en su dominical de hoy un amplio reportaje a aquellas fechas con el título “17J 1936, El cambio que abrió miles de heridas”. El diario, con ocasión de esta efemérides, ha entrevistado a los autores de El Espía de Madrid, Goyo Martínez y Joan Salvador Verges.

La entrevista lleva por título “La Barcelona de 1936 era muy canalla y romántica, a la par que convulsa y seductora”, y se inicia de la siguiente manera:

” No duda de que, si tuviera la oportunidad, retrocedería en el tiempo hasta aquellos meses previos al alzamiento del Ejército Nacional. Se trasladaría a aquella Ciudad Condal donde se vivía un ambiente cultural único. Donde la calma era el denominador común de la vida. Donde los niños vestían alpargatas que daban vergüenza, los adultos bebían absenta y las calles olían a orín. Goyo Martínez (León, 1967) es, junto a Joan Salvador (Barcelona, 1954), coautor de la novela ‘El espía de Madrid’. Una obra que nació de las 25 líneas de un breve encontrado en La Vanguardia sobre un investigador enviado desde Madrid por la Dirección General de Seguridad del Estado. Nelo, que así se llama el protagonista, sumerge al lector en una apasionante historia que tendrá continuidad en muy poco tiempo. ¿Invención o realidad? Juzguen ustedes mismos”.

Clica sobre la imagen para abrir el enlace al dominical ( reportaje y entrevista) del Faro de Ceuta.

 

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