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Con el cielo como techo

Hay ocasiones en que el viejo de la imprenta y yo dormimos con el cielo como techo. Y, entonces, como si emocionalmente siempre estuviera en la luna, me cuenta sus recuerdos. Son recuerdos que traen el eco de un patio sembrado de pilistras y un mostrador rezumante de aromas florales donde reinaban cantes y bailes anunciados en un bautizo, prolongados en la primera comunión, fermentados en bodas de cuatro lunas, asentados en fiestas sin motivo aparente y que no se apagaban ni siquiera con el funeral del viejo.

Luego, me habla de la fuerza de Titán, la luna de Saturno. Océanos de metano espaciados entre sí por cientos de años, con una fuerza de gravedad tan bajita que, cuando se evapora y llueve, forman gorditas gotas que caen muy, muy despacio. Es, entonces, cuando todo flota y tiene su gracia, espaciado entre sí por eternos instantes.

– Me encanta tu fuerza, querido viejo.

– Es como la de la cuerda de un barco, que la tensas y te acerca a una nueva orilla.

Desde Muro (Mallorca), Ventafocs nos habla de lo que nunca nos puede faltar en la vida.  Música, heaven.

Foto: Per molt alta que sigui una montanya mai podrà tapar la Lluna

 

Mi tejado y mi casa se han quemado; ya nada me priva de ver la luna que brilla… y desde entonces, por muy alta que sea la montaña, ya nunca podrá taparla.

 

 

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La bestia parda

¿Por qué escribo?, me preguntaron ayer. “Me gustaría decírtelo, pero no lo sé”, respondí ayer. Y no lo dije para no perder una virginidad que no tengo… Eso fue ayer.

En realidad, escribo para saber lo que me pasa, digo hoy. Me gustaría que me hablaras de ti para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar.

Un relato de María del Pino, escritora de Córdoba.

 

La oscuridad del túnel sólo es rota por el sonido que me ha despertado en mitad del traqueteo en el que me hallo. De repente, me percato de que un rugido gutural ha comenzado a sonar a la misma vez que salimos hacia la luz. El basto sonido que pretende engullirme el alma procede de mi espalda. Dudo si mirar o no. Me da miedo ver la cara, o las fauces, de la fiera que dormita tras de mí.

Suspiro, saco fuerzas y volteo lentamente la cabeza. Me sorprendo al contemplar a semejante bestia parda con su enorme boca abierta. No quiero mirar mucho, pero podría decir que la saliva cuelga de su boca como si no le importase mi mirada. Y la verdad es que dudo incluso que lo sepa…
A su lado se encuentra el cuerpo inerte e insonoro de una mujer, cuya cabeza no logro ver. Suspiro y vuelvo la vista al frente, imaginando que la fiera me succiona el cráneo.
Miro a mi lado y veo que mi amor tampoco logra conciliar el sueño. Ambos nos observamos a los ojos durante un buen rato mientras entrelazamos nuestros dedos con más fuerza. Entretanto, el estrepitoso y constante ronquido va en aumento…
«¡Dios mío! ¡Vaya señora! ¡Cómo ronca!», exclamo en mi fuero interno, indignado, en mitad de este autobús de camino a Madrid.
 

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A quien corresponda

Como decía Arthur Miller, “la vida es como una nuez. No -siempre- puede cascarse entre almohadones de plumas”.

Carta de Ruth Román, de Cornellà (Barcelona), con música.

¿Sabéis?, hay días en los que nada parece tener sentido, hoy es uno de ellos. Ha comenzado un nuevo año, ¿y qué? ¿Cambiará algo en nuestras vidas? ¿Qué debemos hacer, poner buenas caras cuando cada vez falta más gente? De acuerdo, pero todo seguirá igual. A mí las navidades me dijeron algo durante un tiempo, pero desde luego cada vez me dicen menos. Ahora no tengo nada que ver con ese “espíritu romántico” y con esa “blanca navidad”, las fechas las marcamos nosotros y la felicidad… ¡ay!, ¡la felicidad!, ella sí que es efímera.

La felicidad llega en cualquier momento y se va sin más, sin poder evitarlo. Realmente, lo único importante es poseerla el mayor tiempo posible y, sobre todo, procurar disfrutarla puesto que esos momentos son los únicos que van a quedar cuando todo reste abajo. Yo no he vivido muchos de esos momentos, creo que nadie los ha vivido con frecuencia pero sí con intensidad, la calidad vale más que la cantidad; es más alentador un “te quiero” a tiempo que un sinfín de “te quieros” monótonos y rutinarios.

Creo que la vida vale la pena por ellos y por “aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón”, a pesar de que a veces pensemos que el tiempo y la ausencia las mató. Pero también es cierto que la vida nos juega, a menudo, malas pasadas que nos hacen caer en un mar de incertidumbre y absurda desesperación o abatimiento. Si hay algo que tendríamos que aprender es a prepararnos para esos momentos felices, para que cuando entren en nuestras vidas todo sea propicio para que perduren, como una golondrina que prepara su nido para que cuando lleguen los pequeños pajarillos todo fluya correctamente para que crezcan y consigan volar libres.

Debemos tener nuestro corazón abierto y, sobre todo, tenemos que prestar atención para no dejar pasar esa rápida y esquiva felicidad que puede llegar en cualquier momento y de cualquier forma, mediante una canción, una carta, una sonrisa, una lágrima, una mirada, un beso, un amor, un amigo…, por todo eso no podemos permitir que nuestras armaduras sean las culpables de la frialdad ante todas esas sensaciones; las armaduras son las ideas que a veces utilizamos a modo de escudo y que nos encierran en “el baúl de los recuerdos”.

Es necesario eliminar cualquier rencor, borrar las ideas demasiado fijas que nos encierran en vasijas impermeables de barro que nos cobijan de una lluvia que si pudiésemos sentir en nuestro cuerpo nos sorprendería con un abanico de sensaciones nuevas que arrancarían de nosotros una sonrisa, una lágrima o simplemente rabia. Ya que tenemos la suerte de estar vivos, en mejores o peores condiciones, abramos nuestro corazón y dejemos que sienta todo, aunque eso nos confunda y nos duela. Tarde o temprano acabaremos arrepintiéndonos de lo que no llegamos a hacer y no de lo que hicimos mal, así que vivamos con intensidad, pues el mañana no existe.

Sed felices, lo que la vida o el azar os permita.

Un abrazo

Ruth Román

 

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Cuestión de física cuántica

Realmente no es nada fácil. Todo es un camino, un aprendizaje. Pero él está dentro de ti…, así como la energía que lo mueve todo. Es la ley que nos rige, la física cuántica. Hay leyes que esclavizan a los hombres y otras que dan  libertad.. Todo principio comienza por uno mismo. Y ahí es donde reside, en la vibracion del Amor.

Un dulce relato de Maite Arbones, de Lleida, que nos indica el camino de la vida auténtica, una vida que está dentro de cada uno de nosotros, con cada decisión, con cada experiencia… es la belleza de lo simple, es la belleza del amor. Es la belleza de la dulzura, dulce como ella misma.

Relato con música. Island.

 

Recuerdo tu ilusión, tu fuerza, tu esperanza. Nuestro amor, nuestra búsqueda, y también nuestra espera, sabiendo que somos el uno para el otro, y reconociendo todo aquello vivido en algún tiempo pasado. Soñando con nuestro reencuentro,  sabiéndonos con nuestra presencia. Completos.

 

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Para los que ven y sienten; amor y amistad, que más da, si es igual

Por Andrés Ruiz Fernández “Martillo”, Córdoba

(Dos reflexiones escritas al alba y en el crepúsculo del día que tienen como nexo de unión el amor y la amistad, la mirada y el sentir de la vida). Relato con música (clica sobre la imagen). Elegía, de Miguel Harnández, en la voz de JM Serrat.

Felicidad es el momento que no tiene prisa y que no quieres dejar ir jamás;

Los sueños nunca desaparecen siempre que las personas no los abandonen;

Le aconsejo que se case. Si lo hace, será un hombre feliz. Si no lo hace, será un filósofo;

No se puede separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz consigo mismo si no es libre.

La amistad mejora la felicidad y disminuye la tristeza, porque a través de la amistad, se duplican las alegrías y se dividen los problemas.

Si yo se que tú eres, y tú sabes que yo soy, quién va a saber quien soy yo cuando tu no estés

Tu significas para mi más de lo que las palabras pudieran expresar

Un verdadero amigo es quien te toma de la mano y te toca el corazón.

 

 

Nota de Goyo Martínez:

Martillo es otro de aquellos ejemplos de seres únicos, irrepetibles, auténticos tesoros escondidos de sabiduría y sufrimiento. ¿ Qué es la vida, sino?. La suya, es una historia en que (casi) la muerte no le es ajena, como tampoco lo es el sacrificio, la fe, la misericordia. Somos hombres y mujeres, nada más. Actuamos de acuerdo a lo que creemos mejor. Nos equivocamos, acertamos, pecamos, rogamos perdón… y que Dios se apiade de nosotros.

Desde 1994, Martillo arrastra una cruz cuyo peso da el coraje y la lucidez para escribir cosas que, de otra manera, difícilmente pueden entenderse y sentirse.

Explica Martillo que todo comenzó hace 17 años cuando el marcapasos que tenía implantado empezó a descontrolarse; se desprogramaba y alteraba su ritmo cardíaco. Los médicos no encontraban ninguna explicación a ese maldito fenómeno. ¿ Cuál podía ser el origen de la anomalía?. Explica Martillo que, “tras el tabique donde vive”, Sevillana-Endesa había instalado catorce contadores eléctricos, suficientes para convertir su vivienda en una zona de alto voltaje. Huelga decir que, por prescripción médica, las personas con marcapasos, no pueden estar en contacto con fuentes magnéticas. Activo como era, su vida cambió: siempre nervioso y alterado, y el corazón en un puño. Aquellos contadores de gran energía conviertieron su casa en un potente imán. Desde aquel día, se le conoce como “el hombre imantado”.

En mayo de 2010, ABC de Sevilla le dedicó una página. “No soy supermán”, titularon. Sin embargo, yo me quedo con la siguiente reflexión de Martillo.

-¿Qué es un héroe?,- le pregunta el periodista
-Alguien que se ha cansado de ver cómo unos pocos se aprovechan de los demás, hace lo que cree que es correcto y no se limita a ser un simple espectador. Prefiere actuar,- responde Andrés.
-¿Necesitamos héroes?
-Necesitamos a gente capaz de levantarse para ayudar a otros.

 

 

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