RSS

Archivo de la etiqueta: Felicidad

PERO SIGUES ADELANTE

“Querido viejo;

Me siento como Hans Thomas, el muchacho noruego que emprende un incierto viaje junto a su padre, tú, un marino en tierra aficionado a la vida y a la filosofía, de bolsillo, la popular, la más sabia. Pretendemos cruzar el mundo a pie o en coche, o tan sólo con nuestra imaginación, que, como muy bien sabes, nos lleva a todas partes con tan solo desearlo.

En el camino nos detendremos en un pueblecito, que ni siquiera aparece en los mapas, donde un enigmático enano nos regalará un enorme libro que cuenta la historia de un poeta vivo ya muerto y cuya poderosa obra continúa, contra viento y marea, como el marino que naufragó hace 150 años y llegó a una isla desierta, que tampoco aparecía en mapa alguno, y a la que el destino parece haber vinculado…

Y allí sigue nuestro querido marino, emitiendo alaridos por los techos del mundo entre estrofas soñadas y por soñar porque sabe que, en sueños, es libre el hombre. Dice el gran libro del misterioso enano que el marino vive intensamente, sin mediocridad alguna, pues sabe que el futuro está en él y lo encara con orgullo, sin miedo.Y no, no es cierto que viva en silencio, el peor de los errores del hombre. Sabe que la mayoría vive en silencio, un silencio espantoso. Y resuelto, ha decidido no resignarse. Tampoco huir.

Será cierto, querido viejo, que la sociedad de hoy somos nosotros, seres vivos aspirantes a poetas que, ciegos, no aprendemos de quienes nos pueden enseñar, desechando las experiencias de quienes nos precedieron, nuestros poetas muertos que, como el marino, aún siguen viviendo. ¿Es cierto que ellos nos pueden ayudar a caminar por la vida ?

¿Remamos a favor o en contra de nosotros mismos ? Intuyo que lo hacemos en contra, transformando la vida en un infierno. ¿Es cierto que también podemos disfrutar del pánico que nos provoca tener la vida por delante ?

Mientras te escribo estas líneas, observo que las corrientes pasan y el agua cambia, pero el río sigue siendo el río. Lucho con denuedo por no dejarme arrastrar por las circunstancias. Pero, ¿ qué hacer con ellas ?

Quizás es lo que hecmos todos: nos lanzamos y esperamos poder volar, porque si no es así, caemos como piedras. Y durante la caída nos preguntamos, ¿se puede saber por qué he saltado?… Pero aquí estoy, cayendo, y sólo hay una persona que puede hacerme creer que vuelo… y eres tú, soy yo.

Afectuosamente, tuyo, siempre

PD:  Cuando encuentres al querido señor Gaarder (Jostein) pregúntale si es cierto que si no sabemos en todo momento a dónde vamos, puede resultar útil saber
de dónde venimos para ser más que un mono desnudo.

En su búsqueda incansable y maravillosa de nuevas voces, el Café Romantic ha hallado a Menchu Regueiro, de A Coruña, que, en 99 palabras, nos dice que es preferible seguir caminando que detenerse y ponerse a temblar. Música de Pablo Alborán (clicando en la imagen).

Hay momentos que sentimos que todo aquello que anhelamos se va desvaneciendo poco a poco, que el pasado vuelve a nuestra memoria de forma casi inexplicable, recordándonos que el tiempo pasa y nada cambia.

Entonces, y sólo entonces, nos damos cuenta que esos recuerdos, esos que nos quedan, son lo mejor que hemos tenido, pero sigues adelante…

Y llega un momento en el que la ilusión desaparece, tus sueños dejan también de serlo y todo pierde sentido. Y sigues… a pesar de que sólo tú sabes que una parte importante de ti, ya se ha quedado en el camino…

Anuncios
 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , ,

La Iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco cerca de un torbellino rápido y la iglesia de San Tisilo cerca de la gruta roja’

Mi amigo, el viejo de la imprenta, ha emprendido un nuevo viaje, siguiendo a pies juntillas su cuaderno de cosas que hacer, ver, saborear, interpretar y contar antes de morir. Esta vez ha viajado a un pueblo que tiene el topónimo más largo del Reino Unido y el tercero del mundo. Un nombre que, traducido al español, significa algo así como ‘La Iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco cerca de un torbellino rápido y la iglesia de San Tisilo cerca de la gruta roja’.

Podría haber viajado a los lugares más maravillosos de la tierra. Qué sé yo: podría haber visitado una ciudad dorada en la India; un desierto con dos mil arcos gigantes a punto de perder el equilibrio; un cuello volcánico formado hace 65 millones de años al que llaman la Torre del Diablo; la Gran Fuentes Prismática de Yellowstone; la gran calzada del gigante de Irlanda; el bosque de piedra de Madagascar, o incluso un púlpito de roca que parece levitar, allá en el oeste americano, en un lugar donde siempre llega antes el “correcaminos” que el “coyote”.

Pero, no. Esta vez ha marchado a ver un pueblo de nombre impronunciable en inglés, o en su original galés, y bautizado así por el consejo de la villa en 1860 para ostentar el privilegio de tener el topónimo más largo de una estación ferroviaria en Gran Bretaña.

El viejo es así. Y así construye su felicidad. Ya os contaré a su vuelta.

Se ha ido prácticamente “ a la francesa“, casi sin decir adiós. Sobre la vieja mesa de madera gruesa de su viejo salón de estar, frente a su vieja chimenea, junto a su vieja biblioteca, ha dejado una nota manuscrita con  nuevos y renovados pensamientos; el ordenador sigue siendo para él un invento del diablo.

“Mi joven y querido amigo, cuando leas estas líneas estaré camino de un lugar donde hubo una iglesia, de nombre Santa María, que, según dicen, se encontraba en el hueco de un avellano blanco cerca de un rápido torbellino y que rivalizaba con otra iglesia, de nombre San Tisilo, que estaba cerca de una gruta que, según dicen, era roja. ¿ Y te preguntarás qué hago aquí? Si es así, haces bien en hacerte esa pregunta. Voy en busca de la felicidad. Y te preguntarás, ¿qué felicidad? Harás bien en preguntártelo. Al respecto, te puedo contar que no sé si en mi vida he hecho poco o mucho; sólo sé que lo he hecho con el corazón… 

… Puede que no tengamos que ser felices todos los minutos del día, todos los días del año, puede que la gratitud no tenga nada que ver con la alegría, puede que ser agradecido signifique estar contento con lo que tienes, apreciar las victorias, admirar la lucha que implica seguir viviendo. Quizás estamos agradecidos por lo que nos resulta familiar y puede que por las cosas que no sabremos nunca. Pero, creéme, al final del día el simple hecho de tener el valor de no derrumbarnos, es suficiente motivo para celebrarlo.

Te contaré un breve historia. Hace un tiempo, tanto que ni lo recuerdo, conocí a una mujer tan joven como tú y tan vieja como yo, con sus miedos y sus valores, con sus condenas y libertades, con su arrojo y su prudencia… que se hizo a sí misma y ello le permitía proclamar no sólo que era persona sino también mujer, mujer con mayúsculas.

De ella aprendí a aprender. Aprendí, con el tiempo, la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y aprendí que amar no significa apoyarse, y que la compañía no siempre es seguridad.

Aprendí que los besos no son contratos, ni tampoco regalos, ni promesas… Aprendí a aceptar mis derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto, y aprendí a construir hoy todos los caminos posibles, porque el terreno de mañana es incierto y el futuro tiene esa rara costumbre de caer en el vacío.Y también aprendí, después de un tiempo, que el sol quema si te expones demasiado…

Y seguiré aprendiendo que vivo, vivimos, en un mundo de complejas emociones. Donde los héroes están sobrevalorados; un día eliges a uno, lo admiras una semana y luego muere o desaparece. Donde tu camino es el mejor camino. Donde te aferras a una persona que ya no es lo que era. Donde los amigos de la cena pueden ser los enemigos del desayuno. Donde una buena idea a primera hora de la mañana puede ser una estupidez a última hora de la tarde.

Pero, mientras eso ocurre, hoy, aquí, y ahora, quiero ser feliz. Y como decía nuestro querido poeta muerto, que siempre vivirá en nosotros, no permitas que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento y no permitas que nadie te quite el derecho a expresarte…”

Gracias, querido viejo. He aprendido, seguiré aprendiendo.

Hoy, una nueva propuesta literaria del Café Romantic y de Angela Martín, ciudadana de La Llagosta (Barcelona) y del mundo, que no necesita mostrar algo que no es, ni esforzarse para ser como quieran los demás. Solo necesita poder hacer uso de su libertad, siendo así como es, imperfecta pero real, y feliz a su manera.

Propuesta gráfica de Rafael Rodríguez Torres y música del genial Benny Godman, porque esta noche bien vale un swing.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El trastero azul

Este cuento fue escrito un día determinado, en homenaje a mi amigo Roberto Manrique, una de las víctimas del atentado perpetrado por ETA en Hipercor, el 19 de junio de 1987.

Durante 24 años, Roberto lo ha dado todo por el universo de las víctimas y, desde ese preciso día, sus recuerdos, los retales de su vida, por culpa de la política, yacen en el  “trastero” de un guardamuebles. Un cuento a propósito de Roberto, quien viajó a las profundidades del infierno y regresó para explicármelo.

Es también un homenaje a todas las víctimas, de cualquier clase y condición: de la violencia de género; de la economía y la política que nos condena hasta el hastío; de las guerras y sus perros; de las enfermedades, de la vida en sí misma.

Porque la felicidad une, pero el dolor reúne. Con música, “secret garden”

Podéis seguir a Roberto en su blog, http://eltrasteroazul.blogspot.com.es/

Te escribo en la noche del día, con una expresión de desvalimiento en el rostro y la torpeza de la urgencia en el cuerpo. Las ilusiones forman parte del pasado y, quizás, del futuro, pero hoy son sólo frustraciones. ¿Adónde fueron los momentos?. ¿Adónde fueron las cosas que importan? Hoy viven en el trastero, solas, en soledad, allí en el viejo almacén junto a la estación de tren donde las mismas almas de siempre, bajo una atmósfera gris y un sol viejo, juegan a cruzar el abismo para disfrutar de un cielo azul.  

Tras la sábana hecha un revoltijo, veo la vida apenas cubierta con un camisón que tiene algo de mortaja. La dejo en cueros y luego la envuelvo en un sudario de papel; querido Roberto, la quiero colocar bajo la alfombra del mundo, difunta.

Tus últimas palabras, tras regresar de tu viaje con billete de tercera al infierno, son acicate para mi alma y mi corazón, alma nómada, corazón sedentario. Quiero derrotar al abismo. Abismo, y luego más abismo. Quiero derrotar a la muerte. Muerte, y luego más muerte. Bebiste su rostro en la oscuridad, refugio natural de la tristeza. Deduzco por tus palabras, que era una oscuridad romántica, pálida, de orejas pronunciadas, lágrimas de rímel y negro riguroso. Negro muerte. Amigo Roberto, tú que has muerto un poco:  ¿debo temer a la muerte? ¿ Es la muerte una parte de la vida?. ¿Quizás, un punto de partida, un papel en blanco donde podemos escribir lo que queramos o una tela virgen donde pintar nuestros deseos?.

Cuéntame Roberto, tú que lo supiste al tercer día en que conociste tu realidad, una realidad que ofende con la misma saña con la que un demente haría ganchillo o un necrófilo excavaría tumbas. Vinieron del norte sin ser citados un diecinueve de junio, junio otoñal, eterno otoño que avanza con lenta opulencia. También pudieron venir del sur. La muerte por cuenta ajena, canalla, no tiene patria. No quiero una patria fugaz.

Y llamaron al viajero, eterno viajero inmóvil, para que te llevará con él. Trago rancio. En nombre de una falsa ilusión, falsa patria, patria fugaz, fugaces las almas, los bastardos vaciaron sus cargadores, vacías las almas. Almas de plomo, plomo de Dios y de Lucifer. Ingratos que te dieron de beber vinagre y te lancearon el costado, al tercer día. Furtivos de la vida que suelen llegar de noche, noche del día, como animales con forma de perro enorme, de cuero peludo y patas de acero, almas vacías, que se cuelan de noche en las casas, casas que son hogares, y se posan sobre el pecho de las gentes, gentes sencillas, sencillez humilde, humildad anónima, para crearles angustia y horribles pesadillas… y luego, por la mañana, solo sabemos rezar un responso.

Y regresaste del infierno, con tu billete de tercera, para explicármelo. Y me pides paciencia, paciencia de vida. Cierto es, nunca recibimos más de lo que podemos soportar. Cierto es, debemos disfrutar de cada instante de lo que nos ha sido dado. Y me hablas de un idiota, del maravilloso idiota que sólo él dirá dónde el camino puede conducirnos; ¿quién sabe si nos encontraremos a lo largo del camino?; del idiota que dirá dónde los vientos nos harán volar; ¿quién sabe si alguna vez alcanzaremos la orilla?; del esperado idiota que seguirá un sol naciente con los ojos que sólo pueden mirar fijamente; ¿qué tipo de fuego nos quemará allí?, sólo un idiota, nuestro idiota, dirá.

Pese a la noche del día, detectó en tus palabras calidez y esbozo una sonrisa, tímida, sí, como la del conejo, quizás asustado en la medianoche, día en la noche, pero sonrisa, al fin y al cabo. Es la sonrisa de quien halla un rostro humano entre la multitud, un gesto de solidaridad en el barullo de cuerpos que se cruzan y tropiezan, de gente que busca su tren, tren que escapa.

Querido Roberto; la vida es como el doble fondo de un inmenso baúl que trajina la señorita tristeza cuando un eterno otoño avanza con lenta opulencia y la sombra de un gran árbol de ramas desnudas, casi abandonado al invierno, casi derrotado por él, se proyecta en presencia trágica, agigantada por su propio tamaño y la duración sobrehumana de su vida. Una vida que duele al punto de las lágrimas, lágrimas que manan de la propia vida. Truenos que suenan, y no suenan a tormenta.

Te cuento, al tercer día: el mundo ha asistido antes a sueños de cambio, a promesas de que algo nuevo esperaba a la vuelta de la esquina. Esta vez el sueño se ha consumado. Hay momentos en los que algo inexplicable sucede y el orden del universo se trastoca.

No has nacido para ser víctima. En realidad, ¿quién nace para ser víctima? Podías ser otra cosa. Pero eso, no. Y eres, empero, inspirador de un mundo mejor, de una bonita lámina en una pared, en la pared de la vida. Una vida que duele al punto de las lágrimas, lágrimas que manan de la propia vida.

Me invitas a construir contigo una vida no enteramente feliz, vida al fin y al cabo, en un lugar que, quizás, no producirá santos pero sí poetas, allí frente al árbol de presencia trágica que sigue en pie, de tronco con negruras de tizón y ramas desnudas, retorcidas.

Sé que jamás recordaré tu camisa tras el tercer día, pero también sé que jamás olvidaré tu rostro, corajudo, amable, en esta abigarrada parodia, parodia de vida. Quiero borrar como sea las cicatrices físicas y morales que han profanado tu cuerpo y tu espíritu,  ajados,  lastimados.

Me detienes y me tiendes tus manos y tus brazos, fruto de injerto sobre injerto, y me ofreces tu sonrisa. Yo quiero matarlos. Y me callas cuando clamó la muerte de los bastardos que vinieron del norte, como pudieron venir del sur. Y casi por sorpresa, me sorprende; no hablas de venganza sino de justicia.

Me escribes desde el norte, el norte de la vida. La tensión se palpa en el ambiente, el aire, impregnado de estrés, incertidumbre. ¡Qué lástima!, exclamas. ¿Por qué los hombres de almas vacías y patrias fugaces coartan el espíritu de la libertad?. Me detengo. Reflexionó. Sigo tus pasos. ¿ Por qué han de pagar justos por pecadores?. Hastío, música celestial, todo lo más. Unos, que sólo arriman el ascua a su sardina. Otros, esos pocos de los que me hablas, son canto de cisnes, preludio de muerte. La mayoría, como tú, como yo, aguarda incierta, a la Diosa ocasión.

He decidido no tomar las de Villadiego, ni poner puentes de plata a aquellos que enturbian la paz, la normalidad, las lindezas de esta tierra. Acudiré a tu llamada, allí donde haya gentes que se encuentran porque se citan, y otros que no se citan porque se encuentran, sin trampa ni cartón. Y te seguiré a lo largo y ancho de la geografía de la vida, por quebrados pedregales, agrios campos, despejados caminos, sol de fuego. Y derrotaremos a la parda bestia de forma humana, humanos sin alma, alma fugaz, que engendra mañanas vacíos, de cincel y maza, implacables, con plomo en una mano y hachas vengadoras en la otra, hijos de una idea, idea rabiosa.

Y, por fin, he buscado en el inmenso doble fondo del gran baúl de la vida y te he encontrado. Hace veinticuatro años que te encontré y nunca dejas de sorprenderme, como una puesta de sol. Inagotable y agotador. Amigo de tus amigos. Leal.

Aún me sorprenden tus inusitadas emociones. En la infancia de mi muerte quiero ser como tú: actuar por placer, por curiosidad, por necesidad o por el extremo deseo de conocer nuevos mundos, nuevas vidas. Otros mundos que están en éste, otras vidas que están en ti. Y, al final, lo que cuenta no son los años de vida, sino la vida de esos años.

Caes cien, mil veces, y te levantas ciento una, mil y una veces. Si te digo ven, vienes y no hace falta que te lo diga. De tus mil y un matices me quedo con tu humanidad, escaso valor en nuestro tiempo; sensibilidad y bondad hacia los semejantes.

Me has descubierto otro mundo, un mundo posible, un mundo que está aquí y en ti. Quizás no sea el mejor de los mundos, ese que hoy en día buscamos todos, sino un mundo factible, donde viven y sobreviven seres únicos, irrepetibles.

Me dices que nos rodean excelentes personas, auténticos tesoros escondidos de sensibilidad humana y de sabiduría acumulada. Y abro el baúl. Busco entre los recuerdos y me hablan de ti: “la felicidad une, el dolor reúne”.

Y en el tránsito de la noche al día, rescato los momentos y las cosas que importan. Vencidos los miedos y las angustias, derrotados el dolor, el sentimiento de culpa, el acoso de oportunistas y las miradas reprobatorias, tendremos una noche con las estrellas. Y habrá un día que se forjara un tierra no ingrata, ingratos asesinos; un hogar con lumbre continua, eterna paz; una mente siempre tranquila, tranquila el alma; Y tendremos sobradas fuerzas, salud; y prudencia, sencilla; y amigos, iguales; y ningún pleito y poca corte; y las noche serán libres de tristeza, y el sueño acortará la fría noche. Y nos contentaremos con nuestra suerte, sin temer ni anhelar el postrer día. 

Y cuando sepa certero que la muerte me acecha gritaré que soy hombre del mundo, mundo que está en éste, y hermano de todos, todos están en ti.

Hoy, amigo Roberto, te honro con un minuto de silencio… silencio que se escucha sobre la tierra ingrata en el hogar sin lumbre de las mentes perturbadas y las almas vacías de los enemigos de la prudencia y de la alegría, que siguen acechando a las almas que juegan a cruzar el abismo para disfrutar de un cielo azul allí, en el trastero del viejo almacén junto a la estación de tren donde descansan las cosas que importan… y dispongo de toda una vida para recordarte.

Dame tu voz, escucharé

Dame tu dolor gritaré

Dame tu mano, te guiaré

Dame tu sueño, soñaré.

Siento. Vida. Felicidad. Amaré.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

De mayor quiero ser como tú

Salió a comerse el mundo y bastante tuvo con evitar que el mundo se lo comiera a él. Y regresó, como si hubiera regresado casi en el minuto exacto que marchó, y se lo encontró todo casi como lo dejó. Con los comercios, y sus huecos, en el orden en que los dejó. Y la gente, que daba la sensación de perseverar en su conformidad, dueña de idéntica calma y resignación.

Cruzados de brazos, los muchachos conversaban de no se sabe qué sueños lejanos. A veces, ni conversaban. Los viejos jugaban al dominó concentrados en otras cosas, mientras las señoras iban y venían con sus bolsas, pocas, de la compra. Vendedores ambulantes gritaban desde sus caravanas el nombre de clientes que nunca habían existido, o que no vivían allí o el de alguna mujer que había muerto, mientras Carmen y sus amigas se abanicaban con viejos diarios.

Y todos ellos reían, ¡vaya! si reían.

Comprobó cómo, en aquel lugar, el verbo esperar continuaba instalado en el centro de la vida, definiéndola y proporcionándole un extraño sentido, también feliz, a su manera.

A partir de una conversación con su sobrina de 10 años, Pilu Bijoux, de Lleida, nos regala este breve relato sobre los sueños, que nunca se deben perder, y cómo ser feliz con lo que se tiene en la vida. Con música y mucho amor.

-Y tú, ¿cómo te imaginabas tu vida de mayor, cuando eras como yo?

-¡Hum!, pues no sé. Casada, con familia numerosa, cinco hijos como nosotros, viviendo en una casa muy grande…

-¡Qué pena…! Tu vida real no se parece en nada a lo que pensabas. Ni tienes hijos, ni estás casada y tu casa no es muy grande…

-Ya, pero aún así me siento muy feliz porqué tengo otras muchas cosas, como sobrinos como tú. Y tu, ¿cómo te ves de mayor?

-Casada con un chico tan guapo como los de los anuncios de colonias, con dos hijos gemelos como los que salen en el anuncio de “La Caixa”, y en una casa que me es igual que sea un piso o una adosada. Y profesora de Educación Física.

-¡Que te vaya bien!

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Tardanza de la olvidanza

Dicen que todo fin es un punto de partida, un papel en blanco donde podemos escribir lo que queramos, o una tela virgen donde pintar nuestros deseos. A vueltas con el asunto del amor, porque uno solamente posee aquello que no puede perder en un naufragio. Y es que, como dijo Lord Alfred Tennyson, “es mejor haber amado y haber perdido el amor que no haber amado nunca”.

Con unas pocas palabras, en pocos renglones que dicen mucho, un nuevo poema de Guillermo Háskel desde Buenos Aires. Con música, puen nunca debe faltarnos la música.

 

Mal de amores,

mal de amores,

en busca

de la olvidanza.

Bien de amores,

bien de amores,

que se tarda

en su tardanza.

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Existo, luego amo

Su estómago era una madeja de hebras ardiendo al rojo vivo. El cuerpo se le aflojó como si en alguna parte hubiera estallado una válvula capaz de liberar dos toneladas de aire y volvió a su asiento con las piernas blandas como gelatina y un pensamiento en la mente. Entonces, decidió dar todo lo que era y tenía por bailar con ella; sentir en su cuerpo sus caricias, su aliento. Es amor.

Un nuevo relato sobre el amor servido por Andrés Ruiz Fernández (Aloevera), desde Córdoba. Con música, como siempre, y mucho azúcar.

 

Sentado en la penumbra del lado oriente o poniente del planeta, creo que eso es irrelevante. Lo importante es que existo. Existo, pienso y siento. Siento un cosquilleo en el corazón, creo que a eso lo llaman amor. Y lo sentimos por un padre; ¡ah!, también por la maravillosa madre.

Pero nada es comparable al amor que siento por ti. Sí, por ti… ¿Qué por qué te amo? Habría un sin fin de respuestas a esa pregunta. Más el amor surge sin importar un por qué… simplemente se ama. Y así te amo a ti.

¿Desde cuándo…? No lo sé, llegó de improviso, sin ser invitado. Sólo sé que existe y es fuente inagotable de energía y vitalidad. Corre por mis venas, llega al corazón y sale en cristalina carcajada dibujando felicidad.

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

“El Patiota”

Bajo la mirada estimulante de un sol más alto, portador de renovada luz, y de días hermosos, en la ciudad, luminosos fragmentos de cielo se cuelan en los edificios a través de patios, balcones, terrazas, huertos sencillos o jardines urbanos. Son pequeños paréntesis en los que el tiempo se detienen, la vida desconecta por un instante de la terca rutina, y un manto de luz dorada y de bullicio lo cubre todo invitando a una saludable desgana en las horas de ocio.

Un relato de Tico Medina, en Diario de Córdoba, dedicado, entre otros a la escritora y amiga María del Pino (rescatado de su blog, soñando la felicidad)

Si al que a su patria ama, la defiende, la exhibe, de ella se honra y la dignifica, es un patriota; al que hace lo mismo con su patio se debe llamar, con permiso de esa excelentísima academia, un patiota . Aunque no esté en el diccionario, todavía. Porque un patio es una patria, porque en él se vive, se respira, se convive, se sobrevive incluso, se nace, se crece y hasta se dice adiós, y porque de él se presume, es una causa común en la casa común, es lo que te hace más grande en lo pequeño, y te hace más pequeño aún en la inmensidad de un grande, por chico que sea el corazón de la casa.
Y yo no me quiero ir de este mundo (aunque a veces estoy de acuerdo con aquel grafiti: “que pare el mundo que me apeo”) sin un patio que vivir, siquiera los últimos días de mi vida, eso sí, soy el primer granadino que cuando busca una casa para volver, no para vivir, pregunta siempre: “¿y tiene patio?” De ahí que en este tiempo de los patios de Córdoba, porque puede haber muchos patios, pero de Córdoba es otra cosa, porque es una forma de ser y de estar, de ahí que insista en que los patios cordobeses son noticia en todos los medios, más que en España, fuera de España.
 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

 
A %d blogueros les gusta esto: